miércoles, 1 de abril de 2020

Hacedores de luz

A mi madre, también hecha de luz

La aceleración que espera afuera es más tenebrosa que la caverna de Platón, pues esta escondía al menos una promesa de luz y de verdad. Tanto ha castigado aquella nuestros corazones que ahora, atosigados y atolondrados, ya no sabemos clamar sosiego. ¿Cuándo nos convirtieron en sobrantes y reciclados? ¿Cuándo hicieron de nosotros velocímetros de nuestro cuerpo? Es algo que ni las mejores escuelas nos supieron explicar.


                                  José Antonio Porcel, Ventana

De niño, en las noches de tormenta, cuando los cristales recobraban su fragilidad en la casa del pueblo, la luz solía "irse" (así decía mi abuela, "ya se ha ido la luz", y lo decía porque sabía que tendría que volver), y nos quedábamos todos reunidos en torno a una vela que, por lo general, no tardaría en consumirse. La majestuosidad del momento radicaba en su poder para desplazar nuestras diferencias y protegernos de la oscuridad de las cosas. Una de aquellas noches, como digo, cuando el miedo más apretaba y miraba a mi abuela ensombrecida, pensé que si Dios existía tendría, a la fuerza, que estar hecho de luz.

lunes, 30 de marzo de 2020

Habitantes de caminos

A veces nos cruzamos con ellos. Se dirigen siempre al mar, aunque ellos no lo saben, y cuando encuentran un acantilado lo bordean para seguir caminando. Nadie les adelanta ni pueden dejar nada atrás. Cuentan que había culturas que se servían de su movimiento para dictar sus quehaceres, aunque ellos no ven llegar las estrellas. Y si en el camino alguien daña alguna piedra se pellizcan el cuerpo hasta hacerlo sangrar, incluso si ha sido un niño quien se lo ha hecho. No atraviesan ciudades porque temen que les arrebaten el paso y el viento.

                                 José Antonio Porcel. Camino.

Entre sus enseres no hallarás nada que organice sus días, pues caminan hasta que se pone el sol, o incluso de noche si la luz es oscura. No portan ni producen imágenes. En realidad, aun estando parados no cesan. Hay quienes aseguran haberlos visto sin pieles ni botas, desnudos como el frío, y solo abandonan el sendero para dejar de escucharse el corazón.

domingo, 29 de marzo de 2020

Habitantes de árboles

Los hay también que habitan los árboles, y solo por la noche salen para esconderse. No los veras mirando las hojas ni subiéndote a sus ramas, pues solo cuando no estamos respiran en ellos. A veces incluso construyen nidos, como los pájaros, y extienden sobre ellos sus extremidades para sentir que están vivos. No te dirán nada si te mueves con el viento, pero huirán si te escondes como ellos. Algunos que han vuelto dicen que son más silenciosos que la muerte y que no tienen sombra. Tampoco sabemos de su origen, y hay quienes aseguran que vienen de los bosques, y que los necesitan. No usan insignias para reconocerse porque todos llevamos uno dentro.

                                           José Antonio Porcel, Sabina.

sábado, 28 de marzo de 2020

Habitantes de ventanas

A veces los habitantes de las ventanas podrán ser ajenos, pero no deben asustarnos. Llorarán toda la noche y sólo habremos de recoger su lluvia. No nos pedirán nada, ni querrán invadir nuestros salones. Nos taparán algo la luz. Eso es todo. Y habremos de dejarles llorar, hasta que cesen las lágrimas y echen de nuevo a volar. ¿De dónde vendrán? Es algo que nunca sabremos, porque de hecho son indiferentes a los adentros. Ni siquiera se volverán cuando amasemos el pan. Y cuando en la cama nos miremos permanecerán silenciosos.

                                               José Antonio Porcel, Ventanal.

viernes, 27 de marzo de 2020

Salvemos al otro

No se engañen. Lo que nos acerca unos a otros no nos puede ser arrebatado. El otro no nace de la abstracción, sino del eros, de ahí que ya lo lleváramos dentro. Se equivocó Descartes con su pienso, luego soy, porque fuera lo que fuese lo que era, lo era gracias al otro. El otro siempre es anterior. Por eso, una filosofía del otro no puede hacerse, salvo que sea el otro el que la haga. Cualquier reflexión supone traicionar lo reflexionado. Sería como pretender que la mariposa siguiera volando una vez cazada. Por lo mismo, tampoco los lenguajes artificiales pueden alejarnos unos de otros. Sencillamente, nos desplazan del escenario donde tiene cabida el eros. Y una vez ahí, no estando entre otros, nos disponen a hacer esto o aquello. Diríamos que podemos ser cazados.

"De lo uno a lo otro es el gran tema de la metafísica. Todo el trabajo de la razón humana tiende a la eliminación del segundo término. Lo otro no existe. Tal es la fe racional, la incurable creencia de la razón humana. Identidad = realidad, como si, a fin de cuentas, todo hubiera de ser, absoluta y necesariamente, uno y lo mismo. Pero lo otro no se deja eliminar; subsiste, persiste; es el hueso duro de roer en que la razón, se deja los dientes. Abel Martín, con fe poética, no menos humana que la fe racional, creía en lo otro, en «La esencial Heterogeneidad del ser», como si dijéramos en la incurable otredad que padece lo uno." (Antonio Machado, Juan de Mairena)

Decimoquinto día

jueves, 26 de marzo de 2020

Desocupación total

Los cambios adaptativos a la nueva situación lleva a plantearnos si no llegará el momento en el que determinadas prácticas que ahora nos parecen de provisional emergencia acaben siendo aceptadas, o incluso integradas, al quehacer de todos los días. Me pregunto si no habrá detrás del bullicio por la contención y la salud algunas alcazabas desde las que ya estemos siendo observados por telescopios de marfil. Los escenarios como el que estamos de movilización total suponen, a la par que una concentración de la energía, una desocupación y un vacío enormemente aprovechables para oportunistas que convierten lo que ven en oro. Con sus nuevos juguetes tecnológicos, de los que dicen que pueden exigir hasta una nueva carta de derechos, y ahora que andamos ocupados en proteger nuestra herencia sanitaria, estos oportunistas bien podrían estar ensayando el siguiente movimiento hasta el jaque final. Y lo harían camuflados tras cegueras de larga tradición como el optimismo o el conspiracionismo.

"Según ciertos pronósticos, nuestra técnica desembocará algún día en la hechicería pura. Llegado ese momento, todo lo que haremos ahora no habrá sido sino un impulso inicial y la mecánica se habrá refinado de tal forma que ya no exija nuestra torpe manipulación. Bastarán unas luces, unas palabras, más aún, un mero pensamiento. Un sistema de impulsos inundará y recorrerá el mundo." (Ernst Jünger, Abejas de cristal)


Decimocuarto día

miércoles, 25 de marzo de 2020

¿A dónde irán?

¿A dónde irán los afectos que se pierden en las noches de balcones cerrados? ¿A dónde la humanidad que soplaba nuestros corazones? ¿A dónde su complicidad que nos situaba en tiempos de otros? ¿A dónde los apuntes rotos del último de los pupitres? ¿O el polvo de sacos rotos que nos seguía hasta el bautizo de la noche? ¿A dónde la barandilla que cada viernes soportaba a nuestras espaldas? ¿O aquel último escalón que nos subía hasta las nubes? ¿A dónde los cafés náufragos en medio de tempestades? ¿Y los mares de otoños que nunca devinieron porque ella nos dijo que no? ¿A dónde los relojes dictados de sabia obediencia? ¿Y a dónde cada alumno con sus dudas y temores, que de pronto abrían sus móviles para enseñarnos su obra? ¿Y a dónde esos gritos que resonaban hasta más allá de las paredes, siempre abrigadas? ¿A dónde el Sol que nos rayaba las pieles nuevas? ¿Y aquella luz de vidas pasadas? ¿A dónde la herida que un día nos hizo mortales, con sus soles, sus nubes y su verde? ¿A dónde?

Decimotercer día