viernes, 11 de junio de 2021

Diario de un corrector

11 de Junio

La medida del valor es el resultado. Si una noticia tiene impacto en redes sociales, vale. Si un examen ha obtenido una buena calificación, vale. Si un concepto ha sido puesto en el lugar adecuado, vale. Si un alumno/profesor obtiene buenos resultados, vale. La noticia, el examen, el concepto, el alumno/profesor valen en tanto que resultan, es decir, en tanto que se ajustan a unos parámetros o fines preestablecidos. En el fondo, lo que se mide no es el conocimiento sino el grado de adaptabilidad o conseguimiento de lo que se somete a medición. Ello explica el creciente interés por los métodos y lenguajes procedimentales, en menoscabo de las personas y su singularidad. La pregunta es: ¿realmente queremos una educación que sólo pueda aspirar a ser una educación reproducible por un algoritmo?


domingo, 6 de junio de 2021

Historia de la tempestad

Va cesando la tempestad y llegará el momento de la narración, que hará asomarse nuevamente el poder de la Razón, y de la Ciencia. Frente a la fuerza de los elementos -se nos dirá-, la razón ha devuelto a la humanidad su burbuja de seguridad y bienestar, de ahí que todos debamos estarle agradecidos. Este credo de la verdad, que Nietzsche vislumbra como voluntad de poder, de nuevo afianzará la forma sostenida de estar del hombre contemporáneo. Existencia sostenida, sujeta a la confianza de que, en el fondo, el mundo contiene la suficiente lógica como para poder entenderlo y, si es el caso, reconducirlo. Existencia sostenida en una fe que, conviene no olvidar, pierde fuelle cada vez que un corazón exalta rebosante o un sunami inunda ciudades enteras. Existencia apoyada, sí, pero sin objeto preposicional, cayéndose hasta que un nuevo golpe la haga despertar.


viernes, 4 de junio de 2021

¿Hacia dónde dirigirnos?

He escuchado que varias divisiones de profesores de Enseñanzas Medias han sido asignadas en sus días de mayor trajín como vocales vigilantes, correctores, delegados, con el fin de atender a los cientos de alumnos que harán, como cada año, su prueba de acceso a la Universidad durante los próximos días. Y he oído que han sido asignados precisamente cuando muchos de estos profesores tendrían que estar -en cuerpo presente o espectral- en sus respectivos centros durante las sesiones finales de evaluación de los alumnos a los que han acompañado durante todo el curso, como tutores haciendo entrega de sus resultados finales o aconsejándoles sobre los exámenes extraordinarios que tendrán a la vuelta de la esquina. Y todo esto en unas semanas en las que, por imperativo legal, los profesores no saben si dirigirse a los alumnos que, teniendo todo aprobado, han de continuar yendo a los centros para seguir recibiendo su dosis diaria de aprendizaje o a los que, para pesar suyo, deben compensar lo que no han hecho durante el curso.



«Estar no estando» se anticipa como la nueva especificidad exigible para el ingreso al Cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria. ¿Y se imaginan el caos informativo de cualquier centro educativo durante estos días? Que si flechas en pasillos y columnas señalizando dónde deben ubicarse los alumnos que realizarán las pruebas de acceso, calendarios informativos con exámenes finales y extraordinarios para las diferentes enseñanzas, recordatorios de las horas con las diferentes sesiones evaluadoras, paneles explicativos con los protocolos sanitarios reservados para cada tipo de prueba, organigramas diseñados para la admisión y matrícula del próximo alumnado, paneles informativos con los diferentes tipos de aularios… Con tanta flecha y panel informativo uno, la verdad, ya no sabe a dónde dirigirse, incluso ya no sabe si hay otras formas de llegar que no sean la de seguir una indicación o atravesar un panel luminoso.

domingo, 30 de mayo de 2021

Poema trasquilado

Os invito a la lectura de este poema trasquilado: una ocurrente reflexión sobre la fecundidad del arte y la infinitud del sentido.

                           La pieza que falta es, precisamente, el armazón del puzle.


sábado, 29 de mayo de 2021

Hacedores de mundo

Hay momentos en los que las noches están en todas partes. Las flores saben más que todas las humanidades juntas y nadie ya es medida de nada. De pronto las cosas ya no son iguales o desiguales, y pierde sentido la teoría de la singularidad. ¿Respecto de qué podríamos ser singulares? La lógica, con sus leyes y numeraciones, pierde pie, y ni siquiera fluye el río de Heráclito. Los mudos ya no necesitan hablar ni los náufragos amarrarse. Tampoco hay espera ni pesar.

Pues bien, hallábame en una de aquellas noches cuando de pronto una luciérnaga se posó y se hizo el mundo.

"«Mira, mira...» es el origen de la palabra que dice el mundo.

«Mira, mira...» es hacer presente el mundo al otro y a uno mismo; es hacer el mundo común." (Josep Maria Esquirol, Humano, más humano)

miércoles, 26 de mayo de 2021

Vidas despropiadas

Una de las preguntas que debería hacerse quien todavía es capaz de pararse en el camino es si, durante al menos un día, ha hecho más libre a alguien. Si por un momento esta persona no ha mirado por los resultados, ha dejado de proyectarse en las cosas, incluso si ha doblado el telón para dejar a los espectadores vacíos, quizá pueda seguir haciendo camino, y hasta servir de ejemplo para otros encadenados. Aunque camuflada bajo alguna etiqueta bien considerada, esta persona siempre podrá decir que, al menos durante un día, vivió las horas sin que el tiempo pasara por ellas, creó palabra cuando había solo ruido, soñó como sueñan las nubes cuando todos duermen.


Jesús Quintero: "Señor Gala, ¿qué es lo más inteligente que se puede hacer en esta vida?"

Antonio Gala: "En principio yo le diría: irse a una playa. Pero en el fondo, de verdad, tengo que decirle que salir de esta especie de laberinto en que nos han metido, una vida que no es la nuestra y que no es la mandada. Que es una organización que necesita esclavos para seguir manteniendo la organización que necesita esclavos, y así hasta el final. Salirse de esta cadena terrible, desencadenarse. A riesgo de la soledad, a riesgo de la falta de comprensión, pero irse un poco al campo, en el mejor de los sentidos. Salir de esa extraña y monótona esclavitud de cada día. Darle a cada día su propio afán, pero también su propia sonrisa, su propio gozo, su propio color, su propia aroma. Eso es la inteligencia. Porque una inteligencia que no nos ayude a vivir, no la quiero. No me sirve para nada. No creo que le sirva para nada a nadie."

Quietudes voluntarias

Hay enfermedades que no se doblegan a los poderes presentes y persisten pese a la velocidad de los tiempos. Se instalan allí donde ya no sirven las medidas paliativas y amenazan con ocupar los puestos donde debería reinar el entusiasmo y la diligencia. Una de estas enfermedades, que desde hace décadas yace instalada en los corazones de tantos ciudadanos, es el quietismo de quienes profesan que el mundo va mal pero no hacen nada para cambiarlo. Se dirigen a él con la parsimonia del que mira a su ombligo y piensa cómo salvarlo de ser salpicado. Es el quietismo de quien con actitud derrotista ya sólo piensa en disfrutar del sol de los fines de semana mientras ve el mundo desmoronarse bajo sus pies. Es el quietismo de quien se ve ninguneado por las autoridades competentes y ni siquiera levanta la mirada para decir, o profesar, o gritar: ¡no soy un "0"!

Pero lo que no deberíamos olvidar, como siguen enseñando los grandes narradores existencialistas, es que también somos responsables de lo que no hacemos, ni decimos, ni sentimos. También somos responsables de agachar la cabeza y seguir comportándonos como unos perfectos obedientes, que entre queja y queja, se suman a loca marcha por ver quién llega antes a la meta y obtiene el mejor resultado. Porque, señores, en esto se han convertido las grandes sociedades del conocimiento de nuestro país: en auténticas fábricas de hombres y mujeres resolutivos, debidamente adiestrados para informar, rellenar y obedecer órdenes que palmariamente atentan contra el sentido común y el buen hacer de las personas.

Unas órdenes que, no lo olvidemos, están hechas solo para ser obedecidas.