miércoles, 23 de junio de 2021

Encadenados

Me pregunto si en educación nos podemos sentir, profesores y alumnos, como debió sentirse el prisionero de Platón cuando vio rotas sus cadenas. Seguiría la luz, desde luego, pero sin saber a dónde le conduciría. Algo así como quien sigue unas vías de tren en una noche remotamente perdida o asciende a una cima en un día de niebla. Lo que se avance puede ser en vano, y cualidades como la precisión, la adecuación o la exactitud dejan de ser relevantes. De hecho, ya ni siquiera importan. Que haya algo de luz, o de camino, es lo único que hace seguir adelante. Me pregunto, por tanto, si una educación -como la que tenemos- basada en la obtención y el resultado, ajena a la necesidad y determinada por la única posibilidad del conseguimiento o del no conseguimiento, puede hacer siquiera que profesores y alumnos quieran sentirse liberados.

“Desear es buscar, andar a tientas en pos de algo que no se sabe exactamente qué es ni dónde está, algo que nunca podrá alcanzarse; es ir más allá de lo que uno se ha encontrado al llegar al mundo, de lo que uno ha recibido. Hay deseo porque hay insatisfacción, porque nada ni nadie puede llenar la existencia, porque existir es «ser en falta», porque tenemos la sensación de que el mundo en el que nacemos no nos es suficiente, porque nada es suficiente." (Joan-Carles Mélich, La fragilidad del mundo)

domingo, 20 de junio de 2021

Sueño del 19 de Junio

Un descansadero de cenizas alberga a una muchedumbre de alumnos en el calor del último día de curso.

Sueño del 19 de Junio

                                  Puesta de Sol

viernes, 18 de junio de 2021

Iniciación a la filosofía

Hay quienes practican la filosofía subidos a las aceras, bajo la sombra de algún ciprés solitario, en los días en los que el Sol está más alto. También, entre muros. La buena filosofía no es saber recitar a Platón, las categorías aristotélicas o la monadología de Leibniz. La filosofía no comienza en la respuesta, o en la formulación que cierra el camino a la emoción. Contra los académicos, la filosofía que aconsejaría practicar a nuestros jóvenes, y en realidad a todos los que se prestan a este ejercicio, comenzaría por iniciarse en ella. Iniciarse en la filosofía, o en el conocimiento en general, es la verdadera asignatura pendiente para quienes entran en los centros con la mirada puesta en los boletines y el resultado. 


Cuenta mi madre que me inicié en la filosofía con mi primer amigo, llamado Román, que al poco tiempo se alejaría para siempre. Tendríamos apenas cinco años cuando nos acaloramos discutiendo sobre si, una vez muertos, ascendemos al cielo o nos convertimos en tierra. Iniciación a la filosofía. Otro amigo, más tardío, interrumpió a un sexólogo aburrido al preguntarle por qué sentimos lo que sentimos cuando nos enamoramos. Iniciación al conocimiento. Y el otro día, uno de nuestros alumnos, tuvo el valor de decir públicamente que no somos una nota. Una llamada a la iniciación, sin duda. En momentos como estos uno comienza a necesitar de los demás, y entonces acude a los libros, al conocimiento labrado, adquiriendo sentido las palabras de Platón, de Aristóteles o de Leibniz. Uno, sin darse cuenta, ya se ha iniciado en la filosofía.

domingo, 13 de junio de 2021

El rey obstinado

En un reino lejano había un hombre que se vanagloriaba de conocer todos los idiomas, caracteres, valores, costumbres, virtudes y defectos. Allí por donde iba todos se admiraban de la facilidad con la que generaba amigos y se adaptaba a los hábitos del lugar. Si pisaba ciudades en poco tiempo protagonizaba plazas e iglesias, si viajaba a pueblos todos se confiaban a él, y si andaba con nómadas sus labores eran las que mejor descubrían la belleza de la Naturaleza. Tanto se extendió su fama que el rey le mandó traer a la corte para ver si verdaderamente era como decía ser.


Cuando se presentó ante él, el joven muchacho le confesó:

-"veo en sus ojos la tristeza de quien tiene todo lo codiciable pero le falta lo que más anhela."

"¿Y qué es lo que más deseo?" - preguntó intrigado el rey.

Aquello que ningún mortal puede conseguir.

sábado, 12 de junio de 2021

Con agradecimiento

Hay momentos que se convierten en caminos para otros. Son los momentos en los que descubres que una parte de ti continuará en los corazones de los demás. La palabra, el gesto, ha encontrado para siempre un lugar donde ya sólo podrá germinar.

"Llegaste nuevo este año y desde el primer día supimos que ibas a ser un profe de los que marcan, de los que nunca olvidaremos, pues desde el primer día ya nos mostraste tu luz. Una luz que irradia todo tu entorno. Una luz brillante, bonita, pura. Una luz que transmite paz, seguridad, bondad.

A lo largo del año nos has enseñado muchísima filosofía, y en muchas de tus clases se ha creado verdadera magia. Has conseguido crear momentos en los que de repente el tiempo desaparece y las paredes encarceladoras de clase se derrumban, al igual que la jaula en la que se encuentra nuestra mente, y en ese momento, emanan maravillosas ideas de nuestras cabecitas, generando debates, desarrollando alguna idea, descubriendo que la capacidad de pensar y de saber supera todo el límite académico impuesto.

Hemos aprendido mucho acerca de los grandes filósofos, pero, sobre todo, hemos aprendido mucho de ti. Nos has enseñado que, para alcanzar nuestras metas, los caminos son infinitos; nos han enseñado a confiar en nosotros mismos cuando ni nosotros lo hacíamos; nos has enseñado a no rendirnos.

Nunca olvidaremos tus brillantes ojos cuando hablas de Ana (que por cierto nos la tienes que presentar algún día). Gracias a esos momentos nos has demostrado que el amor es real, que existe, que te hace feliz, que amar te hace vibrar, te hace crecer, te libera. Somos aún muy jóvenes para entenderlo, pero gracias a ti nos hacemos una idea de lo que es el amor verdadero hacia alguien.

Tampoco olvidaremos tu micrófono y sus sonidos, tus gorritos en invierno, o tus múltiples bromas que, ingenuos de nosotros, nos creíamos.

David, contigo nos hemos sentido valorados, apoyados, queridos, libres. Nos has inspirado mucho este año. Nos has hecho crecer, y no solo mediante la filosofía, sino mediante todas tus charlas motivacionales, consiguiendo que confiáramos más en nosotros mismos, aprendiendo a relativizar, a cuestionar, a amar..." (Sergio, Ana, Noa, Inés, Sara y Malena)


   Grupo de 2º de Bachillerato de sociales y humanidades, del IES Miralbueno. Curso 2020/21

viernes, 11 de junio de 2021

Diario de un corrector

11 de Junio

La medida del valor es el resultado. Si una noticia tiene impacto en redes sociales, vale. Si un examen ha obtenido una buena calificación, vale. Si un concepto ha sido puesto en el lugar adecuado, vale. Si un alumno/profesor obtiene buenos resultados, vale. La noticia, el examen, el concepto, el alumno/profesor valen en tanto que resultan, es decir, en tanto que se ajustan a unos parámetros o fines preestablecidos. En el fondo, lo que se mide no es el conocimiento sino el grado de adaptabilidad o conseguimiento de lo que se somete a medición. Ello explica el creciente interés por los métodos y lenguajes procedimentales, en menoscabo de las personas y su singularidad. La pregunta es: ¿realmente queremos una educación que sólo pueda aspirar a ser una educación reproducible por un algoritmo?


domingo, 6 de junio de 2021

Historia de la tempestad

Va cesando la tempestad y llegará el momento de la narración, que hará asomarse nuevamente el poder de la Razón, y de la Ciencia. Frente a la fuerza de los elementos -se nos dirá-, la razón ha devuelto a la humanidad su burbuja de seguridad y bienestar, de ahí que todos debamos estarle agradecidos. Este credo de la verdad, que Nietzsche vislumbra como voluntad de poder, de nuevo afianzará la forma sostenida de estar del hombre contemporáneo. Existencia sostenida, sujeta a la confianza de que, en el fondo, el mundo contiene la suficiente lógica como para poder entenderlo y, si es el caso, reconducirlo. Existencia sostenida en una fe que, conviene no olvidar, pierde fuelle cada vez que un corazón exalta rebosante o un sunami inunda ciudades enteras. Existencia apoyada, sí, pero sin objeto preposicional, cayéndose hasta que un nuevo golpe la haga despertar.