jueves, 17 de marzo de 2022

Saliendo a respirar

Hoy el acceso al Bosque es más intrincado, o se halla más camuflado, con tanto ruido y tanta máscara, que se adhiere hasta casi confundirse con la piel. La piel tiene que respirar, oxigenarse, sacudirse de todo cuanto no es ella misma, y entonces empezar a sentir. La belleza de las cosas. Su luz. Por eso –en este tiempo saturado, empachado- es bueno practicar la mendicidad, y salir un poco a la intemperie, allí donde no hay colonias ni inyecciones. Es un tiempo virgen, abierto a la exploración. A veces, basta abrir la ventana y ponerse a mirar.

 



“La belleza del arte debe ser un misterio en sí misma. Jamás habrá otro Goya. ¿Volveré a tener un Gauguin tan cerca como aquel Nafé Faaipoipo sin dimensión? Ni manchistas ni manchadores, los macchiaioli. ¿Volverán? ¿Tendremos otro urinario de Duchamp? ¿Campos de color de Clyfford Still? ¿Pollock y sus chorretones? El arte deriva hacia un nihilismo terrible. Hace falta sensibilidad, mucha sensibilidad, la propia, la que surge del espíritu de cada uno, la que no está deformada por la ideología imperante, la publicidad a mansalva y las instituciones de adoctrinamiento. Tiempos difíciles, la insignificancia se alza al estatus de milagro. La trampa es muy fácil: cuando criticamos lo sincrónico es como si, al mismo tiempo, se hiciera un juicio malvado e injusto hacia lo transgresor. No es así. Nunca debería ser así.” (Rosa Moncayo, en https://www.elboomeran.com/rosa-moncayo/arte-o-enganifa/)

sábado, 12 de marzo de 2022

Amor incondicional

Si hay una obra sobre el amor incondicional esa es Rosemary´s baby, de Roman Polanski. Es la historia del maltrato a una mujer a la que al final sólo le queda mecer la cuna para que su criatura, fruto de la unión con Satanás («adversario», «mal camino», «distante»), deje de llorar. Una escena terriblemente conmovedora. Cuando en mis años adolescentes vi por primera vez la película, postrado en aquellos sofás roídos de cuero, y seguramente en alguno de aquellos días deliciosos de ligera fiebre que te obligaban a permanecer en la cama, no la pude entender. Pero ya me capturó ese momento de sublime revelación por el que alguien descubre que su vida es una mentira, pero que, quizá por ello mismo, esconde algo de verdadero. En este caso, representado en el hijo de Rosemary.



Es la historia, también, de una mujer que no puede renunciar a su condición de madre. Quienes la rodean le han arrebatado su identidad, su persona, su vergüenza y vida; le han despojado de los más nobles sentimientos y la han introducido en el más absoluto de los desamparos. Sin embargo, pese a haber sido objeto y víctima del más despiadado de los engaños y maltratos, y haber tenido que renunciar a lo que creía que era una vida llena de buenos propósitos, elije aceptar lo que ha resultado de aquéllos. Que su hijo sea sólo mitad humano no impide que lo quiera como a un hijo. Que su hijo no haya resultado de un acto libre no impide que lo quiera aceptar. Este instinto o inclinación acaba elevándose sobre todo lo demás. Es un amor incondicional, no estando sujeto a ninguna condición. Acaba prevaleciendo sobre todo lo que, después de todo, es susceptible de engaño y manipulación. Genial,  Polanski.

viernes, 11 de marzo de 2022

Encuentros con jóvenes escritores

¡Retomamos nuestros encuentros con jóvenes pensadores! La idea es abrir el diálogo a cuestiones de actualidad, en esta ocasión, relacionadas con las aplicaciones e implicaciones de la robótica en nuestras vidas. Orientada a un público joven, y con el título ¿En qué piensan los robots?, dos especialistas noveles moderados por un servidor nos invitarán a una reflexión sobre las posibilidades (e imposibilidades) de estas máquinas tan humanas... ¡No os lo perdáis! 



Gratuito. PÚBLICO JOVEN. Plazo de inscripción: del 14 al 27 de Marzo.

jueves, 10 de marzo de 2022

Respeto evolutivo

A veces hay que distanciarse de las cosas para que estas hallen sentido. Ni demasiado cerca ni demasiado lejos. Se trata de buscar la distancia adecuada. Quizá, después de todo, la ciencia sea un ejercicio de equilibristas, siempre en el término medio, dejando así a la Naturaleza, y a cuantos nos rodean, expresarse según su manera de ser.




“Los ácaros son arácnidos diminutos, apenas distinguibles a simple vista. Cuando están listos para poner los huevos, se encaraman a la polilla y se abren camino hasta su oído, un lugar seguro y protegido para sus huevos. Durante el proceso de puesta, los ácaros dañan la delicada estructura del oído de la polilla. Como puede haber muchos ácaros en una misma polilla, ésta se quedaría sorda si aquéllos pusieran sus huevos en ambos oídos; así las cosas, en un ejemplo pasmoso de respeto evolutivo, donde la cortesía y el interés propio coinciden completamente, el primer ácaro en subir a bordo abre el camino, de una forma que aún no comprendemos con claridad, y todos los ácaros sucesivos siguen dicho camino, ponen sus huevos en el mismo oído y dejan al otro intacto. Eso permite que la polilla conserve una capacidad auditiva parcial, con lo que mejoran sus posibilidades de escapar de los murciélagos mientras los huevos de los ácaros eclosionan.” (Sue Hubbell, Un año en los bosques)

martes, 8 de marzo de 2022

Noches con Sue Hubbell

Son días de exámenes, de evaluaciones, de informes y lamentaciones. De reuniones y de más palabras huecas, que apenas suenan. Por eso paso las noches junto a Sue Hubbell. Me reconforta. Bióloga, escritora, solitaria acompañada, y autora de Un año en los bosques. Un relato que desde el primer momento te enseña a mirar la naturaleza, y a descubrir que es ella la que tiene que enseñarnos:

"Debería haber pedido una nueva abeja reina, matar a la vieja y sustituirla, pero al hacer eso destruiría la identidad del enjambre. Todas las colonias de abejas adoptan su esencia, su carácter y su personalidad de la reina, que es madre de todos sus miembros. En tanto que apicultura comercial, sin duda tendría que haber matado a la vieja reina y haberla sustituido por un nuevo ejemplar vigoroso, para que la colonia se convirtiese en una buena productora de miel. Pero no lo hice." (Sue Hubbell, Un año en los bosques)



sábado, 5 de marzo de 2022

Hilos invisibles

Hay que aprender a vivir «en soledad», y curtirse en ella, hasta hacerla algo familiar. Y es que muchas circunstancias en la vida van a exigir que sepamos vivir en soledad. En tiempo de guerra, desde luego; pero también en tiempo de paz, para huir de la hostilidad, o de la inhospitalidad, del aborregamiento y embrutecimiento sociales. «En soledad» comienza el prisionero de la caverna su marcha. «En soledad» la modernidad descubre el cogito. «En soledad» se armó el Tractatus, y escribió Abejas de cristal. Son actos de renuncia, de reclusión voluntaria, de torsión antinatural hacia el fondo de uno mismo. La soledad es término, pero también comienzo de algo. ¿Por qué no hay escuelas que enseñen a «vivir en soledad»? ¿Por qué no se hace escuela de la soledad? En tiempos de desasosiego, la soledad es refugio, lugar, oxígeno. De ahí que convenga tenerlo bien armado, contra ventiscas y vendavales. Hay quienes huyen de la soledad como de la peste. Incluso señalan a los solitarios como los apestados, o inadaptados. Pero quien sabe «vivir en soledad» se hace capaz de soportar la incomprensión, y el derrotismo de los más desasosegados.

Quien hace de la soledad camino, se salva.

Vida

En un mundo apocalíptico alguien se acerca y me pregunta:

- ¿Por qué lloras?

- Lloro porque no vivo las cosas, ya que sólo las recreo y escribo. No vivo lo que vive el surfista cuando contemplo la belleza de la ola, o el ardor de los amantes cuando escribo sobre amor, o la experiencia de hacer música mientras escucho la sinfonía.

- Pero si las escribes es porque primero las has vivido.

- Sí, pero no las vivo.


Sueño del 4 de Marzo