jueves, 24 de abril de 2014

Próximo café filosófico con Safranski



                              ¿CUÁNTA VERDAD NECESITA EL HOMBRE?, de Rüdiger Safranski



Os dejamos aquí algunos enlaces de interés:

"Aspirar directamente a la felicidad es de bobos"

¿Cuánta verdad necesita el hombre?

Contra las grandes verdades


ACORDAOS QUE EL ENCUENTRO SERÁ EN ÚLTIMO MIÉRCOLES DE MAYO EN EL CAFÉ PARLAMENTO (PARTE DE ARRIBA) A LAS SEIS DE LA TARDE, Y QUE HAY YA SIETE EJEMPLARES PEDIDOS EN CASTROVIEJO

domingo, 13 de abril de 2014

El derecho a ser escuchado

Una entrada reciente del filósofo Fernando Broncano me ha hecho pensar en la importancia de la atención no sólo para la vida pública, sino también privada, íntima. Quién no ha tenido alguna vez la sensación de no ser escuchado en conversaciones con colegas, compañeros de trabajo, superiores, incluso con familiares o amigos. Hay muchísimos motivos para no escuchar, aunque ninguno justificable: el cansancio, el desinterés, la prisa por hablar, cierta incapacitación para la atención, el pasotismo, una actitud displicente hacia el otro, el dogmatismo, el autoritarismo.... El tema no es baladí, pues creo que la atención es el fundamento de cualquier relación. Es decir: no hay relación si los dos no (se) escuchan. Y es que una relación -ya sea de amistad, de colaboración, de odio, deliberativa....- no puede llegar a establecerse si no existe, por parte de los dos interlocutores, un esfuerzo atencional. Por ello, quizá una de las mayores faltas de respeto sea no escuchar al otro. Quien no sabe escuchar, tampoco puede compartir. Así, si existieran mecanismos para detectar el grado de atención de las personas cabría pensar en introducir en  la Declaración de Derechos el "derecho a ser escuchado", condenando gravemente su incumplimiento pues éste conllevaría ipso facto la imposibilidad de respetar otros derechos fundamentales para la vida pública, como considerar al otro como un igual, atender a las demandas razonadas de los demás, no interrumpir al otro en el acto deliberativo....

viernes, 4 de abril de 2014

Café filosófico con Byung-Chul Han

El pasado miércoles 26 de marzo tuvo lugar el segundo encuentro de nuestro recién fundado Café filosófico. La sesión giró en torno a las tesis que el joven filósofo coreano Byung-Chul Han esboza en su reciente libro La sociedad del cansancio (2012) Las intervenciones de los que allí estábamos se centraron en destacar aspectos valorables de la obra de Byung-Chul Han por su cualidad de arrojar luz sobre una sociedad que, sumida en el agotamiento y el dopaje, necesita urgentemente de un diagnóstico. Sin embargo, tampoco faltaron voces críticas respecto a su propuesta final del cansancio como condición posibilitante del encuentro con el otro.




La mayoría convino con el autor en que el exceso de información y de (auto)rendimiento -visible además en el mundo del adolescente- lleva a un estado de estrés y aturdimiento que estrecha el lugar para la lucidez y la creatividad. Como se dijo, este aparente progresismo tecnológico, que parece pretender convencernos de que en todo y para todo hay que hacer uso de los dispositivos tecnológicos -para comer, vestirse, enseñar, relacionarse....-, en ocasiones no constituye más que la ocasión perfecta para huir de nosotros mismos y de los demás. Es el horror al vacío, el temor a reconocer nuestra condición de seres arrojados, necesitados, lo que nos impulsa a aferrarnos a las promesas de felicidad y seguridad que irradian de la sociedad del bienestar. Vivimos -como dice Ortega- alterados. Más bien, es nuestra manera de estar en el mundo lo que propicia la alteración y vuelve prescindible el recogimiento. Cierta actitud sosegante -como se dijo- debe ser el presupuesto para la reflexión y la contemplación: "Solo la profunda atención impide la versatilidad de los ojos y origina el recogimiento que es capaz de cruzar las manos errantes de la naturaleza. Sin este recogimiento contemplativo, la mirada vaga inquieta y no lleva nada a expresión." (pp. 38)


Una pregunta clave que se planteó es si la educación puede reconducir a nuestros adolescentes y librarles de este aturdimiento que propicia esta sobredosis de información que recibimos diariamente. La pregunta no es baladí, pues debemos ser conscientes que nosotros -profesores y educadores-, querámoslo o no, estamos también inmersos en la sociedad del cansancio y, por ello, seguramente contagiados del virus de la (sobre)información y de la (hiper)atención. Algunos de los presentes todavía confiamos en la libertad como presupuesto para (re)crear nuevas circunstancias posibilitadoras de experiencias y encuentros con lo otro; otros, en cambio, veían con desesperanza un futuro que vislumbra el triunfo del homo videns sobre la vida teorética. En cualquier caso, la mayoría convino en afirmar la importancia de la narración y de la historia como maneras de hacer transparente una interioridad casi siempre soterrada deliberadamente o encubierta por aquellos estados de somnolencia y aturdimiento a los que tan acostumbrados estamos.

Recientemente se han traducido otros títulos del autor:

La sociedad de la transparencia

La agonía de Eros

Café filosófico con Nuccio Ordine

Ayer nos encontramos por primera vez en el Café filosófico, y la verdad es que resultó muy gratificante compartir nuestra experiencia como lectores de esta magnífica obra La utilidad de lo inútil de Nuccio Ordine. La idea es crear un espacio de encuentro abierto a todo tipo de público para compartir ideas e inquietudes con ocasión de una lectura mensual que uno de los tertulianos proponga. Así fue como entre pinta y pinta (y algunos entre médico y médico) debatimos sobre cuestiones relacionadas con la democratización de la cultura, el lugar de la cultura en nuestra sociedad, la naturaleza de lo superfluo en su relación con la cultura y el juego, o la presunción (para algunos injustificada) de que la cultura humaniza y dignifica al ser humano.



Creo que el fondo del libro de Ordine se encuentra en el libro mismo, quiero decir, en el hecho de que haya tenido que ser necesario escribirlo y darlo a conocer, porque, señores, pregúntense: ¿no resulta claro y evidente que el conocimiento mismo, movido por esa extraña pasión que es la curiosidad, es un bien en sí mismo, capaz de entusiasmarnos y de ampliar nuestras horizontes,.... y que todo cuanto somos y hacemos se lo debemos al conocimiento?...Pues bien, lo mismo que en su día alguien tuvo que poner por escrito que "todos los seres humanos merecemos vivir", porque para muchos no resultaba tan claro, hoy en día, ante la amenaza incesante de la anticultura, alguien ha tenido que plasmar que "el conocimiento es la mayor de las (in)utilidades." Confiemos, eso sí, que siga habiendo un lugar para libros y encuentros como estos.

El libro propuesto para el próximo Café filosófico es La sociedad del cansancio, del filósofo coreano Byung-Chul Han, editado en Herder

jueves, 20 de marzo de 2014

Deseo de no ser

Una de las concepciones antropológicas que más peso ha tenido en nuestra tradición se basa en la idea de que somos proyecto, futurición. De alguna forma, la vida es promesa, expectativa, deseo de ser lo que todavía no somos, de forma que nuestro grado de autenticidad se mide por el grado de aproximación respecto de aquel ideal. Un ejemplo magistral que echa por tierra esta concepción es el diálogo que mantienen Tom Cruse y Nicole Kidman en Eyes wide shut. La historia avanza con el relato de Alice, que tiene un carácter testimonial:

¿Te acuerdas del último verano en Cape Cod?, ¿te acuerdas que había un joven oficial de la marina muy cerca de nosotros? (....)

Al pasar junto a mí me miró una mirada. Nada más. Pero apenas pude moverme. Aquella tarde Elena fue al cine con su amiga y tú y yo hicimos el amor, y también hicimos planes sobre el futuro y hablamos sobre Elena. Y en ningún momento se me fue de la cabeza. Y pensé que si él me deseaba, aunque solo fuera por una noche, estaría dispuesta a dejarlo todo: a ti, a Elena, todo mi jodido futuro, todo.

Y era extraño porque, al mismo tiempo, te quería más que nunca y en aquel momento mi amor por ti era a la vez tierno y triste.

A la mañana siguiente me desperté llena de pánico. No sabía si tenía miedo de que se hubiera ido o de que aún estuviera allí. Entonces, comprendí que se había marchado y sentí un gran alivio.

No es la expectativa o la promesa de un futuro mejor lo que mueve el deseo de Alice hacia el joven oficial, que sin embargo está dispuesta a dejarlo todo por acostarse con él. El deseo de Alice no es el deseo de quien anhela ser, sino justamente lo contrario. Podría decirse que, mientras está dispuesta a sacrificar su yo (como proyecto), ella no desea ser más Alice; y es que de repente ha comprendido que no es quien creía ser, que aquello que más amaba (su familia, su porvenir) ahora resulta ser una ilusión, una mera promesa vacía de concreción y realidad.

La estimación no mueve el deseo, que sin embargo exige, llegado el caso, la renuncia a todo lo estimable y valorable. Y es que el deseo tiene algo de homicida, o mejor, de suicida, porque precisamente su consumación arrastra la aniquilación del yo, entendido como porvenir y proyecto. No, la vida no sólo es proyecto, sino también y sobre todo, pulsión y vértigo a no ser.

lunes, 10 de febrero de 2014

La extraña condición humana

La técnica cumple sobradamente la función de asegurar la supervivencia, de ahí que toda acción suponga un excedente.

Se dice que un martillo sirve para algo, pero sólo en cuanto que es considerado como una herramienta que entra en relación con todo un sistema de utensilios y sirve a un conjunto de tareas que llamamos útiles. ¿Pero qué aporta la casa del perro que hemos construido a base de martillazos? Cobijo y..... nada más.

La utilidad no es más que una determinada forma de relacionarse con las cosas.

La verdad está de más respecto a la necesidad de vivir; el sueño, respecto a la necesidad de descanso.

El hombre está condenado a inutilizar la naturaleza.

Necesitamos de lo inútil para no suicidarnos.

La nada sólo espanta a quien busca el sentido.

sábado, 8 de febrero de 2014

SOFIRA...que reivindica el pensamiento crítico de los alumnos

Para los alumnos que demandan más conocimiento....


                                    ...y para los que todavía seguimos siendo alumnos.




David Porcel: Presidente de SOFIRA