domingo, 8 de diciembre de 2019

Realidades anti-antagónicas

Vivimos tiempos para la tranquilidad. Allí donde un despertador interrumpe la placidez del sueño, luces intermitentes nos dan paso, cifras que informan del tiempo que resta, señales que, en general, nos disponen para la obediencia, allí donde todo eso ocurre, se busca tranquilidad. Hasta se ha formado una filosofía de la tranquilidad, con sus pautas, recetas y panaceas. Pero la quietud es otra cosa. La quietud de los bosques, de los pueblos, de las grutas, no admite contrario ni relaciones de antagonismo, por mucho que sea el peso de una tradición empeñada en encontrar opuestos. 


                                         Grutas de Cristal (Molinos)

Hay quienes se obstinan en llegar a la quietud por un acto de freno o desaceleración, como si reduciendo el paso o ralentizando la marcha no siguiéramos presos del automatismo y la lógica del tráfico. No, a la quietud no se llega por oposición, como tampoco se alcanza la indigencia oponiéndose a la opulencia, o el hambre a la saciedad. Es por ello que el consejo no ha de ser, como tantas filosofías de la tranquilidad promulgan, retirarse huyendo del bullicio y la aceleración, lo cual no hace sino confirmar nuestra condición de velocímetros, sino, más bien, hacer que se retiren de nosotros aquellas ilusiones que, como la del binomio velocidad-reposo, nos alejan de la quietud que también somos.


                                                   Cuevas de Cañart (Teruel)

viernes, 6 de diciembre de 2019

Sueños de Diciembre

Un baúl esconde una casa, y un balcón, lleno de recuerdos. Entre ellos un caballo, llamado Romero, que con su carro empieza a tirar de mí y de cuanto llevo encima. También de unos diarios, por las calles del pueblo. Todo hasta que caigo al suelo, y el caballo desaparece, los papeles se humedecen, y no hay calles por donde transitar.

Sueño de la Noche del 5 de Diciembre

domingo, 1 de diciembre de 2019

Sueños de Noviembre

Me encuentro proyectando a mis alumnos Al final de la escapada, de Jean-Luc Godard. Sin embargo, al poco reparo que se trata de una clase de Matemáticas aplicadas a las ciencias sociales, y veo en ellos miradas incriminatorias. Aterrado, pienso la posibilidad de obligarles a transmutar en algoritmos los monólogos de Godard, cuando descubro que soy incapaz de descifrar las más elementales operaciones.

Sueño de la noche del 30 de Noviembre