viernes, 28 de diciembre de 2018

Entrevista al filósofo y profesor Fernando Broncano en la revista Ábaco nº 97 /2018

Fernando Broncano Rodríguez, profesor, filósofo, promueve la superación de la división entre cultura científica y humanística, buscando la mutua convergencia, desde una concepción del ser humano más allá de la dicotomía entre lo natural y lo artificial. David Porcel, profesor de filosofía y colaborador de la revista Ábaco ha realizado esta interesante entrevista que se publica en su integridad en el número 97/2018  www.cicees.com/producto/abaco-97-nuevas imágenes-de-ciudad-proyectos-urbanos-y-estrategias-culturales/ y que ofrecemos en esta edición digital de Ábaco. 
 
 
D.P. : Nos hallamos en una era de enormes cambios y transformaciones sociales. Hoy día no faltan etiquetas para denominar la nueva situación – sociedad poshumana, sociedad del cansancio, de la aceleración, etcétera -. Sin embargo, la sensación ciudadana es la de no saber muy bien qué está pasando. ¿Cree que en las sociedades de la hiperinformación todavía es posible una teoría que sirva de referente para nuestro tiempo?
 
F.B : También se ha calificado nuestra época como post-metafísica y creo que con razón, al menos, con razón respecto a dos experiencias básicas de nuestro pensar filosófico: la imposibilidad de trascender con propósitos teóricos nuestro lenguaje, nuestra condición histórica, y la incapacidad insoluble para construir una teoría totalizante. Podemos seguir amando a los románticos y continuar las huellas de Hegel hasta donde queramos, pero la dialéctica, si es posible hoy, solamente lo es como dialéctica negativa. Para decirlo más claramente, me parece que los únicos referentes accesibles para nosotros son nuestras propias prácticas, el concebir nuestra existencia, al modo de John Dewey, como un continuo experimento, o tal vez, en un tono wittgensteiniano, como una permanente exploración de nuestros juegos de lenguaje y formas de vida. No hay que entender que por ello hemos caído, en algún sentido ontológico de caída, o que se han roto nuestros sentidos en fragmentos que no podemos recomponer, tal como proclamaban las metáforas posmodernas, sino todo lo contrario. Nuestra condición post-metafísica es una suerte de descubrimiento muy fundamental y profundo: siempre hablamos desde algún lugar, no hay un punto de vista del ojo de Dios. Esta revolución nietzscheana hay que considerarla como liberadora para la filosofía, no como una renuncia a una autoridad que nunca tuvo. Así que lo que nos cabe es, ciertamente, continuar la irrenunciable vocación de intérpretes de lo que ocurre, de exploradores de los límites, pero, efectivamente, no va a haber una teoría que proporcione referentes. Los referentes los establecen los puntos de irreversibilidad que crean nuestras historias, por ejemplo, las proclamas de “nunca más” o las declaraciones de derechos, o los consensos sobre normas universales que constriñan el poder irreflexivo de los usos técnicos, y en general que establezcan reglas de obligada obediencia a los diversos poderes de este mundo. En esta tarea, la filosofía aporta un valiosísimo acervo de conceptos, tentativas y controversias en los que está depositada buena parte de la sabiduría de la humanidad, o al menos una parte de la experiencia histórica de la humanidad.
 
Pero no querría escaparme a lo que plantea tu diagnóstico del momento: “la sensación ciudadana es la de no saber lo que está pasando”. A mí me parece que ésa ha sido siempre la condición humana. Tendemos a pensar la historia como una batalla en la que los soldados de a pie no saben lo que está ocurriendo, pero sí los dirigentes, sean estos los poderes políticos, económicos o intelectuales. Yo creo que no, que esa visión conspiranoica de la historia es incorrecta. Tolstói, en las páginas finales de Guerra y Paz, explica muy bien la historia como una secuencia de acciones con resultados no queridos. Marx también lo sostiene en el famoso comienzo de El 18 Brumario de Luis Bonaparte. Vivimos siempre bajo una condición de opacidad, de niebla o miopía insolubles, de modo que, quizás con cierto escepticismo, haya que decir que cuando se  alzan voces de gurús que nos tratan de explicar lo que verdaderamente está pasando, lo que pasa realmente es que no se enteran de lo que pasa. Pero esta condición de limitación no nos exime de responsabilidades, todo lo contrario. Porque, al final, lo que pasa depende de lo que todos estemos haciendo que ocurra allí donde estamos y desde nuestro leal saber y entender, que no es mucho, pero tampoco es despreciable. De nuevo me remito a Tolstói y Marx, sobre la primacía de las prácticas sobre las teorías de lo que pasa.
 
D.P.: En plena «revolución digital», ¿piensa que es posible practicar una «filosofía tecnológica» desarrollable en las redes y plataformas virtuales?
 
F.B.: Quizá debiéramos comenzar por referirnos a cómo se adaptó la filosofía en otros momentos de la historia cuando se produjeron grandes transformaciones en la mediación representacional y comunicacional. Así, sabemos que el pensamiento de Platón es hijo de la escritura. Independientemente de cuáles fueran los saberes de los miembros de la secta de la Academia, lo que hemos recibido de Platón es un esfuerzo titánico por pasar desde un pensamiento verbal, narrativo y conversacional, a una suerte de nuevo modo de argumentar centrado en los conceptos abstractos. Aristóteles ya dominó perfectamente el nuevo medio, y con él se inaugura una nueva trayectoria, cuando, para decirlo con el viejo título, “la musa aprende a escribir”. La imprenta fue la segunda gran revolución “mediacional”, pero tardó también tiempo en producir efectos en la filosofía. Es la Ilustración avanzada, y sobre todo el Romanticismo el que repara en que la filosofía ha de entenderse como una suerte de biblioteca de autores, o si se quiere de Enciclopedia de temas. La idea de pensamiento totalizante, de pensamiento enciclopédico y de la tarea de la filosofía como una suerte de interminable enciclopedia de la ciencia unificada, como proponía Neurath, es un producto de la mediación del libro como espacio de desenvolvimiento del pensamiento. El medio digital tiene sus propias reglas. Es, en cierto modo, la realización del sueño de la Enciclopedia, solo que, como afirmaba José Luis Brea, en una forma RAM, no con un modo archivístico o bibliotecario de acceso, sino en una modalidad de acceso aleatorio. Todo está presente y al momento, pero lo está de formas improbables, bajo los modos de surfeo y de hipertexto. La filosofía, creo, ya se está adaptando a este medio de representación y expresión. Los cientos o miles de revistas, el propio formato de “paper” como estructura autocontenida o la aparición de blogs y redes, la creación de entrecruzamientos de escuelas, casi imposibles en otros tiempos anteriores, parecen signos de una suerte de adaptación del pensamiento filosófico al medio digital. Pero dicho esto, no creo que tenga que haber una filosofía tecnológica. Por supuesto, el entorno técnico y la revolución digital plantean problemas nuevos filosóficos, como, por ejemplo, el del concepto de información y la diferencia entre información y conocimiento, el de los nuevos métodos de sustitución del experimento en la naturaleza por los modelos de ordenador, o el propio problema de la inteligencia bajo la condición de existencia de inteligencias artificiales. Pero eso no modifica la tarea de la filosofía, le plantea nuevos problemas.
 
D.P.: Entonces, ¿piensa que la filosofía está a la altura de nuestro tiempo? ¿Y nuestro tiempo a la altura de la filosofía?
 
F.B.: Mucha de la filosofía que leemos como contemporánea fue escrita en un mundo y para un mundo que estaba dejando de existir, pero eso no significa que no siga interpelándonos a pesar de que el contexto haya cambiado. Lo mismo nos pasa ahora, el mundo cambia más deprisa que lo que puede interpretar la filosofía. Es algo que Hegel sabía muy bien, cuando nos enseñaba que la filosofía hace su tarea al atardecer, cuando la historia ha hecho su trabajo. Yo no me preocuparía demasiado por el grado de acompasamiento del tiempo y el pensamiento. Siempre pensamos desde nuestro tiempo, pero lo hacemos en un espacio de posibilidades extraño: pensamos en lo que hubo y pudo haber, en lo que no tendría que haber ocurrido, en lo que hay y en lo que podría haber. Nuestro estar en el tiempo es siempre ajeno a él. Hannah Arendt, usando un aforismo de Kafka, decía que, cuando pensamos, el pasado y el futuro nos empujan en direcciones distintas, y querríamos estar en un lugar ortogonal, que en realidad es siempre un fruto de las presiones del momento. Y en cierto modo es bueno que la filosofía esté desacoplada, siempre que nunca pierda la atención al momento.
 
Nuestro tiempo, por otra parte, es muy interesante por cuanto se han producido varias conjunciones: la realidad y la conciencia de ser un planeta limitado en recursos; la transformación digital; la metamorfosis del capitalismo, desde una fase industrial a las formas de desregulación actuales; la competencia de nuevas formas educativas con lo que fue el programa romántico humboldtiano que ha regido por dos siglos. En fin, es un tiempo de amenazas y contradicciones que nos exige, también recordando a Hannah Arendt, que no perdamos la capacidad de juicio (ella pensaba seguramente en Heidegger). Entre los gurús del transhumanismo y los profetas de la desastrología caben muchas opciones filosóficas que pueden hacerse cargo de las demandas de interpretación que nos plantea el horizonte presente.
 
D.P. : Usted ha defendido en múltiples ocasiones la importancia de favorecer la colaboración entre científicos y filósofos, tanto en el ámbito formativo como en la investigación. Sin embargo, esta idea parece ir contra un sistema educativo basado en la compartimentación estanca de disciplinas y especialidades. ¿Cómo explica este desajuste entre el ámbito institucional y la naturaleza unitaria del saber humano?
 
F.B. :De los muchos peligros que acechan a los actuales sistemas educativos, uno de ellos y no menor es precisamente el que señalas en la pregunta. Es cierto que la división técnica e intelectual del trabajo exige formaciones diferenciadas, pero eso ocurría ya en el siglo XIX y comienzos del XX, cuando se pusieron en marcha los modelos humboldtianos, que combinaban el aprendizaje de las bases de una disciplina con la conciencia de que la trama del conocimiento y la cultura es holística, que los conceptos viajan a través del tiempo y las disciplinas y que hay que atender a múltiples miradas. Algunos creen que como el mundo futuro será el paraíso de los algoritmos basta con enseñar a programar, pero es una locura, las arquitecturas conceptuales son muy sensibles a todo el tejido cultural. Quine, uno de los grandes lógicos y filósofos del lenguaje del siglo pasado atendía a la vez a las matemáticas y a la antropología. Gracias a él tenemos concepciones mucho más sofisticadas sobre la interpretación. En todas las ciencias encontramos casos similares, y quizás parte del declive de los grandes programas de investigación se deba precisamente a la falta de sensibilidad a otras ramas de la cultura científica o humanística. Lo digo en los dos sentidos de la dirección. Es una desgracia que la ramificación de las disciplinas haga perder la imprescindible cultura humanística, pero también lo contrario. Poca gente en filosofía, por ejemplo, es ya capaz de entender las bases del lenguaje matemático, del álgebra o la topología, por ejemplo, y, lo que es más grave, de la lógica formal un poco avanzada, por eso no se entiende bien de qué hablamos cuando hablamos de algoritmos y computabilidad y se termina convirtiendo en nombres con halos mágicos. En el otro lado, la situación es penosa. Es terrible la ignorancia de los problemas conceptuales que subyacen a los saberes científicos y técnicos, y, lo que es peor, se ha extendido un concepto de cultura humanística como si fuera un ornato para tener algunas frases que citar. El problema comenzó cuando la universidad de masas que se construyó en el último tercio del siglo pasado empezó a evolucionar hacia una suerte de escuela de negocios o de sistema siervo de las “demandas del mercado”. Es una locura, porque las grandes transformaciones de aquella universidad en las escuelas gerenciales en que se están convirtiendo las universidades ni siquiera sirven ya al mercado, que es como un Moloch insaciable. Las grandes multinacionales comienzan a afirmar que no quieren gente con “títulos” sino con habilidades (“competencias”, en la jerga del momento) que ellas mismas deciden cuáles son. Puede que terminemos destruyendo el actual sistema de reproducción del conocimiento científico y humanístico sin ganar en capacidades para responder a las demandas del futuro.
 
D.P. : ¿Qué otros aspectos reformaría de los actuales sistemas educativos en nuestro país?
 
F.B. : En la historia reciente hay dos grandes reformas de los sistemas educativos, en todos los niveles, que debemos estudiar con cuidado. La primera la impulsó la OCDE en los años sesenta, en plena Guerra Fría cuando se comprobó que el capitalismo (industrial entonces, pero girando ya hacia un capitalismo postindustrial) necesitaba una población preparada para entender los rudimentos de la cultura técnica y científica. Los sistemas educativos se abrieron a grandes masas de la población en los niveles secundarios y universitarios. En unas décadas se extendió la universalidad de la enseñanza secundaria y el acceso a la universidad de alrededor de un tercio de la población. Este súbito aumento de estudiantes produjo distorsiones que aún son notorias. En la enseñanza secundaria generó en el profesorado una conciencia de que las clases se habían llenado de gente a la que no interesaba nada de lo que contaban, y en general se extendió una cierta pérdida de moral y espíritu docente. En la universidad, que sufrió antes el proceso de ampliación, el problema fue que el sistema tuvo que ampliar los centros y el profesorado en muy pocos años, con lo que ocurrió un problema distinto: se crearon universidades que en realidad eran aularios sin dotación, y el profesorado creció de una manera muy rápida, muchas veces sin el tiempo de preparación necesario para una docencia e investigación de cierta calidad. En ambos casos había un problema similar de ampliación de la base social que accedía a la enseñanza con un presupuesto insuficiente en lo que respecta a las dotaciones en profesorado de apoyo, en medios de investigación, en becas de formación investigadora, en bibliotecas y, en general, en preparar un sistema personalizado de enseñanza. En la secundaria, el sistema público de educación no logró cubrir la demanda y hubo que acudir al sistema de enseñanza concertada. En la universidad, se cubrió en general la demanda, pero al precio de un sistema universitario con grandes lagunas. Desgraciadamente, la segunda reforma de la enseñanza está dejando obsoletas las medidas orientadas a resolver estos problemas. En el siglo XXI se produce una nueva reforma global de la enseñanza, promovida desde la Organización Mundial de Comercio, que se basa en la conversión progresiva de la enseñanza en un “servicio” mercantil más. El sistema se globaliza y con él se entra en una nueva fase que es la de un sistema educativo progresivamente “gerencializado” (disculpas por el término). Especialmente la universidad, cada vez más entra en una dinámica de adaptarse a las medidas e indicadores de calidad que se extienden por todo el mundo. Para ello, se crean numerosísimos sistemas de control, agencias, departamentos e instituciones cuya única función es adaptar el sistema a los indicadores. Todo ello sin el necesario aumento de fondos. Todo lo contrario, se detraen de la enseñanza y la investigación. El sistema entra entonces en una nueva fase caracterizada por la precariedad creciente del profesorado, aterrorizado por su situación y con unas cargas de trabajo crecientes y en una loca carrera por la competitividad. Si sumamos a todo esto los enormes recortes que se han producido en investigación y docencia, que han producido, por ejemplo, en los niveles primario y secundario, el fin del profesorado de apoyo, tenemos un escenario que en cierto modo significa la vuelta a un sistema dual y desigualitario. Las medidas para paliar la acumulación de problemas, los de la primera reforma y los de la segunda son en parte económicos pero, desgraciadamente, son también de cambio general de concepción del modelo educativo. Necesitaríamos un sistema basado en una concepción del conocimiento como bien común de la humanidad; unos centros que promovieran la ayuda mutua más que la competencia darwiniana; un proyecto político basado de nuevo en la idea de que la enseñanza es un mecanismo de igualación social, no de discriminación creciente como ocurre ahora. En fin, en cierto modo, volver a algunos de los ideales que ya Humboldt introdujo en sus reformas basándose en las ideas de Schiller en sus Cartas sobre la educación estética de la Humanidad.
 
D.P. : El filósofo Franco Volpi comentó que la tecnociencia actual, conectada al capitalismo dominante, impone obligaciones que vinculan más que todas las éticas juntas. ¿Cree que la ética ha perdido el monopolio del deber?
 
F.B. :La ética, en el sentido disciplinar, es el estudio del deber moral(ahora tenemos lo que se llama la “metaética”, que estudia el “deber” en general, es decir, todo lo que respecta a lo normativo). El deber moral se ocupa de algo así como la “necesidad” de la obligación moral, por ejemplo, eso es lo que expresamos con demandas como “nunca más”. Establecemos fronteras para toda la humanidad. Lo que ocurre con el entorno técnico contemporáneo es que genera una confusión en nuestras posibilidades. Por la propia estructura del desarrollo tecnológico, se tiende a crear la ilusión de que no hay alternativas, que muchos de los futuros están determinados por la “necesidad técnica”. En realidad, lo que ocurre es que se forman complejos de intereses económicos, políticos, geoestratégicos y técnicos que tienden a producir esta distorsión de las posibilidades de acción. La tecnociencia no impone obligaciones, las imponen las formaciones y los sistemas sociales. Otra cosa es que se aproveche la tecnología para extender estas ideologías. Por ejemplo, el inmenso aparato de propaganda que rodea lo que se llama “4ª Revolución Industrial”, que consiste en crear un imaginario de futuro en el que parece no haber alternativa. No es la tecnociencia, es la economía.
 
D.P. : Una de las tareas pendientes es, sin duda, adaptar nuestros sistemas jurídicos y educativos a las nuevas posibilidades que ofrece la tecnología actual, por ejemplo, con el desarrollo de la robótica, la inteligencia artificial o la ingeniería genética. A su entender, ¿cuáles son los principales retos que deberán abordar las éticas y políticas sociales futuras?
 
F.B. : Yo diría lo contrario, que hay que adaptar la robótica, la inteligencia artificial y la ingeniería, en todos los sentidos, a las nuevas posibilidades de educación que queremos crear. De otro modo estaremos convirtiendo los sistemas educativos en puros consumidores de gadgets tecnológicos, que habrán sido creados para inducir políticas de distinción “tecnológica”. Por ejemplo, en todos los niveles de educación primaria se ha extendido el uso de pizarras electrónicas, pero nadie ha pensado crear y desarrollar nuevas arquitecturas, nuevos entornos de enseñanza cooperativa. Lo que, desde mi punto de vista, habría que hacer es investigar más en ingenierías orientadas a la cooperación educativa, al acceso real al conocimiento, combatiendo la creciente privatización del conocimiento de primera mano. Detrás de casi todo el discurso sobre las nuevas tecnologías aplicadas a la educación, me parece, lo que hay por el momento no es más que márquetin de cacharros. Algo parecido a lo que ha ocurrido con la industria de manuales.
 
D.P.: Hasta ahora la Inteligencia Artificial ha podido desarrollarse gracias al uso de la inteligencia humana. ¿Ha llegado el momento de que la inteligencia humana se desarrolle gracias a la Inteligencia Artificial? ¿Qué consecuencias puede tener este hecho?
 
F.B.:Las inteligencias artificiales (yo suelo hablar ya en plural, porque estamos hablando de sistemas muy diversos) son dispositivos digitales que realizan muy rápidamente tareas tediosas, que aprenden muy rápidamente cuando los espacios de trabajo están bien definidos y que, por ello, nos liberan de labores que el cerebro humano, muy lento en todas las tareas recursivas y mecánicas, emplearía un tiempo que puede dedicarse a otras cosas. Además, las inteligencias artificiales pueden procesar enormes cantidades de datos que estarían prohibidas a nuestras limitadas capacidades de memoria. Ahora bien, todo eso es inteligencia humana. Cada inteligencia artificial contiene todo el trabajo de la humanidad. Lo que ocurre es que debemos acostumbrarnos a formas de conocimiento extendido y distribuido, entre mentes y máquinas, por ejemplo.
 
D.P.: ¿Pero realmente nos conocemos tanto como para poder fabricar una versión superior de nosotros mismos?
 
F.B. : Llevamos fabricando versiones superiores de nosotros mismos desde hace más de doscientos mil años que tiene de existencia la especie humana en la Tierra. La educación, la ciencia, el Estado, son enormes sistemas orientados a la mejora de las personas. Hay, por supuesto, nuevas posibilidades de ayuda en lo fisiológico y en lo psicológico, nuevas prótesis y terapias génicas y de ingeniería biológica, pero la mayoría del discurso transhumanista es también una ideología de mercadeo que, en el mejor de los casos, persigue simplemente aumentar el valor de bolsa de ciertas trayectorias y empresas tecnológicas, y en el peor, de ayudar a crear sistemas de salud duales: uno para “transhumanos” y otro para el 99% restante de simples humanos.
 
D.P.: Con sus promesas de Superinteligencia, Superbienestar y Superlongevidad, ¿peca de hybris la tecnociencia actual?
 
F.B. :Yo suelo mantener mucha relación con ingenieros. No veo en ellas y ellos nada de hybris, sino, por el contrario, mucha circunspección, pues saben muy bien lo difícil que resulta cada pequeña conquista, que no sea la de un nuevo gadget en el mercado. Otra cosa es la industria de los gurús de la tecnología, al servicio de múltiples intereses, empezando por los suyos propios, que crean discursos deterministas basándose en sus supuestas capacidades de predicción. Lo peor es que a veces son profecías autocumplidas. En vez de denunciar como estúpidas y peligrosas muchas de sus anticipaciones, lo que hacemos es resignarnos a que se invierta en ellas. Vivir ciento veinte años: vale, ¿quién paga la jubilación?, ¿quién cuida de los transhumanos? A menos que quienes se quieran pagar los treinta o cuarenta años suplementarios ya tengan resueltas estas cuestiones.
 
D.P. : Suya es la afirmación “Hacemos cosas para hacer mundos, pero a veces las cosas deshacen nuestro mundo”. A su entender, ¿qué cosas son las que hacen mundos y cuáles las que lo deshacen?
 
F.B. :Las más peligrosas son las que crean irreversibilidades en las posibilidades de conservación y reproducción de la especie. Por ejemplo, ciudades que destruyen nuestra socialidad, nuestra capacidad de convivir y que crean multitudes ensimismadas. Estoy impresionado, en este sentido, por el creciente aumento de la polarización en todo el planeta. Pues bien, tiene mucho que ver con el aislamiento creciente de la población y su poca experiencia de convivir con culturas ajenas. Nuestra sociedad no es multicultural, lo que estamos construyendo es una nueva Edad Media de barrios aislados donde el extraño es siempre un peligro. No es casual que los datos sociológicos que nos dicen que, en las ciudades, la gente tiende a vivir cerca de quienes tienen la misma ideología política y la misma cultura: eso son cosas que deshacen el mundo.

Ladrones de oro

Unos maleantes invaden la casa de mi infancia buscando lingotes y joyas de oro. Hallándose entre sinfonías y libros, y un gato de madera, comprenden que no es oro lo que encontrarán en la casa de mi infancia. Mientras sujetan mi brazo, sus pulmones van desfalleciendo.

Sueño de la Noche del 27 de Diciembre

domingo, 16 de diciembre de 2018

El abrigo olvidado

Un abrigo verde de franjas amarillas se revuelca solitario la tarde de un viernes. A través de la ventana de la clase lo miro mientras va llenándose de tierra y hojas secas de roble. Ahí yace gobernado por la ley del viento y ya ajeno a los asuntos humanos, y a la historia de quien lo portaba.

Sueño de la noche del 15 de diciembre

jueves, 13 de diciembre de 2018

El eterno retorno de la nieve

La tradición nos enseña a pisar firme para seguir avanzando. Donde no hay suelo ni camino, como enseña Parménides, no hay tránsito ni final posibles. La ciencia es el camino, y la verdad su terminación. Sin embargo, no sólo puede avanzarse caminando. Es el caso de aquellos malogrados que, por una razón u otra, viven anclados en una imposibilidad. No habitan la posibilidad porque no encuentran donde pisar, de ahí que no les sea dado el camino. Se trata de personajes, por lo general, atormentados, aquejados de un mal constituyente. No conocen la frustración porque no tienen nada que realizar ni nada por lo que sentirse irrealizados. Sencillamente, habitan más acá de la posibilidad y la expectación.

Llevado al cine de Tim Burton, lo encontramos en el personaje de Edward (a quien debemos el título de Eduardo manostijeras) Sus tijeras delatan su naturaleza artificial, pero también la imposibilidad del abrazo ("no te puedo abrazar", le dice a la joven Kim), del compromiso y de la unión. No es que no pueda ver realizados sus sueños de conquistar a Kim, sino que ni siquiera puede soñar con conquistarla. Vive, digámoslo así, sustraído del dominio de la posibilidad, del camino y de la conquista. Una imposibilidad le ata, más que a nadie, a no poder encauzar su amor. Y un amor no concretado, no posibilitado, extirpado de inicio, no puede llegar a nada.



De ahí la escultura. Eduardo introduce el arte en el colorido vecindario. Introduce la novedad, quebrando la uniformidad de las líneas y la regularidad de las formas. Esculpe los jardines, los cabellos, el hielo. Esculpe porque es capaz de habitar más acá del camino, y del tránsito. Esculpe porque es capaz de vivir la imposibilidad del amor: ahora, eternamente generador, de tiempo, y de nieve.

jueves, 6 de diciembre de 2018

En un día gris sin cielo

En un día gris sin cielo dos hermanos piensan sentados en un banco que no habrá más veranos, ni más partidos, ni más soles como los de ayer.

Sueño de la tarde del 6 de diciembre

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Preguntas de nuestro tiempo a un filósofo de nuestro tiempo


¿Está la filosofía a la altura de nuestro tiempo? ¿Y nuestro tiempo a la altura se la filosofía? ¿Es todavía posible una teoría en las sociedades de la hiperinformación que sirva de referente para nuestro tiempo?  ¿Cómo pueden los científicos aproximarse a la filosofía? ¿Y los filósofos a la ciencia? ¿Qué reformas necesita un sistema educativo basado en la especialización y la competitividad? ¿Ha perdido la ética el monopolio del deber en los entornos tecnológicos? ¿Ha llegado el momento en que la inteligencia humana se desarrolle gracias a la Inteligencia Artificial? ¿Pero realmente nos conocemos tanto como para poder fabricar versiones superiores de nosotros mismos? ¿Cuáles son los principales retos que deberán abordar las éticas y políticas futuras? ¿Pecamos de hybris con las promesas de Superinteligencia, Superbienestar y Superlongevidad?...
 
Son algunas de las preguntas que aborda el filósofo y profesor Fernando Broncano en la entrevista que le realizamos y que publica, generosamente, la prestigiosa Revista Ábaco. Se pueden solicitar las revistas -que cuestan 10 euros sin gastos de envío en territorio peninsular- en el mail ciceeseditorial@gmail.com

Mas información del fondo editorial en www.cicees.com
 
 

Fernando Broncano es Doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca y catedrático de Filosofía de la Ciencia en la Universidad Carlos III de Madrid. Entre otros libros, ha publicado Mundos Artificiales (2000), Entre Ingenieros y Ciudadanos (2006), La Melancolía del Ciborg (2009), La Estrategia del Simbionte (2012). Sujetos en la niebla: narrativas sobre la identidad (2013), y, más recientemente, Racionalidad, acción y opacidad (2017).

martes, 4 de diciembre de 2018

Nuevas imágenes de ciudad. Entrevista al filósofo Fernando Broncano

 
Hace cuatro años se publicó en la revista Ábaco un número especial titulado Frentes Marítimos: Memoria del litoral, siguiendo la línea de investigación dedicada... a la regeneración de las ciudades portuarias.

En esta ocasión, y coordinado también por la profesora de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo, María Soledad Álvarez Martínez, se publica un nuevo número de Ábaco titulado "Nuevas Imágenes de Ciudad. Proyectos urbanos y Estrategias culturales", número 97, volumen 3 / 2018.

A través de 176 páginas diecisiete autores reflexionan, desde una visión multidisciplinar, en torno al uso que desde las últimas décadas del siglo XX se viene haciendo de la cultura como recurso de regeneración urbana.

El ámbito prioritario de análisis son ciudades portuarias del litoral cantábrico en Asturias, Cantabria y el País Vasco, también se abordan ejemplos europeos y americanos que han otorgado un protagonismo destacado a los equipamientos culturales en sus planes estratégicos de regeneración y revitalización de ciudades y territorios.

En este Ábaco podemos leer también una interesante entrevista al profesor y filósofo Fernando Broncano realizada por David Porcel, sobre el lugar de la filosofía, de la ciencia y de la tecnología en el mundo actual, o un artículo sobre el ingeniero-arquitecto uruguayo Eladio Dieste a cargo del periodista Armando Olveira, además de una amplia reseña y critica de libros y publicaciones.

Se pueden solicitar las revistas -que cuestan 10 euros sin gastos de envío en territorio peninsular- en el mail ciceeseditorial@gmail.com

Mas información del fondo editorial en www.cicees.com

domingo, 2 de diciembre de 2018

Dioses infinitos

Mucho se ha hablado de Dios, y poco de la experiencia que lo ha propiciado. Es una pena que el problema teológico se haya centrado en la cuestión de su presunta existencia o inexistencia, o en sus variantes, como las relaciones entre lo finito y lo infinito, o el yo y su Absoluto. Si la teología es una ciencia o no, más bien, es una cuestión secundaria, de origen filosófico, lingüístico o incluso político. En cualquiera de los casos, una cuestión de segundo orden. Sartre anduvo cerca con aquello de que "Si Dios no existiera, nada cambiaría", y su filosofía de la existencia expresa ya una experiencia visceral, profunda, quizá huida del tiempo histórico. Y es que lo revelado nunca es Dios, ni ninguna otra morphê, sino, en todo caso, uno mismo experimentando algún tipo de Ser Supremo. Me imagino al místico como a un Don Juan enamorado de su propio enamoramiento, afanoso en revivirlo una y otra vez.

Más bien, en cuestiones existenciales, diría que nos encontramos absolutamente perdidos y absolutamente solos, sin ninguna referencia respecto de la que el extravío y la soledad puedan ser relativos. Quien todavía puede perderse atravesando una montaña o un bosque nunca está absolutamente perdido, sino en relación a un sistema de coordenadas debidamente conocido. Pero en lo que respecta a la existencia, a nuestro lugar en ella, a un presunto sentido de las cosas, sí lo estamos. La religión, con sus dioses y disquisiciones, infinitos en número y naturaleza, es, sin duda, el síntoma más evidente de este hecho.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Educación emboscada

Las escuelas, corrientes y legados suponen ya una decidida voluntad de poder. Nietzsche lo supo decir tan bien que acabó encasillándose como el filósofo de los martillazos. Y es a martillazos como suelen explicarse las lecciones de Filosofía, y supongo que las de Física o las de Música. Dando palos de ciego. Diréis que los problemas que ocuparon a Aristóteles ya habían preocupado a Platón, y que el discípulo no hace sino continuar la filosofía de su maestro. Pero esto lo decimos porque ya nos han enseñado esa historia, como el niño que juzga la mentira porque ya ha interiorizado lo que le pasa a los mentirosos.
 
Pero la historia, como las escuelas y corrientes, presupone una decidida voluntad de poder. ¿Y qué historia nos están enseñando para que creamos que el pensamiento avanza conforme a la lógica de la herencia y el legado? Los maestros orientales, por el contrario, no se servían de ninguna historia para aprender. Quien recibía la enseñanza la mantenía consigo secretamente, hasta que otro, debido a su propia necesidad, descubría ante sí a un auténtico maestro. Y así, la enseñanza avanzaba silenciosamente, por derecho propio. Bajo ninguna circunstancia el maestro decía que era el sucesor de Fulano o de Mengano. La enseñanza ya se había recibido, de ahí que el soporte y el legado fueran prescindibles.
 
Es esta labor de los maestros orientales la que, sin duda, también hacemos los occidentales, y es debido a que se hace secretamente que no es reconocible por las autoridades educativas ni, en muchas ocasiones, por los propios compañeros. Y la hacemos como padres, profesores, pedagogos y seres humanos. Es esta educación subterránea, emboscada, que penetra en los corazones y mentes de quienes tenemos delante, la que puede germinar, secretamente, en otros nuevos maestros.

martes, 27 de noviembre de 2018

Quedarse sin hora

La vida -se dice- es resistencia. Piense el lector en la actividad más sencilla que se le ocurra y verá que se hace frente o contra algo. Respirar y alimentarse, contra el tánatos; llegar aprisa, contra la impuntualidad; educar en valores, frente a la indisciplina; hacerse viejo, frente a la soledad. Vivir resistiendo casi se ha convertido en el imperativo categórico de un mundo de imperativos. ¿Dónde queda la existencia volátil, ligera, apoyada si cabe en las sustancias segundas de los conceptos? ¿Habrá terminado el tiempo para practicar lo que los sabios de Atenas aconsejaban como la verdadera felicidad? Hay relojes que dan la hora, y otros que te dejan sin hora. ¡Pero si estos son los mejores! Sin hora no hay nada que atender, o respecto de lo que llegar puntual, o que solucionar, o que mandar. Unos días atrás los maestros zen aconsejaban desprendernos de lo vano, porque sólo entonces podemos contemplar, que en su filosofía consiste en vivir contemplando. En gerundio. Sin objeto.


Piense el lector en la actividad más felicitante que haya vivido y verá que nada le dio las horas.

viernes, 23 de noviembre de 2018

El códice de hilo grueso azulado

Me dispongo a dar una ponencia ante un grupo selecto de oyentes. El soporte del discurso es un códice de hilo grueso azulado cuidadosamente entrelazado y hecho de extraños símbolos amarillos. La lectura no puede ser fluida y sí interrumpida por cada símbolo que hay que interpretar. Al tiempo, uno de los catedráticos organizadores interrumpe el acto y me insta a abandonar la mesa.

Mientras espero ser sustituido envuelvo cuidadosamente el códice.


Sueño de la noche del 22 de Noviembre

jueves, 22 de noviembre de 2018

La monja que vaciaba el río a cubazos

Cuando la monja Chiyono estudiaba zen con Bukko de Engaku, era incapaz de retener durante largo tiempo los frutos de la meditación.
Por fin, una noche iluminada por la luna, acarreaba agua en un viejo cubo reforzado con una tira de bambú. El bambú se rompió, el fondo del cubo se desprendió ¡y en aquel momento Chiyono quedó liberada!

Para conmemorarlo, escribió un poema:

De una y otra manera traté de salvar el viejo cubo
Puesto que la tira de bambú se debilitaba y amenazaba
con romperse.
Hasta que al final cayó al fondo.
¡No hay más agua en el cubo!
No hay más luna en el agua!


Este es el relato que lleva por título Si no hay agua, no hay luna. Chiyono se aferra en salvar el cubo y retener el agua, pero ni el agua pertenece al cubo ni la luna pertenece al agua. ¿Por qué tratar de salvarlos entonces? ¿No es tan vana la pretensión de cuidar que el agua no caiga al fondo como tratar de vaciar un río a cubazos?

Chiyono se ha liberado, no del agua ni del cubo ni de la luna, sino del propósito de aferrarse a lo vano. Ahora ya podrá mirar la luna y contemplar el río.


Reflexión del 22 de Noviembre

martes, 20 de noviembre de 2018

El sonido que no se pudo escuchar

El maestro Mokurai, tras batir las palmas y escucharse el sonido de ambas manos, pidió a su protegido Toyo que mostrara el sonido de una sola mano. Toyo hizo una reverencia y fue a su habitación para reflexionar sobre esta cuestión. Y como vio que no daba con el sonido salió al mundo para descubrirlo, pero fuera donde fuera no lo hallaba. Al fin entendió que no es por el contacto como llegaría a comprender cuál es el sonido de una sola mano.

¿Y cómo sonamos cuando también nos encontramos solos y fuera de los nuestros? ¿Tendremos que trascender todos los sonidos, como hizo Toyo, para comprender que nuestro sonido es también insonoro? ¿O tendremos que buscar el contacto con lo semejante para sentirnos sonar de nuevo? Sí, cuando el recuerdo del hogar todavía llama a la puerta buscamos al próximo, y comprobamos que todavía resuena nuestro corazón, al amparo del otro, también combatiente, también algo frío.

Reflexión del 20 de Noviembre

domingo, 18 de noviembre de 2018

Fascinación por el progreso

El progreso puede definirse como el paso de lo necesario a lo posible. Donde antes nos precipitábamos al vacío ahora podemos navegar, donde antes podíamos recorrer veinte kilómetros ahora avanzamos dos mil, donde antes no podíamos ahora podemos. No vamos a entrar aquí en el reverso del progreso, en los manidos debates de si el progreso en realidad esconde una faz oculta y oscura, como aquellos muñecos de apariencia entrañable que se volvían diabólicos en la noche, o las dobles máscaras que aterraban a nuestros ancestros. Tan sólo, advertir que aquellos que hacen del progreso una religión, esto es, que convierten la Ciencia y la Técnica en objeto de veneración,  viven todavía en ese estadio infantil de fascinación. La ilusión consiste en pensar que a través del progreso el ser humano puede escapar a su destino. Pero el lobo que todos portamos acabará imponiéndose a las precauciones del hombre. De eso no hay duda.


La ilusión consiste en pensar que el porvenir nos pertenece, cuando somos, también nosotros, pertenencia. El cuerpo nos ata, nos retiene, nos vincula, de una forma tan umbilical que sin él no seríamos. Pensamos en la muerte como la disolución del yo, como si la muerte fuera asunto que sólo nos incumbiera a nosotros. Se discute si la muerte es liberación o condena, cuando no somos nada para ella. En realidad, no hay avance. Se mueven las ruedas, las saetas, las luces, no la fuerza que las anima. Se mueve el transeúnte, el internauta, no lo que les impulsa a vivir aceleradamente. Seguimos en el mismo sitio, anclados, plantados, perteneciendo a la tierra y a sus leyes. Hay quienes quieren escapar de la aleatoriedad, de la temporalidad, incluso de la mortalidad, pero haciendo uso de medios corruptibles y temporales. No, las fuerzas progresivas no pueden contrarrestar las regresivas. ¿Cómo podría contrarrestar el progreso aquello de lo que se sirve? La novedad del primer reloj mecánico no consistió en su capacidad para contrarrestar la fuerza de la gravedad sino en generar la ilusión de que había sido contrarrestada. No es más que eso, ilusión.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Si miras, mira abiertamente

Si amas, ama abiertamente

Veinte monjes y una monja, que se llamaba Eshun, practicaban la meditación con cierto maestro zen.
Eshun era muy hermosa aunque tenía la cabeza rapada y su hábito no la favorecía.

Varios monjes estaban secretamente enamorados de ella, y uno le escribió una carta de amor,
insistiendo en que tuvieran una reunión privada. Eshun no respondió.

Al día siguiente el maestro dio una conferencia al grupo, y cuando hubo terminado, Eshun se levantó.
Dirigiéndose al monje que le había escrito la carta, le dijo:

-Si de veras me amas tanto, ahora ven y abrázame.

(Cuento zen)

La otra mañana, para tratar el asunto del origen del rechazo y la discriminación a lo diferente, mis alumnos de valores éticos vieron el cortometraje de Tim Burton Frankenweenie (1984), muy recomendable, pues apenas dura veinticinco minutos y da tiempo a pensar sobre él. Una de mis alumnas lo tenía bien claro: el origen del rechazo de los vecinos al perro de Víctor se debe a la falta de amor. Y es el amor hacia su perro, añadía, lo que mueve al niño a pensar y a construir la técnica de revivificación. Es el amor lo que mueve a las personas a hacer el bien. De su falta, por tanto, sólo podrá esperarse el mal. Esta lectura de la alumna me hizo pensar que quizá nuestra relación con el amor haya cambiado.


Sí, ella podría tener razón. El amor hizo a la criatura y, con ello, al creador. Por lo mismo, el amor hace al discípulo y al maestro, al enfermo y al médico, al usuario y al inventor. El amor nos sitúa en comunidad, hace comunidad, mientras que su falta la disuelve. El error es pensar que la relación entre el amor y aquello que de lo que de él se deriva es una relación de causalidad. No se enseña porque primero se ama, ni se ama porque primero se enseña. Uno no causa el otro, sino que lo necesita. La enseñanza necesita del amor y el amor de la enseñanza. Sanar, enseñar e inventar suponen y potencian el amor. Lo suponen porque nacen del compromiso, la entrega y la dación, como el abrazo que demanda la monja del cuento. Y lo potencian porque quien lo recibe se sentirá para siempre agradecido.
 
El asunto es que hoy día, integrados en poderosos sistemas y prácticas cosificadores, no parece que hagamos las cosas por amor, con lo que ello conlleva, que dejamos de hacer cosas. Producimos mucho sin hacer nada. Si la sanación necesita del amor, que la constituye, a falta de éste ya no habrá sanación. Y lo mismo puede decirse de la enseñanza y la invención. En efecto, ¿puede haber amor entre un médico y sus informes, un profesor y sus clientes, un gestor y sus recursos? Quizá en esta situación, teniendo que proceder desamorosamente, la receta no sea, como tanto se dice, cultivar o sembrar el amor a nuestro alrededor, como si el mundo que nos rodeara fuera fértil y nosotros portáramos sus semillas, sino hacer lo posible para no originar aquello que sólo puede alejarnos del amor.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Cansancio existencial

En un momento de El tercer hombre se dice que Harry Lime no envejeció, sino que fue el mundo el que envejeció en torno suyo. El significado, contra el sentido común, no apunta a formas egocéntricas de entender la realidad humana. Más bien, pone sobre la mesa un hecho: que el mundo no se ha hecho a medida de nadie. Con sus costumbres, sus pesares y sentires, la sociedad -ya sea en forma de asociacionismos, institucionalismos o amiguismos- funciona como fuerza de reclamo con vistas a hacerse más fuerte y acrecentar su poder. Sin embargo, la opción por la subyugación no forma parte de aquellos que no soportan perder su centro, y que luego son clasificados de rebeldes o insurgentes. Sólo que en realidad no se han rebelado contra nada. Querían que los dejaran en paz. Vivir en paz.
 
 
Las políticas de la integración, que con tanta fuerza penetran en la educación, no funcionan contra quienes mantienen su gravidez intacta y se resisten a circular por los cauces de una sociedad despersonificada y suplantada. Nadie cuestiona que seamos seres sociables, pero sí que la sociedad nos responda con la misma moneda. Damos la mano desnuda para que nos palpen, y ni siquiera nos la niegan. Pero la resistencia tiene un límite, y amenaza con destruir a quien la ejercita. ¿Cuánto tiempo podrán seguir siendo apátridas sin ser destruidos? ¿Hasta cuándo podrán cansarse sin llegar a enfermar? Se preguntan quienes al final renuncian a tener una identidad y encuentran esa paz en vivir de la mano.
 
 
Reflexión al hilo de Cold War
10 de Noviembre

jueves, 1 de noviembre de 2018

Sueños pedagógicos

Todavía los nichos tecnológicos no nos han desplazado de nuestro otro yo, ese que aparece cada vez que la consciencia cierra sus ojos y las estrellas lucen ya sin belleza. Uno, que es soñador, va recopilando en su haber una cantidad lo suficientemente voluminosa de sueños como para conformar un nuevo género onírico. Se trata del género de sueños pedagógicos, y no tanto por su pretensión de enseñar, que también, sino por su temática relacionada con la enseñanza. En este blog ya relataba hace algunos años cómo la corriente del río me arrastraba serenamente hasta la puerta de mi lugar de trabajo, y no hace tanto de aquel primer sueño pedagógico que felizmente me condenaba a sentirme libre en medio de un aula con paredes de pizarra. Pero mucho ha llovido desde entonces, y ya el mosaico, como decía, es lo suficientemente vasto como para desperdiciar el género.

Una gama significativa de sueños pedagógicos la componen aquellos en los que te encuentras perdido entre horarios indescifrables, escaleras que en lugar de subir te hacen descender y aulas que se esconden tras falsas puertas y cortinas. Es frecuente la estampa de un recinto de varias plantas, normalmente blancas, y organizadas cuadriculadamente en torno a un gran recibidor de suelo también ajedrezado, con un portentoso reloj de madera en su centro. Lo curioso del asunto es que el tiempo que brinda el reloj, dispuesto para regular la entrada y salida a las clases, está descaradamente desproporcionado respecto de las distancias que es necesario recorrer, y así, la otra noche, me encontraba teniendo que proveerme de unos patines eléctricos que, al tiempo que aceleraban mi paso, me proveían de alimento con unos extraños brazos articulados. También son frecuentes los sueños que te sitúan al otro lado de la ciudad, cuando descubres que es tu primer día de trabajo del primer destino. Desprovisto de pasado, mapas y medios de transporte, piensas en la excusa que tendrías que dar si alguna vez llegaras. Pero nunca llegas, y si lo haces ya te han suplido. Al hilo, la pasada noche equivoqué el aula y me encontré improvisando teoría general del conocimiento o metodología educativa con alumnos de edad desconocida.


Sin embargo, la sensación asfixiante de los horarios, las prisas y la desinformación -por otra parte, el pan de cada día-, en otras noches deja lugar a la placidez que produce encontrarte conversando con alumnos durante el tiempo de esparcimiento o aprendiendo de sus preguntas infinitamente más sabias -por ingenuas- que las que ahora podrías hacerte. Una alumna desvela el misterio de la vida, y habla del amor, que mueve todo lo humano, mientras corros clandestinos de alumnos  discuten al otro lado de las ventanas sobre cuestiones que rebasan los límites de la inteligibilidad humana. Y entonces, tras sus voces y siluetas, adivinas que el conocimiento sigue sin ti, al otro lado, casi en secreto.

sábado, 27 de octubre de 2018

Palabras justas y medidas

Es ya un hecho, social e íntimamente reconocido, que quien domina los metalenguajes, del signo que sean y de la bandera de la que procedan, acaba teniendo su lugar en el ámbito en que se mueva. El mío es la educación, y tras más de doce años formándome en ella, uno ya es testigo de cómo la sensibilización a estos metalenguajes ha ido desplazando, silenciosa pero implacablemente, al reconocimiento de la vieja maestría que encarnaba quien día a día se afanaba en dominar su lenguaje. Ahora el maestro ha colgado su hábito tras las polvorientas vitrinas y tiene que ponerse al día para actualizar un sin fin de programaciones e iniciar yo que sé qué planes de acción. La exigencia de atención a la diversidad, capaz de desorientar al más avezado equipo de orientadores, o los inacabables formularios, informes y programas, que aniquilan al más humano de los corazones, ponen sobre la mesa indómitas tareas que acaban maquinizando incluso al más díscolo de los maestros. Sí, de hacernos máquinas inconscientes va la cosa, como si siempre lo hubiéramos sido.

Sin embargo, lo que ningún protocolo puede arrebatarnos es la responsabilidad de mantener viva la primera llama de la juventud, por la que marchábamos jubilosos a la busca de un libro, una frase o una palabra. Sí, esa palabra, justa y medidamente pronunciada, en el momento adecuado, que puede encender para siempre la llama de quienes tenemos enfrente, es la que, a fuerza de golpearnos, debemos cuidar y regar hasta que ya nadie pueda escucharnos.

jueves, 11 de octubre de 2018

Afectaciones totales

Hay conocimientos sensitivos y los hay también suprasensitivos. El aroma del tomillo, el tono rojizo de las viñas en otoño, la rugosidad de una piel, ponen en juego alguno de nuestros sentidos, de ahí que su ejercicio se agote en cuanto cesa la fuente de excitación. No ocurre lo mismo con aquellos otros conocimientos, del orden de lo extraordinario, que ponen en juego todo lo que somos. En estos casos la totalidad del ser se ve afectada. Como el fuego, una experiencia suprasensitiva transforma todas las cosas que encuentra a su paso y sólo su propio principio, algo así como un contrafuego, puede ponerle freno.


Si bien extraordinaria, esta experiencia puede sobrevenir en cualquier momento: un enamoramiento de la infancia, un encuentro epifánico, una revelación eidética, un dolor irreparable... Sea el modo como se manifieste, una vez que el ser se ve afectado integralmente no puede sino padecer los efectos de dicha afectación. En términos clínicos, el organismo pasa de estar enfermo a ser un organismo enfermo. Y quien es un enfermo es también un impedido. Afectado en su ser, no puede más que prestar atención al resultado de dicha afectación, quedando todo lo demás, el mundo y los otros, en un tercer plano. Incluso si, sumido en la desesperación, el paciente busca experiencias que deshagan el contenido suprasensitivo, éste siempre acaba imponiéndose a aquellas. Y es que el orden de lo sensitivo no puede arrinconar lo suprasensitivo, precisamente, porque éste incluye lo sensible.

Reflexión del 11 de octubre

viernes, 5 de octubre de 2018

El profesor que se hizo a sí mismo

Es sorprenderte comprobar que el grupo hace la clase, y el alumno al profesor. Cuando las miradas están fijadas, como la del niño en el gesto del padre o la del enamorado en el de ella, de quien sabremos sólo nos quedará su nombre, sobran las comas y los puntos. ¿Pero a partir de qué momento la educación ya no puede educar? Una alumna asentía cuando confesaba que el conocimiento, como la curiosidad, sólo puede ser uno. ¿A qué temprana edad lo aprendió? Quizá al leer Las mil y una noches; quizá con el pasaje del guardián de Kafka que custodia la justicia. ¿O sería con La invención de Morel de Bioy Casares? ¿Acaso le condujeron a ello las Reglas para la dirección del espíritu de René Descartes, o fueron todas ellas? En cualquier caso, eso ya lo sabía.
 

¿Pero qué se encuentra más allá de las palabras que las hace portadoras? ¿Qué escondía la mirada de aquella alumna que ya sabía de tus palabras? ¿Acaso un deseo de ver en otro sus pensamientos? ¿Un anhelo desesperado de complicidad? ¿O un túnel por el que conectar consigo misma? Su mirada, sin embargo, sí logró sacarnos de la monotonía del horario y hacernos escuchar, aunque fuera por unos instantes, al profesor que se hizo a sí mismo.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Cuentos inacabados

Para mi padre, por su cumpleaños
 
Cuentos inacabados, interrumpidos sólo por la noche y el sueño. Algunos recordados, otros inventados, sobre castillos y cofres amarillos, una barca que no llega a ninguna parte, un hombre que se ha quedado sin nombre, el hijo que enseña a su anciano padre a caminar. Y cuando las palabras no eran las mismas por algún vaivén del lenguaje, movía la cabeza de un lado a otro con signo de desaprobación, hasta que hacías volver la narración a su forma original y con ella mi deseo.
 
 
Cuentos inacabados, que todavía continuarán en las noches y los sueños, entremezclados ahora con lo asimilado y el tiempo, ese tiempo que nos aleja hacia ninguna parte y nos acerca hacia todas. Tiempo maestro en que las palabras ya se preñaban de vida y la almohada de su calor, como el canto de la cigarra que en plena ciudad nos saca de ella, evocando campos perdidos de luz, cuando las flores todavía nos hablaban y el viento nos soplaba.

Gracias por llenar de tiempo mi vida,
 
Tu hijo
 
1 de Octubre de 2018

sábado, 22 de septiembre de 2018

Almas enfriadas

Hay existencias que viven retiradas, o en el retiro. Hacen del Bosque, o de la Nada, su lugar de amparo. Amparar significa 'proteger parando o deteniendo algo'. Quizá sea el frío existencial, el infierno de los otros, o la infección del nihilismo, lo que explica que tantos hombres, literarios y reales, hayan hecho de su existencia un exilio, o del exilio de sí un modo de vida. Sería tedioso describir cada una de estas figuras, ya encerradas entre vitrinas de palabras y pasajes emblemáticos. Por citar algunos, es el caso de Bartleby de Melville, del Emboscado de Jünger, de Wakefield de Hawthorne, del Venator de Eumeswil, de Rick de Casablanca, o de Kurtz de Apocalypse Now.

Lo fascinante de estas figuras no es tanto el modo como sobreviven a la tempestad, es decir, la manera como sus almas encarnadas acaban creándose un lugar desde el que seguir respirando, sino el hecho de que vivan retirándose de la sociedad, o, mejor dicho, el hecho de que la sociedad vaya retirándose de ellos. Para quien no tiene casa, la noche y el frío son las verdaderas fuerzas disgregadoras que impulsan a encontrar calidez bajo el amparo del fuego. En cambio, para quien hace de la intemperie su casa, la noche y el frío son el terreno propicio para plantarse y crecer. Lo inhóspito se convierte para ellos en el reclamo perfecto con el que ensayar alternativas existenciales. Por lo mismo, la inhospitalidad ya no es algo de lo que huir o cobijarse, sino lo único confiable en un mundo demasiado cálido para abrigar a almas enfriadas.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Filosofía sin rumbo

Filosofía sin rumbo. ¿Cómo podría el pensamiento estar predeterminado? El pensar nunca ha sido hijo del método. En tal caso tampoco habría método. El pensamiento te hace caminar, hacia ninguna parte, y vibra él mismo. Entonces el universo con su historia deja de existir, y ni hay esos árboles, ni esa ciudad ni bosque. Sólo pensamiento cabalgando sobre sí mismo. A ver si sale, casi nada. Para entonces lo demás son ya vanas interrupciones, acompasadas del inoportuno "te recomiendo encarecidamente", como aquel teléfono que no dejaba soñar a los surrealistas o el autómata que cesó por la santa furia de Tomás de Aquino.


Por el pensar vive la filosofía; y la música, y tú mismo, por cierto. El deseo no crece ni se acrecienta. Se renueva o desapareces. Un relámpago en la noche, dos días de insomnio, un aforismo de Wittgenstein, un pasado que se abre paso, el tuyo, bastan para encontrarte de nuevo como la primera vez, afanoso. Hay pensamientos que sobreviven al tiempo. ¿Pero a qué tiempo? Otros lo forjan, lo articulan. Ya puedes escribir una autobiografía. Antes de ellos veías pasar el tiempo, las cosas con sus nombres. Ahora ya tienes tiempo. Te pertenece. ¿Para qué buscar? Puedes dejarte llevar.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Quien se exilió de sí mismo

Una reflexión al hilo de Wakefield:

Lo contrario de la apropiación no es la indiferencia, sino la contemplación, que exige respeto y atención. Es el deleite de la contemplación lo que incapacita a poseer algo, de ahí que poetas, filósofos y científicos no vayan a ser los que destruyan el mundo. ¿Cómo podría apropiarse del revolotear de la mariposa quien se deleita con su belleza? ¿Y cómo podría atrapar el vaivén de su movimiento quien se afana sólo en dibujarlo? ¿No es más libre quien se exilia de sí mismo situándose en la contemplación que quien, inhabituado a contemplar, teme ser apropiado? ¿No es más libre quien vive deleitándose de cuanto encuentra a su derredor que quien busca cambiar de alrededor? Decía Schiller que el alma bella es incapaz de dañar; como ángel caído, arrojado, se limita a embellecer el mundo.

martes, 11 de septiembre de 2018

Errores de juventud

La civilización se constituyó en torno al fuego, y sólo aquellos que comprendían su secreto podían comunicar con los dioses, cuya voz, si bien mediada, nadie escuchaba.

Su error fue tratar de tocar y poner voz a lo que no lo admite, como quien construye puentes sobre desiertos o cruza mares con brazos de paja. Más aun, fue tratar de que la musa bajara hasta él y le mirara como él la había mirado.


Mientras, ella, la de carne y hueso, ajena a todo, se camuflaba vanamente en el personaje inventado, y reía, burlona, del error de juventud.


Reflexión del 11 de Septiembre

sábado, 8 de septiembre de 2018

Momentos

También la eternidad palidece con la llegada del momento. El tiempo del reloj da las horas, que segmentadas se hacen infinitas y eternamente abstractas, pero es el momento lo que origina que el tiempo dé las horas, y que ellas no terminen, como el sentido origina los lenguajes con sus traducciones. Momento de espera, de añoranza, de reencuentro, a la luz del cual todo lo demás se vuelve indiferente hasta casi desaparecer, como hacen los árboles y bosques para el corazón amante, siempre expectante.

Reflexión del 8 de septiembre

viernes, 31 de agosto de 2018

En septiembre, un nuevo camino

Muy acostumbrados estamos a recorrer rutas, itinerarios, todos prefabricados. Nos acostumbran a ello, y entonces no vemos lo que hay delante, alrededor y tras nosotros. Nos acostumbran a pretender lo que queremos y a buscar lo que añoramos, cuando la añoranza sin objeto subyace a todas nuestras obras. El mensaje adormecedor es tú puedes, cuando lo vibrante es que no puedas hacer, ver ahí el abismo sin poder arrojarte a él. Nunca te he buscado, y sin embargo siempre te he añorado. Nunca te he pretendido, y sin embargo siempre te he imaginado, pensé en una ocasión.


Cuando el misterio se abre a nosotros empezamos a ser. Antes sólo nos tenían. Éramos posesión. Pero lo imprevisible es lo inasible, y siempre está ahí. Ya el hecho de que aquel irrumpa descubre nuestra resistencia a ser tenencia y cierta debilidad que nos hará ser más. El Rosebud salvó a Kane de no ser, como Penélope a Ulises o la fuerza lunar a los mares.

Afortunado quien muere escuchando un último nombre. Lo demás, meros artificios y postizas imposturas.

Reflexión del 31 de Agosto

domingo, 12 de agosto de 2018

Reacción cósmica

En el contacto humano apareció la necesidad del fuego, como llamando el calor al calor. Con el primer abrigo, la necesidad del cuidado. Pero eso en las praderas y los valles, donde era posible el frotamiento de los cuerpos bajo el amparo del sol. En lo más alto, allí donde no alcanzaba el calor y sometidos a altas presiones, en las montañas de hierro helado, los hombres se sentían solos y abandonados, separados para siempre por la adversidad y la inclemencia. Como enfrentados unos de otros, decidieron no cuidarse más que a sí mismos y desligarse, por fin, del último aliento de calidez.
 
 
 
 
Pero un día el destino quiso que ambos reinos se encontraran; los unos buscando el contacto, los otros ahondando su soledad. Y lo que se produjo, más bien, fue un fortalecimiento de cada reino, haciéndose el sol más cálido y el hierro más helado.
 
Reflexión del 12 de Agosto
 

sábado, 4 de agosto de 2018

Series oníricas

Al abrazarla su cuerpo se convierte en un poderoso busto cubista de aristas cortantes.

Llega el momento en que tendremos que acordar conjuntamente el lugar de nuestro encierro eterno.

La veo y retraso gozosamente el momento en que mi pasado regresará, pero entonces me encuentro colgando de un poste entre la multitud indiferente.

Mientras el barco se aleja por el mar estrellado alcanzo la dicha de la soledad.

Al otro lado enseñan que la muerte es un tránsito hacia ninguna parte. En éste, nadie enseña.

Al embarcar se nos dijo que lo que separa la navegación del auxilio no nos pertenece.

 
 Sueños de Agosto de 2018

domingo, 29 de julio de 2018

Sueño de la Noche del 29 de Julio

Sostenido en un trineo avanzo a gran velocidad por laderas de nieve que se acercan y alejan. La fuerza del viento me empuja no pudiendo más que agachar la cabeza y ver bajo mis pies mi vida sucediéndose. Una voz grave me alerta de un castigo inminente si no demuestro que no pude cometer una falta. Lo alarmante del caso es que no se me acusa de ninguna falta concreta, sino del hecho de faltar al deber, con lo que no encuentro forma de hallar defensa. Busco en vano la ladera que represente la sanción de la que se me acusa, que no puedo encontrar. Tiendo la mano al viento confiando que éste me llevará hasta el lugar de la inocencia, pero su fuerza, ajena a todo, no hace sino arrastrarme hasta los confines de la última montaña.

Sueño de la Noche del 29 de Julio

jueves, 12 de julio de 2018

Ética para un nuevo horizonte tecnológico

Hay intuiciones que vuelven sobre nosotros, que regresan de no se sabe dónde a nuestro encuentro, como queriéndonos recordar que todavía estaban ahí. Una palabra, una imagen, un recuerdo, filtran aquellas intuiciones hasta hacerlas conceptos. Quizá el arte no sea más que la manera de hacer soportable las emociones. Hace ya algunos años, durante un visionado de Eduardo Manostijerasuna de aquellas intuiciones volvió a mí, en el momento preciso en que el filo metálico de las manos de Edward rasgaba la piel de su amada Kim Boggs. Fue en ese momento cuando me asaltaron algunas ideas que años atrás había leído de la mano de pensadores como Ernst Jünger, Martin Heidegger, Jacques Ellul, F. Dessauer, Hans Jonas, Ortega y Gasset, Lewis Mumford, Miguel Ángel Quintanilla,..., y que ahora traduzco en el trabajo titulado Ética para un nuevo horizonte tecnológico ante los límites del humanismo latino. Y lo hago ahora, después de tantos años, movido por aquella emoción indemne, pero con la esperanza de que ya no volverá más.

Quiero agradecer la paciencia de los evaluadores y editores de la Revista Análisis por la publicación de este trabajo, escrito para aquellos que, como el artífice de aquellas tijeras, creen todavía en la efectividad de la pedagogía del buen uso y de las buenas intenciones.

domingo, 8 de julio de 2018

Sueño de la noche del 30 de junio

Antes de apearme de un viaje que ha parecido durar toda una vida, una voz anónima me recuerda que todavía puedo disfrutar del barco un día más, con su noche. Durante el tiempo que pase en él, surcando los mares y atravesando arrecifes, el mundo con sus gentes quedará suspendido, petrificado en un infinitésimo instante.
 
Una voz anónima me recuerda que debo elegir sabiamente con quién debo pasar ese día, con su noche. Pero ni mi ética ni la de los demás pueden servirme para elegir sabiamente, pues enseguida comprendo que ahí, en ese viaje de dioses, retornando al tiempo inmemorial, cuando la música todavía no suena y la poesía no canta, ni los preceptos ni el tiempo con sus relojes pueden ya orientarme.
 
Quizá, tan solo, un frágil recuerdo permanezca cuando regrese al mundo de los mortales. Un recuerdo que se desvanecerá con la música y la poesía ya cantadas.
 
 
Sueño de la noche del 30 de junio.

jueves, 28 de junio de 2018

A las afueras de la transparencia y de la oscuridad

El próximo martes, dentro del curso Filosofía y cine, en el Centro Buñuel de Calanda, hablaremos sobre Kubrick, Eyes Wide Shut, los límites del amor y de la conmoción. Hay tesoros que el tiempo no puede hacer desaparecer. Nos acompañan muchas veces en silencio, esperando el momento adecuado para desenterrarse y comenzar a destellar. Luz cegadora, que solo los valientes saben acoger. ¿Cómo es posible que el tiempo no reste nada a esta sustancia indivisa? ¿Cómo es posible que, después de tantos años, la sigamos viendo reconocible, como la primera vez, cuando todavía apenas éramos? ¿Cómo es posible que se desate ahora como aquella vez, rebrotando y recorriéndonos todo el cuerpo? ¿Será que la eternidad cabalga por debajo? ¿Habremos estado confundidos todos estos años? ¿Será que, en realidad, la vida es una máscara y la noche una verdad?

sábado, 23 de junio de 2018

La obsolescencia de la prohibición

En una entrada anterior comentábamos que la instauración del reino del deber ser responde al afán de ser más. Una ley, por definición, crea dos mundos antes inexistentes: el de lo permitido y el de lo prohibido. Para hacer más, hay que prohibir. El Genésis revela que la humanidad comienza ya en el momento de la prohibición, y no en el de la transgresión, como habitualmente se dice. Es decir, en el momento que se prohíbe tomar el fruto del "Árbol del conocimiento del bien y del mal" ya se da por supuesto el conocimiento (humano) de lo que debe y no debe hacerse. Han sido muchos y variados los agentes legitimados para llevar a cabo el acto de prohibir. De hecho, el sistema institucional, organizado a partir de una serie de prácticas, creencias y sentidos, se basa, en última instancia, en la legitimidad de las instituciones para prohibir y permitir. La desacralización del mundo supuso, precisamente, una traslación de la legitimidad de lo sagrado a lo profano.

Sin embargo, el acto de prohibir es solo una manera de instaurar un nuevo orden moral. Hay otras muchas maneras de poder avanzar. Y quizá, a la luz de la degeneración que hoy está sufriendo la idea de autoridad, bien en forma de violencia, de corrupción o de proliferación de autoritarismos políticos de toda índole, habría que comenzar a plantear otra manera de conducir nuestra sociedad. La prohibición tiene sentido, en efecto, si primero se reconoce a la autoridad como agente legitimador para el ejercicio del poder. Pero, desde la base social hasta las altas esferas de poder, por embotamiento de la sensibilidad moral o por falta de credibilidad del agente moral, estamos asistiendo a una fosilización de los mandamientos y principios autoritarios fundamentales. El reino del deber ser está cediendo su imperio al reino del poder ser: se acaba haciendo lo que se puede hacer. Por ello, la obsolescencia de la prohibición y la "muerte de la autoridad" exigen, quizá, un nuevo salto fundacional, generador de nuevas prácticas morales y formas de hacer política.

jueves, 14 de junio de 2018

Vidas a las afueras del rendimiento

Os dejó aquí mi reflexión Vidas a las afueras del rendimiento, que publica generosamente la Revista Imán en su número 18. Confío os guste...

viernes, 8 de junio de 2018

El amor. Una filosofía de la generosidad

El pasado jueves 7 de Junio tuvo lugar la última sesión de esta primera edición del programa cultural del Ayuntamiento de Zaragoza 12 lunas Filosofía joven: atrévete a pensar. El filósofo Josep Maria Esquirol, autor de La penúltima bondad, junto a los jóvenes estudiantes de Filosofía Ariadna González, Clara Abánades y Pablo Samper, moderados por el profesor David Porcel, nos hicieron partícipes de un verdadero encuentro filosófico en torno a uno de los grandes misterios de la filosofía: el amor.






                                               Dibujos por cortesía de Clara Marta Moreno



Con ocasión de este motivo los cuatro participantes de la mesa pudieron compartir sus ideas sobre cuestiones de profundo calado filosófico como la generatividad del amor, la inseparabilidad entre atención, respeto y amor, las vías de aproximación al conocimiento del amor, su relación con la nocividad, etc.







Finalmente, el público pudo sumarse al debate de la mesa redonda con toda una variedad de preguntas, reflexiones e inquietudes que no hizo sino evidenciar su grado de atención e interés. De nuevo se consiguieron los objetivos marcados: animar a los jóvenes a acercarse a la filosofía y mostrar que ésta puede salir del ámbito académico para llegar a todas las personas.



lunes, 28 de mayo de 2018

Recuerdos de una vida presente

A mis compañeros del Colegio Azúa (1984-1992),
 
Que el recuerdo de una experiencia pasada pueda cambiar el futuro es algo ordinario, incluso habitual. Pero que ese recuerdo se transfigure en parte de ti, hasta no querer dejarlo pasar, compartiéndolo solo con quienes lo pueden recibir, es algo extraordinario. Cuando ello ocurre y el recuerdo se hace tuyo, obra por sí mismo, como una célula que se desprende de sus órdenes o una nota de la sinfonía que integra. En ese momento las estructuras se tambalean y lo más arraigado se debilita. Ni las guerras más feroces pueden evitar su irrupción ni la paz más perpetua calmar su violencia. El tiempo acaba descubriendo sus entrañas. Un reencuentro, una voz, un aroma, pueden desengancharte de la vida monótona de la memoria. Descubres tu impretérito ser, siempre indemne, como el primer niño capaz de mirar a su alrededor, pero también de dejarse mirar, formando con ello su lugar en el mundo.
 
Aquellos recuerdos nos separarán para siempre del paso del tiempo, de la melancolía del atardecer, de la incapacidad de ser más.
 
Aquellos recuerdos serán para siempre tú mismo.