viernes, 30 de junio de 2017

La negación afirmada

Para mi padre, de quien tanto aprendo

La negación la introduce el sujeto. Decimos: Dios no existe. Y luego lo demostramos. Pero ya hemos introducido la negación. Parménides estableció la negación como la condición de posibilidad del (des)conocimiento ("Y es que no podrías conocer lo que no es -no es alcanzable- ni tomarlo en consideración") La negación es, digámoslo así, la antesala de fantásticas teorías, algunas de ellas capaces de embaucar a los más incrédulos o de desilusionar a los más ilusos. 

Pero la negación la introduce el sujeto. Es, quizá, la condición del pensar. Pensar algo supone haberlo opuesto al resto de cosas. Si pienso que "mañana hará frío" es porque sé que "mañana no es hoy". 

Por ello hay que escuchar con cautela los argumentos teológicos, o metafísicos, sobre la inexistencia de Dios o del alma. Digo con cautela, porque se montan sobre un artificio, una muleta, diría yo. Y esta muleta es la negación, sin la cual no podríamos ni pensar ni esgrimir argumentos. 

Los empiristas trataron vanamente de fundamentar el origen de la idea de negación en la comparación. Si comparo "este hoy" con "mañana" descubro que no son idénticos. Sin embargo, bien pensado, cualquier ejercicio de comparación ya supone haber introducido la idea de negación. En efecto, si comparo "este hoy" con "mañana" es porque ya sé lo que es o significa "ser hoy", y, como decíamos, cualquier definición precisa de la negación.

Mucho me temo que nos hemos preocupado del ser y de lo positivo, pero poco del no ser y lo negativo.

miércoles, 28 de junio de 2017

Una reflexión al hilo de Barry Lyndon

Cada vez estoy más convencido de que los manuales de Filosofía, y la academia en su conjunto, con aquello de que "somos sujetos y dueños del porvenir", nos han llenado de ideas que, aunque muy fundamentadas, resultan impulsoras y legitimadoras de prácticas engañosas. Advierte Alain de Benoist que los totalitarismos políticos del pasado siglo responden al mismo esquema que la Ilustración, sólo que aquellos, en lugar de venerar a la Razón, entronaban a los Estados totales. Pero ambos, Ilustración y autoritarismo, pretenden erigir el porvenir histórico sobre el cimiento de la autonomía de la voluntad. Es de la "buena" voluntad de donde ha de extraerse la sustancia histórica. 

Sin embargo, como decía, cada vez creo menos en los personajes y más en las personas, con sus vilezas, sus bondades y desmesuras, y sobre todo con su forma de estar, siempre situada, y además en un mundo que no ha terminado de elegir. Nadie nos pidió permiso y, sin embargo, aquí estamos, aquí y ahora

Aquellos manuales, ya contados por nuestros abuelos, nos han hecho creer que somos un propósito, o cuando menos un resultado, y que por eso hay que alentar la esperanza con la imaginación y avivar el pasado con la memoria. Pero lo que callaron, o parecían no saber, es que también la esperanza y el recuerdo son hijos de la pasión, del aquí y ahora, de ese otro tiempo que no conoce el perdón.

viernes, 9 de junio de 2017

Éticas del camino y éticas de la barrera

Llamamos éticas del camino a aquellas que ponen un cauce a la vida. Trabajan sobre ésta como el escultor hacer con su bloque de mármol o el escritor con la hoja virgen. Su pretensión consiste en ir definiéndola, asignándole unos rieles por donde debe circular, y entonces terminarla en una vida buena, por virtuosa, sabia, placentera, correcta... Los filósofos clásicos, pero también los modernos Rousseau y Kant, procuraban esculpir la vida para hacer de ella algo digno, bueno, merecedor de ser vivido. De ahí que este tipo de éticas suelan ir acompañadas de unas reglas, de un procedimiento que, como la regla y el pincel para el artista, sirven de medio conductor a aquellos que consienten en recorrer el camino ya fabricado. Lo mismo que el artista espera del otro que aprehenda lo tallado, el filósofo confía a los demás su camino.

En cambio, llamamos éticas de la barrera a aquellas que, ante un exceso de caudal o de actividad, se afanan en situar diques alrededor. Trabajan más allá de los lindes del camino, fuera de ellos, porque todavía no lo hay. No les interesa la escultura, sino contener el mármol bruto. Es, digámoslo así, una tarea previa, necesaria, a cualquier intento de modelado. Más presentes en los libros sagrados que en los manuales sobre cómo ser felices, no reflexionan sobre la acción o los modos posibles de vivir, sino sobre la inacción o los modos del no vivir; y es que, en ocasiones, antes de guiar y dictar, se hace preciso prohibir y delimitar.

sábado, 3 de junio de 2017

Un sueño filosófico

Una lluvia de grandes torbellinos se extiende a todo el cielo, mientras veo resquebrajarse bajo mis pies la última de las montañas. Un padre espiritual, montado sobre uno de los grandes tornados, me anima a que alcance el vórtice diciéndome las siguientes palabras: "Recuerda que allí donde está el peligro, crece también lo que salva. Fíjate en los primeros cristianos, que convirtieron el hambre, la enfermedad y la escualidez en la ocasión para ennoblecer la vida."

jueves, 1 de junio de 2017

Sueños

Me encuentro en un barrio de calles mojadas y usadas. El cielo gris ennegrece el aire que parece no existir. En torno a las calles se alzan fachadas desgastadas, incapaces ya de abrigar cualquier forma de intimidad. No hay iglesias ni plazas que orienten la ciudad. Una mujer, apoyada de pie sobre una cama desnuda de gigantescas proporciones, lee a solas un libro bajo la tenue luz.

No logro entender el origen de esa pulsión a huir de lo íntimo.

viernes, 19 de mayo de 2017

Retiro voluntario

He de reconocerlo: los clásicos me inundan, me atrapan, hasta el punto de provocarme momentos de retiro voluntario. Una semana es la lectura de Epicuro, otra la de Carlos García Gual comentando a Epicuro, otra la Sinfonía nº3 de Gustav Mahler, o los diálogos de Hannah y sus hermanas de Woody Allen..., ¿quién será la próxima vez? Son, sin duda, los mejores momentos del día. En ellos me siento en paz con el mundo, apenas éste me afecta, me reclama. Los teléfonos no pueden sonar. Los televisores dejan de emitir sus ondas invisibles. En esos momentos, como debía sentir Amancio Prada cantando a San Juan de la Cruz, estás a solas, sin tener que rendir cuentas a nadie, sin tener nada que decir. Sólo escuchar, sólo leer. Son la cura contra la ambición, la esperanza o el remordimiento, todas ellas enfermedades del tiempo, del paso del tiempo. Por la piedra el tiempo no pasa. La piedra es tiempo. 

Son momentos sólo interrumpidos por el reloj. Es la hora de recoger, de volver al mundanal ruido, al momento de los timbres, de las bocinas, del griterío. Trafican las máquinas, pero también las palabras, los gestos. Incluso el lenguaje se ve infectado. Por eso, son los mejores momentos.

Retiro voluntario.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Sueño de la Noche del 2 de Mayo

Para Ana Belén, allí donde nacen los sueños:

Me encuentro ante un canal de agua cristalina, pero oscura, porque no hay luz. Al otro lado, muy al otro lado, se adivina un final. Sin miramiento mi hermano se arroja y veo que se aleja con aplomo. Sé que el siguiente soy yo, pero una mujer, extrajera, me alerta de que tenga cuidado. No logramos entendernos y ella se despide gritándome que no tenga miedo, que está todo debidamente preparado. Descubro que el canal consiste en una superficie líquida que se posa sobre montañas de arena, y avanzo deslizándome sobre ésta, impulsándome con los brazos. Sin embargo, el canal pronto comienza a llenarse de agua y veo bajo mi cuerpo utensilios, inmuebles, casas, ciudades enteras, cubiertas bajo el manto del agua oscura. Pienso que es una pena que estén cubiertas, y sumerjo la mano para tocarlas. Alcanzo la orilla, e intuyo que a lo lejos mis padres van acercándose. Me doy la vuelta.

Ante mí aparece una playa infinita, bajo un sol radiante que a todo alcanza, con sus costas, sus arrecifes, sus fragmentos de roca todavía no descompuesta, y con un océano más presente que nunca. Un amigo me espera y andamos juntos. Hablamos de la vanidad de las cosas, mientras un puñado de arena se escurre entre sus dedos. Sin embargo, en ese momento, me parece que lo más vano es nuestra conversación y me invade un profundo aburrimiento. Por fin, se reencuentra con un grupo de amigos y acaba dejándome de lado.

Decido entonces adentrarme en la playa. Pronto me veo rodeado de una marabunta de turistas. Apenas sé donde quedarme. No encuentro lugar donde esperar, donde estar, donde encontrarme. Hay filas llenas de veraneantes, bañados en crema, que esperan afanosos a que alguien abandone la playa para ocupar su lugar. Todo está lleno, demasiado lleno. Todo está de más. Son las cinco porque un turista a mi lado acaba de preguntar la hora. El tiempo humano está de más, pienso.

Debo encontrarme con ella, no puedo esperar mucho más. Al fin la veo a lo lejos moviendo los brazos con fuerza. Lleva puesto el abrigo blanco que había elegido para ella. Me apresuro a reunirme. La abrazo, y nos alejamos.