sábado, 26 de diciembre de 2020

Sueño de Navidad

A mi padre, 

Cuando quedamos solos en el comedor familiar, mi padre me recuerda un suceso que hace muchos años tuvo lugar justo donde estoy sentado. Saca de un cajón una vieja baraja con las anotaciones sin tinta de mi abuelo. 

Al leerlas, comprendo por qué se enfadó con él tanto aquel día.


Sueño de Navidad


domingo, 20 de diciembre de 2020

Acompañados

A mis nuevos compañeros,

Con las nuevas políticas educativas provocadas, o aceleradas, por la entrada de lo desconocido en la historia se está afianzando una tendencia que ya se anticipaba en tiempos de verdadera normalidad. Y es que ahora parece que los profesores, afanosos y de vidas atareadas, hemos de medir el valor de nuestros empeños por el grado de "seguimiento" que hagamos a nuestros alumnos. Un seguimiento que se hace extensivo a las veinticuatro horas del día y que los muros de las aulas ya no puede contener. Una infinidad de plataformas digitales se han abierto paso con la entrada del coronavirus, como anhelando un pistoletazo de salida para hacerse hueco en el mercado competitivo del digitalismo. Y ahora, sin comerlo ni beberlo, los profesores, ya digitalizados, ya hechos a imagen y semejanza de los nuevos modelos de enseñanza telemática, hemos de continuar siguiendo a nuestros alumnos en ese proceso formativo que se supone posibilita el seguimiento. Tareas inacabables, para ellos y nosotros, deberes interactivos, mandatos a cumplir unas directrices, marcadas por un sistema que no acabamos de saber muy bien identificar, pero del que constatamos que está cada vez más lejos. Y otro sin fin de correos cuyo cometido, cada vez más, es ya solo constatar que el seguimiento se lleva a término, pero como quien aprieta un botón para comprobar que los niveles de oxígeno son los adecuados y el animal enjaulado no se está asfixiando. 

Una asfixia que ya está devorando a sus víctimas, apareciendo cada vez más alumnos desamparados, aquejados, apesadumbrados por torrentes de información que como los ratones del experimento ya solo saben girar sobre sí mismos. Así de apesadumbrada estaba la alumna que el otro día me confesaba que ella no es un número, o una nota, o un registro. Y lo quería gritar, a viva voz, y que el viento hiciera correr sus palabras, con la esperanza de que alguien la recogiera y multiplicara a todos los rincones. No soy una nota, me decía. Y me lo decía acompañándola, estando próxima a ella, lejos de los rieles por donde circulan el seguimiento y el registro. Me lo decía mientras las gotas de lluvia empapaban nuestras mejillas y ella se las sacudía para seguir proclamando. Un acompañamiento que me devolvió el lugar de la responsabilidad, de la autoría, del viejo maestro, atento a los pasos de sus alumnos para ver si continúan o se desvían por senderos de piedras y barro. Un acompañamiento que me devolvió una sensación hacía mucho olvidada, avivada por la mirada de quien espera una mano fuerte para cruzar juntos el camino.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Tierra incivilizada

Un cielo de aves artificiales se eleva sobre agujeros incivilizados de tierra. Cuando llega el momento de despegar descubro aliviado que estoy hecho de barro.

Sueño del 12 de Diciembre


Suelo de la península de Yamal (norte de Rusia)

viernes, 11 de diciembre de 2020

Adiós a los números

¿Habrá que repensar la forma de enseñar? ¿Por qué no aprender del placer de aprender? ¿Por qué la nota es la expectación y no su significado? ¿Por qué para pensar, y para cantar, y para soñar, hay que salir a concursar? ¿Cómo hemos acabado tan doblegados por las categorías y substancias segundas? Numeraciones, exámenes, resultados, evaluaciones, informes, fichas, estadísticas, clasificaciones, protocolos, estándares, etiquetas, enlaces, y un sin fin de otros lenguajes performativos preestablecen los circuitos por donde ha de circular el cuanto de energía de quienes integran el circo educativo. ¿Quién da más? ¿Quién puede más? ¿Quién ocupará la primera posición? ¿Y la última?...¿Quién domina a quién?

Adiós a los números. Es lo que me confiesan algunos alumnos cuando nadie pregunta por sus notas. Y es lo que, sus profesores, nos confesamos cuando recordamos aquellos años en los que todavía discutíamos sobre asuntos de historia contemporánea, de si la felicidad era una meta realizable, siquiera deseable, o entre físicos y filósofos ahora frikis sobre las implicaciones del azar cuántico. Sí, en los departamentos, en sus pasillos, en los coches mientras íbamos al trabajo, o caminábamos entre soliloquios previendo el siguiente movimiento del argumentario de nuestro colega. Y hablo de los centros de enseñanza secundaria, no de la universidad ni de centros de investigación.


                      Tiempos modernos, Charles Chaplin

¿Dónde queda el río que hacía fluir a las palabras sostenidas en la emoción? ¿Dónde la torpeza manipulativa del joven hacedor de gestos que hacía volverse a la clase? ¿Dónde los partidos de fútbol que a un tiempo llenaban campos con sus líneas borrosas los días de lluvia? ¿Dónde los intrigantes silencios de enamorados ajenos a las pantallas y el postureo? ¿Dónde las noches cuando más de uno se reunía a escondidas y acallaba sus pesadillas? ¿Dónde si ya ni siquiera podemos dejar de gritar?

"Tan pronto como uno sale de la estadística, las cosas cambian en favor de las consideraciones valorativas." (Ernst Jünger)

lunes, 7 de diciembre de 2020

En un taller tenue

En un taller tenue de viejos cachivaches se extiende una mesa anaranjada de luz artificial. Una puerta metalizada lo separa de un mundo que no alcanzo a ver.

Mientras preparo en ella bocetos de lo que será otro fragmento, soy sorprendido por alguien que no debiera haber entrado.

Enciendo la luz.


Sueño del 7 de Diciembre


El intruso, Alfred Kubin

sábado, 5 de diciembre de 2020

Del logos al mito. Un estudio de la cultura a través de sus mitos

El nuevo número de la Revista Ábaco viene acompañado de dos de mis últimos trabajos sobre el poder del mito y de lo desconocido en la era de la técnica. En el primero de ellos, Del logos al mito. Un estudio de la cultura a través de sus mitos, hacemos un recorrido por algunos de nuestros mitos más ilustres -alegoría de la caverna, relato del Génesis, Vértigo de Hitchcock- para mostrar el papel de la construcción mítica en la configuración de identidades, como la que sostiene la imagen del hombre occidental como ser racional. El segundo es una entrevista en inglés a uno de los filósofos más reputados sobre arte y cine del panorama mundial. Robert B. Pippin analiza con mucha agudeza las relaciones entre el mal y lo desconocido en el cine de Hitchcock a propósito de su último libro Hitchcock filósofo.

Disponible ya en formato digital, y en pocos días también en formato impreso.

Confío sean de vuestro interés.



sábado, 28 de noviembre de 2020

¿ES MÁS FELIZ QUIEN AMA O QUIEN ES AMADO?

Hace unos días volvía una imagen que debió formárseme en la infancia y que ahora podía traducir a conceptos: "Por el corazón también se conoce, hasta el punto de que, como recuerda san Agustín, no se ama lo que se conoce, sino que se conoce lo que se ama." Y el caso es que esta mañana estaba hablando a mis alumnos de la virtud y la felicidad a propósito de un fragmento de la Ética a Nicómaco cuando esta imagen ha vuelto a mí con el fulgor del primer día. Y todo al escucharse a una alumna que martilleaba desde su primera fila:

Entonces, profesor, ¿es más feliz quien ama o quien es amado? 

Puede imaginarse el lector que el resto de la clase haya gravitado en torno a ella, porque ya sabíamos que no era una lección de Aristóteles lo que ahora se ponía en juego. Y el caso es que la misma alumna, en un acto de sublime atrevimiento, me ha hecho llegar esta bella reflexión que, juntos, compartimos ahora con vosotros:

"He estado pensando un poco sobre la pregunta de que si es más feliz quien ama o quien es amado, y al principio he visto bastante claro que es más feliz quien ama, ya que la sensación interna que subyace en nosotros nos hace sentirnos vivos, conocernos y darle un sentido a nuestra vida, o un deseo de conseguir algo, una motivación, ganas de vivir. Pero he estado pensando y se me han ido ocurriendo otras ideas. Por ejemplo, amar nos hace esclavos, tanto de nosotros mismos como de la otra persona. Cuando estamos enamorados no vemos la realidad con claridad, claro que estar enamorado implica estar feliz, pero nos convierte en esclavos, y, por consiguiente, a la otra persona en amo, coartándonos la libertad y creándonos una dependencia respecto de nuestros sentimientos e impulsos y de la persona que amamos. Ahora no sabría si esa coartación de la libertad implica menos felicidad o no. Además, el amor y el dolor son lo mismo, solo que en función de cómo nos vaya se expresa de distinta forma. Podemos amar mucho a alguien, eso supuestamente nos haría felices, pero si la persona amada no nos corresponde, todo el amor se expresaría en forma de dolor y sufrimiento, contrario a la felicidad. Amar nos provocaría dolor. 

El que ama es completamente activo en esta relación, tanto en lo positivo como en lo negativo. Por el contrario el amado es pasivo. Claro que una persona se alegra y se siente bien al sentirse querida pero no tiene ni punto de comparación con la bomba de sensaciones que explotan en nosotros al querer, aunque eso implique a veces dolor u otras consecuencias como la coartación de nuestra libertad. Eso nos hace humanos, sumergirnos en la vida y en nosotros, conocernos, ser felices." (Noa Manero, alumna de 2º de Bachillerato)