domingo, 10 de enero de 2021
Nieve blanca
lunes, 4 de enero de 2021
En un día sin niños
sábado, 26 de diciembre de 2020
Sueño de Navidad
A mi padre,
Cuando quedamos solos en el comedor familiar, mi padre me recuerda un suceso que hace muchos años tuvo lugar justo donde estoy sentado. Saca de un cajón una vieja baraja con las anotaciones sin tinta de mi abuelo.
Al leerlas, comprendo por qué se enfadó con él tanto aquel día.
Sueño de Navidad
domingo, 20 de diciembre de 2020
Acompañados
A mis nuevos compañeros,
Con las nuevas políticas educativas provocadas, o aceleradas, por la entrada de lo desconocido en la historia se está afianzando una tendencia que ya se anticipaba en tiempos de verdadera normalidad. Y es que ahora parece que los profesores, afanosos y de vidas atareadas, hemos de medir el valor de nuestros empeños por el grado de "seguimiento" que hagamos a nuestros alumnos. Un seguimiento que se hace extensivo a las veinticuatro horas del día y que los muros de las aulas ya no puede contener. Una infinidad de plataformas digitales se han abierto paso con la entrada del coronavirus, como anhelando un pistoletazo de salida para hacerse hueco en el mercado competitivo del digitalismo. Y ahora, sin comerlo ni beberlo, los profesores, ya digitalizados, ya hechos a imagen y semejanza de los nuevos modelos de enseñanza telemática, hemos de continuar siguiendo a nuestros alumnos en ese proceso formativo que se supone posibilita el seguimiento. Tareas inacabables, para ellos y nosotros, deberes interactivos, mandatos a cumplir unas directrices, marcadas por un sistema que no acabamos de saber muy bien identificar, pero del que constatamos que está cada vez más lejos. Y otro sin fin de correos cuyo cometido, cada vez más, es ya solo constatar que el seguimiento se lleva a término, pero como quien aprieta un botón para comprobar que los niveles de oxígeno son los adecuados y el animal enjaulado no se está asfixiando.
Una asfixia que ya está devorando a sus víctimas, apareciendo cada vez más alumnos desamparados, aquejados, apesadumbrados por torrentes de información que como los ratones del experimento ya solo saben girar sobre sí mismos. Así de apesadumbrada estaba la alumna que el otro día me confesaba que ella no es un número, o una nota, o un registro. Y lo quería gritar, a viva voz, y que el viento hiciera correr sus palabras, con la esperanza de que alguien la recogiera y multiplicara a todos los rincones. No soy una nota, me decía. Y me lo decía acompañándola, estando próxima a ella, lejos de los rieles por donde circulan el seguimiento y el registro. Me lo decía mientras las gotas de lluvia empapaban nuestras mejillas y ella se las sacudía para seguir proclamando. Un acompañamiento que me devolvió el lugar de la responsabilidad, de la autoría, del viejo maestro, atento a los pasos de sus alumnos para ver si continúan o se desvían por senderos de piedras y barro. Un acompañamiento que me devolvió una sensación hacía mucho olvidada, avivada por la mirada de quien espera una mano fuerte para cruzar juntos el camino.
domingo, 13 de diciembre de 2020
Tierra incivilizada
Un cielo de aves artificiales se eleva sobre agujeros incivilizados de tierra. Cuando llega el momento de despegar descubro aliviado que estoy hecho de barro.
Sueño del 12 de Diciembre
viernes, 11 de diciembre de 2020
Adiós a los números
lunes, 7 de diciembre de 2020
En un taller tenue
En un taller tenue de viejos cachivaches se extiende una mesa anaranjada de luz artificial. Una puerta metalizada lo separa de un mundo que no alcanzo a ver.
Mientras preparo en ella bocetos de lo que será otro fragmento, soy sorprendido por alguien que no debiera haber entrado.
Enciendo la luz.
Sueño del 7 de Diciembre