Ayer
noche volví a ver la película de Richard Fleischer, Viaje alucinante (1966), no excepcionalmente considerada por la crítica, pero una
experiencia deliciosa para una tarde de viernes, o de domingo. Es la historia
de una aventura hacia los confines del cuerpo humano, pero también la
experiencia compartida de quienes, motivados o forzados, viven el desasimiento
en el más absoluto de los confinamientos. Ahí, miniaturizados, siendo reducidos
al tamaño de una bacteria, deben adentrarse por la arteria carótida para matar
el tumor de un científico poseedor de información que cambiaría el acontecer de la Guerra Fría. Y, junto a ellos, Fleischer consigue que también el espectador acabe experimentando el
vértigo de quien no tiene más remedio que ser reducido hasta nivel de lo
microscópico, llevado por la tendencia a ser radicalmente otro. ¿Para quién puedo ser si
me he apartado definitivamente del mundo de lo macroscópico? Pero es ahí,
precisamente, como el submarino Proteus puede cambiar el rumbo de la historia. De lo invisible -así lo anunció un siglo atrás el Romanticismo alemán- lo visible puede adquirir una nueva manifestación.
Deliciosa película para una tarde viernes, o de domingo.
sábado, 16 de julio de 2022
Tardes de vértigo
viernes, 15 de julio de 2022
Ventanas con solera
En su artículo que hoy trae el blog literario Boomerang Víctor Gómez Pin
llama la atención sobre el hecho de que la defensa y desarrollo de las éticas
del deber -como la kantiana o la animalista- supone la entrada en escena de un
sentimiento esencialmente moral. Se trata del sentimiento de la compasión. Por
él dejamos de pensar en nosotros mismos, en nuestra individualidad, y salimos
al otro como quien abre la ventana en un día de sol para mirar al exterior. Por la compasión dejamos de estar en el mundo como está quien espera ser
o no correspondido, para vernos como parte de un todo sufriente y sufrido.
El ser humano ya no está concentrado en sí mismo, sino que, por decirlo así, se
hace transparente y experimenta lo propio en lo extraño. Por la compasión el
mundo de los otros se abre a nosotros. Y así, a propósito del auge de las
éticas animalistas, se pregunta Gómez Pin si no es esta actitud de puro y
kantiano desinterés por el bien de otras especies una prueba de la
radical y absoluta singularidad de nuestra especie.
Sería interesante, en este sentido, volcarse sobre este sentimiento de la compasión –esencialmente misterioso, incógnito- y así aclarar algo más el origen de tantas construcciones que, como la ética kantiana o animalista, se han formado a partir de él. Porque, por lo mismo que la compasión nos lleva a esa actitud de puro desinterés por el bien de otras especies, nos pone ante esta otra actitud de desinterés por el bien de nuestra propia especie; salvando, claro está, los reduccionismos e ilusionismos de quienes enarbolan banderas por apatía o desasimiento: «Desconfía de aquel que dice: si no ayudamos exclusivamente al gran todo, es imposible prestar ninguna ayuda. Esa es la mentira de la vida de aquellos que no quieren ayudar en la realidad y se excusan con grandes teorías de su obligación en el caso concreto y determinado. Racionalizan su falta de humanismo»”. (Horkheimer)
jueves, 14 de julio de 2022
Saberes expropiados
Llevamos
años soportando –los de humanidades- la idea de tener que justificar, legitimar
y reivindicar el conocimiento humanístico ante el aluvión de programas,
intereses y recursos destinados hacia saberes prácticos relacionados con lo
instrumental y tecnológico. Parece que –los de humanidades- tengamos que estar
siempre en guardia frente a una razón instrumental que, desde su base, amenaza con
invadir nuestro saber humanístico. Pero en esto nadie es propietario de nada.
Ni las humanidades nacen para contrarrestar el cientifismo imperante ni las
ciencias aplicadas desplazan a las humanidades. Ni las humanidades son
apropiadas ni las ciencias expropian. La cosa, en esto, no va de propietarios ni
expropiados. Más bien, son los artífices de estas ideologías instigadoras que van
inoculándose en educación los que pretenden apropiarse del saber –humanístico
y científico- para decidir qué es lo que conviene y no conviene conocer.
miércoles, 13 de julio de 2022
Ética para una psicología
Estas primeras semanas de verano ando preparando el curso de
Psicología que impartiré a partir de septiembre a mis alumnos de 2º de
Bachillerato. Preparar una asignatura es una de las experiencias más
motivadoras de la enseñanza, pues en el proceso acabas sintiéndote alumno y
profesor a un mismo tiempo. Diríamos que descubres en el proceso de aprendizaje
nuevas fórmulas y estrategias de enseñanza. Y el caso es que ando enfrascado en
lecturas interesantísimas sobre el papel de la empatía en las relaciones
humanas, la función afectivo-emocional de sentidos primarios como el tacto o el
olfato, o la manera de tratar algunas de las adicciones más comunes. La
psicología, ya lo estoy viendo, es una de las ciencias que uno puede ensayar a
partir de conocimientos extraídos de otras ciencias humanas como la
epistemología o la antropología. Y creo interesante hacer de la asignatura un
motivo para que los alumnos puedan practicar los conocimientos adquiridos también
en su vida diaria, y vean en ello la asunción de una determinada posición
ética en la relación con sus semejantes.
Por ejemplo, es sabido que la escucha es una de las condiciones para que funcione el ejercicio dialógico entre psicólogo y paciente en el proceso de terapia. Cuando las relaciones humanas están muy dañadas, con frecuencia ocurre que hay dificultades para conectar emocionalmente con el otro, comprenderlo y respetarlo en su debida medida, de ahí que esa distancia entre médico y paciente sea esencial para el funcionamiento de la terapia. También entre miembros de una familia, de una pareja, o compañeros de trabajo muy dolidos, cada individuo suele centrarse en su propio sufrimiento y agravio, incapacitándose para una visón más abierta y amplia que le proporcionaría nuevas herramientas para abordar la situación. La atención pasa por desatender muchas veces aquello que más nos afecta, de ahí que el ejercicio de la escucha suponga un determinado posicionamiento ético ante la vida basado en el respeto hacia uno mismo y el otro. La escucha no nace como arte o hábito, sino como resultado de una determinada actitud ética. Lo contrario de la escucha no es la desatención, sino la desconsideración hacia el otro, por lo que - y he aquí la primera enseñanza- se hace necesaria una educación de la sensibilidad moral para el ejercicio de la práctica vital psicológica.
jueves, 7 de julio de 2022
Verano
Comienza el verano, con sus
días, y sus noches. Noches secretas, cuando ya se puede correr bajo la Luna y el
Sol no termina de esconderse. Noches de rincones donde depositar las mieles
acumuladas, y esperar a que el día siguiente dicte un nuevo horizonte. Noches de mares, con sus barcos y sus brisas, mientras van germinando las palabras leídas en el sosiego del atardecer. Noches a la intemperie, cogidos de la mano, y luego entre gin tonics, hasta que el último amigo sopla la última bocanada con un mañana más. Noches de familia, de recuerdos, risas y recortables. Noches de amor, cuando en la infancia regresábamos sin poder ya irnos nunca más. Comienza el verano.
domingo, 26 de junio de 2022
El secreto mejor guardado
"La riqueza del hombre es infinitamente superior a lo que él presiente. Es una riqueza que nadie puede robar, y que en el curso del tiempo aflora una y otra vez, sobre todo cuando el dolor ha excavado la profundidad." (La emboscadura)
El secreto nos protege del demonio, que
utiliza la inteligencia para engañar al inteligente, la fuerza para vencer al fuerte,
la astucia para manipular al ingenioso, la elocuencia para convencer al locuaz.
El secreto nos previene del hurto y del robo. También de la apropiación y de la
violencia. ¿Quién podría arrebatarnos lo que no se conoce? Hay secretos que se
lanzan al mar, y embotellados navegan a medio camino de lo desconocido y lo conocido,
de lo muerto y lo renacido. Un papel de tinta fría, de repente, se convierte en
una historia llena de vida. Los secretos cobijan, refugian, alientan a quien
los porta a seguir viviendo en ellos. Quizá sea un juguete, escondido dentro
del árbol, una lista de preferencias vitales, redactada en una servilleta que
se guardará en el último coche de madera olvidado. O quizá un nombre, del que
se quiere que permanezca innombrado, no vaya a ser que el viento se lo lleve y
se pierda en lo infinito.
Hay también amores secretos, que por temor a perderse conservan su misterio. El secreto nos salvaguarda del mal, y de las fuerzas del orgullo y el egoísmo. ¿Por qué habríamos de tener secretos en un mundo sin cárceles y esclavos? ¿Por qué habríamos de confesarnos en un mundo sin injusticia y sin mal? En el secreto, o respecto de él, somos dueños y señores. ¿Acaso alguien más sabe el secreto que guardo? Somos libres de hacer lo que queramos con él. A cada momento lo podemos deshacer, o embotellarlo a ver si alguien lo deshace. Olvidó que tenía secretos. Pero el secreto nos pertenece, como ninguna otra cosa. Y es en él donde nos hacemos fuertes. Es por él como podemos levantar o derribar imperios. Es por él como podemos hacernos un nombre, aunque sea solo para nosotros mismos.
miércoles, 22 de junio de 2022
Agradecimientos
No puedo sentirme más feliz y agradecido con
estas palabras de Macarena, alumna de 4ºESO A, en su discurso de graduación del
21 de Junio de 2022 y en representación de sus compañeros y compañeras de
Filosofía. Habéis conseguido en este curso que ame la filosofía un poquito
más que ayer, que crea en lo que ella nos pueda aportar, y en su provecho para
la vida. ¡Muchísimas gracias!
“David Porcel, profesor de Filosofía este año, y de Ciudadanía el año pasado, creo que sabes perfectamente lo importante que eres para los alumnos, eres un profesor que muchos desearían tener. Creo que todos necesitamos tener un profe como tú, solamente con ver como das la clase y la implicación que tienes hacia los alumnos ya lo dice todo, pero si además le conoces como persona es aún mejor, todos los valores que representa un buen profesor los tienes tú, porque un profesor no es solo dar una clase y vomitar la materia. Es la forma con la que la enseñas, es la forma de tratar a los alumnos, es la forma de entenderlos y es la forma de preocuparse por ellos, por su bien estar y por su salud mental. Tus clases son tan enriquecedoras, David, que lo único que me viene a la cabeza es wow, yo de mayor quiero ser como tú y transmitir las buenas vibras que transmites. Estaría todo el discurso hablando de ti y de tus clases porque, de verdad, gracias y te mereces todo lo mejor, porque gracias a ti hemos podido descubrir la capacidad de expresión y de reflexión que podemos llegar a tener.”