martes, 15 de agosto de 2023

Multiuniverso

Me pregunto si una historia de la filosofía bien contada debería comenzar por cuestionar los principios antropocéntricos con los que se han construido la mayoría de historias de la filosofía. Para empezar, suponer que la belleza, o la verdad, o el bien, están ahí para ser vistos, comprendidos o estimados por el ser humano es de lo más antropocéntrico que puede decirse, más vanidoso todavía que decir que el universo puede ser asimilado o que si algo escapa a nuestro control es porque no ha pasado el tiempo suficiente. Y el caso es que, en cualquiera de sus formas, este antropocentrismo aberrante se halla todavía incrustado en nuestro lenguaje, por ejemplo, en el del historiador que confía que el progreso de la humanidad nos aleje del mal y la codicia; en el del hombre de ciencia, que con cada descubrimiento celebra todo lo que sabe frente al ignorante o el bobo; o en el del padre, que satisface su ego pretendiendo hacer de su hijo un ser perfecto y sin defectos.



Y así es como hay historias de la filosofía que se han construido sobre la base de que, desde sus comienzos, el universo se ha formado a la medida del ser humano y que, por ello, tenemos de antemano garantizado el éxito para entrar en él y conquistarlo. Sin embargo, ni el universo se ha hecho a la medida de lo humano ni la medida de lo humano garantiza que podamos comprender el universo. Es por ello por lo que, quizá, en lugar de armarnos con métodos y enseñanzas con vistas al control y la conquista podríamos mirar más a nuestro alrededor y, simplemente, ver que hay tantos universos como formas de vida existen fuera.

sábado, 12 de agosto de 2023

Safe

Ayer vi, por segunda vez, la película Safe (1995), interpretada realísticamente por Julianne Moore. Me pareció un ejercicio maestro de reflexión que presenta la enfermedad como lo que salva y puede apartar al más vulnerable de lo que verdaderamente mata en contextos de indiferencia y apatía sociales. La película presenta a una sociedad enferma en su práctica constante y provocada de inanidad, indiferencia, incomunicación, ceguera hacia el otro, y a una protagonista que, teniendo que vivir en ella, comienza a aquejarse de síntomas respiratorios que le llevan a buscar refugio en  una comunidad de personas hastiadas de la vida contemporánea. Es por su cuerpo como se aparta del aire que infecta a la sociedad y puede encontrarse recluyéndose en ella misma. ¿Qué nos queda cuando te han despojado de todo? Película muy recomendable.


jueves, 10 de agosto de 2023

Me mirara de verdad

Allí todos tenían que hacer un papel ultimando el preestreno. Pero ella tenía que llevarlos a todos, y nos había confesado un secreto: su terrible enfermedad. ¿Pero era cierta? ¿Eran esas marcas el comienzo de algo irreversible? Tenía que preguntarle, y hacerle ver que también lo sabía. Y que estaría siempre con ella, que no se preocupara, y que iría todo bien. Pero temía que se fuera sin poder hablar con ella y sin que advirtiese mi presencia. Tenía que decírselo pero los críos entraban constantemente, y molestaban, y ella era algo esquiva, quizá temerosa de que me abalanzara. Al final se lo decía, en aquel cuarto oscuro, lleno de luces y bullicio. 

Le daba la mano como hace el amigo, con la esperanza de que lo entendiera y me mirara por fin a los ojos. Y me mirara de verdad.

Sueño de julio



lunes, 7 de agosto de 2023

Cambiar en luz y en llama

Impresionante la narración que hace mi hermano de su gesta-vuelta a Alemania, y que de alguna manera me han evocado estas palabras de Nietzsche de La gaya ciencia: «no somos ranas pensantes, ni tampoco aparatos de objetivar y registrar, con frías entrañas. Hemos de alumbrar constantemente nuestros pensamientos con nuestro dolor y darles maternalmente cuanto poseemos de sangre, corazón fuego, placer, pasión, tormento, conciencia, suerte y destino. Vida significa para nosotros todo cuanto somos, cambiar continuamente en luz y en llama».



domingo, 6 de agosto de 2023

Así éramos en los noventa


Así éramos en los noventa, y en los pueblos, todos bien juntos, abrazados, despreocupados, sin pensar muy bien lo que vendría porque era el día siguiente lo que importaba. Venía Bonanza, una orquesta del verano que llenaría las carreteras y las barras, con aquellas birras y cubatas, y bocadillos de casa de tortilla de patata. Y las cinco de nuevo, con esos amaneceres ya sin bocadillo y el último cigarrillo. Otros tiempos.

miércoles, 2 de agosto de 2023

Libros con cuerpo

El verano siempre nos regala libros que nos sacan de nosotros mismos y, temporalmente, vivimos la vida de otros y respiramos el aire de otros. Se trata de libros que luego te acompañan también en las noches de invierno, ahí, en pleno bosque, cuando acalla el murmullo de las preocupaciones y quedas bajo el abrigo de la manta. Son libros que se convierten en libros amigos, que de repente ya no se los dejas a nadie, o a casi nadie, no se vayan a perder, para siempre. Son libros que adquieren cuerpo, peso, concreción, y necesitas volver a ellos respirándolos por temor a que ya no huelan. Este verano, como tantos otros, me ha traído a Tanizaki, El elogio de la sombra. Una maravilla que ya alumbra lo que llamo vivir entre niebla, retirado de ese electricismo en el que el hombre occidental se haya instalado. Vivir la luz, y las sombras, es también una forma de estar y de hacer mundo.



"En aquella ocasión, me había propuesto botar una pequeña embarcación en el estanque del templo de Suma. Invité a un grupo de personas y dispuse también que llevásemos la cena en las tradicionales cajitas apiladas. Cuando llegamos al lugar, comprobamos que las orillas del estanque estaban engalanadas con luces eléctricas de todos los colores. La luna estaba en su sitio, pero era como si no estuviera. Cosas así ocurren continuamente. Por lo visto, en los últimos tiempos la luz eléctrica nos ha entumecido los sentidos y nos ha convertido, curiosamente, en personas insensibles a las inconveniencias que se derivan del exceso de iluminación".

domingo, 30 de julio de 2023

Saber mirar

Hay quienes saben mirar el pájaro, la nube, los lirios en el campo. De ellos se dice que viven despreocupadamente, como los niños en las noches de verano o las ancianas cosiendo sobre su silla de madera en la calle de enfrente. La despreocupación -piensa el necio- es signo de inconsciencia e irresponsabilidad. Todo lo contrario, es puente de sabiduría y de libertad.



Quien sabe mirar, al cielo, dentro de uno mismo, sabe que no está solo, que no importa demasiado lo que le importa, que hay mucho más fuera de lo que puede imaginar, y el día le traerá lo que necesite. Quien vive mirando fuera es que no está solo.