martes, 22 de mayo de 2007

¿Somos o inventamos nuestra naturaleza? Otra vez sobre los límites de la ciencia

Una obra posterior a Ciencia viva (2001) del filósofo Jesús Mosterín es La naturaleza humana (2005) en la que desarrolla una lúcida exploración sobre la naturaleza humana con el fin de averiguar los límites de nuestra libertad, es decir, qué es aquello de nuestro ser que está determinado por nuestros genes y qué es aquello que petenece al reino de nuestra libertad. Como también desarrolla en Ciencia viva una de las tesis que defiende el filósofo es que, en realidad, contrariamente a como habían pensado los filósofos existencialistas y vitalistas del siglo pasado (Sartre, Heidegger, Ortega y Gasset...), no somos pura indeterminación, pura libertad, no todo lo que somos depende de nuestra elección, sino mayormante de nuestra naturaleza. La naturaleza humana es algo que se deja conocer como demuestran los crecientes descubrimientos de la genética y el cerebro humanos. El código genético es algo que se puede descifrar, que se debe hacer, porque sólo así podrán construirse teorías morales que orienten nuestro quehacer considerando los límites y posibilidades de nuestra acción. En definitiva, lo que Mosterín trata es de reconducir a la filosofía para que no se olvide de la importancia del conocimiento científico a la hora de elaborar teorías morales que nos sirvan para orientarnos mejor en el mundo en que vivimos. Aquí podéis conocer un poco mejor la opinión del filósofo sobre su obra en http://www.ifs.csic.es/prensa/mosterin4.pdf
Está claro que Mosterín tiene como punto de mira para iniciar su exploración sobre la naturaleza humana el conocimiento científico, apoyado a su vez en una sólida metodología. Supone que la ciencia, hoy día más que nunca, constituye la mejor herramienta de que dispone el ser humano para conocerse y así adquirir un conocifiento fiable y fidedigno de sí mismo. Pero, ¿es esto cierto?, ¿es la ciencia con sus hallazgos e investigaciones la mejor herramienta de que disponemos? Veamos qué piensan los que afirman que somos pura indeterminación.
El filósofo español Ortega y Gasset elabora en sus ensayos una teoría sobre el hombre cuya construcción y desarrollo prescinde de los conocimientos y hallazgos de la biología, de la fisiología o de la neurología de su tiempo. Su teoría sobre la naturaleza humana, que responde a la pregunta ‘¿qué es el hombre?’ y que subyace a su teoría moral y política, no necesita de la ciencia para erigirse como una teoría que proporcione un conocimiento adecuado de la naturaleza humana.
En algunas de sus obras más representativas, como ¿Qué es filosofía? (1929), Meditación de la técnica (1933) o Ideas y creencias (1940), el filósofo observa que lo específico (lo esencial) de lo humano consiste en que somos pura indeterminación. A diferencia de una ameba, una piedra o un león, que en todo momento no pueden dejar de ser lo que ya son, al hombre le es dada la posibilidad constante de programar y determinar su ser. Con ello Ortega no quiere decir que el hombre en su origen sea una nada, una tabula rasa, sino que es posibilidad de ser, posibilidad, además, que si se lleva a cabo de un modo fiel y auténtico, proporciona al hombre una vida feliz.
Si bien Ortega no se mantiene ajeno a los avances de la ciencia de su tiempo, su teoría del hombre se construye bajo el presupuesto de que el conocimiento científico no puede proporcionar el punto de partida adecuado para conocer la naturaleza humana. En los ensayos mencionados Ortega pone de manifiesto, a veces de modo implícito, el problema de la imposibilidad de la ciencia (y de la racionalidad científica) para proporcionar una concepción adecuada y completa de nuestra naturaleza. Es preciso recordar en este sentido que el pensamiento de Ortega se ha nutrido de pensadores que, como Hume, Kant, Nietzsche, Dilthey o Heidegger, consideran que la ciencia, por su origen y metodología, a diferencia de como piensa Mosterín, no puede proporcionar una teoría adecuada que defina la naturaleza humana, que nos permita cumplir con el lema humanista ‘conócete a ti mismo’. Ello se debe a los límites constitutivos del conocimiento científico, al hecho incuestionable de que la actividad científica se produce y desarrolla gracias a una serie de mecanismos, principios o condiciones (constitutivos del modo de razonar humano) que una teoría completa sobre el hombre debe tener en cuenta para un conocimiento mejor. La teoría que proporcione un conocimiento adecuado de la naturaleza humana, si bien puede partir de una reflexión sobre la ciencia misma, se ha de apoyar en supuestos anteriores a los de las ciencias de la naturaleza, ya que éstas en su origen, construcción y desarrollo, presuponen aquellos principios, mecanismos o condiciones que una teoría completa de la naturaleza humana debe explicar. Antes de ir a las cosas mismas, como aboga Jesús Mosterín, es preciso entender cómo llegamos a construirlas.

lunes, 21 de mayo de 2007

Filosofía y Ciencia, ¿un continuo?


Inauguro este blog de filosofía proponiendo la difícil cuestión de delimitar la filosofía de la ciencia. Recientemente Jesús Mosterín publicó un interesante ensayo que lleva por título Ciencia viva, cuya reseña os remito en la la página web de noticias bibliográficas, en el que, entre otras muchas cuestiones, propone abordar el problema de las relaciones entre la ciencia y la filosofía. Su tesis es clara: la ciencia y la filosofía se implican y necesitan mutuamente hasta el punto de que cada una de ellas no progresa sin la ayuda de la otra. Por un lado, aunque no sólo eso, la filosofía proporciona el rigor y la reflexión que la ciencia necesita para propocionar un conocimiento fiable y, consecuentemente, una tecnología que 'mejore' nuestras vidas. En este sentido Mosterín incide en la importancia de la epistemología para el saber científico, entendiendo aquélla como una reflexión crítica y rigurosa de la metodología científica que constantemente debe ser mejorada si queremos alcanzar un conocimiento fiable - "lo que proporciona autoridad científica a una idea no es el hecho sociológico de que algún científico más o menos famoso la haya defendido, sino el hecho epistemológico de que esté apoyada en una metodología sólida y fiable" -. Pero por otro lado, mientras que la reflexión crítica de la filosofía detecta problemas metodológicos en la ciencia orientándola adecuadamente, los hallazgos e investigaciones científicos echan por tierra las especulaciones filosóficas (se entiende que aquí Mosterín se refiere a las especulaciones de naturaleza metafísica)

En este último sentido Mosterín en su afán de delimitar la ciencia de la filosofía y reestablecer el papel que compete a cada una supone que la filosofía, más concretamente, las concepciones metafísicas del mundo, son discursos susceptibles de ser invalidados por los hallazgos científicos, lo cual hace que nos preguntamos de qué modo esto ocurre, pues que yo tenga entendido lo que caracteriza a las teorías metafísicas (como la teoría de los primeros atomistas Leucipo y Demócrito, la teoría de las ideas de Platón, la teoría del yo de Descartes, la teoría del Espíritu Absoluto de Hegel, o la teoría racio-vitalista de Ortega y Gasset) es que todas ellas postulan la existencia de entidades - átomos, Ideas, yo, Espíritu, Vida - que son primeras o fundamentales en el sentido de que se proclaman como el principio explicativo de todo lo observable e incluso de todo lo concebible. Quizá uno de los rasgos comunes a éstas y otras concepciones metafísicas es que todas ellas constituyen una especulación teórica, coherente y compleja, sobre cuál es el primer principio o causa última de lo cual todo lo demás participa, emana o es consecuencia. Como dice Ortega en ¿Qué es filosofía?, el hombre filósofo es aquel que no se conforma con el conocimiento limitado y problemático que proporciona la ciencia, sino que aspira a un conocimiento seguro y completo del Universo.
Hemos de tener en cuenta por tanto, como ya observa el filósofo Karl Popper, que una teoría metafísica de estas características siempre va a poder explicar e integrar cualquier hallazgo o evidencia que pretenda desmentir e invalidar su cosmovisión. Al metafísico le bastará alegar en su defensa que dicha evidencia es otra consecuencia o emanación más de la acción de ese primer principio que su teoría supone, con lo cual ésta no podrá llegar a invalidarse por ningún tipo de evidencia.
Entonces, si esto es cierto, ¿cómo puede la ciencia, con sus investigaciones y hallazgos, echar por tierra las grandes concepciones metafísicas (¿necesarias?) del mundo?, ¿pueden tocarse entonces la ciencia y la metafísica?, ¿pueden interactuar?