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Larrau, la cruel sorpresa de hoy, en elmundo.es de 17 de julio de 1996
Hay quienes aseguran (pienso en María Zambrano, Poesía y verdad) que la filosofía es la búsqueda de lo eterno e inconmovible, de cierta verdad que resista el poder del tiempo y los avatares de la historia. ¿Pero es tal hazaña posible?, ¿puede haber algo más que se sume a lo percedero?...Os dejo la última aportación de nuestro querido colaborador Miguel Porcel:
De tu carne, el nombre
De tu carne, el nombre.
De tu hueso, el nombre.
La sombra, del cuerpo.
¿Cómo te llamas, sombra?
De tu cuerpo, mi sombra.
Yazgo en el frío.
Yo soy un charco.
De tu piel, las cenizas.
Han pasado los años para nada.
De la nada, la sangre
ya bebida, inservible sangre,
muertas las heridas felices.
Miguel Porcel
Febrero, 2011
De nuevo nuestro ocasional colaborador y poeta Miguel Porcel Berdala nos invita a la lectura de una de sus últimas aportaciones. El poema nos habla del miedo, del horror, ¿a la nada?, ¿a no ser más?, ¿a descubrir que todavía no somos?... Y ese espanto ante el vacío -parece decirnos- nos obliga a abrir los ojos, a tratar con el mundo y los otros, a oír esos pájaros humildes que saltan en la barandilla, que esperan, quizá, ser también escuchados...En fin, disfrutadlo:
Cierro los ojos
La muerte parece existir solo para quien la anticipa.
Lo caduco y perecedero carecen de opuestos.
Para escépticos y no escépticos,
Quien tiene verdaderas razones para no creer en nada ya sabe algo.
El error de Descartes consistó en no dudar de su propia filosofía.
La filosofía, a diferencia de la ciencia, no busca asentar fundamentos, sino desmontar los ya establecidos.
Un filósofo crédulo es como un cuadrado redondo: un ser imposible.