miércoles, 18 de mayo de 2011
Blogs de alumnos y de ex-alumnos
martes, 17 de mayo de 2011
Sueños
domingo, 15 de mayo de 2011
El nuevo opio del pueblo
La televisión nos tantaliza, quedamos como prendados de ella. Este efecto entre mágico y maléfico es obra, creo, de exceso de la luz que con su intensidad nos toma. No puedo menos que recordar ese mismo efecto que produce en los insectos, y aun en los grandes animales. Y entonces, no sólo nos cuesta abandonarla, sino que también perdemos la capacidad para mirar y ver lo cotidiano (...) Al ser humano se le están cerrando los sentidos, cada vez requiere más intensidad, como los sordos. No vemos lo que no tiene la iluminación de la pantalla, ni oímos lo que no llega a nosotros cargado de decibeles, ni olemos permufes. Ya ni las flores los tienen. Ernesto Sábato, La resistencia
jueves, 28 de abril de 2011
Pedagogía doctrinaria
Parece un contrasentido encomendar a los filósofos la tarea de educar a la ciudadanía desde una serie de valores y principios cuya validez no ha sido puesta en cuestión. Precisamente el valor de la filosofía radica en su libertad para pensar o discutir cualquier doctrina que pretenda erigirse como verdadera. No es de extrañar, por tanto, que algunos profesores de filosofía, en lugar de limitarnos a transmitir la doctrina tal como nos viene dada a nuestros alumnos, nos esforcemos en dilucidar aquellos supuestos que se encuentran escondidos en cada uno de los dogmas de lo que algunos de mis colegas han llamado pedagogía oficial. Un rasgo idiosincrásico de los fundadores de este tipo de materias doctrinarias es su reticencia al cambio. Sus dogmas permanecen inalterables en el tiempo, de forma que casi cualquier ejemplo histórico, como se ve a continuación, nos puede servir para descubrir esos supuestos:
En cuanto Dios creó al hombre no lo creó para que viviera solo, sino para que pudiera comunicarse con los demás hombres, para ello le dio dones, como el lenguaje con el fin de que pudiera hablar con ellos y también le dio unas inclinaciones naturales, como el amor y la generosidad (extracto de unos apuntes de Formación del Espíritu Nacional)
Hay proyectos personales y hay también un proyecto que todos compartimos. Todos queremos ser felices. Con ese objetivo nos relacionamos, fundamos familias, trabajamos, estudiamos, inventamos cosas. Para ser felices necesitamos vivir en un ambiente adecuado, sin violencia, donde la gente se respete, donde haya justicia. (extracto de un manual de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos)
Segundo principio: Debemos aprender a controlar nuestros impulsos negativos
Educar la inteligencia emocional, es decir, comprender y controlar nuestros sentimientos, es imprescindible para vivir satisfactoriamente con nosotros mismos y con los demás (E.C.D.H.)
¿Qué significa saber vivir en comunidad? Significa saber vivir dentro de un orden. El orden es necesario en toda sociedad, aunque sea muy pequeña, porque sirve para que los miembros de esa comunidad cumplan el fin que tienen, sin que se lo impidan los unos a los otros abusando de su libertad (F.E.N.)
Hay sentimientos buenos y malos. Son sentimientos buenos los que facilitan la convivencia, el entendimiento, la ayuda mutua, la colaboración, el modo adecuado de resolver los conflictos. Es decir, los que favorecen la construcción del proyecto ético común. Son malos los sentimientos que impiden las relaciones, provocan peleas, rompen la comunicación (E.C.D.H.)
En primer lugar, debemos sentirnos afectados por tanto sufrimiento. En segundo lugar, debemos ser “la voz de los que no tienen voz”. Unos niños que no han recibido educación, que están obligados a trabajar para sobrevivir, que no han conocido más que la miseria, tienen muy pocas posibilidades de introducir cambios en sus vidas y en sus sociedades, pero nosotros sí podemos ayudar a que sus vidas mejoren. Nosotros debemos ser sus defensores. Esto contribuiría a hacer un mundo justo. Esta es una tarea en la que todos deberíamos empeñar nuestra inteligencia. Podemos hacer entre todos un “proyecto para un mundo justo” (E.C.D.H.)
Al buscar la felicidad, que es el gran impulso que mueve a todos los seres humanos, se van descubriendo algunos bienes fundamentales que todos deseamos tener, porque los consideramos indispensables para ser felices. Hay objetos, relaciones o situaciones que nos parecen por ello "valiosas", es decir, que poseen un valor. Hay distintas clases de valores (...) Valor estético: es el que indica la belleza de algo o de alguien. La palabra “estético” hace referencia a lo bello y lo feo. Un poema o una flor tienen un valor estético (E.C.D.H.)
viernes, 25 de marzo de 2011
Subiendo a la cima del Ori
Más información en:
Larrau, la cruel sorpresa de hoy, en elmundo.es de 17 de julio de 1996
jueves, 17 de marzo de 2011
De tu carne, el nombre
Hay quienes aseguran (pienso en María Zambrano, Poesía y verdad) que la filosofía es la búsqueda de lo eterno e inconmovible, de cierta verdad que resista el poder del tiempo y los avatares de la historia. ¿Pero es tal hazaña posible?, ¿puede haber algo más que se sume a lo percedero?...Os dejo la última aportación de nuestro querido colaborador Miguel Porcel:
De tu carne, el nombre
De tu carne, el nombre.
De tu hueso, el nombre.
La sombra, del cuerpo.
¿Cómo te llamas, sombra?
De tu cuerpo, mi sombra.
Yazgo en el frío.
Yo soy un charco.
De tu piel, las cenizas.
Han pasado los años para nada.
De la nada, la sangre
ya bebida, inservible sangre,
muertas las heridas felices.
Miguel Porcel
Febrero, 2011