domingo, 28 de julio de 2019

En esta noche de luna estrellada

Para Ana Belén, en esta noche de luna estrellada y al abrigo del Cuarteto de cuerdas n. 14 de Beethoven


Leyendo sobre senderos que transforman a quienes los recorren, sobre bosques en los que bañarse de serenidad sanadora, árboles venerables que en Kamakura se levantan en medio de respetables edificios, o sabios desnudos que consideran el universo su casa y su casa su vestimenta, me pregunto si los dioses de occidente no han sido los equivocados y hemos venerado vanamente.

Leyendo sobre mares y cielos que alargan la vida de quienes viven en ellos, sobre montañas de arrugas que cicatrizan el tiempo, y ancianos que cultivan cenizas cerca de cerezos, me pregunto si no hubiera sido preferible escuchar lo que tenían que decir nuestros corazones, y no hacer de ellos fábricas de marcas y competiciones.

Leyendo sobre todo ello me pregunto si no hemos confundido el norte y nuestra casa no esté en presuntas sobrenaturalezas y levantamientos sedentarios, sino mucho más acá, tan acá que sólo apagando las luces y sellando los avisos podamos alcanzar a conocer.

lunes, 22 de julio de 2019

Llamada en la playa

No puedo estar mejor acompañado que viendo a mis huellas fugaces, y a los niños jugando con castillos que al gesto de sus madres se deshacen, y al barco que al fondo cree saber a dónde va, como tantas miradas solas al fondo de sí mismas.


Entre arenas inmemoriales aguardamos juntos un no sé qué, como siendo llamados por voces invisibles de paraísos remotos. ¿Pero qué se escucha cuando en la noche abrimos los oídos para sumergirnos con ellos? ¿Acaso todavía el crepitar metálico que suena de la última boya no nos deja oír? ¿Acaso el empeño de iluminar de nuestra conciencia no nos deja ver? ¿Quién puede saberlo y nos lo dirá?

¿Qué se escucha cuando damos rienda suelta a la noche y nos llama a reunirnos sobre polvos de roca y de conchas? ¿Será el influjo de la Luna que produce mareas por las leyes de Newton? ¿Será el misterio que evocan los amantes abrazándose fuera de la historia? ¿Será el deseo etéreo de fugarnos de nuestros cuerpos de tierra? ¿O es el mar que tiene más que ver conmigo de lo que pensaba?

viernes, 19 de julio de 2019

El joven poeta y su anciana madre

Un joven muchacho confiesa triste a su madre que nunca amará como la primera vez. Al escuchar sus palabras, la anciana madre le pide que vuelva recitar el poema de su primer amor.

Sueño de la Noche del 18 de julio.

martes, 9 de julio de 2019

Emboscarse

Habitar un sueño, o la sensación producida por el rayo de luz que ilumina el papel. Emboscarse. El bosque no es lugar común, donde podamos reunirnos y deliberar. Es un lugar metapolítico, o antepolítico, porque ya existía antes que el ágora y la polis. Es lugar secreto, que hacemos nuestro, aunque nos miren. Del bosque no puede hacerse mercancía. Más bien, hay que provocar al mundo para que aparezca, como el físico hace con la materia para penetrar en sus misterios, o el filósofo con el lenguaje para ver luego más allá.

Hay que saber llamar al bosque, que es lugar inhóspito, pero también íntimo y acogedor. Encontramos bosques en los lugares más recónditos; en retretes, grandes vías y rutas comerciales; en el tránsito de las estaciones o la profundidad de la chimenea; en la amistad, la soledad y los sueños; o en los lugares más cercanos, bajo la primera colcha o sobre la zapatilla olvidada de las tardes de labor. Los bosques no conocen fronteras ni necesitan de nadie que los guarde. Están ahí, como la primera vez, pendientes de ser ocupados, o más bien de ser ellos los ocupantes.


En el bosque el reloj no da las horas, y si las diera a nadie importaría, como el orden de las olas para el navegante. ¿Qué importa cuál sea la primera y cuál la última? Si alguien en el bosque consulta el reloj es sólo para contemplar su ritmo, y ver que también éste se encuentra fuera de la historia, y de la medida, en tanto que las supone.

Emboscarse, como la noche de hoy con Sardinillas.

sábado, 6 de julio de 2019

Días de nadie

En un bosque sin días un hombre se pregunta por qué nadie advirtió su mirada.

Sueño de la Noche del 5 de julio

viernes, 28 de junio de 2019

Agradecimientos

A mis compañeros del IES Jerónimo Zurita,

Debe ser el cava que todavía no ha llegado al estómago, o la música de Pilar que ya me resuena pensando en el curso que viene, o las palabras tan sentidas de Fernando y Alberto, por lo que me siento animado a compartir estas palabras de agradecimiento. Si con ello además logro apaciguar el vacío interior que siento cada vez que finaliza un curso, mucho mejor.

Mi agradecimiento no será nominal ni grupal, se hallará falto de etiquetas y nomenclaturas, y aun para los más obstinados “protocolistas”, jamás se haría susceptible de normatividad o entraría en el lenguaje de comisarios. Mi agradecimiento diríamos que está desprovisto de objeto, o de referente como diría Frege. Es un agradecimiento huérfano, y podría traducirse en algo así como "me siento agradecido". Sí, ahora mismo me siento agradecido, sin más, o ni más ni menos.
¿Pero cómo alguien puede sentirse sólo agradecido? ¿Cómo ha sido que ese agradecimiento ha quedado huérfano? ¿Será que no tengo que agradecer nada? ¿O no será, más bien, que tengo que agradecerlo todo? Agradecer seguir respirando un mismo aire al vuestro, y usar el mismo mineral blanco para organizar cada mañana las ideas, y sentir ese tierno abrazo adolescente de un alumno desamparado, o ver los ojos llorosos de un compañero al que sin querer hemos herido. Agradecer el poder seguir pisando un mismo suelo, y tener que agacharme por determinados techos, o apoyarme en la misma barandilla cada vez que da la séptima, o llevarme a casa esa idea que ya nos ocupará la noche, y quién sabe si el verano; y compartir esos cafés con los que a veces nos sacudimos el polvo de los días, y nos sorprenden culebras, pero de las que no muerden. Agradecer cada llamada, cada aviso, cada timbre, que hacen que todo funcione, a veces a trompicones y otras de manera fluida. Agradecer a aquellos profesionales de la norma y el orden, que velan por el cumplimiento y del que todos luego nos servimos. Agradecer las conversaciones con doctores sobre Da Vinci, Gödel o las fugas de Bach. Agradecer a los maestros de la movilización que con su empuje hacen del centro una representación y de los alumnos verdaderos escenógrafos. Agradecer a los tímidos y a los paternalistas, y a los anarcas que de su isla hacen un paraíso para alumnos incomprendidos. Y a los perfeccionistas y pasotas, cuyo fondo derrotista tanta sabiduría esconde. Agradecer a los protagonistas, a los secundarios y a los extras, cuyas imágenes apenas imperceptibles luego echaremos de menos. Agradecer el júbilo de Javier, Alberto, Fernando, y de los que vendrán. Agradecer ese cava burbujeante de cada treinta de junio. Y agradecer a los que un día decidieron bajar del barco y tirar de él, con cuerdas de hierro oxidable, pero irrompible.
Sí, será que mi agradecimiento es huérfano porque no hay nada de lo que no esté agradecido.
Gracias por este curso,
Un abrazo

David

lunes, 24 de junio de 2019

Pulsaciones

Uno es profesor de profesión y filósofo por afición, pero a veces, en momentos extraordinarios, profesión y afición se hacen uno.
 
 
 
                                               Pulsaciones, ed. El laberinto de sueños