Comparto la crónica que hace mi hermano de la Race Across France de 2019, como ejemplo de aguante, superación y pasión por el deporte.
miércoles, 14 de agosto de 2019
El aprendiz de la montaña
El aprendiz de la montaña
Un hombre muy sabio me dijo que podía mirar a través de la piel.
Un hombre muy sabio me dijo que podía mirar a través de la piel.
-¿Qué significa mirar a través de la piel? -Le pregunté.
-Mirar a través de la piel, -me respondió-, significa saber escuchar a las montañas, la música que hay en el viento y a las olas romper presurosas.
-Sigo sin entender. -Le respondí.
-¿Cómo vas a entender si no sabes mirar a través de la piel?
viernes, 2 de agosto de 2019
El joven que abrazaba a la doncella
Un joven valiente preguntó a una hermosa doncella si la podía contemplar, a lo que ella respondió que sí. Pasaron los días y, cansado de contemplarla, le preguntó esta vez si podía conversar con ella. Y ella de nuevo respondió que sí. Cuando ya no supo de qué conversar le preguntó si podía pasear junto a ella por los jardines del reino, y la doncella volvió a asentir. El joven de nuevo se cansó de pasear por los mismos parajes y un día, armándose de valor, le preguntó si la podía abrazar cada vez que la viera. Y ella de nuevo consintió.
Pasaron los años y la hermosa doncella, al ver que el joven no se cansaba de abrazarse con ella, le preguntó por qué durante todo ese tiempo no le había pedido nada más. Y el joven valiente respondió con estas palabras: "porque al menos cuando me abrazas piensas en mí."
domingo, 28 de julio de 2019
En esta noche de luna estrellada
Para Ana Belén, en esta noche de luna estrellada y al abrigo del Cuarteto de cuerdas n. 14 de Beethoven
Leyendo sobre senderos que transforman a quienes los recorren, sobre bosques en los que bañarse de serenidad sanadora, árboles venerables que en Kamakura se levantan en medio de respetables edificios, o sabios desnudos que consideran el universo su casa y su casa su vestimenta, me pregunto si los dioses de occidente no han sido los equivocados y hemos venerado vanamente.
Leyendo sobre mares y cielos que alargan la vida de quienes viven en ellos, sobre montañas de arrugas que cicatrizan el tiempo, y ancianos que cultivan cenizas cerca de cerezos, me pregunto si no hubiera sido preferible escuchar lo que tenían que decir nuestros corazones, y no hacer de ellos fábricas de marcas y competiciones.
Leyendo sobre todo ello me pregunto si no hemos confundido el norte y nuestra casa no esté en presuntas sobrenaturalezas y levantamientos sedentarios, sino mucho más acá, tan acá que sólo apagando las luces y sellando los avisos podamos alcanzar a conocer.
Leyendo sobre mares y cielos que alargan la vida de quienes viven en ellos, sobre montañas de arrugas que cicatrizan el tiempo, y ancianos que cultivan cenizas cerca de cerezos, me pregunto si no hubiera sido preferible escuchar lo que tenían que decir nuestros corazones, y no hacer de ellos fábricas de marcas y competiciones.
Leyendo sobre todo ello me pregunto si no hemos confundido el norte y nuestra casa no esté en presuntas sobrenaturalezas y levantamientos sedentarios, sino mucho más acá, tan acá que sólo apagando las luces y sellando los avisos podamos alcanzar a conocer.
lunes, 22 de julio de 2019
Llamada en la playa
No puedo estar mejor acompañado que viendo a mis huellas fugaces, y a los niños jugando con castillos que al gesto de sus madres se deshacen, y al barco que al fondo cree saber a dónde va, como tantas miradas solas al fondo de sí mismas.
Entre arenas inmemoriales aguardamos juntos un no sé qué, como siendo llamados por voces invisibles de paraísos remotos. ¿Pero qué se escucha cuando en la noche abrimos los oídos para sumergirnos con ellos? ¿Acaso todavía el crepitar metálico que suena de la última boya no nos deja oír? ¿Acaso el empeño de iluminar de nuestra conciencia no nos deja ver? ¿Quién puede saberlo y nos lo dirá?
¿Qué se escucha cuando damos rienda suelta a la noche y nos llama a reunirnos sobre polvos de roca y de conchas? ¿Será el influjo de la Luna que produce mareas por las leyes de Newton? ¿Será el misterio que evocan los amantes abrazándose fuera de la historia? ¿Será el deseo etéreo de fugarnos de nuestros cuerpos de tierra? ¿O es el mar que tiene más que ver conmigo de lo que pensaba?
viernes, 19 de julio de 2019
El joven poeta y su anciana madre
Un joven muchacho confiesa triste a su madre que nunca amará como la primera vez. Al escuchar sus palabras, la anciana madre le pide que vuelva recitar el poema de su primer amor.
Sueño de la Noche del 18 de julio.
martes, 9 de julio de 2019
Emboscarse
Habitar un sueño, o la sensación producida por el rayo de luz que ilumina el papel. Emboscarse. El bosque no es lugar común, donde podamos reunirnos y deliberar. Es un lugar metapolítico, o antepolítico, porque ya existía antes que el ágora y la polis. Es lugar secreto, que hacemos nuestro, aunque nos miren. Del bosque no puede hacerse mercancía. Más bien, hay que provocar al mundo para que aparezca, como el físico hace con la materia para penetrar en sus misterios, o el filósofo con el lenguaje para ver luego más allá.
Hay que saber llamar al bosque, que es lugar inhóspito, pero también íntimo y acogedor. Encontramos bosques en los lugares más recónditos; en retretes, grandes vías y rutas comerciales; en el tránsito de las estaciones o la profundidad de la chimenea; en la amistad, la soledad y los sueños; o en los lugares más cercanos, bajo la primera colcha o sobre la zapatilla olvidada de las tardes de labor. Los bosques no conocen fronteras ni necesitan de nadie que los guarde. Están ahí, como la primera vez, pendientes de ser ocupados, o más bien de ser ellos los ocupantes.
En el bosque el reloj no da las horas, y si las diera a nadie importaría, como el orden de las olas para el navegante. ¿Qué importa cuál sea la primera y cuál la última? Si alguien en el bosque consulta el reloj es sólo para contemplar su ritmo, y ver que también éste se encuentra fuera de la historia, y de la medida, en tanto que las supone.
Emboscarse, como la noche de hoy con Sardinillas.
Hay que saber llamar al bosque, que es lugar inhóspito, pero también íntimo y acogedor. Encontramos bosques en los lugares más recónditos; en retretes, grandes vías y rutas comerciales; en el tránsito de las estaciones o la profundidad de la chimenea; en la amistad, la soledad y los sueños; o en los lugares más cercanos, bajo la primera colcha o sobre la zapatilla olvidada de las tardes de labor. Los bosques no conocen fronteras ni necesitan de nadie que los guarde. Están ahí, como la primera vez, pendientes de ser ocupados, o más bien de ser ellos los ocupantes.
En el bosque el reloj no da las horas, y si las diera a nadie importaría, como el orden de las olas para el navegante. ¿Qué importa cuál sea la primera y cuál la última? Si alguien en el bosque consulta el reloj es sólo para contemplar su ritmo, y ver que también éste se encuentra fuera de la historia, y de la medida, en tanto que las supone.
Emboscarse, como la noche de hoy con Sardinillas.
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