miércoles, 18 de marzo de 2020

Encierros liberadores

La pasión que siento por quienes algún día decidieron autodesterrarse sólo es conocida por quienes más me acompañan. Es una pasión que nació, en mis tiempos juveniles, cuando el tiempo todavía deambulaba a mi alrededor, con la lectura de la novela fantástica y misteriosa del ilustrador Alfred Kubin. La novela, algunos conoceréis, lleva por título La otra parte. La historia es la historia del encierro voluntario de un dibujante que quiere retratar la belleza del mundo, pero que se encuentra con que, en realidad, no había mundo que retratar. No es muy conocida pero todavía accesible en librerías de barrio y redes bibliotecarias. Una maravilla. Del autor, eso sí, hay varios portales dedicados a su obra pictórica. Una de mis compulsiones: volver a ella y a sus imaginarios ya no sé si para tomar oxígeno o para infundírselo al autor.


La otra parte me llevó a otras dos novelas, muy dispares, pero muy simétricas: Eumeswil y Heliópolis. Ambas de Ernst Jünger. En la primera, un historiador, llamado Venator, encuentra en la tiranía del Cóndor una ocasión para liberarse de una sociedad demasiado castigada para creer en sus promesas. No deja que nada le comprometa, y así cree, ilusamente, conservar indemne su libertad. Una voluntad de resistirse al olvido le sitúa en el lugar desde el que todo pasa sin afectación pero, por ello mismo, con objetividad suficiente para capturarlo. Maravilloso ejercicio. Heliópolis, en cambio, es la recreación de la metafísica shopenhaueriana del amor, o de la voluntad de vivir, o de amar, y de ser más. La idea, tan heredada, es que el amor es inmune al Mal. Interesante. Y si no ved esta versión de la ópera de Fidelio. El amor, siempre fuente de perdón.


Ayer descubrí a otro de los grandes, Nathaniel Hawthorne, autor de otros encerramientos, como el de Wakefield, que actúa por una extraña "morbosa vanidad". Descubrí en él también parte de mí, y de todos. La reflexión final es reveladora, y bien podría haber encabezado el relato: En medio de la aparente confusión de nuestro misterioso mundo, las personas están tan pulcramente adaptadas a un sistema, y los sistemas engarzados entre sí y a un todo, que si una persona se ausenta por un momento, se expone al aterrador riesgo de perder su puesto por siempre, pudiendo llegar a convertirse, como le sucedió a Wakefield, en el Desterrado del Universo. Y lo podría haber encabezado porque la historia es la de un hombre que entiende que sólo saliendo de su vida puede causar cambios en ella. ¿Cómo podría ser de otro modo cuando la identidad ya nos fue robada? El juicio es, también, el de Melville y su Bartleby, y el de tantos otros hombres medios y corrientes que ven en el destierro la única forma de sentirse parte de algo. ¿Será nuestro caso?


Quinto día

martes, 17 de marzo de 2020

Se te echa de menos, profe

"Se te echa de menos, profe", "A ti también", "Un abrazo grande", son algunos de los comentarios que ando recibiendo de algunos de mis alumnos estos días en que nos hemos visto, todos, cercenados. Cercenados por una situación insólita, que de pronto nos ha dejado sin materia que esculpir, o a alguno sin aire con que respirar, y ahí los vemos con bombonas y pastillas para dormir. Porque el gentío, y el bullicio, y la mala educación, se entremezclan en nuestros lugares de trabajo con la cercanía, la proximidad, miradas de búsqueda y comprensión que nos recuerdan, cada día, que somos. Pero ahora, apantallanados, entre cables y pruebas, como formando parte de un extraño plan experimental que solo dos o tres personas conocen, como el plan del diablo del Génesis disfrazado de serpiente, o el de nuevos gurús como los de Google y Amazon, nos vemos huérfanos de aquel hálito de fe.


¿Y qué será de ellos ahora que andan al otro lado? Alumnos tozudos que ya no encontrarán donde caber, y otros chisposos que no hallarán la cerilla para provocar la risa. Y los tímidos donde recostar sus secretos. O los más extrovertidos donde exhibir su alegría, siempre contagiosa. Incluso las sillas y las mesas ya solo yacerán, y no vibrarán, como hasta muy poquito hacían, con sus chirríos, repliques y vaivenes. Sí, también ellos dirán, o pensarán, aunque sea en el instante antes de evadirse: "Se te echa de menos, profe."


Cuarto día

lunes, 16 de marzo de 2020

Sueño del 15 de Marzo

Una cortina de arena que cae de lo alto separa el mar navegable del océano desconocido, mientras algunos hombres atrapan con sus bocas el chorro caído de arena para luego expulsarlo. Nado hacia ellos entre tumultos con el firme propósito de franquear ese límite.
 
Sueño del 15 de Marzo

domingo, 15 de marzo de 2020

Fuera de los adentros

Estamos en lo que algunos dirían que es el origen del arte. Cánticos en los balcones, llamadas al otro lado, siluetas al trasluz de las ventanas, siempre mirando fuera de los adentros, como moluscos con las anteras erizadas hacia la luz. No, no somos primero seres, y luego sociables, como si antes de topar con el otro pudiéramos ser algo: sustancia, pensamiento, voluntad, o yo que sé qué. El otro, aunque sea insinuado, alucinado, siempre fue anterior a los secretos que sólo en las noches de ninguna parte nos atrevimos a desvelar. Eso es, somos, y compartimos incluso el ser.

Es aquí, en la comprensión del otro, donde radica el origen del arte, y seguramente de la ciencia y la filosofía. Por eso, quizá ahora, ahora que el aislamiento se ha convertido en norma, nos abrase un poco más la necesidad del otro y la reconozcamos como el verdadero bien.

Segundo día

sábado, 14 de marzo de 2020

Pensares confinados

El confinamiento nos ha llegado también a Zaragoza y, seguramente, se prolongará durante el tiempo suficiente para hacer un alto en el camino y pensar. Pero pensares hay muchos, y aparecerán los pensares obsesivos, afanados en buscar el "verdadero" origen del problema, como si la verdad y la falsedad rigieran lo humano y como si todo problema tuviera su origen..; y aparecerán los críticos resabidos, que habrán encontrado un objetivo definido sobre el que cargar su ira y frustraciones personales, en forma de reproches y quejas a prisioneros de su ignorancia...; y aparecerán los hipocondríacos, que se medirán la temperatura temblorosos de cualquier alteración y condicionados siempre a una naturaleza demasiado frágil como para aliviar la hipocondría; y los teleadictos, a la televisión, las redes sociales o al teletrabajo, que con esto de la transparencia y de que todo el mundo puede ver lo que se hace podrá derivar en exhibicionismos del tipo...."mira, qué bien lo hago". Y aparecerán los separatistas, que viéndose separados del mundo les asfixiará no poder separarse de su familia, o incluso de ellos mismos al no abandonarse en aquellos paseos al sol. Y aparecerán los pensares recurrentes, y los intermitentes, y los olvidadizos. Y los insomnes en las largas noches de un día que se anticipa igual al anterior.

Y si el confinamiento llega a ser mayor, porque incluso el aire enfermara, aparecerán, sin duda, los pensares nostálgicos, de acercamientos y miradas próximas a primeros planos reveladores de secretos que sólo la distancia es capaz de borrar. Y si todavía es mayor, porque ya nadie ardiera nuestros desperdicios, aparecerán los pensares esperanzados de mundos que una vez se nos fueron de las manos pero que algún día volverán a las de los nuestros.


Primer día

sábado, 7 de marzo de 2020

El joven que decía sentirse solo

Un joven que decía sentirse solo acudió al más sabio de los maestros, de quien se decía que podía curar la mayor de las infelicidades. Cuando el joven lo tuvo ante sus ojos le confesó:

"Soy sobradamente sensible para distinguirme del sentir común de las gentes, pero no lo suficiente como para ser poeta. Soy sobradamente inteligente para no reírme de las ocurrencias más vulgares, pero no lo suficiente como para ser filósofo. Y soy sobradamente valiente para no sentir temor por las decisiones más corrientes, pero no lo suficiente como para ser aventurero."

Tras escuchar sus palabras, el sabio le respondió:

Recuerda que nada le sobra al más feroz de los huracanes ni le falta a la más dulce de las brisas.

El silencio se hizo en la montaña, hasta que el viento golpeó la puerta y el joven se retiró.

jueves, 5 de marzo de 2020

Huérfanos

Unos niños de ojos huérfanos corren hacia mí separándonos una valla metalizada. Parecen los últimos supervivientes de una humanidad que todavía es capaz de llorar.

Sueño del cuatro de marzo