jueves, 14 de enero de 2021

Contra el derrotismo

La cura contra el derrotismo también está en uno mismo. O es lo que aprendí de las lecturas juveniles de estoicos y rebeldes. También del Único de Stirner, tan denostado, pero que mete el dedo en la llaga cuando habla de señalar el origen de tantas banderas e idolatrismos. Diríamos que el combate se libra en el interior, no en la discusión del café o saliendo a gritos y palas. Nos va en juego el porvenir, que de tan poco lo es todo. Casi nada.


Un compañero me preguntaba esta mañana que por qué creo todavía en la filosofía. ¿Pero cómo no voy a creer en la filosofía? Me he dicho. ¿Cómo no voy a creer en lo que, por definición, nos vincula, nos ocupa, nos implora? Claro. La cura está en reparar en la filia. No en la del prójimo, que ya pasó aquello de mirarnos a través del otro, sino en la propia, la que nos une a las cosas, a las de cada día, como el pan de la mañana, la pizarra del aula 24, el gorrito azul del alumno de la esquina, o aquella ventana. Mírala. Ahora abierta.

La cura está en reparar que, aún dentro de nosotros, tan adentro que ya no se puede sacar, hay filia, deseo, ardor, algo de verdad. La cura está en sentir que todavía hay mucho por decir, y por hacer, y por amar. La cura es fijarse, también, en lo sempiterno de las cosas, y de los días.

domingo, 10 de enero de 2021

Nieve blanca

No es casual que la nieve sea blanca. ¿Podría ser de otro color el manto que todo lo cubre? ¿La sábana de nuestros valles y pueblos? ¿El polvo de tantos anhelos ahora suspendidos? Diría Platón que la nieve se hizo blanca, en un alarde de soberbia mezquina, cuando la blancura se hace nieve, reposándose y diferenciando, ¡de una vez y para siempre!, los contornos de las cosas, y de sus historias:


"El blanco lleva en sí su propia sombra, su caducidad, su polvo. Es un color, no algo neutro. En cierto modo se parece al cristal en que, siendo casi imperceptible, tiene un gran peso. Parece etéreo, pero no lo es. Se usaba en el Norte y en las montañas, donde la luz fría, reflejada en invierno sobre la nieve, se deposita sobre las superficies blancas de las casas, reverberando y difundiéndose en el interior." (Roberto Peregalli, Los lugares y el polvo)

lunes, 4 de enero de 2021

En un día sin niños

En un día sin niños atravieso un campo de hortalizas hasta llegar a un porche y al fondo a una puerta, hallándome en una sala sin cuadros ni ventanas. Una vieja mesa de madera separa dos hileras de profesores que discuten acaloradamente sobre asuntos incomprensibles para mí. Unos sobre la influencia del color de las carpetas en la inteligencia humana. Otros sobre la inconveniencia de la nueva hora de salida ahora que el director ha desaparecido.

Sin preguntarme el nombre, les interrumpo:

Pienso que la razón llevada al extremo conduce al Mal, al contrario que el amor, cuya potencia no hace sino potenciarlo.

Sueño del 3 de Enero


sábado, 26 de diciembre de 2020

Sueño de Navidad

A mi padre, 

Cuando quedamos solos en el comedor familiar, mi padre me recuerda un suceso que hace muchos años tuvo lugar justo donde estoy sentado. Saca de un cajón una vieja baraja con las anotaciones sin tinta de mi abuelo. 

Al leerlas, comprendo por qué se enfadó con él tanto aquel día.


Sueño de Navidad


domingo, 20 de diciembre de 2020

Acompañados

A mis nuevos compañeros,

Con las nuevas políticas educativas provocadas, o aceleradas, por la entrada de lo desconocido en la historia se está afianzando una tendencia que ya se anticipaba en tiempos de verdadera normalidad. Y es que ahora parece que los profesores, afanosos y de vidas atareadas, hemos de medir el valor de nuestros empeños por el grado de "seguimiento" que hagamos a nuestros alumnos. Un seguimiento que se hace extensivo a las veinticuatro horas del día y que los muros de las aulas ya no puede contener. Una infinidad de plataformas digitales se han abierto paso con la entrada del coronavirus, como anhelando un pistoletazo de salida para hacerse hueco en el mercado competitivo del digitalismo. Y ahora, sin comerlo ni beberlo, los profesores, ya digitalizados, ya hechos a imagen y semejanza de los nuevos modelos de enseñanza telemática, hemos de continuar siguiendo a nuestros alumnos en ese proceso formativo que se supone posibilita el seguimiento. Tareas inacabables, para ellos y nosotros, deberes interactivos, mandatos a cumplir unas directrices, marcadas por un sistema que no acabamos de saber muy bien identificar, pero del que constatamos que está cada vez más lejos. Y otro sin fin de correos cuyo cometido, cada vez más, es ya solo constatar que el seguimiento se lleva a término, pero como quien aprieta un botón para comprobar que los niveles de oxígeno son los adecuados y el animal enjaulado no se está asfixiando. 

Una asfixia que ya está devorando a sus víctimas, apareciendo cada vez más alumnos desamparados, aquejados, apesadumbrados por torrentes de información que como los ratones del experimento ya solo saben girar sobre sí mismos. Así de apesadumbrada estaba la alumna que el otro día me confesaba que ella no es un número, o una nota, o un registro. Y lo quería gritar, a viva voz, y que el viento hiciera correr sus palabras, con la esperanza de que alguien la recogiera y multiplicara a todos los rincones. No soy una nota, me decía. Y me lo decía acompañándola, estando próxima a ella, lejos de los rieles por donde circulan el seguimiento y el registro. Me lo decía mientras las gotas de lluvia empapaban nuestras mejillas y ella se las sacudía para seguir proclamando. Un acompañamiento que me devolvió el lugar de la responsabilidad, de la autoría, del viejo maestro, atento a los pasos de sus alumnos para ver si continúan o se desvían por senderos de piedras y barro. Un acompañamiento que me devolvió una sensación hacía mucho olvidada, avivada por la mirada de quien espera una mano fuerte para cruzar juntos el camino.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Tierra incivilizada

Un cielo de aves artificiales se eleva sobre agujeros incivilizados de tierra. Cuando llega el momento de despegar descubro aliviado que estoy hecho de barro.

Sueño del 12 de Diciembre


Suelo de la península de Yamal (norte de Rusia)

viernes, 11 de diciembre de 2020

Adiós a los números

¿Habrá que repensar la forma de enseñar? ¿Por qué no aprender del placer de aprender? ¿Por qué la nota es la expectación y no su significado? ¿Por qué para pensar, y para cantar, y para soñar, hay que salir a concursar? ¿Cómo hemos acabado tan doblegados por las categorías y substancias segundas? Numeraciones, exámenes, resultados, evaluaciones, informes, fichas, estadísticas, clasificaciones, protocolos, estándares, etiquetas, enlaces, y un sin fin de otros lenguajes performativos preestablecen los circuitos por donde ha de circular el cuanto de energía de quienes integran el circo educativo. ¿Quién da más? ¿Quién puede más? ¿Quién ocupará la primera posición? ¿Y la última?...¿Quién domina a quién?

Adiós a los números. Es lo que me confiesan algunos alumnos cuando nadie pregunta por sus notas. Y es lo que, sus profesores, nos confesamos cuando recordamos aquellos años en los que todavía discutíamos sobre asuntos de historia contemporánea, de si la felicidad era una meta realizable, siquiera deseable, o entre físicos y filósofos ahora frikis sobre las implicaciones del azar cuántico. Sí, en los departamentos, en sus pasillos, en los coches mientras íbamos al trabajo, o caminábamos entre soliloquios previendo el siguiente movimiento del argumentario de nuestro colega. Y hablo de los centros de enseñanza secundaria, no de la universidad ni de centros de investigación.


                      Tiempos modernos, Charles Chaplin

¿Dónde queda el río que hacía fluir a las palabras sostenidas en la emoción? ¿Dónde la torpeza manipulativa del joven hacedor de gestos que hacía volverse a la clase? ¿Dónde los partidos de fútbol que a un tiempo llenaban campos con sus líneas borrosas los días de lluvia? ¿Dónde los intrigantes silencios de enamorados ajenos a las pantallas y el postureo? ¿Dónde las noches cuando más de uno se reunía a escondidas y acallaba sus pesadillas? ¿Dónde si ya ni siquiera podemos dejar de gritar?

"Tan pronto como uno sale de la estadística, las cosas cambian en favor de las consideraciones valorativas." (Ernst Jünger)