jueves, 30 de diciembre de 2021

FELIZ 2022

Desde que a los veintiocho o veintinueve dejé de fumar, por eso de que una neumonía me dejó sin palabras durante quince días -y que aproveché, ni corto ni perezoso, para devorar La montaña mágica-, me fumo al término de cada Nochevieja un puro de veinte o treinta euros -Davidoff, normalmente-, acompañado a veces de algo de Prokófiev, un buen Whisky con hielo, y el silencio de la noche. Y el caso es que este ritual, que tan bien reproduce mis años de la infancia, cuando con doce o trece años nos encendíamos un cigarrito para celebrar el nacimiento de alguna cabañeta que habíamos construido con paja, sacos y ramas, termina casi siempre con la satisfacción del deber bien hecho y la esperanza de nuevas aventuras. Novedad y aventura, es lo que le suelo pedir al nuevo año: novedad, para no caer en el hastío existencial; y aventura, para seguir ensanchando la vida ahora que todavía hay función.

Os deseo, de corazón, un muy feliz y saludable 2022

 


lunes, 27 de diciembre de 2021

Nowhere

Por el amor salimos de nosotros mismos. Literalmente, dejamos de ser. Nuestra memoria histórica, ocupaciones y preocupaciones, pasan a un tercer plano mientras existimos en la persona amada. Esta es una de las historias de West Side Story, que nos regalan nuestros cines de la mano de Steven Spielberg, por la que dos seres desposeídos de identidad encuentran en el amor la salida de un mundo abrupto y desesperanzado. El nombre de María se convierte para Tony en la melodía con la que suena el mundo, mientras que Anton representa para ella la bienvenida de una vida en comunión. 

 

Only you
Every thought I'll ever know
Everywhere I go you'll be
All the world is only you and me


El enamoramiento es una de esas experiencias que nos desinstala, abrupta e inesperadamente, del mundo biográfico-histórico. Nos desplaza a la última de las órbitas, desenvolviéndonos del entramado cotidiano que es juzgado con la indiferencia con la que se ven las galaxias lejanas o los hechos del mundo para quien se halla próximo a la muerte. El amor desposee, expropia, desplaza, despide, con la fuerza con la que los huracanes levantan casas y desploman ciudades. Es, quizá, el sentimiento de mayor fuerza renovadora y transformadora:

“Lo que distingue a un historiador de las religiones de un historiador es que el primero debe habérselas con hechos que, si bien son históricos, revelan un comportamiento que supera con mucho los comportamientos históricos del ser humano. Si es cierto que el hombre se halla siempre «en situación», esta situación no es forzosamente siempre histórica, es decir, no se halla condicionado únicamente por el momento histórico contemporáneo. El hombre integral conoce otras situaciones que no son las de su condición histórica; conoce, por ejemplo, el estado de sueño, o de ensueño, o de melancolía, y de despego, o de beatitud estética, o de evasión, etc., y todos estos estados no son «históricos» aun cuando sean tan auténticos y tan importantes para la existencia humana como la propia situación histórica. Por lo demás, el hombre conoce varios ritmos temporales, y no solamente el tiempo histórico, es decir, el tiempo suyo, la contemporaneidad histórica. Le basta con escuchar buena música, enamorarse, o rezar, para salir del presente histórico y reintegrarse al presente eterno del amor y de la religión.” (Mircea Eliade, Imágenes y símbolos)

domingo, 26 de diciembre de 2021

Un dilema entre amigos

En estos días de familiares y amigos podríamos preguntarnos qué es lo que hace que un amigo sea un verdadero amigo y, sobre todo, qué podemos o a qué estamos legitimados pedir a un amigo. Está claro que a un amigo podemos pedirle consejo, ayuda, colaboración, atención, apoyo..., pero también está claro que no podemos (ni debemos) pedirle todo lo que queramos. La amistad nace, precisamente, de un hilo especialísimo que, reuniendo y generando, hay que cuidar y proteger si no queremos que se rompa y perderlo para siempre. En la película de adolescentes After the dark, que tiene el mérito de plantear con cierta elocuencia algunos de los dilemas morales más populares, se reproduce la clásica paradoja de la ignorancia representando a una joven colgada de una torre que pide ayuda a sus amigos para que la salven. Los amigos no la ayudan por temor a morir en el intento, dándose cuenta la joven de que quienes decían ser sus amigos no lo eran, y preguntándose si no hubiera sido preferible vivir en la ignorancia y ser feliz con aquellos a quienes más quería.



Sin embargo, podemos preguntarnos si deben estos amigos ayudarla sabiendo que pueden correr el mismo riesgo. ¿Puede la joven exigir de sus amigos que la socorran sabiendo que haciéndolo pueden perder su vida? ¿Podemos demandar de un amigo que ponga en juego su vida para salvar la nuestra? Al hacer de un amigo un instrumento salvavidas, ¿no estamos con ello traicionando nuestra amistad? El asunto no es baladí, porque de antemano no está clara la naturaleza de ese hilo especialísimo que es la amistad ni el límite que separa. Algo similar ocurre con la relación entre alumno y profesor. En un acto de generoso atrevimiento el otro día una alumna me cuestionaba el hecho de que mis alumnos me importasen de verdad. Y me decía que para nosotros, sus profesores, ellos eran solo personas a las que tendríamos que examinar y evaluar, pero que, fuera de ese contexto educativo, significaban poco o nada para sus profesores. Un profesor puede despertar los sentimientos más nobles y hermosos hacia sus alumnos, queriendo verdaderamente su bien e importándoles de verdad, pero, indudablemente, no puede ni seguramente debe atender todas las demandas de sus alumnos, por muy necesitadas, hermosas y nobles que sean estas.

El dilema, quizá, no sea tanto si los amigos me deben ayudar como si yo debo pedirles ayuda.

sábado, 25 de diciembre de 2021

Los ojos de Chiyono

En un monasterio había una monja, llamada Chiyono, muy trabajadora, disciplinada y responsable, pero enormemente insegura en sus labores y quehaceres. Nunca sentía que hacía bien su trabajo, y ello aunque las gentes de su alrededor así se lo hicieran ver. Los más sinceros elogios de amigos y compañeros no bastaban para que se sintiera bien y todos los días se retiraba convencida de que no había realizado bien su trabajo.

Uno de sus compañeros monjes, observando su pesar, decidió llevarla al maestro de la Montaña, de quien se decía que curaba todas las penas y pesares.



Habiendo escuchado su historia, el maestro de la Montaña quiso ayudar a Chiyono:

- Te voy a dar mis ojos para que dejes a un lado los tuyos y te veas como te ven los demás. Y te voy a dar mi corazón, para que te sientas como te sienten los demás.

- ¿Y cómo verás y sentirás entonces, si tus ojos y corazón ya no están en ti? -interrumpió la monja-

Al escucharla, el maestro comprendió la bondad del mundo y se convirtió en el primer discípulo de la monja Chiyono.

viernes, 24 de diciembre de 2021

Enseñanza invisible

 

Decía Borges que él no enseñaba literatura sino pasión por la literatura, y que era eso lo que verdaderamente hacía que los alumnos descubrieran los libros. Abrir un libro no es descubrirlo. Descubrirlo es abrirte a él. Y abrirte a él significa abandonarte al riesgo y al abismo, como quien sale de su hogar y decide acampar a la intemperie. Acampemos a la intemperie, para respirar de manera distinta. ¿Pero qué aires son los que ahora podemos respirar? Desde luego, oxigenados, higienizados, libres de impurezas que puedan mancillar nuestros pulmones, cada vez más frágiles. Y el asunto es que, alumnos y profesores, nos tenemos que armar de respiradores artificiales para inhalar estos nuevos aires.


Por ello, este breve recordatorio, del maestro George Steiner:

“Enseñar con seriedad es poner las manos en lo que tiene de más vital un ser humano. Es buscar acceso a la carne viva, a lo más íntimo de la integridad de un niño o de un adulto. Un Maestro invade, interrumpe, puede arrasar con el fin de limpiar y reconstruir. Una enseñanza deficiente, una rutina pedagógica, un estilo de instrucción que, conscientemente o no, sea cínico en sus metas meramente utilitarias, son destructivas. Arrancan de raíz la esperanza. La mala enseñanza es, casi literalmente, asesina y, metafóricamente, un pecado. Disminuye al alumno, reduce a la gris inanidad el motivo que se presenta. Instila en la sensibilidad del niño o del adulto el más corrosivo de los ácidos, el aburrimiento, el gas metano del hastío. Millones de personas han matado las matemáticas, la poesía, el pensamiento lógico con una enseñanza muerta y la vengativa mediocridad, acaso subconsciente, de unos pedagogos frustrados. Las estampas de Molière son implacables. La antienseñanza, estadísticamente, está cerca de ser la norma. Los buenos profesores, los que prenden fuego en las almas nacientes de sus alumnos, son tal vez más escasos que los artistas virtuosos o sabios.” (Lecciones de los maestros)

sábado, 18 de diciembre de 2021

Vidas que duran

Una de las grandes enseñanzas de nuestra tradición es que la verdad sostiene, comulga, reúne, como casi ninguna otra cosa. La verdad no es sólo fuego en torno al cual se agrupan comunidades de amantes y hombres necesitados de sentido. También, la verdad es la llama que el hombre prisionero sigue en su ignorancia y desconocimiento. La verdad, como la luz que penetra en la caverna, es fuente posibilitadora de sentido y duración. Nada permanece, salvo la búsqueda y la mirada atenta a su luz. 



El mito de la caverna revela que la búsqueda dura mientras hay luz que seguir. Es un ejemplo de consistencia, más que de persuasión; de seguimiento, más que de logro. La luz, como la verdad, sostiene, orienta, y hace perdurar a quienes la siguen. Por el contrario, el engaño, la ilusión, la máscara, reproducibles hoy día en tantas relaciones frágiles y endebles, que se deshacen al menor soplido, separan y desordenan. La búsqueda ordena, estructura, da consistencia a la vida. ¿No fue aquella historia de amor lo que llenó nuestros días de la infancia? ¿No fue por ella como ahora la podemos recordar?

domingo, 12 de diciembre de 2021

Vivir escondidos

La confianza abre universos para quienes viven sin vivir escondidos. Vivir escondidos, y sin embargo sin poder esconderse. 

Una reflexión enviada a las tres de la madrugada por algún alumno que acaba de leer a Ciorán, una madre que te implora que hables con su hijo, y le animes, a ver si entre todos logramos descubrir qué demonios le pasa. El poema de una alumna que acaba de descubrir el amor. Una carta encima de la mesa del despacho, entre abierta, de un compañero que no sabía cómo agradecértelo. Un libro olvidado por alguien que te quería recordar que había comenzado a leer los prolegómenos de la Crítica de la razón pura de Kant. El email mañanero de una amiga que te regala la frase del día, y te recuerda aquello de "que no parezca que he vivido en vano". El alumno de primera fila que saca de su blog todo un libro de relatos, escritos a boli, pero sin tachones. Y te pide tembloroso si los puedes leer para la próxima semana, cuando sabes que tendrás evaluaciones. Dos alumnas que no pueden pagar la excursión, y te lo advierten, porque huérfanas ellas viven la una de la otra. Una luz que al poco comienza a parpadear, y te implora que recuperes su fuerza. El gato negro que siempre cruza la calle, porque estás a la misma hora, y las naranjas del camino que te recuerdan que ya ha llegado el invierno.

Vivir escondidos, y sin embargo sin poder esconderse.