martes, 8 de marzo de 2022

Noches con Sue Hubbell

Son días de exámenes, de evaluaciones, de informes y lamentaciones. De reuniones y de más palabras huecas, que apenas suenan. Por eso paso las noches junto a Sue Hubbell. Me reconforta. Bióloga, escritora, solitaria acompañada, y autora de Un año en los bosques. Un relato que desde el primer momento te enseña a mirar la naturaleza, y a descubrir que es ella la que tiene que enseñarnos:

"Debería haber pedido una nueva abeja reina, matar a la vieja y sustituirla, pero al hacer eso destruiría la identidad del enjambre. Todas las colonias de abejas adoptan su esencia, su carácter y su personalidad de la reina, que es madre de todos sus miembros. En tanto que apicultura comercial, sin duda tendría que haber matado a la vieja reina y haberla sustituido por un nuevo ejemplar vigoroso, para que la colonia se convirtiese en una buena productora de miel. Pero no lo hice." (Sue Hubbell, Un año en los bosques)



sábado, 5 de marzo de 2022

Hilos invisibles

Hay que aprender a vivir «en soledad», y curtirse en ella, hasta hacerla algo familiar. Y es que muchas circunstancias en la vida van a exigir que sepamos vivir en soledad. En tiempo de guerra, desde luego; pero también en tiempo de paz, para huir de la hostilidad, o de la inhospitalidad, del aborregamiento y embrutecimiento sociales. «En soledad» comienza el prisionero de la caverna su marcha. «En soledad» la modernidad descubre el cogito. «En soledad» se armó el Tractatus, y escribió Abejas de cristal. Son actos de renuncia, de reclusión voluntaria, de torsión antinatural hacia el fondo de uno mismo. La soledad es término, pero también comienzo de algo. ¿Por qué no hay escuelas que enseñen a «vivir en soledad»? ¿Por qué no se hace escuela de la soledad? En tiempos de desasosiego, la soledad es refugio, lugar, oxígeno. De ahí que convenga tenerlo bien armado, contra ventiscas y vendavales. Hay quienes huyen de la soledad como de la peste. Incluso señalan a los solitarios como los apestados, o inadaptados. Pero quien sabe «vivir en soledad» se hace capaz de soportar la incomprensión, y el derrotismo de los más desasosegados.

Quien hace de la soledad camino, se salva.

Vida

En un mundo apocalíptico alguien se acerca y me pregunta:

- ¿Por qué lloras?

- Lloro porque no vivo las cosas, ya que sólo las recreo y escribo. No vivo lo que vive el surfista cuando contemplo la belleza de la ola, o el ardor de los amantes cuando escribo sobre amor, o la experiencia de hacer música mientras escucho la sinfonía.

- Pero si las escribes es porque primero las has vivido.

- Sí, pero no las vivo.


Sueño del 4 de Marzo


domingo, 27 de febrero de 2022

Belleza

"A veces hay tantísima belleza en el mundo que siento que no lo aguanto, y que mi corazón se está derrumbando." (American Beauty)




La belleza es extraña

se viste de tristeza los días de fiesta

es puro carnaval cuando se van el amor y las caricias

vuela como un pájaro negro y la ves y no la ves

porque sus alas son del mismo color del aire y la oyes

balbucir una canción que sólo tú puedes oír.

 

Miguel Porcel, 24 de Febrero

 

viernes, 25 de febrero de 2022

Agradecimientos

Hoy hemos celebrado la novena Olimpiada aragonesa de Filosofía, que ha reunido a más de un centenar de alumnos procedentes de múltiples centros de las tres provincias. Ahí no había redes, conexiones, timbres ni notas. Tampoco alumnos escapándose a los que expedientar ni interrupciones de explicaciones y demás inconvenientes. Unas aulas con sus puertas y ventanas, bien iluminadas, y tantos pupitres como alumnos confrontados con una serie de cuestiones y dilemas de actualidad. De actualidad. Sin apenas límite y un deseo sincero de dar forma a sus ideas, a lo que habrían preparado en la calidez del hogar, de sus sueños, o de sus aulas. Es lo que había. Poco más. Y el caso es que, a la espera de las valoraciones y resultados, también de los trabajos de Fotografía y Vídeo de sus compañeros, los chicos aguardaban con relativa impaciencia a comentar sus reflexiones a la salida. Y así lo hacían, con sus profesores siempre a su lado. Es verdad que este patrón, o este modo de proceder, no responde a las actuales políticas educativas de medición y clasificación según estándares, que si de competencia lingüística, digital, o yo qué sé en qué términos. Es verdad que este tipo de actividades nunca se enmarcarán en programas y proyectos de innovación educativa, ni falta que hace. Y es verdad que no habrá autoridad que se acerque y valore a los chavales, a sus profes y organizadores. 

Sin embargo, que del día de hoy todos nos hemos llevado un bello recuerdo, y quizá uno de esos que como llama en fuego prende para siempre, nadie nos lo quitará.

Gracias.



¡Subidos a la novena Olimpiada de Filosofía!

Sin muros. Sin timbres. Sin notas. De nuevo la Olimpiada aragonesa de Filosofía ha devuelto la ilusión a tantos de nuestros jóvenes por el pensamiento y la reflexión más críticos. Con el tema Transhumanismo: ¿mejora o final de la especie humana?, nuestros alumnos han afrontado cuestiones de actualidad acerca de las posibilidades del perfeccionamiento tecnológico aplicado a la naturaleza humana, y de su legitimidad.








Distribuidos en el Edificio Interfacultades por las categorías de Dilema y Ensayo, los vemos midiendo sus fuerzas con el resto de alumnos aragoneses en la resolución de ejercicios de dilema y disertación. ¿Debería ponerse límites al proceso de perfección tecnológica? ¿Tiene razón Lyotard con aquello de que lo propio del hombre es estar habitado por lo inhumano? ¿Quién debería establecer las fronteras y de acuerdo con qué criterios? ¿Deberíamos dejar que las máquinas pensasen por nosotros? ¿O más bien abandonarnos a la incertidumbre y la indecisión de la vida? Son algunas de las preguntas que han animado este evento que demuestra, un año más, la juventud del pensamiento.





¡Celebramos con todos la vuelta a la presencialidad y les deseamos la misma suerte que a sus compañeros de Fotografía y Vídeo para un pase a la ansiada final del 7 de Abril!

domingo, 20 de febrero de 2022

Anhelos de inhumanidad

La obstinación por llegar a tiempo se está convirtiendo en un verdadero suplicio, en una manía persecutoria a la que no ayudan precisamente las nuevas tecnologías y aplicaciones perpetradas para impacientar a usuarios y consumidores. La experiencia de la espera, de la expectación, del encuentro, está siendo abruptamente desplazada por poderosos mecanismos que actúan ya desde dentro de nosotros. En nuestros días ya solo sabemos impacientarnos, estar preparados para recibir o enviar el mensaje, el Whatsapp, el aviso, y captarlo a golpe de vista, porque ya no podemos aguardar. Si antes del móvil y de Internet eran los relojes los que ponían bridas a nuestro tiempo, y sentíamos la necesidad de liberarnos de ellos viendo aquellas pelis setenteras como Easy Rider o Cowboy de medianoche, ahora la imposición a llegar a tiempo viene de dentro. Es el mundo el que se alimenta de nuestra impaciencia. Es un mundo impaciente, impacientado, el que estamos labrando cada vez que anteponemos lo urgente a lo importante y olvidamos que hay río al otro lado.




El caso es que la actualidad confirma la sospecha del filósofo Jean-François Lyotard cuando se preguntaba si lo propio del hombre no es estar habitado por algo inhumano, porque las nuevas políticas transhumanistas ya invitan a la comercialización de seres híbridos que llevarán implantadas en el cerebro aplicaciones con las que recrear en 3D videojuegos, recibir a golpe de vista la noticia casi en tiempo real, o dejar que algún algoritmo tome decisiones o “piense” por nosotros. ¿Por qué esa obsesión por dejar de ser? ¿Por qué esa manía de privarnos del camino? ¿Por qué ese afán de dar a la técnica el poder de gobernar lo humano? ¿De dónde viene el extraño embrujo de someter lo humano a las mismas exigencias que se le hacen a la máquina?

“¿Qué perturbadora burla puede incubarse en el seno de un hombre harto de sí mismo? ¿Qué fuerza le lleva a someterse temerariamente a una computadora más inteligente y poderosa? ¿De dónde nace la obsesión por dar a la técnica el poder de gobernar a la humanidad? ¿Qué influencia ha extirpado de la conciencia humana el principio de dignidad, soberanía y autonomía que glosa la filosofía kantiana? La mentalidad colonizada por la doctrina mecanicista anhela el ocaso de lo humano y ver cumplido el vaticinio distópico que consuele el espasmo narcisista del hombre resentido, acabe de una vez con la disyuntiva del libre albedrío y borre de la memoria cultural la dimensión espiritual de un ser alumbrado por la transcendencia.” (Basilio Baltasar, “El espasmo narcisista del hombre resentido”)