jueves, 3 de noviembre de 2022

Una invitación

Maravillosa la reseña de mi colega y amigo Miguel Ángel Velasco León, que aparece publicada en El Imparcial. Podéis pasearos para saber más sobre este Regreso a los otros...


miércoles, 26 de octubre de 2022

Ya en librerías...

Una ilusión tremenda la de recibir el nacimiento de mi hijo de papel. Desde aquí ya se puede adquirir. Vamos a ver si lo hacemos andar. Un abrazo enorme, y también por aquí anunciaré reseñas, presentaciones y cuanto venga.



Gracias.


martes, 18 de octubre de 2022

El regreso a los otros

Una alegría muy grande la de dar a luz junto a vosotros este segundo libro que titulo El regreso a los otros. Un ensayo sobre la indigencia humana (ed. Mira Editores) Dedicado a una persona que nos dejó demasiado pronto, prologado por amigo y maestro, la historia es la historia de los caídos, de los desterrados, náufragos, desamparados, que hicieron del otro hogar y refugio. Una incursión hacia los confines del sufrimiento humano. Una aventura desde principio a fin. Ahora que todavía hay mundo. Juntos.

En dos semanas disponible en librerías, y desde la página web de la editorial

Y ya se puede adquirir aquí.

Os iré informando de reseñas, presentaciones y demás.



martes, 11 de octubre de 2022

El cuarto olvidado

La Bella durmiente siempre me pareció un cuento inquietante. Quien evoque el relato de los hermanos Grimm verá al rey quemar todos los husos del reino, pero sin que su determinación logre esconder a los ojos de la hada maliciosa, ni de la niña, ese cuartito oscuro olvidado: "Sucedió que en el día en el que cumplía precisamente quince años, los reyes no estaban en casa y la muchacha se quedó sola en palacio. Entonces, escudriñó todos los rincones, miró todas las habitaciones y cámaras que quiso y llegó a una vieja torre. Subió la estrecha escalera de caracol y llegó ante una pequeña puerta. En la cerradura había una llave oxidada, y cuando le dio la vuelta, la puerta se abrió y en el pequeño cuartito estaba sentada una vieja con un huso que hilaba hacendosamente su lino.”

Sin embargo, lo verdaderamente desconcertante es el silencio al que los padres condenan a su hija, que no sabe nada de maleficios, de cuartos oscuros ni de husos. La ingenuidad con la que ella descubre a la vieja hilando revela que no había recibido ningún tipo de prevención ni de conocimiento sobre el asunto, ocultándosele cualquier fuente de temor, pero también condenándole a no poder elegir llegado el momento. La niña no es responsable de desobediencia porque todavía no sabe elegir. Precisamente, es su condición de ser curioso, su amor incivilizado a lo desconocido, lo que condena al reino, y a ella misma, al dolor y a la inconsciencia: “-Buenos días, anciana abuelita –dijo la hija del rey-. ¿Qué haces? –Estoy hilando –contestó la vieja meneando la cabeza. -¿Qué cosa tan graciosa es eso que salta tan alegremente? –dijo la muchacha, cogiendo el huso y queriendo también hilar.”

lunes, 10 de octubre de 2022

Fortaleza invisible

Es muy hermoso el modo como los hermanos Grimm descubren el elemento erótico que anida en cualquier relación humana, no contagiada por la envidia y el odio. Sus madrastras y brujas están, todas ellas, faltas de algo tan básico que tiene el ser humano como es la capacidad de amar y ser amado. Sin esa cualidad el corazón comienza a agriarse y aparece el elemento tanático, destructor, disgregador. Sin embargo, y he aquí el mensaje de los ilustradores hermanos, el eros no conoce antítesis. El eros, que es deseo, es indestructible, no alcanzable por las fuerzas de los elementos o del infortunio. Verdad es que el mal puede destruir lo perecedero, pero nada puede hacer ante lo que es inmortal. ¿Cómo podrían las fuerzas circunscritas al aquí y al ahora destruir lo intemporal? ¿Cómo podrían los elementos acabar con lo indivisible? De hecho, el influjo del maligno acaba con los cuerpos de princesas, reinas y reinos, pero no con sus vidas, ni su ánima, ni el eros que sigue intocado y siempre reconocible. El mundo de las almas, que son amistad y amor, parecen decirnos los hermanos Grimm, se encuentra situado fuera de los límites del mal, en la «fortaleza situada más allá del tiempo y fuera de él». En ella hay seguridad en todos los casos, también, y precisamente, cuando se rompen las cadenas del tiempo.

domingo, 25 de septiembre de 2022

¿Qué es poesía?

Uno de los trabajos de carrera más estimulantes que recuerdo lo realicé para las clases de Estética que impartía en Salamanca nuestro querido José Luis Molinuevo, que luego además fue mi director de tesis. Fue un trabajo sobre la otredad, con lecturas de Octavio Paz, y alguna que otra divagación psicoanalítica del cine que, con mi padre –psicoanalista de profesión-, entonces estaba descubriendo de Robert Aldrich, Milos Forman, Luis Buñuel, Kubrick, y algunos personajes como Travis de Taxi Driver o Marnie, de Marnie, la ladrona. Fue un trabajo –lo recuerdo muy bien- que me llevó luego a seguir leyendo sobre el origen del arte y, más concretamente, sobre la difícil cuestión de la autoría y la responsabilidad del autor en la obra. ¿Hasta qué punto es responsable el creador de lo que crea? ¿Qué papel juega la subjetividad en el proceso creador? ¿Qué elementos de la biografía intervienen en el fenómeno poético-visionario? ¿A partir de qué momento termina la yoidad, o voluntad, y comienza la otredad? Fueron ya preguntas que se instalaron en mi porvenir de joven filósofo.



Y el caso es que ahora, cuando va a cumplir setenta y dos años, mi padre me (nos) regala este poema que, como el demonio de la mitología, hace referencia a un ser misterioso, a cuya esencia forma parte el saber hablar. Pero se trata de una comunicación que, como decía otro visionario, no precisa ni de una lengua materna ni de un vocabulario –más aún, apenas necesita del sonido articulado. “Pudo ser un lenguaje del cual se ha conservado un eco en la música” –Jünger.

Dice el poema que la poesía es como aquello. La poesía es la otra lengua. La siempre otra.

Con un abrazo,

Más o menos, (Miguel Porcel, 19 de septiembre de 2022)

sábado, 24 de septiembre de 2022

El joven que quiso aprender lo que era el miedo

A los hermanos Grimm se les conoce por cuentos como Caperucita Roja, Hänsel y Gretel, La Cenicienta, Pulgarcito, Los músicos de Bremen, El sastrecillo valiente, y tantos otros que llenaron nuestra infancia en aquellas largas noches de colegio. Y es interesante el modo como en otros muchos de sus relatos, la mayoría desconocidos –pienso ahora en La niña de María, El fiel Juan, Hermanito y hermanita, Los tres hombrecillos del bosque…-, trata temas muy presentes en la filosofía y el pensamiento de la época, como las tensiones entre el amor y el odio –como fuerzas cosmológicas, pero también psicológicas-, el papel combativo de virtudes como el valor y la curiosidad frente a la adversidad, o el valor de la amistad y la lealtad como vínculos que sobreviven a los poderes presentes corroyentes. Es muy interesante el modo como los hermanos Grimm plantean lo que en su tiempo, y antes que ellos, otros filósofos estaban tematizando con arduas y sesudas teorías sobre el ser humano y las emociones.

Todavía no ha llegado el segundo tomo, pero ha habido un cuento, o más precisamente, un fragmento que me ha llamado especialmente la atención. Es un cuento titulado Cuento del que fue a aprender lo que era el miedo. Trata de un hijo que, debido a una estupidez natural, y que a los ojos de su padre era minusvalorado frente a su hermano mayor, no podía comprender ni aprender nada. Sin embargo, y he aquí lo genial del cuento, este joven algo testarudo y falto de luces, por un afán natural de aprender a sentir el miedo –pues no podía hacerse una idea de lo que significaba la expresión “se me ponen los pelos de punta”-, termina envuelto en una situación por la que acaba viviendo en sus carnes el secreto del dolor, y del amor. De alguna manera, este joven personaje, por el que nadie daba un duro, descubre en él mismo lo que otros en una vida llena de sesudas y arduas reflexiones nunca llegaron a comprender:



“Ése es el problema del protagonista del Cuento del que fue a aprender lo que era el miedo, un muchacho al que todo le da igual porque desconoce lo que es el miedo. Hasta que termina casándose con una princesa, y ésta, con ayuda de una de sus doncellas, le arroja por encima un balde lleno de agua y de pececillos, que al moverse sobre su cuerpo le hacen temblar por primera vez. Una cama empapada, un mundo de aletas y colas, escalofríos, una novia que quiere jugar… Sea lo que sea lo que significa todo eso, es indudable que tiene que ver con el amor. Por eso tiembla, porque no sabe lo que le pasa ni lo que tiene que hacer, que es lo que suele sucedernos cuando descubrimos que amamos a alguien.” (Gustavo Martín Garzo)