domingo, 30 de julio de 2023

Saber mirar

Hay quienes saben mirar el pájaro, la nube, los lirios en el campo. De ellos se dice que viven despreocupadamente, como los niños en las noches de verano o las ancianas cosiendo sobre su silla de madera en la calle de enfrente. La despreocupación -piensa el necio- es signo de inconsciencia e irresponsabilidad. Todo lo contrario, es puente de sabiduría y de libertad.



Quien sabe mirar, al cielo, dentro de uno mismo, sabe que no está solo, que no importa demasiado lo que le importa, que hay mucho más fuera de lo que puede imaginar, y el día le traerá lo que necesite. Quien vive mirando fuera es que no está solo.

viernes, 28 de julio de 2023

En movimiento

En movimiento. Así se vive. En movimiento hacia alguna especie de meta, aunque luego no resulte ser la que esperábamos o más queríamos. ¿Importaba mucho después de habernos movido? En movimiento hacia ninguna parte. Hacia la indefinición, diríamos. Hacia eso que nos vacía por dentro pero que, al mismo tiempo, nos abre a nuevos caminos. La cosa es estar siempre en movimiento. Así es como debió nacer la vida, y el pensamiento, y la consciencia. Así es como siguen quienes siguen viviendo:

"Hay una imagen bastante simple -y muy sugerente- que he oído a veces. Cuando un músculo muy entrenado no se ejercita durante un cierto período de tiempo, diversos ácidos, un tipo de toxicidad venenosa, se acumula realmente en las fibras. Todo empieza a doler, a descomponerse, a atormentar al cuerpo. Uno tiene que moverse, tiene que usarlo de nuevo". (George Steiner, Nostalgia del absoluto)

lunes, 10 de julio de 2023

Paradigma Berlusconi

Una educación que permanece ciega a los deseos y pasiones de quienes la reciben es una educación condenada a reproducir las mismas inercias y vicios que, en principio, ella pretende combatir. La educación debe servir a la sociedad pero sin amoldarse a ella, manteniendo su poder diferenciador y cultivando todas las esferas del ser humano. Muy ilustrador en este sentido el artículo que nos regala el profesor y filósofo amigo Miguel Ángel Velasco, y que titula El paradigma Berlusconi


Entrelínea

Cuando se dice en tono de reproche de la filosofía que es un saber inútil, o incluso cuando se dice que, debido a su inutilidad, es un saber bueno y necesario, se está traicionando a la condición humana. Decir de la filosofía que vale porque es útil o inútil es no considerar la naturaleza pensante del ser humano. La filosofía, como la escritura, acompaña aunque no valiera nada.




“Escribir es una maldición que salva. Es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible librarse. Y es una salvación porque salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba (…) Escribir es prolongar el tiempo, dividirlo en partículas de segundos, dando a cada una de ellas una vida insustituible. Escribir es usar la palabra como carnada, para pescar lo que no es palabra. Cuando esa no-palabra, la entrelínea, muerde la carnada, algo se escribió. Una vez que se pescó la entrelínea, con alivio se puede echar afuera la palabra” (Notas sobre el arte de escribir, Clarice Lispector)

domingo, 9 de julio de 2023

Tocad

Hay un materialismo que aboga por la idea de que la esencia de todo es la materia, o lo material. Desde este punto de vista, se niega la existencia de todo aquello que no sea susceptible de ser reducido a procesos o entidades cuantificables y calculables por la ciencia física. El materialismo, así entendido, niega cualquier forma de trascendencia, salvo aquella que lleve a postular una realidad algo misteriosa llamada materia.

Sin embargo, hay otro sentido del materialismo que nos parece más interesante y oportuno recuperar, especialmente en la era del imperialismo digital. Se trata de un materialismo mucho más concreto, que apela a lo concreto. Es el materialismo de las manos que toman y tocan; el de los olores que sentimos y el de los colores que vemos fuera de las pantallas. Es el materialismo que invita al cuidado y a ese sentimiento extraordinario por el que nos hacemos y sentimos próximos a los demás:




“El materialismo del que andamos faltos no es teórico –casi contradictorio en sus términos-, sino el más concreto y, por tanto, el más verdadero de todos. Si no lo recuperamos, entonces la era digital sí será, sobre todo, la era de la evasión, el opio renovado para el pueblo. En forma imperativa se podría decir: «Por favor, tocad tanto como podáis». Tocad la tierra, los troncos de los árboles, las piedras, la fruta, los cuerpos deseados…, acariciad el aire y abrazad a los hijos y agarrad las mantas y haceos la comida. Tal vez Heráclito, cerca del fuego, aprovechase para cocer un par de sardinas y tostar una rebanada de pan; el placer del primer mordisco venía precedido por el olor que el pescado desprendía desde las brasas. Éste es el auténtico materialismo de las cosas”. (Josep Maria Esquirol, La resistencia íntima)

sábado, 8 de julio de 2023

La guitarra

De mi amigo Rubén Figaredo nos llega esta fotografía, maravillosa, diciéndonos que toda la música del mundo está aquí, esperando ser liberada por unas manos. La música venida y la que está por venir, la visible y la invisible.



¿Y cómo lo finito puede contener lo infinito? ¿Cómo lo apresable puede generar lo inapresable? Misterios.

Ceguera

Como si fuera la noche de san Juan o el día de año nuevo, al comienzo de cada verano suelo ver o leer algo relacionado con el hundimiento del Titanic, un acontecimiento que aterra y fascina a pesar de los años y de las reinterpretaciones que van sucediéndose. En esta ocasión ha sido el documental "Misterios del Titanic", dirigido por James Cameron, el que ha reabierto nuevas ideas relacionadas con el asunto, y que confrontan con las ya manidas sobre la visión clasista de la época y las desigualdades sociales que en el barco quedan bien representadas. En un momento se dice que, aun manteniendo la calma y habiendo botes salvavidas para todos, no hubiera dado tiempo a descender todas las barcas y hubiera sido imposible un salvamento escalonado en el poco tiempo que tardó en hundirse el gigante. La fatalidad había llegado y la desesperanza –en los momentos finales- tuvo que ser el estado normal.

 


De pronto se descubre que no sabemos avanzar, que no hay brújula que valga, que no hay dirección que seguir. Y que todos estamos en las mismas. ¿Para qué ejercitarse –nuestros músculos, nuestro intelecto, nuestro sentido de la orientación- estando en la catástrofe? ¿Para qué entrenarse si no sabemos hacia dónde correr? Esta experiencia –figurada o vivida- enseña que hay algo que nunca llegaremos a asimilar, y por eso sentimos miedo, y nos sentimos solos, e iguales, los unos con los otros, juntos en el entramado humano. Es una experiencia –la de nuestra ceguera esencial- que acontece en situaciones como la catástrofe colectiva del hundimiento del Titanic, cuando las diferencias se borran y se descubre que no hay «poder en sí». No hay artefacto ni inteligencia que nos puedan sacar de ahí. No hay privilegios ni privilegiados. Estamos todos en las mismas y abocados a no poder ver, a no poder ser más.