lunes, 9 de abril de 2012

El secreto mejor guardado del mundo

Podríamos definir la religión como una forma de encubrir o tapar lo oculto, lo misterioso, lo secreto, que irremediablemente convive con lo dado, lo evidente, lo transparente. Estoy convencido de que cualquier fe viva limita el camino hacia el descubrimiento de la condición misteriosa del mundo. Quien responde con "Dios" al misterio del origen del mundo o de su destino ya no atiende al secreto mismo que guarda celosamente el ser. El creyente se queda con su respuesta, únicamente en ella. No hace más que atender a ella, y por ello el misterio le queda velado, oculto tras el manto de su fe o convencimiento. La concepción reduccionista de la naturaleza y del ser humano, por las que éstos quedan reducidos a una serie de procesos físicoquímicos, es otra manera de no advertir el secreto. La ideología reduccionista es otra religión, que se justifica y propaga desde la promesa de que con el tiempo se conocerá todo y no habrá misterio que descifrar, ¡como si lo propio de todo misterio fuera ser descifrado! Propongo que nos limitemos a mirar el mundo, la vida, las estrellas, que nos vaciemos para ello de toda construcción propia o ajena sobre su origen o destino. Esta es la disposición adecuada para comprender la condición misteriosa del ser, su secreto. Esta es mi religión.

16 comentarios:

Anónimo dijo...

Entonces David, ¿quieres decir que los que creen en una entidad suprema (llamémoslo Dios) como el creador del mundo, no disfrutan de la experiencia estética? Permíteme que lo discuta, la naturaleza se puede disfrutar sea quien fuere que la creó. No creo que los creyentes, cada vez que admiran un paisaje maravilloso piensen en la increible obra de Dios que están contemplando, sino que la disfrutan en sí misma, por su belleza.

David Porcel dijo...

No dudo que los creyentes no tengan acceso a la experiencia estética de la que hablas. Sin embargo, los mismos creyentes contemplando el paisaje, pensando que se trata de la obra de algún ser trascendente, ¿crees de veras que pueden estar en condición de comprender el secreto sobre el origen y el destino del mundo que tan celosamente esconde la existencia?, ¿y no piensas que llegar a esa comprensión puede dar origen a una nueva experiencia de la que el creyente se vería privado?

M. A. Velasco León dijo...

Partir de ideas preconcebidas, llevar gafas del color que sean, vicia, de antemano, el paisaje. El problema está en vaciarse de toda construcción previa, porque no sabemos mirar sin gafas. ¿Estará el secreto en descubrir una nueva mirada?
Un saludo.

David Porcel dijo...

También pienso que no estamos acostumbrados a mirar sin gafas, tenemos demasiadas adherencias, pero podemos dejarnos emocionar, seducir, admirar por el mundo. La clave es fijar la atención en lo que se ve, centrar todo el pensamiento en una sola cosa, aquello que se ve. Entonces el mundo comienza a hablar, no revela nada de su secreto, pero éste queda de manifiesto. Creo que el secreto nace de este mirar inocente, que pienso es susceptible de ejercitarse. Saludos

Serenus Zeitbloom dijo...

Muy buen post. Creo que es válido en tanto que dirigido a concepciones o vivencias ingenuas y vulgares tanto de la religión como de la ciencia. Pero ni una ni la otra son incompatibles con el misterio.

David Porcel dijo...

Gracias, Serenus. En efecto, no son incompatibles con el misterio, aunque la comprensión de éste pasa por la suspensión de aquéllas.

Anónimo dijo...

Hola David, el artículo es bastante directo, pero creo que hay un cabo sin atar, porque ¿te has parado a pensar que a lo mejor el misterio que no se desvela es precisamente lo que ratifica alguna de las religiones existentes? Héctor

Anónimo dijo...

Hola David, creo que el artículo es bastante directo y claro aunque te voy a dar otro punto de vista¿te has parado a pensar si lo oculto de ese misterio refutara alguna de las creencias de las religiones ya existentes? y ¿si la verdad fuera tan inasumible por el ser humano, que la religion fuera el instrumento de ir concibiéndola poco a poco? Héctor

E. Rodríguez dijo...

La religion no elimina el misterio, vive en él, lo asume. El religioso no se arrodilla más que a la inmensidad misteriosa y transcendente que nos envuelve y religa. Orar es instalarse en el misterio, es sentirlo en su más profunda radicalidad.
No comparto tu postura, como ves.La comprension del misterio no se realiza solo desde la razón. Lo religioso lo hace manifiesto en un sentido primario y profundo.

Saludos,

SAludos

David Porcel dijo...

En efecto, Héctor, las religiones se alimentan del misterio, de lo que no nos es dado, evidente, de eso que el ser oculta. No creo, sin embargo, que el misterio refute nada. Lo que refutan son las evidencias, los datos. Tampoco creo que la verdad sea inasumible, de otro modo, no existirían la ciencia ni la filosofía ni ese camino aproximativo a la verdad. Lo que ocurre con el misterio es cosa distinta, porque en este caso no hay verdad que concebir o conceptualizar. La cuestión, entonces, es preguntarse si eso que oculta el misterio no es cosa humana, quiero decir, si no es el ser humano quien añade el atributo de misterioso, de oculto, al ser. Recomiendo El hombre y lo divino, de María Zambrano

No creo, E. Rodriguez, que la comprensión del misterio se haga desde la razón, todo lo contrario, desde la emoción y la experiencia. No discuto que la religión no se instaure desde dicha experiencia, pero para vivirla hay que apartarse, aunque sea momentáneamente, de la religión.

Gracias por vuestros comentarios. Saludos.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo, la concepción del ser como lo misterioso implica, o mejor, complica al ser humano (el ser es misterioso, secreto, pero no de manera absoluta sino para mí, para nosotros) Si no hubiera un yo, un nosotros, para quienes fuera el ser misterioso, no habría misterio ni secreto alguno. Saludos.

David Porcel dijo...

Eso es. La cuestión es si podemos provocarnos la vivencia del misterio, simplemente, volviendo a mirar las cosas por pimera vez. Saludos

Anónimo dijo...

Excelente post, y enhorabuena al administrador del blog. Creo que la religión precisamente se aprovecha del carácter misterioso del ser. El misterio, el secreto, nada prueban por sí mismos. El error es tratar de buscar pruebas o justificación a algo de suyo injustificable por la razón. De este error se nutre la religión. Lo que hay que hacer con el secreto es vivirlo, experimentarlo, y cuanto más mejor, no tratar de descifrarlo. Me gusta eso de que ¡como si todo secreto fuera susceptible de ser descifrado! Pretensión racionalista. Todo en vano. AD.

David Porcel dijo...

En efecto, lo que prueban son las razones, no el misterio. No creo, sin embargo, que la religión se aproveche del silencio del ser. Saludos.

Anónimo dijo...

Sólo los místicos, tan extraordinarios y heterodoxos ellos, identifican misterio con Dios. A costa de la disolución del propio sujeto en esa apuesta. Aprenden que de tal disolución deriva un conocimiento que retorna al misterio, iluminándolo de un modo nuevo si cabe.

F.D.

David Porcel dijo...

No sé, hablar de "identificación", de "reconocimiento" o "conocimiento" sin un sujeto que identifique o conozca...me huele a chamusquina...