viernes, 2 de febrero de 2018

Apariciones

Camino a mi lugar de trabajo como habitúo a hacerlo. Bendita rutina. Siempre ahí, esperándote. La misma mujer de cabello rizado que se cruza. El mismo niño corriendo al autobús. La misma anciana que apoya pesadamente su ligero bastón. La ciudad se descubre siendo la misma. Bendita rutina. Las mismas ideas rondando la cabeza. A veces, sin embargo, alguna de ellas se separa. O un transeúnte, que resulta ser alguien conocido. Te merece tu atención. Conversas. Y vuelves a aquella idea que habías dejado como suspendida, quizá para siempre. 

Hay que entrar a trabajar.

4 comentarios:

Robin de los bosques dijo...

Qué bonito tu fragmento de cotidianidad, qué serenidad.

David Porcel Dieste dijo...

Gracias, robbin. Y digo "bendita", porque, ¡Ay!, si nos la quitan.

Robin de los bosques dijo...

En eso venía pensando mientras conducía, que somos afortunados por poder romper la rutina, porque significa que la tenemos.
También pensaba que es relativo el periodo de tiempo en el que algo comienza a ser rutinario. Para mi un mes en el mismo sitio llega a ser casi una cárcel.
Y eso me ha derivado a pensar en los Ents de "El Señor de los Anillos", en su percepción del tiempo y en cómo ha cambiado la nuestra, con esta hiperestimulación icónica.
En fin, imagina, tres horas y pico de monólogo interior ;)

David Porcel Dieste dijo...

Claro, la rutina la hacemos nosotros. Y creo que en gran medida nos es necesaria. Incluso quien rehuye de ella hace de su desorden una rutina. Eso no significa que nuestra tolerancia a ella sea infinita. Hay quienes se cansan pronto de lo rutinario, otros, nunca se cansarían. Pero todos acabamos contando con ella.