sábado, 7 de marzo de 2020

El joven que decía sentirse solo

Un joven que decía sentirse solo acudió al más sabio de los maestros, de quien se decía que podía curar la mayor de las infelicidades. Cuando el joven lo tuvo ante sus ojos le confesó:

"Soy sobradamente sensible para distinguirme del sentir común de las gentes, pero no lo suficiente como para ser poeta. Soy sobradamente inteligente para no reírme de las ocurrencias más vulgares, pero no lo suficiente como para ser filósofo. Y soy sobradamente valiente para no sentir temor por las decisiones más corrientes, pero no lo suficiente como para ser aventurero."

Tras escuchar sus palabras, el sabio le respondió:

Recuerda que nada le sobra al más feroz de los huracanes ni le falta a la más dulce de las brisas.

El silencio se hizo en la montaña, hasta que el viento golpeó la puerta y el joven se retiró.

jueves, 5 de marzo de 2020

Huérfanos

Unos niños de ojos huérfanos corren hacia mí separándonos una valla metalizada. Parecen los últimos supervivientes de una humanidad que todavía es capaz de llorar.

Sueño del cuatro de marzo

domingo, 1 de marzo de 2020

La ventana discreta

Debe ser por nuestra condición de seres situados, anclados a una perspectiva, por lo que tendemos a pensar que lo otro no puede entrar a formar parte de nuestra vida. Lo otro es siempre lo que no pensamos cuando hacemos las cosas, lo que no decimos cuando las valoramos, lo que no vemos cuando las miramos. Pero el tiempo enseña que también lo que no alcanzamos a ver, a sentir o a conocer puede entrar a formar parte de nuestra vida, hasta transformarla, o incluso aniquilándola. Sería un experimento cinematográfico interesante la realización de remakes desde aquellos otros puntos de vista que no alcanzaron a ver ni a conocer los protagonistas en las originales. ¿Os imagináis una película relatada desde la mirada de Lars Thorwald de La ventana indiscreta? ¿No sería interesante completar la perspectiva del voyeur con la de quien es discretamente mirado? Seguramente, posicionados en la situación de malhechores, hubiéramos convenido en trazar planes más elaborados para aplacar a mirones como Jefferies.


Sí, lo que no vio Thorwald es que había objetivos de cámaras que sobresaliendo en las mañanas de los domingos estaban ya formando parte de su vida. Tampoco los habitantes de Bahía Bodega de Los pájaros pudieron imaginar que las aves, hasta el presente seres vulnerables de un mundo necesitado de belleza, iban a ingresar en el mundo humano arrancando las cuencas de sus ojos. Miramos el mundo desde una perspectiva, creyéndonos poseedores de ella, como si toda ella nos perteneciera y, lo que es más presuntuoso, como si toda ella fuera nuestro mundo. No, hay mucho más al otro lado, de las cosas, de sus sentires, del silencio.

domingo, 23 de febrero de 2020

Al otro lado del silencio

Hace unos meses una insolación de realidad me hizo pensar que el exceso, ya sea de esfuerzo, de velocidad, de información, de luz, no atenta contra ningún orden, sino contra la existencia misma. Y me acordé de Ray Milland arrancándose los ojos en la secuencia final de El hombre con rayos X en los ojos. Unos ojos que no quisieron sino ver más, siempre más. ¿Será eso la pulsión de muerte? ¿Retorno al no ser?

 
Y ahora, en el día de hoy, me pregunto si el mundo no está demasiado señalizado para querer ver más o perdernos en caminos que alguna vez nos pertenecieron. Y por ahí, aunque mejor dicho, apuntan estas palabras del sabio José Miguel Valle: "Cada vez se camina menos puesto que cada vez los sitios cotidianos están más lejos (la gentrificación expulsa a las personas de los centros de las ciudades) y los trayectos son más largos (y no disponemos del tiempo ni de la energía atlética suficientes como para desplazarnos andando). Sin la parsimonia metaforizada en el caminar y en el leer y sin el silencio como acceso al musitar palpitante de las cosas, la ensordecedora sonoridad del mundo y su zumbido epocal anestesian las condiciones de la deliberación reflexiva."

sábado, 22 de febrero de 2020

Enemigos de papel

Mientras el fuego calienta bosques y praderas y los niños gritan su nombre, unos hombres en vano se defienden de aviones de papel.
 
Sueño de la Noche del 21 de Febrero

domingo, 9 de febrero de 2020

Enseñanza a un rey

En un lugar no muy lejano había un joven que se enorgullecía de todo lo que había amado. Por donde iba pregonaba la fuerza de su amor. Si recorría poblados llegaba a oídos de sus gentes, si atravesaba llanuras y montañas, eran las flores las que sabían de su amor, y si alguna vez llegaba a orillas de algún mar, cada ola sin remedio se llevaba su testimonio.

Tal fue la virulencia con la que se propagó su voz que llegó a oídos de un rey interesado en conocer sus secretos. A su llamada, el joven le confesó la historia de su amor. El primero, comenzó contándole, había sido tan puro que le descubrió la blancura de la luz, y los pliegues del viento. Y había sido tan duradero que, aún hoy, en las frías noches de invierno, allí donde la vida apenas florece, seguía iluminando las lunas y los días. El segundo amor, siguió diciéndole, le descubrió el calor de los cuerpos, la humedad de los cabellos y la vergüenza en los rostros. El tercero, más reciente, le enseñó la sal de las lágrimas, el ayer y el anteayer, el quizá y el seguramente...

Cuando el joven hubo concluido su historia, el rey le preguntó: ¿Por qué lo que me cuentas demuestra la grandeza del amor?

Porque por él, su majestad, usted puede reinar y nosotros ser reinados.

sábado, 8 de febrero de 2020

Autoaflicción cultural

Hay una tendencia creciente en los centros escolares a tener que demostrarse que son centros culturales, con iniciativas como semanas culturales, conmemoraciones y efemérides de toda índole, actos sacados de contexto pero que a todos nos saca de contexto. Uno tiene la sensación de que no trabaja lo suficiente por la cultura, o el conocimiento de sus alumnos, que sus maratonianos años de lectura y dedicación se quedan cortos para dicha labor, y que, en definitiva, no hace todo lo que podría hacer por educar bien a sus alumnos. Se trata de una tendencia inercial, que a no pocos arrastra, y que sirve además de espejo donde reflejarnos y darnos una identidad. No sé si alguna vez fuimos newtonianos, kantianos o shakesperianos, pero ahora somos "bilingües", "inclusivos" o "innovadores", algo alejado de nuestra realidad más próxima. Yo tenía en mente una idea muy distinta del sentido de las actividades conmemorativas, pensaba, ingenuo de mí, que debían de servir al único propósito de visibilizar el valor adulto del conocimiento. O eso aprendí siendo un adolescente, cuando veía a todo un centro desplegarse con la llegada de alguna figura de la literatura o de las ciencias.

Sin embargo, aquella tendencia, que empieza a ser ya asfixiante, esconde algo muy valioso, algo que siendo advertido puede devolvernos nuestra identidad camuflada. Esconde, digámoslo así, una cierta sensación de inconformismo, o de insatisfacción, que se manifiesta cada vez que alguien propone otra cosa o quiere añadir un nuevo ingrediente al plato. La insatisfacción es la llave del cambio, el motor inmóvil que todo lo mueve, incluso realidades volátiles como el conocimiento. Y ahí va mi consejo: aprendamos de ella, vivámosla hasta el fondo, y quizá descubramos qué es lo que nos pasa para querer autoafligirnos con tanta sobrecarga cultural y volvamos, aunque sea por unos momentos, a sentir bajo nuestros pies.