domingo, 16 de junio de 2013

Intrusismo profesional

Todavía recuerdo a uno de mis profesores de inglés del instituto advirtiéndome la necesidad de estudiar más inglés para sacar el curso adelante, y no es que odiara la asignatura, sólo que no me gustaba tener que desentenderme de mi castellano natural. Siempre he vivido el aprendizaje de lenguas extranjeras como un intrusismo a mi ser, ilusorio claro, pero intrusismo al fin y al cabo, como si estudiando inglés o alemán fuera a verse mermado mi conocimiento del castellano. Quizá, después de todo, toda xenofobia lingüística tenga su raíz en un apego desmesurado a la lengua propia.
 
Por mis resultados académicos no creo que hubiera sido de los alumnos elegidos para participar de  los programas bilingües que ahora se imponen en nuestras institutos, aunque de haberlo sido, seguro me hubiera supuesto un esfuerzo continuo -añadido al que ya se presupone- tener que renunciar a mi castellano para aprender historia, matemáticas o ciencias naturales. Si ya de por sí la historia de los reyes, de las guerras y de los números resultaba ajena a mi cotidianidad, no quiero imaginarme tener que haberla estudiado en otro idioma.
 
Mucho amor a lo extranjero (u odio a lo propio) debe suponerse en el alumno para que éste se aventure con soltura en aquel conocimiento.
 
Esta invasión lingüística de lo extranjero, que cada vez va arrinconando más a lo propio, no sólo acontece en el ámbito de las lenguas. También existe la tendencia creciente a vehicular la enseñanza por medio de las nuevas tecnologías, en lugar de hacerlo por vía de la oralidad o del uso de la tiza. Se va imponiendo, de una u otra forma, la necesidad de hacer uso de todo tipo de artilugios y artefactos para enseñar a nuestros alumnos. Un sin fin de nuevas herramientas toman cada vez mayor presencia en nuestras aulas: pizarras digitales, tabletas, proyectores, portátiles..., hasta el punto que resulta cada vez más difícil poder dar la clase haciendo meramente uso del conocimiento y de su expresión oral.
 
Sí, sí, me temo que llegará un momento en que ya no podamos hablar para enseñar, y entonces será cuando rompamos los últimos lazos que todavía nos unen a nuestros antepasados.
 
Que quede claro que no me resisto a las nuevas tecnologías, sino a la idea de renunciar a lo que soy para enseñar...porque, desde luego, la idea de que éstas son neutras a la hora de determinar los fines de la educación es totalmente falaz. Lo mismo que la historia en inglés no puede ser la misma que la historia en nuestra lengua vernácula, la teoría de la matemática o de la filosofía de Descartes no puede ser la misma expresada conceptualmente que mediante diagramas, imágenes o ejercicios interactivos. Creo que quien está en disposición de enseñar es el profesor, y no un programa basado en la interactividad y adecuada manejabilidad para el usuario...y es que, mucho me temo, al profesor se le va a agotar el tiempo para explicar. Pronto, y si no al tiempo, su tarea va a quedar reducida a controlar el proceso de autoaprendizaje del alumno. Y entonces el verdadero sujeto de la enseñanza no será el profesor, sino esa circunstancia virtual que las TIC van a proporcionar... 
 
De todas formas, lo llamativo de esta tendencia invasiva de lo ajeno sobre lo propio no es tanto su creciente expansión como su ineficiencia a la hora de resolver los problemas ya existentes en nuestra educación. La explicación es que esta sobrenaturaleza lingüística y tecnológica no se ha pensado para afrontar los problemas que genera nuestra ya compleja naturaleza educativa, por lo que ineludiblemente aquélla acabará montando nuevas dificultades sobre las ya existentes; y es que, después de todo, en la vida resulta más fácil crear nuevos problemas que afrontarlos.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesantísima reflexión. También por aquí abogamos por una vuelta a la oralidad y a la atención que ella exige. Gracias y saludos.

David Porcel dijo...

Gracias a ti.

Anónimo dijo...

Completamente de acuerdo con lo aquí expuesto: en educación preocupa más implantar nuevos proyectos que examinar los ya presentes... T.A.

M. A. Velasco León dijo...

Razón no te falta, David, pero no olvides que la enseñanza va dirigida a unos aprendices y si estos son empujados al mar digital por todas partes (padres, políticos, vendedores y medios de comunicación) primero deberemos enseñarles a bregar con esas aguas, si queremos que nos entiendan algo, en vez de ser arrastrados por ellas.
Salud

Anónimo dijo...

Hola David.
Abordas dos temas de gran interés, y expones tus pensamientos de manera muy clara y con impecable estilo.
Es una lástima que tus conclusiones y perspectivas de futuro sean, por puro realismo, pesimistas.
Afortunadamente seguirá habiendo profesores como tú, que hacen de su labor docente un ejercicio continuo de reflexión y aprendizaje. Y es que, cualquier alumno, por "malo" o "bueno" que sea, resulta beneficiado si tiene un buen maestro, lo que los antepasados a los que te refieres en tu texto llamarían "optimus magister".

David Porcel dijo...

Querido Miguel Ángel, en efecto, tenemos que estar alerta a los nuevos lenguajes y formas de expresión de nuestros alumnos, y desde luego es hoy más que nunca necesaria una educación que les dé herramientas para moverse en este mundo virtual ya acuñado como el "tercer entorno". Pero no está de más recordar que, por debajo de "homo videns", nuestros alumnos son "homo sapiens", y es eso, sabiduría, lo que no les ha de faltar.... y agradezco mucho las palabras de este amigo anónimo que bien sé aprende continuamente de los verdaderos maestros.
Saludos cordiales

Anónimo dijo...

En lo fundamental estoy de acuerdo con lo que dices respecto de las TICs y de los programas bilingües: al final, se da más importancia al conocimiento del medio que al fin de la educación. Se nos valora más por saber inglés o dominar las TICs que por profundizar en nuestras respectivas disciplinas....y eso es una aberración más de este sistema educativo. Gracias por compartir tus reflexiones.

Anónimo dijo...

No sólo en la enseñanza, tambien en el resto de ámbitos que tiene que ver con la búsqueda del conocimiento asistimos a un acose y derribo de la palabra. No es un tópico gastado: la palabra escuece, irrita a los poderes porque ellos quieren identificarla con los "conceptos" que manejan. Y luego nos venden la moto, por ejemplo, de que la verdad es más Verdad si se expresa en una fórmula "científica" o si esa Verdad puede hacer funcionar un chisme prodigioso.
El arte, por ejemplo, ya no es sino un artefacto que explica la victoria del eslogan (que SIEMPRE es políticamente correcto, diga lo que diga) sobre la voluntad y el deseo de ser un objeto para el conocimiento, para un conocimiento no-utilitario, no utilizable. Y así, tantas cosas.
Vamos a los museos, a los auditorios, a los institutos para que nos sea perdonado el pecado que negamos: el aborrecimiento del conocimiento, el asesinato del conocimiento. Del cococimiento como labor constructiva subjetiva, libre, comunal, solidaria, ajena a los escalafones, a los utilitarismos de las dictaduras solapadas. Ahí, la palabra.
M.P.

David Porcel dijo...

Me alegra mucho que se asomen por aquí voces lúcidas que vean más allá de las fachadas. Gracias por tu comentario, M.P.

Anónimo dijo...

Centrándome, teniendo en cuenta mi profesión de maestra, en la Educación más que en la Enseñanza, en el sentido de englobar en aquélla los aspectos morales y emocionales del educando, sin pasarlos por alto sino otorgándoles un lugar central en el mando de operaciones que, finalmente, terminan en la capacidad, también, de conocer, y de conocerse.
Denuncio el utilitarismo que identifica Educación con acopio mercantilista de habilidades (que cotizan o cotizarán en quien sabe que bolsa de "valores") instrumentales.
Estamos, en este caso, ante la des-humanización de la Educación, ante la conducta torticera de arrojar a los educandos al abismo del fracaso, en los casos en que no hayan sabido acercarse a ser más un instrumento que un Sujeto.
A.D.

David Porcel dijo...

Estamos de acuerdo, la deshumanización radica en el reduccionismo que supone convertir la educación en un proceso mercantilista. Gracias por tu estimable comentario.

Anónimo dijo...

Hola David.

He leído tu artículo. Yo no renuncio a la oratoria, a la comunicación verbal, incluso a la autoridad (desde diferentes campos semánticos), pero los medios cambian y ofrecen desafíos ante los que es preciso educar y formar.

Bien cierto es que en el campo de las letras puras el aparato tecnológico no ejemplifica ni acerca contenidos a los alumnos (sólo transmite o comunica contenidos escritos, que no es baladí), pero en el campo de las ciencias, en este momento, es impresdindible el aporte explicativo de los nuevos soportes basados en las Tecnologías de la Información. Nada se mueve en ningún sector productivo, cultural o de investigación sin un adecuado empleo de las TICs.

A diferencia de lo que ocurre con los idiomas, en este momento, la formación con TICs no supone la interposición de una dificultad comunicativa con los alumnos. El empleo de las TICs está ya en los usos cotidianos de los adolescentes (también o especialmente en los lúdicos y de comunicación personal), por tanto su empleo en educación no supone la superación de ninguna barrera para los alumnos; sin embargo, eso sí podría ocurrir con algunos profesores. Estos profesores pertenecen a la misma "cofradía" de los que creían que no era bueno emplear las calculadoras en la enseñanza, tal vez en la suposición de que hubiera una extinción de los aparatos como si de dinosaurios en el cretácico se tratase.

El reto o el problema no es contraponer oratoria y maestría explicativa frente a TICs, el reto es seguir empleando las virtudes de buen profesional docente (que serán las mismas que podrían enunciarse hace 50 años) ante unos medios de tratamiento y difusión de la información que han cambiado y tampoco se van a extinguir como ocurrió con los citados dinosaurios.

Entiendo que la idea que ha quedado de "innovación" en el campo educativo, después de tanto fariseísmo institucional (e incluso profesional, el más lamentable), pasa por el movimiento permanente (a veces sin saber hacia dónde), la sustitución de metodologías sin el correspondiente dominio o garantía de las sustitutas, todo ello sin rumbo, sin integración de éxitos y fracasos, con la verborrea, a veces institucional, otras institucionalizada, de los que cobran sólo por inventársela y sin haber tropezado con la realidad formativa, con lo que es posible, con lo que no, con lo que supone esfuerzo y con lo que hasta los alumnos desprecian. SIGUE...

Anónimo dijo...

...CONTINÚA
El rol del profesor como simple gestor del autoaprendizaje de los alumnos que se desprende de la abundancia incontrolada e incontrolable de mecanismos tecnológicos, de supuesto aprendizaje, es cierto que desconcierta o simplemente desorienta al alumno, haciéndole pensar que el esfuerzo y la dedicación personal no es precisa en el proceso, que es suficiente con la impregnación de los elementos (multimedia o no) y con la ejecución torpe, imprecisa e irresponsable de las "actividades". Este último concepto es otro mito de los últimos 20 años de impostura educativa: hacer, no importa si bien o mal, no importa la calidad, sólo hay que mover grandes cantidades de escombros de un sitio a otro, en lugar de diseñar y ejecutar con maestría una construcción que supone el aprendizaje de una gran cantidad de elementos de conocimiento encadenados, construcción que debe realizarse con un esfuerzo que se lleva a cabo con sufrimiento (no es incompatible con la satisfacción o, incluso con la felicidad).
Pero este tipo sufrimiento (el que supone ser educando) está desterrado por una sociedad como la nuestra donde la pregunta es: ¿cuáles son mis derechos? Esto nos lleva a una de las razones del fracaso educativo más importantes (claro, desde mi punto de vista... En fin entramos casi en la concepción del Estado moderno y del bienestar): nada de lo que se recibe sin quererlo o desearlo firmemente se aprecia, lo que pone en cuestión el desarrollo reglamentario del derecho a la educación/formación. La formación debe ser deseada por el alumno y su familia y sólo será deseada si supone un mecanismo de posible movimiento vertical en la sociedad, lo que conduce a la selección. En realidad conduce a muchas más cosas.

No sé si será porque nuestra cultura de país cristiano ha sido tremendamente dañada por la social-democracia adormecedora y creadora de mentes planas (me remito a los medios de comunicación como corroboración), pero veo más espírito de superación y de progreso en sociedades como la estadounidense que, a pesar de sus defectos perfectamente reflejados en su producción cinematográfica (lo que a mi de dice mucho sobre la libertad y la autocrítica de esa sociedad), mantiene vivo otro derecho proclamado en su Declaración de Independencia: el derecho a la "búsqueda de la felicidad". No habla del derecho a la felicidad... Podría decirse igualdad de oportunidades frente a igualitarismo, pero estamos en lo último. En educación puede intentarse que todos tengan oportunidad, pero no se puede declarar como derecho que todos adquieran el Conocimiento.

Disculpa la perorata. Tenía que desfogarme un poco y seguro que puedo exponerme a que tú leas lo anterior sin que se malinterprete o se me clasifique desde puntos de vista ideológicos o simplistas.

David Porcel dijo...

Vaya comentario, me ha gustado mucho….en lo fundamental estoy de acuerdo con la idea (nietzscheana) de que el igualitarismo (derechos de todos y para todos, incluidos el de la adquisición de la felicidad, del conocimiento y demás valores) es un resultado del interés de esa mayoría (adormecida y adormecedora) para protegerse y no quedar anulada por una minoría mejor preparada.....en efecto, ya Ortega se da cuenta de que el mal fundamental de una sociedad es la falta de vertebración entre unas minorías (directoras) y unas mayorías (dirigidas) El problema acontece cuando las mayorías (hombre masa) se resisten a ser tales y quieren a toda cosa ocupar los cargos que merecen, por sus cualidades y preparación, estas minorías (cargos de alta responsabilidad, económica, política....) Vamos, algo más de humildad, por parte de unos, y de reconocimiento del valor propio, por parte de otros.....Estas minorías quizá haya que definirlas por su capacidad para darse nuevas metas, retos, vamos, por una insatisfacción vital consubstancial a su naturaleza, que desde luego parece no valorarse en sociedades donde parece que todos deberemos merecer lo mismo por el hecho de ser personas, funcionarios, etc....

Por otra parte, como digo en la entrada del blog, no me resisto al uso de las nuevas tecnologías, pero claro, siempre y cuando no convirtamos a éstas en una ocasión para desvirtuar el conocimiento y el aprendizaje. Lo que me parece mal es la idea "lomciana" de que el aprendizaje DEBA ser mediado o vehiculizado por las TICs para que sea efectivo y conlleve a buenos resultados. En efecto, tú mismo lo dices, "El reto o el problema no es contraponer oratoria y maestría explicativa frente a TICs, el reto es seguir empleando las virtudes de buen profesional docente (que serán las mismas que podrían enunciarse hace 50 años) ante unos medios de tratamiento y difusión de la información que han cambiado y tampoco se van a extinguir como ocurrió con los citados dinosaurios." Pero la consecución y preservación de dichas virtudes no pasa necesariamente por un conocimiento abierto de los nuevos medios de la información y la comunicación; y digo necesariamente, porque, al menos en el campo de las humanidades, te aseguro que la oralidad, los libros y el uso de la pizarra y la tiza proporcionan infinitas posibilidades para un aprendizaje susceptible de ser aprovechado por el alumno. Para deleteitarse con algo de Bach o Mozart no hace falta más que un buen violinista y ese objeto artesanal, tan simple y complejo al mismo tiempo, que es el violín. Pero desde luego, estamos de acuerdo que en el campo científico, productivo, cultural, el conocimiento de las TICs es un elemento imprescindible. De hecho, no es ya sólo que la tecnología sirva a las pretensiones cognitivas del ser humano, sino que participa ya activamente de la actividad del conocimiento (no hace mucho leí algo acerca del computador GOLEM capaz de elaborar hipótesis predictivas que están contribuyendo al proyecto genoma...)

Lo que no estoy de acuerdo es con esta idea de que:

"La formación debe ser deseada por el alumno y su familia y sólo será deseada si supone un mecanismo de posible movimiento vertical en la sociedad, lo que conduce a la selección. En realidad conduce a muchas más cosas." Frente a esta idea de que el conocimiento se mueve y debe ser movido por intereses y motivaciones intrínsecas a la sociedad, pienso que el conocimiento responde a una necesidad. Vamos, que no es que conocemos porque aspiramos a conseguir algo conociendo, sino que conocemos porque primero y antes que nada necesitamos conocer..,. El conocimiento no aspira a nada, sino que responde a una necesidad.

Saludos, y gracias por tu estimable comentario, que creo completa y matiza la entrada al blog.