miércoles, 3 de julio de 2013

Tecnodependientes a la fuerza

Las máquinas, siendo por sí incapaces de lucha, lograron que el hombre luchara por ellas. Mientras desempeña su cometido debidamente, todo va bien, por lo menos él así lo cree; pero tan pronto como deja de esforzarse en hacer progresar la maquinaria, fomentando la que es buena y destruyendo la mala, queda rezagado en la carrera de la competencia; lo cual equivale a condenarle a toda clase de penalidades y tal vez a la muerte. De manera que hoy mismo las máquinas sólo sirven a condición de que las sirvan, e imponiendo ellas sus condiciones. (Samuel Butler, Erewhon)
 
En efecto, parece que en el mundo tecnificado la fuerza normativa de la ética acaba cediendo al imperialismo de la tecnociencia que, con sus normas y preceptos, va modelando una nueva manera de vivir basada en un modo de sentir, de pensar y de actuar específicos. Como vaticina Franco Volpi, la ciencia y la técnica imponen obligaciones que vinculan más que todas las éticas escritas en el pasado. Frente a ellas, la ética y la moral tienen ya la belleza de fósiles raros. Pero estas normas y preceptos apenas vinculan si no hay detrás una imposición de mayor peso para el ser humano, un condicionante incondicional, de ésos que no admiten condiciones. En la sociedad que describe Erewhon el reclamo es la vida misma, de modo que llega un momento en que la maquinaria -el sistema, en general- tiene asegurada su supervivencia. En la nuestra, no son, como nos prometen, la seguridad y el bienestar las cualidades que se ponen en juego, sino una de mayor trascendencia, y que bien podríamos definir como la cualidad de ser. En un mundo en que la condición para ingresar en el orden de lo real es la de contribuir de una manera efectiva al rendimiento del sistema, cabe suponer que no hay otra forma de ser que no sea la que determine el camino que el sistema dicta; y es que el modo de ser en el mundo tecnificado no es algo que se conquiste o realice, en el sentido de la vocación, sino algo que se forja como una respuesta a las demandas que éste impone.

2 comentarios:

M. A. Velasco León dijo...

"En un mundo en que la condición para ingresar en el orden de lo real es la de contribuir de una manera efectiva al rendimiento del sistema, cabe suponer que no hay otra forma de ser que no sea la que determine el camino que el sistema dicta;"
Totalmente de acuerdo, David, pero no veo claro que ello sea una exclusividad del mundo tecnificado. Este presenta sus peculiaridades, pero la idea madre sigue siendo la misma: contribución o expulsión (el tipo ha variado según las épocas y los sistemas).
Salud

David Porcel dijo...

Quizá esta idea, en efecto, pueda ser extensible a otros ámbitos sociales y épocas. Gracias por pasarte de nuevo por aquí y pasa un feliz verano.