lunes, 9 de abril de 2012

El secreto mejor guardado del mundo

Podríamos definir la religión como una forma de encubrir o tapar lo oculto, lo misterioso, lo secreto, que irremediablemente convive con lo dado, lo evidente, lo transparente. Estoy convencido de que cualquier fe viva limita el camino hacia el descubrimiento de la condición misteriosa del mundo. Quien responde con "Dios" al misterio del origen del mundo o de su destino ya no atiende al secreto mismo que guarda celosamente el ser. El creyente se queda con su respuesta, únicamente en ella. No hace más que atender a ella, y por ello el misterio le queda velado, oculto tras el manto de su fe o convencimiento. La concepción reduccionista de la naturaleza y del ser humano, por las que éstos quedan reducidos a una serie de procesos físicoquímicos, es otra manera de no advertir el secreto. La ideología reduccionista es otra religión, que se justifica y propaga desde la promesa de que con el tiempo se conocerá todo y no habrá misterio que descifrar, ¡como si lo propio de todo misterio fuera ser descifrado! Propongo que nos limitemos a mirar el mundo, la vida, las estrellas, que nos vaciemos para ello de toda construcción propia o ajena sobre su origen o destino. Esta es la disposición adecuada para comprender la condición misteriosa del ser, su secreto. Esta es mi religión.

sábado, 24 de marzo de 2012

Revisando el fundamento de la moral

Vaya, vaya, quizá convendría revisar los programas y manuales de ética que sitúan la libertad como el fundamento de la moral. Porque cabe pensar que la libertad, entendida como la capacidad de elegir una opción entre varias posibilidades, no sea el fundamento de la moralidad ni por ello deba consistir en el objeto primero de la reflexión ética. Quizá, después de todo, nuestra libertad no sea algo absoluto, en sí mismo, sino algo relativo, supeditado a una capacidad anterior. En este sentido, algunas propuestas actuales advierten que la libertad precisa del fenómeno de la atención, por el cual el mundo se nos hace presente de múltiples y multiformes maneras. Fruto de esta atención, el mundo se nos abre de una manera distinta, ofreciéndonos posibilidades que habían permanecido hasta el momento invisibles, y sobre las cuales ya podemos actuar conforme a nuestro proyecto de ser. Claro que no podría existir la atención si no tuviéramos un firme propósito de ser algo determinado. Dicen que el primer síntoma de la depresión, de esa enfermedad que enfría el deseo y vuelve al hombre inhábil para la realización de cualquier proyecto, grande o pequeño, es la pérdida de la atención. Por tanto, aquí se cumple eso de que no queremos porque somos libres, sino que somos libres porque queremos.

sábado, 10 de marzo de 2012

Una ética para un mundo manipulable

El sentido común nos dice que la técnica es aquello que sirve para manipular el medio natural y así conseguir algún beneficio que de otra forma no se lograría. La técnica, así vista, se entiende como la mejor manera, si no la única, de alcanzar los codiciados ideales de seguridad, comodidad y bienestar. Dicho de otro modo: el uso y potenciación de la ciencia y la técnica están legitimados en tanto en cuanto favorecen la creación de nuevas posibilidades vitales y un mayor dominio de nuestro entorno natural. Está visión se ajusta, por otra parte, a los ideales democráticos de garantizar la igualdad de oportunidades y el derecho a la libertad de investigación científica. Claro que la técnica se puede entender de muchas maneras, o puede verse desde aspectos distintos. El filósofo Josep M. Esquirol, de la mano de Heidegger, en su ya citado libro El respeto o la mirada atenta, atiende a otro aspecto y nos presenta la técnica como una forma de mostrar, de manifestar, de hacer presente. Vamos, que la técnica es esencialmente una forma de "revelación":


Un simple instrumento contribuye a ver las cosas de manera distinta de como se las veía cuando aún no se contaba con él. El telescopio o el microscopio son ejemplos privilegiados y evidentes: inventado el microscopio se empezaron a ver con él estructuras de la realidad cuya existencia ni siquiera se sospechaba antes. Pero lo mismo acontece con otras cosas no tan evidentes a primera vista: cualquier técnica trae consigo una mirada diferente sobre el mundo. Los instrumentos agrícolas fueron mostrando la tierra como algo cultivable; las barcas y los botes -las técnicas de la navegación- revelaron el mar como navegable. Es muy posible que el mar fuera antes visto como lo inmenso y especialmente poderoso, como el infranqueable límite del mundo conocido, pero con la construcción de barcos la visión cambio; perdudaría sin duda algo de la antigua manera de verlo -y quizás se mantiene todavía- pero, con los barcos que lo navegan, y cada vez a más velocidad y casi sin ningún peligro de naufragio, nuestra visión del mar, es decir, la revelación del mar, lo que del mar se nos muestra, es ya otra cosa.


Esta forma de ver la técnica, esta perspectiva del fenómeno tecnocientífico, lleva al autor a ver el mundo actual como un mundo desencantado y manipulable. Dice Esquirol que la tecnociencia revela un mundo cada vez menos enigmático y propenso a la imaginación y más a la exploración científica. El desencanto del mundo revelado por la tecnociencia, a su vez, va unido a un mundo de cosas manipulables, dispuestas para ser vendidas y usadas. Ésta es su razón de ser:


Tienen poca consistencia y una vida efímera. No están concebidas, ni son vistas, como algo que tenga que durar. Precisamente por eso, cuando se acumulan (y no se gastan), hay que hacer algo como, por ejemplo, rebajar su precio, devaluarlas, para favorecer así su paso a la fase de uso y consumo. La conversión en recurso de casi todo lo que nos rodea es obra del sistema moderno de la tecnociencia, en complicidad con un sistema económico basado muy especialmente en el consumo. De modo que hoy el mundo tiende a aparecérsenos (a revelarse) como un enorme almacén de existencias.


Incluso el lenguaje, el lenguaje de la información, al servicio siempre del afán de control y poder, se convierte en algo disponible y consumible. Tan pronto aparece una noticia que llena todos los medios de masas, se hace caduca a la luz de una nueva noticia que ahora ocupa el lugar central, dispuesta para ser usada y desechada. Pero quizá el síntoma más revelador de la idiosincrasia de la era de la información, apunta el autor, consiste en la parálisis creciente de nuestra facultad del pensamiento y del juicio. La acumulación, fluidez y masificación de la información genera la ilusión de que todo está dado y establecido y, por tanto, que ya no es necesario pensar:


El ciudadano conectado se siente muy informado, casi sólo por el hecho de que tiene disponible tan enorme cantidad de información que, además, se actualiza día a día. Pero incluso aquí hay algo que falla. ¿Acaso no es evidente que no es lo mismo una información elaborada y pensada que un dato? ¿Hemos olvidado ya que el juicio necesita de maduración y que no es lo mismo disponer de información que tener juicio?


Se impone por tanto una ética para la era de la ciencia y la tecnología, una ética -válida incluso en períodos de crisis- que nos prevenga de esta conjura tramada por el sistema económico actual para usar y consumir las existencias, al tiempo que favorezca la creación de lugares y tiempos idóneos para la reflexión y maduración como procesos previos al juicio.

viernes, 2 de marzo de 2012

El respeto o la mirada atenta

He dado con un libro verdaderamente esclarecedor, de esos que no olvidas en unos cuantos años y quién sabe si en una vida entera. Se trata de El respeto o la mirada atenta (2006), de Josep M. Esquirol. No es este el lugar para hacer una síntesis del libro o elucubrar sobre su contenido. Si lo hiciera a más de uno le privaría del placer de su lectura. Pese al título, y por lo que llevo leído, el libro no habla tanto del respecto y la atención como de la esencia del mundo tecnocientífico con el que tenemos que manejarnos. Vamos, que es de esos libros que una vez los cierras sientes que el mundo en el que vives se ha hace más cercano y comprensible. Seguramente, una vez digerido -el libro, no el mundo-, nacerá alguna reflexión que tendré el gusto de compartir. Por el momento, os dejo con esta cita que Emmanuel Mounier publicó en 1949:


Finalmente, acabamos de dar el giro decisivo. La ciencia y la técnica iban metiendo cada vez más, como dijo Valéry, el milagro en el comercio. Atisbar las más lejanas estrellas, crear y dirigir la vida, vaciar los mares, allanar las montañas, captar la energía de las nebulosas, retrasar la muerte...: ya no hay conquista alguna de la que no sepamos afirmar sin presunción que sea imposible a la humanidad, a poco que disponga de unos cuantos miles de años. Por otra parte, la ciencia nos permite algunos billones más antes de la congelación fatal de nuestros descendientes. Mas he aquí que, puestos en camino, se nos presenta una nueva sorpresa: un poder único ya adquirido, contrario a todos los demás, el poder de hacer saltar este planeta y la humanidad que lo habita, así como su mismo poder de crear otros poderes. Instante solemne. Hasta ahora no se podía decir de la humanidad que fuera dueña de su futuro, pues estaba aún condenada a un porvenir, mientras que cada hombre individualmente puede, llevando al límite negativo su libertad, practicar la autooccisión. Ahora la humanidad como tal va a deber tener que autoelegirse y será necesario, con toda evidencia, un esfuerzo heroico para no elegir la mala facilidad, el suicidio. Podemos decir que su madurez comienza justo en esta hora." (Mounier, E., "El pequeño miedo del siglo XX" en Obras, vol. III, Salamanca, Sígueme, 1990, pp.376-377)


Por cierto, que el filósofo Josep M. Esquirol acaba de publicar también en Gedisa Los filósofos contemporáneos y la técnica

lunes, 27 de febrero de 2012

Aforismos X

No se puede fijar lo intemporal en el tiempo; no porque lo intemporal no exista, sino porque el tiempo no se presta a ello.


Una idea, una obra, solo expresan lo que aconteció a un hombre en un momento determinado. Nada más.


Si amáramos a todos los hombres como lo hacemos a nuestros seres queridos, no habría lugar para la guerra ni para la violencia. Por tanto, si las hay, es solo por limitación o condensación del amor.


La muerte no es el paso del ser al no ser, o a un superlativo Ser; la muerte no es paso de nada. Es lo único que no pasa.

sábado, 25 de febrero de 2012

El Dios que todo lo sabe ya es posible

En el blog del filósofo Fernando Broncano leemos: "El número de febrero de Investigación y ciencia trae varios informes asombrosos. Entre ellos, la nueva que nos cuenta David Weinberger acerca del Simulador de una Tierra Viva (LES) promovido por Dirk Helbing, físico y titular de la cátedra de sociología de la Escuela Politécnica Federal de Zürich. El proyecto, uno de los seis finalistas del programa Proyectos Punteros en Tecnologías Emergentes y Futuras de la Comunidad Europea, que bajo el eslogan "Ciencia más allá de la ficción", puede ser financiado con mil millones de euros. El sueño de Helbing es construir un modelo que simule la Tierra en tiempo real: que pueda utilizarse para predecir, por ejemplo, las consecuencias de la salida del euro de Grecia o la probabilidad de la próxima gripe aviar. El modelo necesitará una desmesurada cantidad de datos de toda índole, una tupida y extensísima red de informadores y, por supuesto, máquinas adecuadas para este trabajo. John Wilbanks, el vicepresidente científico de Creative Commons apoya el trabajo, aunque sostiene que es mejor cambiar la ideología de un sistema centralizado por un supersistema en red que conecte a través de la red semántica miles de simuladores y bases de datos a lo largo y ancho del planeta. Sostiene David Weinberger que, de realizarse este sueño, habremos de modificar lo que entendemos por conocimiento. Demasiado grande para ser conocido, dice DW. El simulador trabajará y nos ofrecerá ecuaciones, patrones, regularidades, previsiones. Pero no sabremos de dónde y cómo las obtiene. La "Bola de Cristal", lo llama DW."

El modelo de Helbing, de llevarse a cabo, asemejaría al Dios de Leibniz en su capacidad para procesar la información necesaria para realizar todo tipo de predicciones. En efecto, el modelo de Helbing pretende conseguir lo que solo en la imaginación de Leibniz era posible, a saber, diseñar un ser capaz de saber todo lo que nos acontecerá en el futuro. Lo curioso del asunto es que, por esencia, el modelo informático debería ser autorreferencial y tenerse en cuenta a sí mismo a la hora de realizar sus predicciones, pues éstas seguro acabarían repercutiendo en decisiones humanas que, a su vez, generarían consecuencias que de otra forma no se hubieran producido. Es decir, como elemento del mundo que inevitablemente acarrea consecuencias decisivas para la sociedad, el modelo debería conocer de sí mismo y de su implicación en el contorno todo lo necesario para prever cuáles serían dichas consecuencias. Antes de elaborar sus previsiones, debería ser bien consciente de su papel y repercusión en el mundo económico y científico, del grado de credibilidad que suscita en la sociedad, etc. El aspecto paradójico del caso lo encontramos en el hecho de que la autoconciencia del modelo exigiría a éste conocer, por lo mismo, las consecuencias del hecho de autoconocerse, y esto, a su vez, exigiría de un conocimiento de los efectos derivados del hecho de conocer su autoconciencia, y así sucesivamente, ad infinitum.

martes, 21 de febrero de 2012

Presentación de la Revista Ábaco. Miércoles 22 de febrero. Madrid

Día 22 de febrero 2012, a las 19:00 h. La Revista Ábaco y Ediciones CICEES se complace en invitarle a la presentación de la revista


“La Sociedad Digital. Retos de futuro de las tecnologías de la
comunicación en la creación y distribución de la información”


INTERVIENEN :


Miguel Ángel Álvarez Areces (Director Editorial de Ábaco)
Alberto Vicente y Silvano Gozzer (Anatomía de Red)
Daniel Marías Martínez (Universidad Carlos III Madrid)

LUGAR DE LA PRESENTACIÓN :


ARCE- Asociación de Revistas Culturales de España
C/ Zurbano nº 4 - Bajo D
28010 Madrid
Tel. 913 086 066


(Metro Alonso Martínez)