jueves, 12 de enero de 2012

Otra mirada





La mirada de nuestro querido colaborador Miguel Porcel retrata ese momento de indecisión, esencial a todo proceso creativo, con el que ha de contar el poeta antes de deshacerse o retomar definitivamente su obra. El papel, ligeramente arrugado -¿o quizá desarrugado?-, representa la parte residual del arte que nace precisamente en el momento en que no se da esa misteriosa conformidad entre el autor y su obra. La obra fotografiada habla sobre sí misma, sobre lo que queda de ella o sobre lo que aún no es, en cualquier caso, sobre lo que inunda el proceso creativo pero que ha quedado fuera del resultado. Nos habla también del tiempo, del tiempo de espera que toda obra necesita para su composición, de la incertidumbre que esconde esa mirada desconfiada que no termina de despegarse del papel.

lunes, 2 de enero de 2012

Presos del no ser

Cuando se habla de «minorías selectas», la habitual bellaquería suele tergiversar el sentido de esta expresión, fingiendo ignorar que el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores. Y es indudable que la división más radical que cabe hacer de la humanidad es ésta, en dos clases de criaturas: las que se exigen mucho y acumulan sobre sí mismas dificultades y deberes, y las que no se exigen nada especial, sino que para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mismas, boyas que van a la deriva.

José Ortega y Gasset
. La rebelión de las masas.

Estos hombres que cargan sobre sí tareas y esfuerzos extraordinarios viven como verdaderas necesidades aquellas que otros juzgan de ajenas y extrañas, de incomprensibles desde un punto de vista racional. El torero que necesita salir al ruedo arriesgando cada vez su vida, ¿qué necesidad tiene de ello si la vida ya está llena de riesgos? Y el poeta que se desvive por expresar la belleza de las cosas, ¿qué necesidad tiene de hacerlo si la naturaleza contiene ya infinidad de paisajes y experiencias sublimes?, ¿y qué gana el científico que renuncia a su vida social en su camino personal de búsqueda de la verdad?

Ortega advierte que el carácter dramático del asunto radica en que estos hombres no solo se juegan el «estar bien» consigo mismos, sino su simple «estar en el mundo» En efecto, las minorías han de sentir en todo momento que tienen la posibilidad de satisfacer este tipo de necesidades para otros superfluas e innecesarias, ya que, de otro modo, si su circunstancia les impidiera para siempre satisfacerlas acabarían renunciando a la vida. Estas minorías viven en aras de lo que todavía no son, de un «no ser» que se ha instalado en ellos demandando ser realizado. Son presos de cierta insuficiencia ontológica que les hace renunciar a lo que son y atender únicamente a lo que no son.

lunes, 26 de diciembre de 2011

La sociedad digital

La sociedad digital de la que formamos parte está sin duda condicionando nuestra forma de conocer, de producir y de relacionarnos con los demás. Esto es un hecho innegable, característico de un tiempo en que todo parece ser digitalizado o susceptible de ello. Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación no solo transforman de una manera radical nuestra manera de acceder a la información, de conocerla o procesarla, sino que son creadoras de nuevos contextos y entornos virtuales capaces de propiciar una infinidad de experiencias vitales hasta el momento impensables. El ser humano, su propia naturaleza, se ve sujeto ahora a la necesidad de desarrollar nuevas estrategias adaptativas para desenvolverse y crecer en estos entornos virtuales cada vez más extendidos y profundos. Dice Ortega que llegará un momento en que ya no sepamos distinguir nuestra verdadera naturaleza de esta sobrenaturaleza artificial y digitalizada que cada vez se nos vuelve más necesaria.

El nuevo número de la Revista Ábaco, La sociedad digital, en el que tengo el placer de colaborar con mi propuesta sobre los límites y poder de la tecno-ciencia en las sociedades nihilistas, contribuye a aclarar las consecuencias del impacto de estas sociedades digitales en nuestra vida y constitución. Es verdaderamente apasionante adentrarse en los estudios que investigadores y profesores de diferentes disciplinas realizan con el fin de analizar, valorar y enjuiciar la situación del ciudadano actual, inmiscuido sin remedio en los entornos virtuales que cada vez, como digo, van reemplazando a los entornos reales. No faltan, en este sentido, los discursos que nos advierten de algunos de los peligros derivados de la proliferación de las TIC en la sociedad, y especialmente, en el contexto educativo. Como afirma la profesora María Aquilina Fueyo Gutiérrez, algunos de estos peligros están propiciados por el imperialismo de cierta ideología que, al servicio de los poderes económicos, legitima el uso acrítico e indiscriminado de las TIC al tiempo que favorece peligrosamente la adaptación del sistema educativo a las exigencias de estas nuevas tecnologías: "la introducción de las TIC en todos los ámbitos de la sociedad viene acompañada de un marcado discurso tecnofílico, diseñado y orquestado por intereses comerciales y económicos. Dirigido en primer lugar a los potenciales usuarios, este discurso presenta a las TIC como elementos esenciales de progreso que solucionarán los principales problemas y deficiencias de nuestras sociedades incluidos, por supuesto, los existentes en el ámbito educativo en el que se revelan como herramientas portadoras per se de innovaciones y ventajas sin límite." (Comunicación y educación en los nuevos entornos: ¿nativos o cautivos digitales?, p.23)

jueves, 22 de diciembre de 2011

Libertad y necesidad

Hace unas noches tuve un sueño que me gustaría compartir, más en estos días navideños:

De pronto me encontraba en medio de un canal cuya corriente me arrastraba sin remedio hacia mi lugar de trabajo. Atravesaba montañas y valles, y a lo lejos podía adivinarse el perfil del pueblo donde ejerzo. La luz era tenue. La negrura de la noche daba paso al día. No sentía frío alguno. Enseguida me angustiaba la idea de no llegar a mi lugar de trabajo con puntualidad, pues la lentitud con la que corría el agua me hacía suponer que tardaría un buen rato en llegar. Iba vestido, pero no llevaba conmigo mis acostumbrados enseres. Tampoco llevaba reloj y no podía mirar la hora. Las casas del pueblo iban acercándose mientras el canal seguía arrastrándome a su ritmo. Pronto entendía que no había motivo para angustiarse. Mis clases tendrían que empezar cuando el agua me dejara ante la puerta del Instituto. Sabía que no había otra forma de llegar.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Usos virtuosos y defectuosos de las TICs

Os dejó aquí un extracto de la entrevista que hace Boulesis Boulé a los profesores de filosofía Felipe Garrido y Ximo Llerena. Toda ella vale la pena, por su claridad y sensatez (al final os dejo los enlaces para que la podáis leer), pero, dado que últimamente hemos trabajado en clase la cuestión de cómo influyen las nuevas tecnologías de la información en la adquisición de conocimientos, esta parte (sobre los usos virtuosos y defectuosos de las TICs) os puede venir muy bien para afianzar vuestras ideas:


Una pregunta planteada de forma breve, pero difícil de contestar: tres virtudes y tres defectos de las TIC’s y su aplicación en la enseñanza:

Respuesta: Las TIC’s, como cualquier otra tecnología, carece de virtudes y defectos. El uso que hagamos de ellas sí puede ser virtuoso o defectuoso. Así que lo que señalaremos son tres usos virtuosos, y tres usos defectuosos.
Usos virtuosos:

1.Las TIC’s pueden servir para facilitar la comunicación entre el profesor y los alumnos. A través del correo electrónico o las redes sociales los alumnos pueden dirigirse al profesor y a sus compañeros para resolver dudas o enviar trabajos, por ejemplo. El profesor también puede hacer llegar a los alumnos rápidamente todo tipo de materiales interesantes para la asignatura como apuntes, blogs, vídeos, etc.
2.Las TIC’s pueden ser usadas por los profesores como un medio para que los alumnos amplíen los conocimientos de clase. La función del profesor aquí consistiría en señalar los caminos que los alumnos pueden seguir si están interesados en un tema.
3.Las TIC’s pueden agilizar la clase. Proyectar un esquema complejo y poder alterar sus elementos de forma inmediata es más rápido que andar dibujando esquemas en clase. A veces, por ejemplo, pueden surgir cuestiones imprevistas y, mediante una buena conexión a Internet y un proyector, podemos, en cualquier momento, poner ante los alumnos un Velázquez, un vídeo con un discurso de Azaña o un texto de Boecio.


Como usos defectuosos de las TIC’s señalaríamos los siguientes:


1.Tomar las TIC’s como un fin en sí mismo hasta el punto de adaptar los contenidos de las asignaturas a las TIC’s y no al revés. El uso de las tics no es obligatorio, y a veces entorpecen en vez de ayudar.
2.Disculpar ciertos esfuerzos a los alumnos con la excusa de que ‘para qué quieren aprender x, si está en internet’. Esta actitud está haciendo mucho daño.
3.Que el profesor use el Power Point, la red o la famosa pizarra digital para desaparecer él.


Aquí se encuentra la entrevista completa articulada en sus tres temas fundamentales:



jueves, 17 de noviembre de 2011

La verdad y el error van de la mano

Tras preguntar a mis alumnos si les había sido provechosa la lectura de Platón (la posibilidad de ganar unas décimas en su nota de evaluación ha bastado para que fueran a la biblioteca a por uno de esos libros de los que se dice que ya nadie lee), me comentaba uno de ellos que sí, que le había gustado leer a Platón, pero que no compartía nada de lo que decía el filósofo. No he querido confrontar con él mi opinión (aunque tampoco soy un platónico convencido), ni siquiera me ha interesado escuchar por qué no compartía las ideas del filósofo. Me he limitado a hacerle comprender que el valor de una obra no radica en la cantidad de verdad que contiene (eso nadie lo sabe ni lo puede saber), sino en las posibilidades de error a las que nos abre. Una obra no es histórica solo porque conserve en sí el conjunto de ideas pasadas que la llevaron a su concepción, sino porque encierra dentro de sí el camino hacia el conjunto de verdades futuras, todavía por descubrir, a la luz de las cuales se revelarán los errores que antes eran solo posibles en la obra presente. Y es que la verdad y el error se necesitan, como el día y la noche o la enfermedad y la salud...¿o acaso podríamos hablar de cuerpos sanos si no existiera la enfermedad, o de teorías falsas si no existiera la verdad?


Nuestra retrospección nos ha puesto de manifiesto que es indiferente calificar al pasado filosófico como conjunto de errores o como conjunto de verdades porque, en efecto, tiene de lo uno y de lo otro. Cualquiera de los dos juicios es parcial, y en vez de pelear más les vale, al cabo, juntarse y darse la mano.
(Ortega y Gasset, Epílogo de la filosofía)

jueves, 27 de octubre de 2011

Pero...¿y los libros?

La pasión por el conocimiento no es algo que se pueda cuantificar, evaluar, o diagnosticar. Y, sin embargo, es el verdadero motor del aprendizaje. Allí donde hay pasión, hay esfuerzo, sacrificio, afán de búsqueda y revelación, y entonces todo lo demás -pruebas de diagnóstico, aplicación de las TICs y PowerPoints, programas educativos, de innovación, de animación a la lectura...- queda en un segundo plano, como algo meramente auxiliar, accidental, diría yo. El otro día asistí en Logroño a una conferencia de Gustavo Bueno, padre, el padre de la teoría del cierre categorial, y en apenas una hora y media, allí, frente a nosotros, en pie, sin papel, lápiz ni ordenadores o pantallas a su alrededor, consiguió mantener nuestra atención con su discurso, ordenado, bien pensado y estructurado, incluso hubo quien sacó su cuaderno para tomar notas porque además sabía que nadie le iba a poder dar el archivo con la información correspondiente. Y es que allí donde hay pasión por el conocimiento hay también deseo de enseñar, deseo de que los otros, nuestros oyentes, nuestros alumnos, se hagan partícipes de nuestra búsqueda y descubran con nosotros aquello que tanto tiempo y esfuerzo nos ha llevado conquistar.


Primero tenemos que ser alumnos, despertar y cultivar ese eros de conocimiento al que tanto refiere Platón, para poder enseñar. Y esto es algo que no se hace haciendo un cursillo del CPR, u ojeando páginas de diferentes libros de texto. Porque una cosa es reproducir oralmente lo que está escrito en los libros de texto o en sus correspondientes PowerPoints -eso lo puede hacer hasta un chimpancé- y otra muy distinta desandar el camino para volver a caminarlo junto a quien te quiera acompañar. Lleva años conocer las obras de Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Hegel, Nietzsche o Marx, lo mismo que conocer a fondo las teorías de Maxwell, Planck, Einstein, las de Poincaré, Quine y Gödel, o las obras de Shakespeare, Cervantes o Quevedo, pero solo si hemos pasado por eso, cada uno en su disciplina, solo si día a día cultivamos el conocimiento, créanme, puede haber verdadero aprendizaje. Me decía un alumno que no entendía por qué alguien puede querer dedicar la mayor parte de su tiempo a estudiar y a aprender, con lo aburrido y costoso que es. Pues bien, conseguir que este alumno se convenza de lo contrario, de que el conocimiento nos hace mejores personas, debe ser el fin de la educación.


Cada día estamos más sujetos a las imposiciones de un sistema que quiere de nosotros que nos conformemos con utilizar las TICs, hacer un par de cursillos al año, y que aprobemos a un porcentaje relativo de alumnos. Tengo la sensación de que llegará el momento en que el profesor, de cualquier materia, será verdaderamente sustituible, pero no porque en realidad lo sea, sino porque habrá quedado relegado a meras labores de reproducción de lo que dicta el lenguaje de las nuevas tecnologías, que cada vez es más suyo y menos nuestro. Y para colmo nos sorprendemos de lo que pueden hacer las nuevas tecnologías aplicadas a la educación, como programar las sesiones, hacer diarios de clase, colgar y visualizar las tareas,...y yo que sé qué cosas más... ¡pero si esto que pueden hacer ya lo llevamos haciendo desde siempre usando nuestra propia voz, la pizarra y la tiza¡ En fin, solo me queda citar a Unamuno: La verdadera ciencia enseña, por encima de todo, a dudar y a ser ignorante.