jueves, 20 de septiembre de 2012

Pensamiento engullido

A diferencia de aquél, no creo que el cambio del libro de papel al libro electrónico sea inocuo, un simple cambio de envoltorio, sino también de contenido. No tengo cómo demostrarlo, pero sospecho que cuando los escritores escriban literatura virtual no escribirán de la misma manera que han venido haciéndolo hasta ahora en pos de la materialización de sus escritos en ese objeto concreto, táctil y durable que es (o parece ser) el libro. Algo de la inmaterialidad del libro electrónico se contagiará a su contenido, como le ocurre a esa literatura desmañada, sin orden ni sintaxis, hecha de apócopes y jerga, a veces indescifrable, que domina en el mundo de los blogs, el Twitter, el Facebook y demás sistemas de comunicación a través de la Red, como si sus autores, al usar para expresarse ese simulacro que es el orden digital, se sintieran liberados de toda exigencia formal y autorizados a atropellar la gramática, la sindéresis y los principios más elementales de la corrección lingüística. La televisión es hasta ahora la mejor demostración de que la pantalla banaliza los contenidos -sobre todo las ideas- y tiende a convertir todo lo que pasa por ella en espectáculo, en el sentido más epidérmico y efímero del término. (Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo)

¿Es la materia la que determina la forma?, ¿o, como pensaba Aristóteles, es la forma la que define la materia, haciéndola consistir en una cosa u otra?; ¿acabará siendo el pensamiento engullido por la jerga de las nuevas tecnologías?, ¿o ésta lo abrirá a nuevas posibilidades?

jueves, 13 de septiembre de 2012

Democratización de la cultura

Otro factor, no menos importante, para la forja de esta realidad ha sido la democratización de la cultura. Se trata de un fenómeno que nació de una voluntad altruista: la cultura no podía seguir siendo el patrimonio de una elite, una sociedad liberal y democrática tenía la obligación moral de poner la cultura al alcance de todos, mediante la educación, pero también la promoción y subvención de las artes, las letras y demás manifestaciones culturales. Esta loable filosofía ha tenido el indeseado efecto de trivializar y adocenar la vida cultural, donde cierto facilismo formal y la superficialidad del contenido de los productos culturales se justificaban en razón del propósito cívico de llegar al mayor número. La cantidad a expensas de la calidad. (La civilización del espectáculo, Mario Vargas Llosa)

…y es que la cultura no se cultiva mediante la educación, sino que se educa mediante la cultura.

viernes, 31 de agosto de 2012

TOUR DU MONT BLANC. 22 DE JULIO DE 2.012.




En el kilómetro 281 de la prueba (www.letourdumontblanc.fren Bourg Saint Maurice, da comienzo el penúltimo puerto de la jornada: Cormet de Roselend.

Ninguna estridencia decora este lugar, no hay música de fanfarria ni histriónicos aspavientos, tan sólo hay rostros de cansancio y un silencio sepulcral.

Ahora que llega lo decisivo, lo duro, lo diferente, lo valiente, los demás participantes se incrustan inertemente en un pintoresco decorado y vuelves a estar completamente solo.

A  las seis de la tarde llega la hora de pasearse por el incómodo alambre que separa al juez del bufón, más te vale ir atento.

La soga se estira  y sientes la presión,  te deja atenazado,  te mueves pesadamente, ya no hay brío, atrás quedaron los momentos de gloria donde tu rueda fue acero y el asfalto mantequilla, comienzas a vomitar el ego, hay que ser modesto.

Cuando eres la tortuga del cuento estás en pleno naufragio y el éxito se basa en aguantar, la clave es la constancia, prohibido parar.

Al final la carretera te guía hasta la cima, paras en el último avituallamiento, el cuenta kilómetros marca los trescientos, miras tus enseres, rezas para no tener ninguna avería en la bajada  y comprendes que ya está todo hecho.

Cormet de Roselend devoró la paciencia y terminó con el músculo pero dejó intacto el espíritu, la fuerza del alma cuando ya no queda una gota que sudar, el poso, el recuerdo de mi abuela Magdalena, la Collada de Campo Grande bien nevada,  las heroicidades pretéritas cuando en la meta siempre se leía Dieste-Aísa, el orgullo y el pundonor.

Fuerza suficiente para acometer el último escollo, aunque, sorprendentemente, no fue necesaria.

Samuel Porcel Dieste.

lunes, 13 de agosto de 2012

jueves, 2 de agosto de 2012

¿Hacia el fin de la historia?

Como toda forma histórica, tiene la guerra dos aspectos: el de la hora de su invención y el de la hora de su superación. En la hora de su invención significó un progreso incalculable. Hoy, cuando se aspira a superarla, vemos de ella sólo la sucia espalda, su horror, su tosquedad, su insuficiencia. Del mismo modo, solemos, sin mas reflexión, maldecir de la esclavitud, no advirtiendo el maravilloso adelanto que representó cuando fue inventada. Porque antes lo que se hacía era matar a todos los vencidos. Fue un genio bienhechor de la humanidad el primero que ideó, en vez de matar a los prisioneros, conservarles la vida y aprovechar su labor.

Ortega y Gasset, La rebelión de las masas

Si se admite que la historia avanza conforme ese patrón de conservación y superación y que nuestro presente conserva todos los errores del pasado, primero habrá que tener claro que existe algo llamado "Verdad" o "Bien" hacia lo cual la historia tiende, ¿pero acaso puede alguien asegurar la existencia de dichos ideales?, ¿no necesitamos, más bien, contar con éstos para admitir que la historia se rige por algún patrón?, ¿no es todo una hipótesis sostenida sobre otra hipótesis?, ¿y no es vano cualquier intento de fundamentación, pues la idea misma de "fundamentación" es ya una hipótesis montada sobre otra?

lunes, 30 de julio de 2012

sábado, 14 de julio de 2012

Adoración al aspecto

El culto al bienestar y a la apariencia gobierna el alma del hombre contemporáneo. Acupuntores, osteópatas, homeópatas, naturópatas, aromaterapeutas.... llenan páginas de anuncios en una sociedad en la que la medicina alternativa compite con la científica en la búsqueda del ideal salvífico de "vida saludable". La salud ahora consiste en la ausencia de dolor y en cierto aspecto de eterno rejuvenecimiento. ¿Será que el hombre medio actual no sabe qué hacer con su tiempo y necesita consumir bienestar y belleza?, ¿será que se le emplaza a vivir instalado en cierto canon de vida impuesto por la industria farmacéutica y estética? El hecho es que el dolor se ha independizado de la enfermedad de que es origen y ya no se ve en él un medio para comprender ésta, sino un fin en sí mismo. El dolor se ha quedado sin raíz, puesto ahí, cosificado, dispuesto a ser tratado por sí mismo. Muestra de ello es que el paciente que acude a la consulta, aguardando una anestesia que alivie su dolor, se interesa en describir no tanto la sintomatología de su presunta enfermedad como la intensidad o localización de su malestar. La imagen, el aspecto, también se ha independizado del cuerpo, corruptible por esencia, y ahora prolifera un mercado encargado en vender y comerciar productos que reducen los síntomas del proceso irreversible temporal. El nuevo reto no es, como nos prometen, retardar el proceso de envejecimiento -por el momento, imposible-, sino camuflar de la mejor manera posible las huellas naturales que nos deja el paso del tiempo.

El aspecto preocupante, desesperanzador, no es el afán de bienestar y juventud, sino el carácter exclusivo de éste, que ahora invade el espacio vacío dejado por el advenimiento del nihilismo. Mucho debemos, sin embargo, a la conciencia del dolor y del paso del tiempo, gracias a la cual nos convertimos en seres indivisos, singulares, distintos de lo otro y de los otros. No es por el pensamiento como llegamos a diferenciarnos del mundo y del otro, sino por la opresión -siempre dolorosa- que éstos provocan en nosotros. Quizá, por ello, debiéramos preguntarnos por qué no adoramos al Dolor y a la Muerte en lugar de tratar vanamente de eliminarlos.