martes, 9 de abril de 2013

Los desasosegados

Por falta de sosiego, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie. En ninguna época, se han cotizado más los activos, es decir, los desasosegados. Cuéntase, por tanto, entre las correcciones necesarias que deben hacérsele al carácter de la humanidad el fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo (Friedrich Nietzsche, Humano, demasiado humano)

Los desasosegados viven perpetuamente conectados, dentro y fuera de su intimidad. Se comportan como insectos ante paneles de luz, atónitos, nerviosos, alterados, y entonces van perdiendo, sin darse cuenta, esa atención duradera y profunda que es menester para el recogimiento. Sólo una vitalidad rebosante, una necesidad de llenar y vaciarse, puede salvar a la civilización del desasosiego.



Pueblo abandonado de Lascort

miércoles, 27 de marzo de 2013

25 de Marzo de 1.944. Los capturados de la RAF emergen de la tierra.

Un volver a empezar, como nacer otra vez, aunque ahora saldrás por un sucio agujero y no habrá llanto ni alegría, en el bosque estarás solo.

Tu frente no hace línea en el mapa, estás en su retaguardia, caíste dentro de la alambrada, en la zona del olvido y nadie cuenta ya contigo.

Atado de pies y manos, enjaulado, te aferras a un sueño imposible, inalcanzable, eres preso de ti mismo y acabarás muerto o pilotando hacia Berlín con la bodega cargada, y volverá a girar la moneda, cara o cruz, pero nunca llegarás a Piccadilly.

Cuando tu uniforme se pudre dentro de un sucio barracón, y el huracán sigue soplando ahí fuera, comprendes que la libertad del mañana se esfumó en la tormenta y sólo queda montar lío aunque sea sin pistola.

Tus deseos quedan reducidos a sentirte útil dentro del anonimato, a ser un grano de arena en medio de una montaña, y llegó la hora cavar un túnel, de ser una gota.

Condenado a ser el ratón te quedará ser abatido en una estación de ferrocarril donde no habrá próximo tren ni flores decorando el anden.

Sabías el final pero sólo te quedaba intentarlo, hasta alcanzar lo inevitable, y lo intentaste, y te regalaste ese maravilloso instante, ese último suspiro consciente, ese latido honrado, calmado, tuyo.
 
 
Samuel Porcel Dieste

domingo, 24 de marzo de 2013

El pesimismo optimista de Schopenhauer

Nada hay fijo en esta vida fugaz: ¡ni dolor infinito, ni alegría eterna, ni impresión permanente, ni entusiasmo duradero, ni resolución elevada que pueda persistir la vida eterna! Todo se disuelve en el torrente de los años. Los minutos, los innumerables átomos de pequeñas cosas, fragmentos de cada una de nuestras acciones, son los gusanos roedores que devastan todo lo que hay de grande y atrevido… Nada se toma en serio en la vida humana: el polvo no merece la pena. Debemos considerar la vida cual un embuste continuo, lo mismo en las cosas pequeñas como en las grandes. ¿Ha prometido? No cumple nada, a menos que no sea para demostrar cuan poco apetecible era lo apetecido: tan pronto es la esperanza quien nos engaña, como la cosa esperada (…) Lo mismo que, desde el punto de vista físico, la marcha no es más que una caída siempre impedida, así también la vida del cuerpo no es más que una muerte siempre suspensa, una muerte aplazada, y la actividad de nuestro espíritu sólo es un tedio siempre combatido… A la postre, es menester que triunfe la muerte, porque le pertenecemos por el hecho mismo de nuestro nacimiento, y no hace sino jugar con su presa antes de devorarla.” (Arthur Shopenhauer, El amor, las mujeres y la muerte)

Se dice que la vida nos pertenece, cuando somos nosotros los que pertenecemos a ella. ¿Y a qué aspira la vida? A nada. El único fin de la vida es perpetuarse a sí misma, y como la vida no aspira a nada, el único fin de la vida es la Nada. Lo que se pensaba que era un medio, ahora resulta que es el fin. Los científicos siempre han creído que la vida es un medio para alcanzar la Verdad, los artistas para alcanzar la Belleza, pero más que fines, son pretextos para seguir viviendo. Nada sirve más que para prorrogar la Nada.

Se habla del pesimismo de Schopenhauer, ¿pero no es su metafísica de la Nada una invitación a la Vida, a esa otra vida que, liberada de ataduras y temores, no puede más que mirarse a sí misma? Decía Goethe que es el canto que canta la garganta, el pago más gentil para el que canta.

viernes, 1 de marzo de 2013

La última lección de Chang Lien

Schopenhauer mantiene la convicción de que el dolor vivido tiende a expulsarse, a sublimarse en el mejor de los casos, de ahí que el material de los artistas, lo mismo que el de los psiquiatras y psicoanalistas, sea el sufrimiento humano. Recuerdo la lección que el maestro Chang Lien da a Pu Ya en La última lección de música de Chang Lien. La única forma de acercarle a la música, o mejor, de acercar la música a su corazón, es haciendo que viva hasta el fondo el desamparo y el miedo, abandonándolo en lo más profundo de las Montañas y en lo más oscuro de la Noche -"Empezó entonces a tocar la guitarra, cantando, y lloraba con dulzura. Luego lloró en el fondo de su corazón y sólo las lágrimas eran sonidos."- Para expresar primero hay que tener algo que expresar. Pero no sólo eso, sino que precisamente es el dolor, la necesidad vivida, lo que mueve a la expresión. Este es el tema de El problema de Aladino; también Schopenhauer lo enuncia con estas palabras: "Templos e iglesias, pagodas y mezquitas, atestiguan en otros tiempos, con su magnificencia y su grandeza, la necesidad metafísica del hombre, que, fuerte e indestructible, sigue paso a la necesidad física." (El amor, las mujeres y la muerte)

Y es que no sólo nos movemos por fines o valores. La concepción occidental del progreso se reafirma en la idea de que el fundamento del progreso, en cualquiera de sus modalidades, es la capacidad de valoración, de atribución de fines valiosos, dando a entender que sólo el fin proyectado mueve, o que la única manera de avanzar es progresando. Claro que para que la necesidad mueva, ésta tiene que despertar, manifestarse. La misión del enviado Phares en El problema de Aladino es precisamente ésta: revelar lo misterioso del mundo, lo asombroso del Ser, escenificado magistralmente en un jardín de suyo inexplicable, a fin de despertar el eros de conocimiento: "Los esfuerzos de Phares apuntaban si no a superar sí por lo menos a tender un puente sobre el dualismo y volver atrás pasando por todas las escisiones; también pasando por aquéllas en plantas y animales y en géneros. Para ello habría que sacudir en primer lugar los pilares del bien y del mal. Y entonces también podría caer la barrera entre hombres y dioses."

La experiencia del misterio es la chispa que enciende la llama. Lo primero no es el Ser, la Vida o el Yo. No hay realidades, sino experiencias primeras, y aquí confluyen la ciencia, el arte y la metafísica.

sábado, 23 de febrero de 2013

El Crack (1.929) pone la Cara B de la Gran Guerra

Primera canción: La aspiradora sobre Francia

Y no quedaron ni los recuerdos, y aquellas palabras que te repetiste, una y otra vez, cuando volviste del frente han quedado vacías.

 
Y las condecoraciones se marchitan, se oxidan entre tus dedos y el viejo uniforme de campaña se esfumó dejando una nariz de payaso.

 
Te pegaste cuatro años matando al enemigo y ahora desearías ser uno de ellos, nada más cruel que ser un perdedor en un país victorioso.

 
Mal asunto, habrá reproches, nadie querrá escuchar tus cuentos, chirrían, escuecen, sólo conseguiste salvar el pellejo y eso a nadie le importa.

 
Y tu garganta se estrecha, te ahoga, cuando vas a contar aquel día de sudor y bayoneta calada, ¿para qué sirvió tu lucha?.

 
De los muertos nadie duda, allí están sus monumentos, pero tú estás vivo, a saber por qué, y esta es tu obra, la nada.

 
Tu sitio estaba allí, en ese agujero, donde había ratas y esperanza, un futuro por el que morir, en el que creer y ahora los tuyos deambulan muertos de hambre y no hay nadie a quien disparar.

 
Y fue su guerra la que te succionó el alma, al son de la marsellesa, y te devolvió la cáscara, una individualidad envasada al vacío, hueca, rodeada de alaridos, oscuros, sucios.




“Todos miraron expectantes a ver qué brotaba de aquella tierra ensangrentada. Y no creció nada, se hizo la nada. Y después llegó el Diablo”
 
Samuel

domingo, 17 de febrero de 2013

Reflexiones de un nihilista erótico

Friedrich Baroh es el nihilista erótico. Se trata del personaje principal del ensayo-novela de Ernst Jünger El problema de Aladino (1983) En la solapa de la cubierta de la edición de Juan Conesa tengo escrito las siguientes palabras: "el problema de Aladino es el problema de todo hombre que ve en la arena que discurre por la tobera la eterna erosión del Tiempo." Se trata de algo que escribí hace ya unos diez o doce años cuando leí por primera vez el libro. Ahora mi perspectiva es distinta y con ella su lectura. El tema de fondo es que el puro poder y el disfrute de la técnica no satisfacen los anhelos más hondos del ser humano. El protagonista descubre una nueva necesidad en el hombre, de esas que yacen ahí latentes durante épocas sin haber sido despertadas, y entonces funda un imperio en torno a ese instinto intemporal. "No podemos prometerle la eterna bienaventuranza, pero sí el descanso eterno", o "¿Quisiera estar reunido para siempre con sus seres queridos?", son algunos de los mensajes con los que Friedrich y su tío promocionan su empresa "Terrestra", que acaba convirtiéndose en un gran santuario eterno, un cementerio central para el planeta, en torno al cual no sólo van los muertos, sino multitud de peregrinos que anhelan dar culto a ellos. Su éxito se funda en la recreación de un espacio para que esa necesidad encuentre un lugar, un cauce, en unos tiempos en los que nada dura, todo cambia a ritmo acelerado: "en el fondo, el mundo es una tumba en la que se hunden los tiempos y de la que resurgen como asfódelos. Esto es la semilla y la cosecha, y Orfeo vive en todo historiador." (p.159) Sin embargo, el creciente éxito económico de Baroh no hace más que ahondar en su problema: su irremediable nihilismo: "Federico III, emperador alemán, rey de Prusia, reinó noventa días antes de sucumbir a su cáncer de laringe. Puedo imaginarme cómo Bismarck se acercaba a su cama y le presentaba los documentos a la firma. ¿Qué son las provincias, las cruces del Águila Negra, los disturbios en los distritos silesios, frente al pequeño tumor en la garganta? -el emperador no atiende ya a la voz del canciller, sino al leve carraspeo que trata de abrirse paso por la cánula. El hombre está solo." (p. 171, 172)
 
El nihilismo, por el que se piensa desde el convencimiento de que no hay propósito alguno que rija el devenir de la historia o la evolución de las especies, es algo que, si bien no puede ser abolido, puede pacificarse. Y la cura, como bien sabe el autor-protagonista, no está en un nuevo idealismo, precisamente porque, como ya anticipa el Viejo Cabeza de Pólvora, el nihilismo es el idealismo llevado hasta sus últimas consecuencias. No, la solución está en el eros, en el deseo puro, sin objeto ni finalidad que lo mueva. Lo encontramos en la amistad, el amor (no a un ideal, sino a una persona concreta), las musas o el juego. Y es verdad porque, bien pensado, quien se entrega al erotismo y la embriaguez olvida provisonalmente su yo y, con ello, la miseria y fugacidad del mundo.  El eros es el poder fundamental que todo lo une, que todo lo mueve. Y cuando éste falta, sobreviene el nihilismo.


 
Madagascar, Bdas

lunes, 11 de febrero de 2013

Promesas visibles

La técnica exige un hombre visual, y el hombre que vive en el medio técnico exige que todo pueda visualizarse (…) La perfecta integración en el sistema técnico sería la de un hombre adaptado al funcionamiento, fascinado por la creciente facilidad de la vida y divertido y evadido en el reino de las imágenes. (J. M. Esquirol, Los filósofos contemporáneos y la técnica)
 
 

 
Imágenes epidérmicas, translúcidas, que no conducen a ninguna revelación, sino que, más bien, se quedan en la promesa.