domingo, 24 de marzo de 2013

El pesimismo optimista de Schopenhauer

Nada hay fijo en esta vida fugaz: ¡ni dolor infinito, ni alegría eterna, ni impresión permanente, ni entusiasmo duradero, ni resolución elevada que pueda persistir la vida eterna! Todo se disuelve en el torrente de los años. Los minutos, los innumerables átomos de pequeñas cosas, fragmentos de cada una de nuestras acciones, son los gusanos roedores que devastan todo lo que hay de grande y atrevido… Nada se toma en serio en la vida humana: el polvo no merece la pena. Debemos considerar la vida cual un embuste continuo, lo mismo en las cosas pequeñas como en las grandes. ¿Ha prometido? No cumple nada, a menos que no sea para demostrar cuan poco apetecible era lo apetecido: tan pronto es la esperanza quien nos engaña, como la cosa esperada (…) Lo mismo que, desde el punto de vista físico, la marcha no es más que una caída siempre impedida, así también la vida del cuerpo no es más que una muerte siempre suspensa, una muerte aplazada, y la actividad de nuestro espíritu sólo es un tedio siempre combatido… A la postre, es menester que triunfe la muerte, porque le pertenecemos por el hecho mismo de nuestro nacimiento, y no hace sino jugar con su presa antes de devorarla.” (Arthur Shopenhauer, El amor, las mujeres y la muerte)

Se dice que la vida nos pertenece, cuando somos nosotros los que pertenecemos a ella. ¿Y a qué aspira la vida? A nada. El único fin de la vida es perpetuarse a sí misma, y como la vida no aspira a nada, el único fin de la vida es la Nada. Lo que se pensaba que era un medio, ahora resulta que es el fin. Los científicos siempre han creído que la vida es un medio para alcanzar la Verdad, los artistas para alcanzar la Belleza, pero más que fines, son pretextos para seguir viviendo. Nada sirve más que para prorrogar la Nada.

Se habla del pesimismo de Schopenhauer, ¿pero no es su metafísica de la Nada una invitación a la Vida, a esa otra vida que, liberada de ataduras y temores, no puede más que mirarse a sí misma? Decía Goethe que es el canto que canta la garganta, el pago más gentil para el que canta.

4 comentarios:

M. A. Velasco León dijo...

Que la vida no aspire a nada no implica que aspire a la Nada. ¿No estás introduciendo, de rondón, una hipóstasis? Pero ¿qué es la Nada? ¿o el Todo?
Creo que para nosotros, humanos, las razones para vivirla valen más que la vida misma. Abandonada a sí misma no encuentro liberación sino una continua condena.
Como canta Battiato, somos nómadas ( http://youtu.be/0xBGs-cSgWk ) en perpetua búsqueda de un centro de gravedad permanente http://youtu.be/hgA2wF65qms
Salud

David Porcel dijo...

Bueno, desde el momento en que nos forjamos metas, ideales o fines, del tipo que sean, ya estamos considerando que la vida es tarea, quehacer, compromiso....en definitiva, una atadura, que además va generalmente acompañada de sacrificio y culpa. Incluso el Único de Stirner que renuncia a cualquier ideal, acaba prisionero de sí mismo. Creo por el contrario que el nihilismo de Schopenhuaer se traduce en un pensamiento liberador: por fin no tenemos metas, ¿qué nos queda? la vida misma, el canto mismo del que habla Goethe, que nada tiene que ver con el "carpe diem" o las éticas del placer que atan a nuevos imperativos. Saludos

David Porcel dijo...

Quería decir: "Bueno, desde el momento en que nos forjamos metas, ideales o fines, del tipo que sean, ya estamos convirtiendo la vida en tarea, quehacer, compromiso...."

Anónimo dijo...

Leyendo tu entrada no he podido resistirme a comentarte. Los valores (fundamento de la ética) nacen de la estimación, pero la estimación es una artimaña más de la naturaleza; por tanto, toda ética es una ilusión, y no hay posibilidad de fundamentación. ¿Qué nos queda? Como bien dices, el canto mismo, del que no ha de preocuparnos que no sea. Es la vida como juego, el aspecto jovial de la vida, pero sin llegar a convertir el juego en tarea. Saludos