miércoles, 17 de julio de 2013

Aforismos XV

La filosofía no sirve para vivir mejor, pero se vive mejor con la filosofía.

La filosofía sirve a quien busca la verdad.

Una crítica previene de errores futuros.

El valor de una teoría no se mide por la cantidad o la complejidad de los conceptos utilizados, sino por la cantidad y la complejidad de las respuestas a las que puede dar lugar.

No hay filosofía sin discusión; no hay discusión sin interpelación.

No son las ideas las que trabajan para el filósofo, sino que es éste quien trabaja para ellas.

Se acaba escribiendo por un exceso de incredulidad.

miércoles, 3 de julio de 2013

Tecnodependientes a la fuerza

Las máquinas, siendo por sí incapaces de lucha, lograron que el hombre luchara por ellas. Mientras desempeña su cometido debidamente, todo va bien, por lo menos él así lo cree; pero tan pronto como deja de esforzarse en hacer progresar la maquinaria, fomentando la que es buena y destruyendo la mala, queda rezagado en la carrera de la competencia; lo cual equivale a condenarle a toda clase de penalidades y tal vez a la muerte. De manera que hoy mismo las máquinas sólo sirven a condición de que las sirvan, e imponiendo ellas sus condiciones. (Samuel Butler, Erewhon)
 
En efecto, parece que en el mundo tecnificado la fuerza normativa de la ética acaba cediendo al imperialismo de la tecnociencia que, con sus normas y preceptos, va modelando una nueva manera de vivir basada en un modo de sentir, de pensar y de actuar específicos. Como vaticina Franco Volpi, la ciencia y la técnica imponen obligaciones que vinculan más que todas las éticas escritas en el pasado. Frente a ellas, la ética y la moral tienen ya la belleza de fósiles raros. Pero estas normas y preceptos apenas vinculan si no hay detrás una imposición de mayor peso para el ser humano, un condicionante incondicional, de ésos que no admiten condiciones. En la sociedad que describe Erewhon el reclamo es la vida misma, de modo que llega un momento en que la maquinaria -el sistema, en general- tiene asegurada su supervivencia. En la nuestra, no son, como nos prometen, la seguridad y el bienestar las cualidades que se ponen en juego, sino una de mayor trascendencia, y que bien podríamos definir como la cualidad de ser. En un mundo en que la condición para ingresar en el orden de lo real es la de contribuir de una manera efectiva al rendimiento del sistema, cabe suponer que no hay otra forma de ser que no sea la que determine el camino que el sistema dicta; y es que el modo de ser en el mundo tecnificado no es algo que se conquiste o realice, en el sentido de la vocación, sino algo que se forja como una respuesta a las demandas que éste impone.

domingo, 16 de junio de 2013

Intrusismo profesional

Todavía recuerdo a uno de mis profesores de inglés del instituto advirtiéndome la necesidad de estudiar más inglés para sacar el curso adelante, y no es que odiara la asignatura, sólo que no me gustaba tener que desentenderme de mi castellano natural. Siempre he vivido el aprendizaje de lenguas extranjeras como un intrusismo a mi ser, ilusorio claro, pero intrusismo al fin y al cabo, como si estudiando inglés o alemán fuera a verse mermado mi conocimiento del castellano. Quizá, después de todo, toda xenofobia lingüística tenga su raíz en un apego desmesurado a la lengua propia.
 
Por mis resultados académicos no creo que hubiera sido de los alumnos elegidos para participar de  los programas bilingües que ahora se imponen en nuestras institutos, aunque de haberlo sido, seguro me hubiera supuesto un esfuerzo continuo -añadido al que ya se presupone- tener que renunciar a mi castellano para aprender historia, matemáticas o ciencias naturales. Si ya de por sí la historia de los reyes, de las guerras y de los números resultaba ajena a mi cotidianidad, no quiero imaginarme tener que haberla estudiado en otro idioma.
 
Mucho amor a lo extranjero (u odio a lo propio) debe suponerse en el alumno para que éste se aventure con soltura en aquel conocimiento.
 
Esta invasión lingüística de lo extranjero, que cada vez va arrinconando más a lo propio, no sólo acontece en el ámbito de las lenguas. También existe la tendencia creciente a vehicular la enseñanza por medio de las nuevas tecnologías, en lugar de hacerlo por vía de la oralidad o del uso de la tiza. Se va imponiendo, de una u otra forma, la necesidad de hacer uso de todo tipo de artilugios y artefactos para enseñar a nuestros alumnos. Un sin fin de nuevas herramientas toman cada vez mayor presencia en nuestras aulas: pizarras digitales, tabletas, proyectores, portátiles..., hasta el punto que resulta cada vez más difícil poder dar la clase haciendo meramente uso del conocimiento y de su expresión oral.
 
Sí, sí, me temo que llegará un momento en que ya no podamos hablar para enseñar, y entonces será cuando rompamos los últimos lazos que todavía nos unen a nuestros antepasados.
 
Que quede claro que no me resisto a las nuevas tecnologías, sino a la idea de renunciar a lo que soy para enseñar...porque, desde luego, la idea de que éstas son neutras a la hora de determinar los fines de la educación es totalmente falaz. Lo mismo que la historia en inglés no puede ser la misma que la historia en nuestra lengua vernácula, la teoría de la matemática o de la filosofía de Descartes no puede ser la misma expresada conceptualmente que mediante diagramas, imágenes o ejercicios interactivos. Creo que quien está en disposición de enseñar es el profesor, y no un programa basado en la interactividad y adecuada manejabilidad para el usuario...y es que, mucho me temo, al profesor se le va a agotar el tiempo para explicar. Pronto, y si no al tiempo, su tarea va a quedar reducida a controlar el proceso de autoaprendizaje del alumno. Y entonces el verdadero sujeto de la enseñanza no será el profesor, sino esa circunstancia virtual que las TIC van a proporcionar... 
 
De todas formas, lo llamativo de esta tendencia invasiva de lo ajeno sobre lo propio no es tanto su creciente expansión como su ineficiencia a la hora de resolver los problemas ya existentes en nuestra educación. La explicación es que esta sobrenaturaleza lingüística y tecnológica no se ha pensado para afrontar los problemas que genera nuestra ya compleja naturaleza educativa, por lo que ineludiblemente aquélla acabará montando nuevas dificultades sobre las ya existentes; y es que, después de todo, en la vida resulta más fácil crear nuevos problemas que afrontarlos.

domingo, 26 de mayo de 2013

El beso imposible

Recuerdo que en los años adolescentes me enamoraba muy fácilmente. Bastaba una sonrisa, una mirada, muchas veces inintencionada, para que se desatara todo un aparato emocional que acababa revistiendo esa primera vivencia en un auténtico objeto de veneración. El amor por entonces no consistía en un deseo de unión o posesión, como gusta definir a algunos filósofos irracionalistas, sino en un proceso de sublimación o irrealización por el que una simple vivencia acababa convirtiéndose en un objeto ideal, no por imposible, sino por irreal. Es comprensible que, tras este proceso de conversión, sobreviniera la habitual frustración -o mejor, desilusión- en el primer encuentro con quien hasta entonces había constituido foco de tantos halagos y atenciones. La carne se imponía. Aun recuerdo la primera acaricia que, lejos de estimular mis apetencias, me produjo una desilusión sin precedentes. Aquella acaricia me recordó la imperfección de mi carne, su mortalidad, la imposibilidad de encontrarme con aquello que más había amado.
 
Cuanto más convertía su amor en un imposible, más profundamente traicionaba el sacerdote a Buda, pues la imposibilidad de su amor se encontraba aparejada con la imposibilidad de llegar a la iluminación. Y cuanto más advertía que su amor no podía tener esperanza, más crecía la fantasía que lo alimentaba y más se arraigaban sus pensamientos impuros. Mientras consideraba que su amor tenía alguna posibilidad, le había sido más fácil renunciar a él; pero ahora que la Gran Concubina se había convertido en una criatura fabulosa y totalmente inalcanzable, el amor del Gran Sacerdote se inmovilizaba como un gran lago de aguas calmas que cubría, inexorablemente, la superficie de la tierra.
 
Esperaba ver el rostro de su dama aún una vez más, pero temía que esa figura, que ahora se había vuelto una gigantesca flor de loto, se desvaneciera sin dejar rastros. Si aquello sucedía, el Gran Sacerdote se salvaría. Esta vez no dudaba de alcanzar la verdad. Y aquella mera perspectiva llenó al sacerdote de miedo y reverencia. (Yukio Mishima, "El sacerdote y su amor", La Perla)

viernes, 17 de mayo de 2013

Homenaje a la Palabra

Nuestro querido colaborador M.P. nos regala en esta ocasión un poema sobre la palabra, o mejor, la Palabra, con mayúscula, porque palabras hay muchas. Dicen que la palabra -con minúscula- es capaz de movilizar ejércitos, de cautivar a las amadas más indispuestas, de embaucar a los más incrédulos...pero eso dicen los que, escuchando sin entender, hacen de ella una propiedad del ser humano. No tenemos la Palabra, precisamente, porque es ella la que nos tiene, nos hace, nos piensa, nos da motivos para seguir buscando. En ella, en la Palabra, se hacen una la poesía y la ciencia, quedan unidas en una comunidad que reune más que separa. Quien limita es la razón, o mejor, un determinado uso del lenguaje, que ya presupone ese don constituyente. Decía en un aforismo anterior que No filosofamos porque somos, sino que somos porque filosofamos. Lo mismo cabe decir de la Palabra, que es fundación, apertura. ¿Y qué hay de su relación con el tiempo, que lo sobrevive, lo aniquila?: porque el tiempo ya no cuenta y al final sólo cabe el retorno, desalojando a ese progreso seductor que perpetúa el olvido del Ser.

En fin, disfrútenlo:


"Esta noche no acabará nunca.

El teatro de los sueños levantó su carpa un día de sol,
sólo queda la materia de la oscuridad.

La luz es una tramoya de una comedia olvidada, otrora falsa y constructora de mundos,
que han dejado abandonada de cualquier manera en las prisas de la huida.
Y mis ojos, pobres, no recuerdan la verdadera luz porque han envejecido y se han hecho
necios.

Las ruedas de los carromatos que se llevaron el teatro de los sueños chirriaban, resistiéndose
al viaje, y desde entonces el mundo se ha rodeado de un llanto que ya no callará.

Que nada entiendo.

Así que esperaré a que el tiempo, la oscuridad y su materia se consuman.

Sin vana esperanza, sé que los pájaros ya no cantarán,
que no volverán las golondrinas a construir sus palacios,
enmarañados quedaron sus alas en un verano que se deshizo en un silencio espeso.

Si ni siquiera pudiera llorar en esta noche, ¿qué podría?: si acaso, cerrar los párpados y jugar a ser el amo de la oscuridad.

Pero, va a hacer tanto frío que acabaré derrotado y como un villano imploraré cobijo, calor y
luz a los espacios hasta que mi boca se hiele y se descuelgue como un carámbano de carne
helada.

Aun así soñaré que alguien encuentra mi boca caída, que arranca de ella una palabra todavía
viva que allí se refugió y que lanza al vacío con vigoroso amor hasta perderse.
Y como una semilla que encontrara su insecto, la palabra liberada hará su trabajo, su viaje y la
posible fecundación.

De lo que retornase nada podremos saber, pues ¿qué saben del mundo los que duermen
o mueren, los que sueñan?"

M.P.

Noviembre 2012, mayo 2013

jueves, 2 de mayo de 2013

Cartas al Director: Contra el proyecto de mejora de la LOMCE


Por estas y otras razones no estamos de acuerdo con este proyecto educativo, que, como decimos, no sólo es la expresión de una ley reguladora de la educación, sino la constitución de un nuevo horizonte para la educación en nuestro país....y si no nos oponemos todos, padres, alumnos y profesores, acabaremos emplazados a ocupar un puesto en este modelo reduccionista en el que sólo tiene cabida la formación para la rentabilidad y la productividad......¡como si fuera antes el producto que el conocimiento!