miércoles, 6 de mayo de 2020

Para vivir estando están ya las piedras

Estoy escuchando que el plan de las autoridades educativas para el próximo curso es hacernos trabajar de cuerpo presente por las mañanas y en la distancia por las tardes. Debe parecerles que, como es en la distancia, entre pantallas, nubes y plataformas, uno está sólo de forma espectral. Pero muy a pesar mío, también hay un cuerpo, no sé si pensante, pero sí posante. Un cuerpo que ha de ocupar un espacio, consumir una energía, desocuparse de otras tareas, y, como dirían nuestros clásicos, que ha de pensar. El asunto es que al otro lado, donde no hay diálogo ni reflexión ni convivencia, el pensamiento ya no sé si es posible. Sería esta una pregunta que podría encabezar cualquiera de nuestras órdenes instructivas: ¿es posible el ejercicio del pensar, o del enseñar, sin estar unos junto a los otros? Se dirá que son los pensamientos los que están junto a los otros, pero ni hay juntura en la distancia y ni hay pensamientos que sean sustantes.

En cualquier caso, ahí estaremos para dar lo mejor de nosotros, instruyendo a nuestros alumnos con nuevas órdenes, obedeciendo las nuestras con una sonrisa en las cara, compadeciendo a padres que se han ido al paro, apaciguando al compañero que ya no aguanta más porque pierde la Wifi por el vecino. Ahí estaremos para todo eso y mucho más, incluso en los ratos libres, para discutir con nuestros colegas sobre las ventajas e inconvenientes de la teleeducación. Sí, ahí estaremos. Pero es que es eso, que sólo estaremos, y ya no sé si pensaremos, o nos rebelaremos, o desapareceremos, o nos convertiremos. Porque para vivir estando, aunque sea ahí, para lo que sea o lo que venga, a cualquier precio, están ya las piedras.

                                 Belchite. J.A. Porcel

martes, 5 de mayo de 2020

Cavernas sin luz


Hay quienes ven en la movilización total, ya sea hacia la guerra o hacia la conexión total, la culminación de un largo proceso de desvitalización por el que se aparta al ser humano de lo más valioso. Diríamos que, a cada paso que da, el individuo se desmorona hasta hacerse hueco total, continente sin contenido, acto sin potencia, intelección sin reflexión. Sin embargo, aún hay otro punto de vista, más temible, promovido por los grandes gurús y hechiceros, que concibe el cumplimiento del gran proceso global como una vuelta a la naturaleza, un retorno al alma mater, actualización de lo posible. Así visto, se entiende que no podemos ser más humanos, cierto, pero porque todo lo humano que podríamos ser ya lo somos.


El dataísmo no se limita a profecías ociosas. Como toda religión, tiene sus mandamientos prácticos. El primero y principal: un dataísta debe maximizar el flujo de datos conectándose cada vez a más medios, y produciendo y consumiendo cada vez más información. Como otras religiones de éxito, el dataísmo también es misionero. Su segundo mandamiento es conectarlo todo al sistema, incluidos los herejes que no quieren ser conectados. Y «todo» significa más que solo los humanos. Significa todas las cosas. Mi cuerpo, por descontado, pero también los coches de la calle, los frigoríficos de las cocinas, las gallinas del gallinero y los árboles de la jungla: todo debe conectarse al Internet de Todas las Cosas. El frigorífico controlará el número de huevos que contenga y le hará saber al gallinero cuándo se necesita un nuevo envío. Los coches hablarán entre sí, y los árboles de la jungla informarán de la metereología y de los niveles de dióxido de carbono. No debemos dejar ninguna parte del universo desconectada de la gran red de la vida. Y al revés: el mayor pecado es bloquear el flujo de datos. ¿Qué es la muerte sino una situación en la que la información no fluye? (Yuval Noah Harari, Homo Deus)

lunes, 4 de mayo de 2020

El compás de Tarkovski

Lo que el autor cuenta puede quedar inadvertido, pero no así los restos que una mano inocente, que pasa por ahí, pueda recoger. El milagro es que el autor no dará cuenta de esa mirada, pero sin la cual no sería.

Sobre este milagro, versa el poema de mi padre,

Tarkovski

Me manejo mejor en esta matemática
privada.

Encontré un compás que Tarkovski perdió en un barrizal
y que no echaría en falta,
pues nunca lo iba a necesitar,

y, desde entonces,
trazo
círculos y más círculos
en unos papeles que guardo con cuidado,
círculos pequeños y grandes,
exteriores, interiores,
tangentes, secantes.

Los guardo por si acaso algún día pudieran,
por arte
de magia,
haberse convertido en poemas de amor
que algún inocente leyera al corazón de su vida.

1 de Mayo de 2020
Miguel Porcel

                                 León sobre pilar, J.A. Porcel

jueves, 30 de abril de 2020

Cómo ahogarse de una forma segura

Mientras los mares todavía escuchaban un capitán de barco navegaba rodeado de mapas, instrucciones y estadísticas. Aturdía a sus marineros con protocolos, cálculos y formularios, que pensaba, muy obstinado él, servirían a los suyos para afrontar cualquier adversidad del océano y sus criaturas. Era tanta la insistencia con la que instaba a los suyos a memorizarlos que estos, hartos ya de no practicar lo que más amaban, comenzaron a recelar del capitán. Algunos hablaban de motines, y otros, los más temerosos o cautos, preferían cumplir servilmente las órdenes de aquel. 

Pero llegó un día en que una fuerte tormenta se apoderó del barco y el mástil cayó partiendo en dos la nave. El caso es que, y aquí lo llamativo de la historia, mientras el capitán, muy obstinado él, y también muy ciego, continuaba instando a los marineros a memorizar pautas sobre cómo achicar el agua o preparar los botes salvavidas, y mientras los suyos seguían asintiendo o discutiendo sobre ellas, fueron todos llenándose de agua, y llenándose, hasta casi desaparecer...

Todavía se cuenta de un superviviente, que no sabía leer, que vio al capitán por última vez lamentándose de haber olvidado un manual que llevaba por título Cómo ahogarse de una forma segura.


lunes, 27 de abril de 2020

Errores de época

Día 45.

Entre las ilusiones de nuestra época está la de considerar que los accidentes se producen por errores técnicos, ya sea provocados por un fallo en la maquinaria o de quien la pilota. Y así nos lo cuenta la historia del Titanic y de su hundimiento, símbolo esplendoroso de todo un optimismo tecnológico que devino en catástrofe. Sin embargo, lo que se escamotea a quienes no ven el lado sombrío de las cosas, el veneno disuelto en el vaso, la herrumbre en el metal, es que los accidentes son consecuencia de lesiones que se produjeron mucho antes. El error, que ahora en tiempos pandémicos vuelve a aflorar, no fue no divisar el iceberg, sino pensar que el Titanic podría atravesar icebergs. No es un error individual, sino de época. No es un error de cálculo, sino de credo. La consecuencia de asumir esta incorrección, este viraje en el punto de mira, bien podría ser plantear, de una vez, una educación que no busque la conquista y la perfección sino la verdad y la prudencia.


"¿Por qué las mentes que han puesto en peligro y modificado nuestra vida de una manera tan inquietante e imprevisible no se contentan con desencadenar y dominar fuerzas monstruosas, y con la gloria, el poder y la riqueza que afluye hacia ellos? ¿Por qué se empeñan además en ser santos a tout prix? (Ernst Jünger, Abejas de cristal)

domingo, 26 de abril de 2020

Reclusiones de ramas y paja

Día 44.

Uno de tantos placeres de la infancia era recluirme secretamente y dejarme llevar por el momento. Momento sin prisas, cuando no urgía ningún quehacer y no apremiaban los otros con sus atenciones. Podía ser en una de aquellas cabañas que construíamos con ramas y paja, sacados de cualquier era, en el último de los pisos en construcción que por entonces sellaban pueblos y ciudades, o mucho más en la intimidad, en la bañera sumergiéndome con los playmobil de siempre y aquellas esponjas coloreadas que chorreaban el agua tibia al aviso de nuestras madres.


Una de aquellas veces, de pie sobre uno de los bancos de madera de mi primer colegio, el único que todavía yace empotrado en las paredes amarillas, me sentí especialmente recluido. Tanto, que temí no volver a los demás. Sin nadie que lo advirtiera una concentración de luz irradió de un solo punto, perdiéndose cuanto ahí fluía en una sordomudez que todavía en las tardes de otoño persiste. Comprendí entonces que nada de lo que hiciera podría tener, jamás, verdadero valor. El caso es que durante años resté importancia a tamaña impresión, pero es ahora, en los momentos en los que el mundo parece desvanecerse como aquella primera vez, cuando veo a la luz de entonces formar las palabras y los gestos.

En los terrenos que nos ocupan, sólo hay conocimiento a modo de relámpago.
El texto es el largo trueno que después retumba. 

Walter Benjamin

sábado, 25 de abril de 2020

En los días que la hierba crece y sólo crece

Cuenta el mito de la caverna que tenemos sólo rastros de la Belleza que un día perdimos, y en los días que la hierba crece y sólo crece ni siquiera eso. Lo que no sabía Platón es que, también, las palabras albergan lo bello:

De mi padre,

Esa hierba

Esa hierba no tendrá nombre siquiera
nadie la pisa porque sólo brota en las afueras
y no nació para ser linde de augustos caminos
ni para morir las mañanas de domingo
entre los dientes de una máquina guiada por fatigados brazos
antes del vermú

es una hierba que no exhibe mas que su misma presencia
que nadie ve

cuando florece tímida
en un mundo que parece de nadie
una mariposa la alcanza
tras gastar toda su vida en encontrarla
y bebe de su flor

si supiera
la mariposa cantaría con una voz extraña
para dar las gracias por haber nacido
por haber volado en el deseo
por estar bebiendo en esa hora
en esos labios

después
a la hierba
le quedará sólo esperar el otoño
y a la mariposa
emprender el vuelo que le lleve al aire ilimitado
a la disolución
al invisible laberinto donde habitan los obreros que tejen la belleza

ése será el vuelo que sostenga
toda la felicidad que pueda contener el universo

Miguel Porcel
23, abril, 2020

                                José Antonio Porcel, Paisaje