miércoles, 20 de mayo de 2020

Cerca del génesis

Hay quienes hacen morada cerca del génesis, al lado del fuego, o bajo pieles de animales salvajes. Pasan desapercibidos entre multitudes y sus ropas harapientas solo los delatan a quienes, también como ellos, juegan a escondidas de sus padres. Aparecen cuando nadie los espera y liberan fuerzas y destinos que habrían quedado en la penumbra. En la historia hay muchos ingenuos, pero ellos, como Parsifal, Aladino o el dios Eros, son quienes abren paso a los demás traspasando con su filo la maleza y enseñando a ciegos ver en la niebla. El asunto es que, solo cuando el orden ha sido restablecido, la ingenuidad es elevada a cualidad moral.


Muchos médicos habían intentado sanar al Rey Pecador; ningún resultado obtuvieron. Día y noche llegaban caballeros, y todos empezaban por preguntar nuevas de la salud del Rey. Un solo caballero -pobre, desconocido, hasta un poco ridículo- se permite ignorar la etiqueta y la cortesía. Su nombre es Parsifal. Sin tener en cuenta el ceremonial cortesano, se dirige directamente al Rey y sin ningún preámbulo le pregunta al acercársele: ¿Dónde está el Grial? En el mismo instante todo se transforma: el Rey se alza de su lecho de dolores, los ríos y las fuentes vuelven a correr, renace la vegetación, el castillo se restaura milagrosamente. Las palabras de Parsifal habían bastado para regenerar la Naturaleza entera. (Mircea Eliade)

sábado, 9 de mayo de 2020

Educaciones viables

La vida conectada no es una forma de vivir sino de no vivir, pues entre clics, likes y apps uno deja de ocuparse de las cosas y con los otros. Ya no está ahí la mirada que nos dice que lo ha entendido, la mano necesitada de ser tocada, el abrigo en un día de lluvia. La conexión no es un tipo de contacto, sino su negación. Es decir: porque no hay contacto puede haber conexión y porque hay conexión no puede haber contacto. Se pregonará, aún más, que una buena educación digital preparará a nuestros jóvenes para el futuro tecnológico, cuando, en realidad, es la tecnología presente lo que determina los cauces por los que ha de circular cualquier educación viable.


"El coronavirus, por el contrario, sólo acelera algunas mutaciones que ya estaban en proceso. Desde hace algunos años, el conjunto de la evolución tecnológica, ya sea menor (video on demand, pagar sin contacto físico) o mayor (el teletrabajo, las conquistas sobre internet, las redes sociales) han tenido como consecuencia principal disminuir el contacto material y sobre todo el humano. La epidemia del corona virus ofrece una magnífica razón de esta tendencia de fondo: una cierta obsolescencia parece golpear las relaciones humanas." (Michel Houellebecq)

viernes, 8 de mayo de 2020

Palabras en la caverna

En compañía de Schubert y su Trio No. 2, Op. 100,

Si al menos...

Si al menos viéramos las sombras, o corriéramos por tejados en las noches de invierno, o dejáramos atrás la boya hasta perder la cartera y el nombre.

Si al menos sacáramos el libro en las noches de mayo. Pasar las hojas mientras las horas se alargan, y dormir en ellas.

Si al menos la viéramos caer de la última torre y hacer de su historia huella y relato.

Si al menos viéramos la arena pasar, y solo eso. Si al menos, eso,

Nada sería en vano.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Para vivir estando están ya las piedras

Estoy escuchando que el plan de las autoridades educativas para el próximo curso es hacernos trabajar de cuerpo presente por las mañanas y en la distancia por las tardes. Debe parecerles que, como es en la distancia, entre pantallas, nubes y plataformas, uno está sólo de forma espectral. Pero muy a pesar mío, también hay un cuerpo, no sé si pensante, pero sí posante. Un cuerpo que ha de ocupar un espacio, consumir una energía, desocuparse de otras tareas, y, como dirían nuestros clásicos, que ha de pensar. El asunto es que al otro lado, donde no hay diálogo ni reflexión ni convivencia, el pensamiento ya no sé si es posible. Sería esta una pregunta que podría encabezar cualquiera de nuestras órdenes instructivas: ¿es posible el ejercicio del pensar, o del enseñar, sin estar unos junto a los otros? Se dirá que son los pensamientos los que están junto a los otros, pero ni hay juntura en la distancia y ni hay pensamientos que sean sustantes.

En cualquier caso, ahí estaremos para dar lo mejor de nosotros, instruyendo a nuestros alumnos con nuevas órdenes, obedeciendo las nuestras con una sonrisa en las cara, compadeciendo a padres que se han ido al paro, apaciguando al compañero que ya no aguanta más porque pierde la Wifi por el vecino. Ahí estaremos para todo eso y mucho más, incluso en los ratos libres, para discutir con nuestros colegas sobre las ventajas e inconvenientes de la teleeducación. Sí, ahí estaremos. Pero es que es eso, que sólo estaremos, y ya no sé si pensaremos, o nos rebelaremos, o desapareceremos, o nos convertiremos. Porque para vivir estando, aunque sea ahí, para lo que sea o lo que venga, a cualquier precio, están ya las piedras.

                                 Belchite. J.A. Porcel

martes, 5 de mayo de 2020

Cavernas sin luz


Hay quienes ven en la movilización total, ya sea hacia la guerra o hacia la conexión total, la culminación de un largo proceso de desvitalización por el que se aparta al ser humano de lo más valioso. Diríamos que, a cada paso que da, el individuo se desmorona hasta hacerse hueco total, continente sin contenido, acto sin potencia, intelección sin reflexión. Sin embargo, aún hay otro punto de vista, más temible, promovido por los grandes gurús y hechiceros, que concibe el cumplimiento del gran proceso global como una vuelta a la naturaleza, un retorno al alma mater, actualización de lo posible. Así visto, se entiende que no podemos ser más humanos, cierto, pero porque todo lo humano que podríamos ser ya lo somos.


El dataísmo no se limita a profecías ociosas. Como toda religión, tiene sus mandamientos prácticos. El primero y principal: un dataísta debe maximizar el flujo de datos conectándose cada vez a más medios, y produciendo y consumiendo cada vez más información. Como otras religiones de éxito, el dataísmo también es misionero. Su segundo mandamiento es conectarlo todo al sistema, incluidos los herejes que no quieren ser conectados. Y «todo» significa más que solo los humanos. Significa todas las cosas. Mi cuerpo, por descontado, pero también los coches de la calle, los frigoríficos de las cocinas, las gallinas del gallinero y los árboles de la jungla: todo debe conectarse al Internet de Todas las Cosas. El frigorífico controlará el número de huevos que contenga y le hará saber al gallinero cuándo se necesita un nuevo envío. Los coches hablarán entre sí, y los árboles de la jungla informarán de la metereología y de los niveles de dióxido de carbono. No debemos dejar ninguna parte del universo desconectada de la gran red de la vida. Y al revés: el mayor pecado es bloquear el flujo de datos. ¿Qué es la muerte sino una situación en la que la información no fluye? (Yuval Noah Harari, Homo Deus)

lunes, 4 de mayo de 2020

El compás de Tarkovski

Lo que el autor cuenta puede quedar inadvertido, pero no así los restos que una mano inocente, que pasa por ahí, pueda recoger. El milagro es que el autor no dará cuenta de esa mirada, pero sin la cual no sería.

Sobre este milagro, versa el poema de mi padre,

Tarkovski

Me manejo mejor en esta matemática
privada.

Encontré un compás que Tarkovski perdió en un barrizal
y que no echaría en falta,
pues nunca lo iba a necesitar,

y, desde entonces,
trazo
círculos y más círculos
en unos papeles que guardo con cuidado,
círculos pequeños y grandes,
exteriores, interiores,
tangentes, secantes.

Los guardo por si acaso algún día pudieran,
por arte
de magia,
haberse convertido en poemas de amor
que algún inocente leyera al corazón de su vida.

1 de Mayo de 2020
Miguel Porcel

                                 León sobre pilar, J.A. Porcel

jueves, 30 de abril de 2020

Cómo ahogarse de una forma segura

Mientras los mares todavía escuchaban un capitán de barco navegaba rodeado de mapas, instrucciones y estadísticas. Aturdía a sus marineros con protocolos, cálculos y formularios, que pensaba, muy obstinado él, servirían a los suyos para afrontar cualquier adversidad del océano y sus criaturas. Era tanta la insistencia con la que instaba a los suyos a memorizarlos que estos, hartos ya de no practicar lo que más amaban, comenzaron a recelar del capitán. Algunos hablaban de motines, y otros, los más temerosos o cautos, preferían cumplir servilmente las órdenes de aquel. 

Pero llegó un día en que una fuerte tormenta se apoderó del barco y el mástil cayó partiendo en dos la nave. El caso es que, y aquí lo llamativo de la historia, mientras el capitán, muy obstinado él, y también muy ciego, continuaba instando a los marineros a memorizar pautas sobre cómo achicar el agua o preparar los botes salvavidas, y mientras los suyos seguían asintiendo o discutiendo sobre ellas, fueron todos llenándose de agua, y llenándose, hasta casi desaparecer...

Todavía se cuenta de un superviviente, que no sabía leer, que vio al capitán por última vez lamentándose de haber olvidado un manual que llevaba por título Cómo ahogarse de una forma segura.