viernes, 28 de octubre de 2016

El arte de provocar

Con medidas históricas, temporales, que no hacen sino lastimar o reforzar los artificios que ya lastra la educación, no va a solucionarse el problema. De hecho, no creo que la educación sea un problema. Lo será no cumplir con ciertas expectativas de ciertas autoridades, muchas veces viciadas por intereses espurios y mal camuflados. No, no debemos ver con el prisma de «lo problemático» la educación. Eso ya lo hacen los políticos, los psicólogos, los sociólogos, y todos aquellos que andan afanosos en ver problemas para luego ponerse medallas. Es sabido que la curiosidad es la madre del conocimiento, no de las ciencias, que se vuelven contra aquélla hasta hacerla casi desparecer.

Más bien, debemos ver la educación como un arte, esto es, como una «provocación», sólo que no dirigida a la piedra, a la luz o al silencio, sino al deseo. Cada vez estoy más convencido de que el profesor, como el artista o el mago, debe provocar al deseo, haciéndolo despertar de allí donde dormita, invocándolo para que luego discurra por un camino ya ajeno a la voluntad. Un alumno que afanoso levanta la mano esperando que alguien acoja su pregunta, que aguarda en silencio el término del discurso o siente el pálpito de la nueva intuición naciente, son la mejor muestra de que tal provocación ha acontecido. El maestro sabe entonces que ha penetrado en «lo intemporal», allí donde ninguna medida puede alcanzar o ninguna historia puede narrar.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermosa reflexión. Gracias

rocio alonso dijo...

Suscribo cuanto dices, no sólo en el contenido sino también cómo lo expresas. Desde luego que sí no hay deseo el conocimiento no se pone en marcha. Y algo que ya los griegos tenían tan claro deberían los políticos tenerlo presente cuando hablan de criterios y estándares. Me gusta la identificación de la enseñanza con el arte y la magia. Tiene mucho de los dos, pues son muy frecuentes las veces que comprobamos que no hay reglas, que en el fondo no sabes qué es lo que provoca la transmisión y qué es lo que hace que el alumno tenga esa intuición que le pone en el camino del pensamiento. Gracias por compartir los tuyos. R.

David Porcel Dieste dijo...

Claro, en eso precisamente consiste el carácter mágico de la enseñanza: en el misterio que subyace a todo el proceso. Gracias a ti por compartir tu reflexión. David

M. A. Velasco León dijo...

¡Por Dios!
Haga el favor de centrarse en medias, porcentajes, estándares y competencias
o acabará mal
¡¡¡Es usted un iconoclasta!!!

robbin hood dijo...

Muy bonito, David.
Dices más con el modo de contar que con el significado mismo de tus palabras.
Provoquemos, pues y dejemos que el deseo se abra camino "hacia lo intemporal".

David Porcel Dieste dijo...

Gracias. Un abrazo