José Antonio Porcel, Bergen
Irse
qué es el irse
diluyendo en esas gotas
cuando los dedos tañen
las notas
los silencios
el intervalo del tiempo
clavado en el cuerpo
de donde soy
y a donde voy
el diluirse
en las emboscaduras
allí donde los pobres
por la noche
hacen su fuego
y tensan la voz
para llamar al sol
y piden que se quede
y encienden la fiesta
en el río que mal huele
en la orilla del dolor
y de los plásticos caídos
entre el perfume
de las palmas
del canto
y de los ojos
que del hambre han pasado
a la caza
al amor
a ti
a tus ojos
si estuvieras
¡cómo levantan los brazos!
miran al cielo
y esperan ver su rostro
reflejado en el cielo
cuando la tarde
borra todo
y el dolor se va
del sí de su cuerpo
a las orillas
y al río
que les deja.
Miguel Porcel
31 de Marzo de 2020
sábado, 4 de abril de 2020
viernes, 3 de abril de 2020
En el bar de Warren
La intoxicación también nos entra en casa, no se engañen, solo que las mascarillas para la de siempre no se ponen a la venta. De hecho, nunca se llegaron a fabricar. Que sí, lo sé, podríamos vivir sin televisores, tabletas, móviles, dispositivos, aplicaciones, plataformas, ¿pero quién puede querer llevar esa vida ahora? La pedagogía del buen uso quedó obsoleta y ya nadie se traga eso de que "somos dueños de nuestros actos". Atrévete a querer por ti mismo, es lo que debería haberse profesado cuando todavía se veían las letras de neón y había personas de carne y hueso que en las películas de acción se jugaban el tipo. Ahora es todo por ordenador y el mundo lo hacen los informáticos, como diría el especialista Mike del bar de Warren (Death Proof).
José Antonio Porcel, Azul
Se advirtió que éramos número cuando ya sólo sabíamos numerar. Demasiado tarde. No se trataba de leer más, sino de que no nos leyeran, para lo cual habíamos de cerrar las tapas y quedarnos a oscuras, como cuando de niños nos encerrábamos en un armario para no ser descubiertos o corríamos campo a través para llegar a ningún sitio. La emoción de la escucha, es lo que se ha perdido. ¿Pero hay de qué encerrarse? Me pregunto qué se dirán los amantes de la naturaleza ahora que los microorganismos están condenadas a ser los malos de la película. ¿Se atreverán a profesar su entusiasmo en las terrazas de julio? ¿Hasta cuándo esperará Netflix a comprar la serie de los nuevo Covid animados para el horario infantil? Cuando todavía podía hablarse me decía una alumna que el egoísmo aleja a la conciencia de la verdad, y que por eso solo los niños pueden amar de verdad. Qué razón tenías. En fin, adoro a las personas que se atreven, de verdad, a bajar las persianas y a soñar con los oídos bien abiertos. Os adoro. Sois mis héroes.
José Antonio Porcel, Azul
Se advirtió que éramos número cuando ya sólo sabíamos numerar. Demasiado tarde. No se trataba de leer más, sino de que no nos leyeran, para lo cual habíamos de cerrar las tapas y quedarnos a oscuras, como cuando de niños nos encerrábamos en un armario para no ser descubiertos o corríamos campo a través para llegar a ningún sitio. La emoción de la escucha, es lo que se ha perdido. ¿Pero hay de qué encerrarse? Me pregunto qué se dirán los amantes de la naturaleza ahora que los microorganismos están condenadas a ser los malos de la película. ¿Se atreverán a profesar su entusiasmo en las terrazas de julio? ¿Hasta cuándo esperará Netflix a comprar la serie de los nuevo Covid animados para el horario infantil? Cuando todavía podía hablarse me decía una alumna que el egoísmo aleja a la conciencia de la verdad, y que por eso solo los niños pueden amar de verdad. Qué razón tenías. En fin, adoro a las personas que se atreven, de verdad, a bajar las persianas y a soñar con los oídos bien abiertos. Os adoro. Sois mis héroes.
miércoles, 1 de abril de 2020
Hacedores de luz
A mi madre, también hecha de luz
La aceleración que espera afuera es más tenebrosa que la caverna de Platón, pues esta escondía al menos una promesa de luz y de verdad. Tanto ha castigado aquella nuestros corazones que ahora, atosigados y atolondrados, ya no sabemos clamar sosiego. ¿Cuándo nos convirtieron en sobrantes y reciclados? ¿Cuándo hicieron de nosotros velocímetros de nuestro cuerpo? Es algo que ni las mejores escuelas nos supieron explicar.
José Antonio Porcel, Ventana
De niño, en las noches de tormenta, cuando los cristales recobraban su fragilidad en la casa del pueblo, la luz solía "irse" (así decía mi abuela, "ya se ha ido la luz", y lo decía porque sabía que tendría que volver), y nos quedábamos todos reunidos en torno a una vela que, por lo general, no tardaría en consumirse. La majestuosidad del momento radicaba en su poder para desplazar nuestras diferencias y protegernos de la oscuridad de las cosas. Una de aquellas noches, como digo, cuando el miedo más apretaba y miraba a mi abuela ensombrecida, pensé que si Dios existía tendría, a la fuerza, que estar hecho de luz.
La aceleración que espera afuera es más tenebrosa que la caverna de Platón, pues esta escondía al menos una promesa de luz y de verdad. Tanto ha castigado aquella nuestros corazones que ahora, atosigados y atolondrados, ya no sabemos clamar sosiego. ¿Cuándo nos convirtieron en sobrantes y reciclados? ¿Cuándo hicieron de nosotros velocímetros de nuestro cuerpo? Es algo que ni las mejores escuelas nos supieron explicar.
José Antonio Porcel, Ventana
De niño, en las noches de tormenta, cuando los cristales recobraban su fragilidad en la casa del pueblo, la luz solía "irse" (así decía mi abuela, "ya se ha ido la luz", y lo decía porque sabía que tendría que volver), y nos quedábamos todos reunidos en torno a una vela que, por lo general, no tardaría en consumirse. La majestuosidad del momento radicaba en su poder para desplazar nuestras diferencias y protegernos de la oscuridad de las cosas. Una de aquellas noches, como digo, cuando el miedo más apretaba y miraba a mi abuela ensombrecida, pensé que si Dios existía tendría, a la fuerza, que estar hecho de luz.
lunes, 30 de marzo de 2020
Habitantes de caminos
A veces nos cruzamos con ellos. Se dirigen siempre al mar, aunque ellos no lo saben, y cuando encuentran un acantilado lo bordean para seguir caminando. Nadie les adelanta ni pueden dejar nada atrás. Cuentan que había culturas que se servían de su movimiento para dictar sus quehaceres, aunque ellos no ven llegar las estrellas. Y si en el camino alguien daña alguna piedra se pellizcan el cuerpo hasta hacerlo sangrar, incluso si ha sido un niño quien se lo ha hecho. No atraviesan ciudades porque temen que les arrebaten el paso y el viento.
José Antonio Porcel. Camino.
Entre sus enseres no hallarás nada que organice sus días, pues caminan hasta que se pone el sol, o incluso de noche si la luz es oscura. No portan ni producen imágenes. En realidad, aun estando parados no cesan. Hay quienes aseguran haberlos visto sin pieles ni botas, desnudos como el frío, y solo abandonan el sendero para dejar de escucharse el corazón.
domingo, 29 de marzo de 2020
Habitantes de árboles
Los hay también que habitan los árboles, y solo por la noche salen para esconderse. No los veras mirando las hojas ni subiéndote a sus ramas, pues solo cuando no estamos respiran en ellos. A veces incluso construyen nidos, como los pájaros, y extienden sobre ellos sus extremidades para sentir que están vivos. No te dirán nada si te mueves con el viento, pero huirán si te escondes como ellos. Algunos que han vuelto dicen que son más silenciosos que la muerte y que no tienen sombra. Tampoco sabemos de su origen, y hay quienes aseguran que vienen de los bosques, y que los necesitan. No usan insignias para reconocerse porque todos llevamos uno dentro.
José Antonio Porcel, Sabina.
sábado, 28 de marzo de 2020
Habitantes de ventanas
A veces los habitantes de las ventanas podrán ser ajenos, pero no deben asustarnos. Llorarán toda la noche y sólo habremos de recoger su lluvia. No nos pedirán nada, ni querrán invadir nuestros salones. Nos taparán algo la luz. Eso es todo. Y habremos de dejarles llorar, hasta que cesen las lágrimas y echen de nuevo a volar. ¿De dónde vendrán? Es algo que nunca sabremos, porque de hecho son indiferentes a los adentros. Ni siquiera se volverán cuando amasemos el pan. Y cuando en la cama nos miremos permanecerán silenciosos.
José Antonio Porcel, Ventanal.
José Antonio Porcel, Ventanal.
viernes, 27 de marzo de 2020
Salvemos al otro
No se engañen. Lo que nos acerca unos a otros no nos puede ser arrebatado. El otro no nace de la abstracción, sino del eros, de ahí que ya lo lleváramos dentro. Se equivocó Descartes con su pienso, luego soy, porque fuera lo que fuese lo que era, lo era gracias al otro. El otro siempre es anterior. Por eso, una filosofía del otro no puede hacerse, salvo que sea el otro el que la haga. Cualquier reflexión supone traicionar lo reflexionado. Sería como pretender que la mariposa siguiera volando una vez cazada. Por lo mismo, tampoco los lenguajes artificiales pueden alejarnos unos de otros. Sencillamente, nos desplazan del escenario donde tiene cabida el eros. Y una vez ahí, no estando entre otros, nos disponen a hacer esto o aquello. Diríamos que podemos ser cazados.
"De lo uno a lo otro es el gran tema de la metafísica. Todo el trabajo de la razón humana tiende a la eliminación del segundo término. Lo otro no existe. Tal es la fe racional, la incurable creencia de la razón humana. Identidad = realidad, como si, a fin de cuentas, todo hubiera de ser, absoluta y necesariamente, uno y lo mismo. Pero lo otro no se deja eliminar; subsiste, persiste; es el hueso duro de roer en que la razón, se deja los dientes. Abel Martín, con fe poética, no menos humana que la fe racional, creía en lo otro, en «La esencial Heterogeneidad del ser», como si dijéramos en la incurable otredad que padece lo uno." (Antonio Machado, Juan de Mairena)
Decimoquinto día
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