domingo, 14 de abril de 2013

La sociedad de Byung-Chul Han

Recomiendo desde aquí la lectura del ensayo recién publicado La sociedad del cansancio, de Byung-Chul Han. Se trata de un filósofo coreano (inesperado bestseller) que en términos hedeiggerianos hace un certero análisis de un tiempo consumido por el agotamiento y la sobreabundancia de información y rendimiento. El libro ahonda en la comprensión del nuevo tipo de enfermedad del hombre del siglo XXI: que ya no será bacterial ni viral, sino neuronal. El enemigo ya no es lo otro, lo extraño o negativo (virus,..), sino lo idéntico, lo positivo, o mejor, el exceso de positividad, que resulta de la superproducción, el superrendimiento o la supercomunicación. Por ello los métodos de diagnóstico y curación del pasado siglo ya no sirven para comprender ni curar esta nueva enfermedad. En definitiva, el problema no es la invasión de lo otro, que trata de anular lo propio, sino la (auto)exigencia de rendir más, de asimilar o abarcar más, olvidando con ello que cierto sosiego es necesario para practicar la atención sobre problemas perennes.
 
Los logros culturales de la humanidad, a los que pertenece la filosofía, se deben a una atención profunda y contemplativa. La cultura requiere un entorno en el que sea posible una atención profunda. Esta es reemplazada progresivamente por una forma de atención por completo distinta, la hiperatención. Esta atención dispersa se caracteriza por un acelerado cambio de foco entre diferentes tareas, fuentes de información y procesos. Dada, además, su escasa tolerancia al hastío, tampoco admite aquel aburrimiento profundo que sería de cierta importancia para un proceso creativo (Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio)

viernes, 12 de abril de 2013

Estruendo

Una autopista cruza la casa de mis padres que se encuentra sola en medio del desierto. Es un día soleado y hace calor. A lo alto un avión hace extraños giros cuando escucho a mi padre quejarse desde su estudio del ruido del vaivén. Una esfera metálica cae, de no se sabe dónde, produciendo al momento una gran explosión. El avión ya no se escucha, ya no lo hay. Me resguardo bajo una piedra.

Aterrado, sintiendo llegar la fuerza expansiva, trato en vano de arrojar de mi cabeza semillas invisibles al suelo alquitranado, como queriendo prolongar mi ser en tierra fértil, cuando escucho la voz de mi hermano advertirme que no hay nada que hacer, que ahora sí nos ha llegado la hora. Al momento me doy cuenta que de mi gesto sólo queda la voluntad, pues no hallo ya cuerpo, manos ni semillas. Soy una nada que está a punto de difuminarse.

 
Noche del 25 de marzo

martes, 9 de abril de 2013

Los desasosegados

Por falta de sosiego, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie. En ninguna época, se han cotizado más los activos, es decir, los desasosegados. Cuéntase, por tanto, entre las correcciones necesarias que deben hacérsele al carácter de la humanidad el fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo (Friedrich Nietzsche, Humano, demasiado humano)

Los desasosegados viven perpetuamente conectados, dentro y fuera de su intimidad. Se comportan como insectos ante paneles de luz, atónitos, nerviosos, alterados, y entonces van perdiendo, sin darse cuenta, esa atención duradera y profunda que es menester para el recogimiento. Sólo una vitalidad rebosante, una necesidad de llenar y vaciarse, puede salvar a la civilización del desasosiego.



Pueblo abandonado de Lascort

miércoles, 27 de marzo de 2013

25 de Marzo de 1.944. Los capturados de la RAF emergen de la tierra.

Un volver a empezar, como nacer otra vez, aunque ahora saldrás por un sucio agujero y no habrá llanto ni alegría, en el bosque estarás solo.

Tu frente no hace línea en el mapa, estás en su retaguardia, caíste dentro de la alambrada, en la zona del olvido y nadie cuenta ya contigo.

Atado de pies y manos, enjaulado, te aferras a un sueño imposible, inalcanzable, eres preso de ti mismo y acabarás muerto o pilotando hacia Berlín con la bodega cargada, y volverá a girar la moneda, cara o cruz, pero nunca llegarás a Piccadilly.

Cuando tu uniforme se pudre dentro de un sucio barracón, y el huracán sigue soplando ahí fuera, comprendes que la libertad del mañana se esfumó en la tormenta y sólo queda montar lío aunque sea sin pistola.

Tus deseos quedan reducidos a sentirte útil dentro del anonimato, a ser un grano de arena en medio de una montaña, y llegó la hora cavar un túnel, de ser una gota.

Condenado a ser el ratón te quedará ser abatido en una estación de ferrocarril donde no habrá próximo tren ni flores decorando el anden.

Sabías el final pero sólo te quedaba intentarlo, hasta alcanzar lo inevitable, y lo intentaste, y te regalaste ese maravilloso instante, ese último suspiro consciente, ese latido honrado, calmado, tuyo.
 
 
Samuel Porcel Dieste

domingo, 24 de marzo de 2013

El pesimismo optimista de Schopenhauer

Nada hay fijo en esta vida fugaz: ¡ni dolor infinito, ni alegría eterna, ni impresión permanente, ni entusiasmo duradero, ni resolución elevada que pueda persistir la vida eterna! Todo se disuelve en el torrente de los años. Los minutos, los innumerables átomos de pequeñas cosas, fragmentos de cada una de nuestras acciones, son los gusanos roedores que devastan todo lo que hay de grande y atrevido… Nada se toma en serio en la vida humana: el polvo no merece la pena. Debemos considerar la vida cual un embuste continuo, lo mismo en las cosas pequeñas como en las grandes. ¿Ha prometido? No cumple nada, a menos que no sea para demostrar cuan poco apetecible era lo apetecido: tan pronto es la esperanza quien nos engaña, como la cosa esperada (…) Lo mismo que, desde el punto de vista físico, la marcha no es más que una caída siempre impedida, así también la vida del cuerpo no es más que una muerte siempre suspensa, una muerte aplazada, y la actividad de nuestro espíritu sólo es un tedio siempre combatido… A la postre, es menester que triunfe la muerte, porque le pertenecemos por el hecho mismo de nuestro nacimiento, y no hace sino jugar con su presa antes de devorarla.” (Arthur Shopenhauer, El amor, las mujeres y la muerte)

Se dice que la vida nos pertenece, cuando somos nosotros los que pertenecemos a ella. ¿Y a qué aspira la vida? A nada. El único fin de la vida es perpetuarse a sí misma, y como la vida no aspira a nada, el único fin de la vida es la Nada. Lo que se pensaba que era un medio, ahora resulta que es el fin. Los científicos siempre han creído que la vida es un medio para alcanzar la Verdad, los artistas para alcanzar la Belleza, pero más que fines, son pretextos para seguir viviendo. Nada sirve más que para prorrogar la Nada.

Se habla del pesimismo de Schopenhauer, ¿pero no es su metafísica de la Nada una invitación a la Vida, a esa otra vida que, liberada de ataduras y temores, no puede más que mirarse a sí misma? Decía Goethe que es el canto que canta la garganta, el pago más gentil para el que canta.

viernes, 1 de marzo de 2013

La última lección de Chang Lien

Schopenhauer mantiene la convicción de que el dolor vivido tiende a expulsarse, a sublimarse en el mejor de los casos, de ahí que el material de los artistas, lo mismo que el de los psiquiatras y psicoanalistas, sea el sufrimiento humano. Recuerdo la lección que el maestro Chang Lien da a Pu Ya en La última lección de música de Chang Lien. La única forma de acercarle a la música, o mejor, de acercar la música a su corazón, es haciendo que viva hasta el fondo el desamparo y el miedo, abandonándolo en lo más profundo de las Montañas y en lo más oscuro de la Noche -"Empezó entonces a tocar la guitarra, cantando, y lloraba con dulzura. Luego lloró en el fondo de su corazón y sólo las lágrimas eran sonidos."- Para expresar primero hay que tener algo que expresar. Pero no sólo eso, sino que precisamente es el dolor, la necesidad vivida, lo que mueve a la expresión. Este es el tema de El problema de Aladino; también Schopenhauer lo enuncia con estas palabras: "Templos e iglesias, pagodas y mezquitas, atestiguan en otros tiempos, con su magnificencia y su grandeza, la necesidad metafísica del hombre, que, fuerte e indestructible, sigue paso a la necesidad física." (El amor, las mujeres y la muerte)

Y es que no sólo nos movemos por fines o valores. La concepción occidental del progreso se reafirma en la idea de que el fundamento del progreso, en cualquiera de sus modalidades, es la capacidad de valoración, de atribución de fines valiosos, dando a entender que sólo el fin proyectado mueve, o que la única manera de avanzar es progresando. Claro que para que la necesidad mueva, ésta tiene que despertar, manifestarse. La misión del enviado Phares en El problema de Aladino es precisamente ésta: revelar lo misterioso del mundo, lo asombroso del Ser, escenificado magistralmente en un jardín de suyo inexplicable, a fin de despertar el eros de conocimiento: "Los esfuerzos de Phares apuntaban si no a superar sí por lo menos a tender un puente sobre el dualismo y volver atrás pasando por todas las escisiones; también pasando por aquéllas en plantas y animales y en géneros. Para ello habría que sacudir en primer lugar los pilares del bien y del mal. Y entonces también podría caer la barrera entre hombres y dioses."

La experiencia del misterio es la chispa que enciende la llama. Lo primero no es el Ser, la Vida o el Yo. No hay realidades, sino experiencias primeras, y aquí confluyen la ciencia, el arte y la metafísica.

sábado, 23 de febrero de 2013

El Crack (1.929) pone la Cara B de la Gran Guerra

Primera canción: La aspiradora sobre Francia

Y no quedaron ni los recuerdos, y aquellas palabras que te repetiste, una y otra vez, cuando volviste del frente han quedado vacías.

 
Y las condecoraciones se marchitan, se oxidan entre tus dedos y el viejo uniforme de campaña se esfumó dejando una nariz de payaso.

 
Te pegaste cuatro años matando al enemigo y ahora desearías ser uno de ellos, nada más cruel que ser un perdedor en un país victorioso.

 
Mal asunto, habrá reproches, nadie querrá escuchar tus cuentos, chirrían, escuecen, sólo conseguiste salvar el pellejo y eso a nadie le importa.

 
Y tu garganta se estrecha, te ahoga, cuando vas a contar aquel día de sudor y bayoneta calada, ¿para qué sirvió tu lucha?.

 
De los muertos nadie duda, allí están sus monumentos, pero tú estás vivo, a saber por qué, y esta es tu obra, la nada.

 
Tu sitio estaba allí, en ese agujero, donde había ratas y esperanza, un futuro por el que morir, en el que creer y ahora los tuyos deambulan muertos de hambre y no hay nadie a quien disparar.

 
Y fue su guerra la que te succionó el alma, al son de la marsellesa, y te devolvió la cáscara, una individualidad envasada al vacío, hueca, rodeada de alaridos, oscuros, sucios.




“Todos miraron expectantes a ver qué brotaba de aquella tierra ensangrentada. Y no creció nada, se hizo la nada. Y después llegó el Diablo”
 
Samuel