miércoles, 23 de marzo de 2016

III Olimpiada de Filosofía de Aragón

Desde aquí quiero dar la enhorabuena a nuestros alumnos por su buena clasificación en la III Olimpiada de Filosofía de Aragón.... Ya sabéis que la historia no acaba aquí y organizaremos próximamente una exposición en el IES Zurita con los trabajos realizados. A continuación os dejo algunos de los trabajos ganadores:



Autor: Antonio Amenara Begue
Segundo premio por la modalidad de Fotografía filosófica


Autor: José Asensio Gómez
Fotografía filosófica clasificada entre las diez primeras de Aragón


Vídeo filosófico clasificado entre los diez primeros de Aragón
Autora: Clara Abánades Catalán

Vídeo filosófico clasificado entre los diez primeros de Aragón
Autora: Susana Simón Saiz

jueves, 11 de febrero de 2016

¿Hacia dónde vamos? Un recorrido filosófico por las diferentes formas de inseguridad

El trabajo que publicamos con el título ¿Hacia dónde vamos? Un recorrido filosófico por las diferentes formas de inseguridad en el Nº 86 de la Revista Ábaco, no pretende ser una nueva conquista conceptual, esto es, la acuñación de una nueva significación a términos que aparecen en el título como el de «experiencia» o el de «seguridad». Más que de enseñar, se trata de mostrar, o, más exactamente, de prestar un espejo al lector para que él mismo, con todo lo que le circunda, pueda mostrarse. Tampoco hemos pretendido, como el título parece sugerir, agotar o categorizar toda la tipología de formas de inseguridad existente; más bien, servirnos de la que ya hay para iniciar al lector en la serie dialéctica de formas de inseguridad que entendemos se han sucedido históricamente. Tres son las formas de inseguridad que hemos analizado: el «extravío», el «naufragio» y el «ser a la deriva».




Gracias de nuevo a la Revista Ábaco por concedernos un lugar en su ya más que consolidado espacio para la cultura.

Aquí puede adquirirse el número impreso y en breve también podrá adquirirse en formato digital.

lunes, 1 de febrero de 2016

Tiempo que te encuentra

El tiempo no es. O es una mera abstracción, consecuencia de esa actividad intelectiva que tan bien nos define. Se dice del tiempo que pasa cada vez más rápido, como si fuera un tren que circula a gran velocidad. Tampoco se ahorra o se gana tiempo; en todo caso, se estira la sensación de premura o de apresuramiento. ¡La cantidad de negocios que se alimentan de la imposición a vivir deprisa! 

Ahorra tiempo quien vive deprisa, quien se apresura por vivir. Pero, dice un antiguo proverbio, al hombre feliz el reloj no le da las horas.

Luego está el otro tiempo, el que no se busca, sino que te encuentra. Y entonces descubres atónito que el Tiempo no existe, porque lo que hay son tiempos, formas diferentes de vivir el tiempo superpuestas unas a otras, como universos paralelos...

A un asceta ilustre llamado Nârada, que había ganado por sus innumerables austeridades la gracia de Visnu, se le apareció el Dios y le prometió realizar cualquier voto que hiciese. "Enséñame el poder mágico de tu Mâyâ", le pide Nârada. Visnu asiente, y le hace signo de que le siga. Poco tiempo después, hallándose ambos en un camino desierto y lleno de sol, y sintiendo sed, Visnu ruega a Nârada ande unos metros más, hacia donde se divisa un pueblecito y le traiga agua. Nârada se precipita y llama a la puerta de la primera casa que encuentra. Le abre una muchacha muy bella. El asceta la mira largamente y se olvida a qué había venido. Entra en la casa y los padres de la muchacha le reciben con el respeto debido a un santo. El tiempo pasa. Nârada acaba por casarse con la muchacha y conoce las delicias del matrimonio y la dureza de una vida de campesino: Nârada tiene ahora tres hijos, y después de la muerte de su suegro es propietario de la granja. Pero en el curso del decimosegundo año, lluvias torrenciales acaban por inundar la región. En una noche, se ahogan los rebaños, se hunde la casa. Sosteniendo con una mano a su mujer, con otra a sus dos hijos, y llevando al pequeño sobre el hombro, Nârada se abre difícilmente camino a través de las aguas, pero la carga es demasiado pesada. Se escurre, y se le cae al agua el pequeño. Nârada suelta a los otros dos niños y se esfuerza por encontrar al pequeño, pero es demasiado tarde: el torrente se lo ha llevado muy lejos. Mientras busca al pequeño, las aguas se han tragado a los otros dos niños, y poco tiempo después a la mujer. El mismo Nârada cae, y el torrente lo arrastra sin sentido como a un pedazo de madera. Cuando se recobra, depositado sobre una roca por el agua, recuerda sus desgracias y se echa a llorar. Pero de pronto oye una voz familiar: "¡Hijo! ¿Dónde está el agua que debías traerme? Te espero desde hace más de media hora." Nârada vuelve la cabeza y mira. En lugar del torrente que todo lo había destruido, vio los campos desiertos, brillantes bajo el sol. "¿Comprendes ahora el secreto de mi Mâyâ?", le pregunta el Dios. (Mircea Eliade, Imágenes y símbolos)

jueves, 28 de enero de 2016

Saber estar

Tener que ser es siempre una carga. Además, generalmente, conduce a sentimientos negadores como el desánimo, la culpa o la frustración. La sociedad, el lenguaje, la propia tradición, anclada en aquella división funesta que ya Parménides estableció entre el ser y el no ser, nos instan a buscar el ser allí donde no lo hay, allí donde se extienden los territorios vírgenes donde todavía no ha llegado esa imposición a "ser" de la que aún se nutre la metafísica occidental. Que si tenemos que ser abogados, juristas, médicos o amas de casa; que si tenemos que ser buenos, justos o pecadores; que si tenemos que conocer el "ser" de esto o de aquello para saber a qué atenernos en nuestros afanes vitales. En fin, desde fuera o desde dentro, emergen un sin fin de "seres" que no sólo nos sujetan a una determinada actividad, sino que nos atan a un determinado camino rara vez transitable. Porque, ¿realmente las cosas son?, ¿qué significa que las cosas sean?, ¿acaso la pregunta no es "si el lenguaje es"?, ¿acaso no es el "ser" por el lenguaje, y no al revés? Aun recuerdo la fascinación de aquellos personajes tarantinianos que, como el Señor blanco en Reservoig Dogs, se afanaban desesperadamente en ver en algún infiltrado, como el Señor naranja, un amigo, alguien que les confiriera una identidad y les hiciera "ser" en medio de ese discurso enmarañado de nombres y situaciones ficticios. Como apunta el filósofo José Luis Molinuevo, a raíz del nuevo retrato cinematográfico de David Foster Wallace, ya va siendo hora de renunciar a ese "tener que ser" en aras de un "estar", liberado siempre de comportamientos ególatras y monomaníacos.

miércoles, 6 de enero de 2016

Ni realismos ni idealismos

Estamos mal acostumbrados a situar el debate filosófico acerca del valor epistémico de la ciencia en la vieja disputa entre realismo e idealismo, como si la única alternativa fuera la de afirmar la posibilidad de conocer el mundo fidedignamente o la de defender el papel inventivo del conocimiento. Vamos, que ya va siendo hora de desbancar esta postura reduccionista por la que parece que el sujeto se limita a reproducir lo observado o a engendrar nuevos órganos de visión. El reduccionismo dicotómico luego conduce a ejercicios sintéticos que, lejos de arrojar luz sobre la cuestión, desvían al lector de su verdadero quid. 

Para el caso del valor epistémico de la ciencia, Wittgenstein advierte que la esencia de la cuestión se halla fuera de los límites de aquella dicotomía, afirmando que la ciencia ni describe el mundo ni lo inventa. Más bien, informa acerca de nuestro modo de describirlo, que será mejor cuanto más útil y preciso resulte. Así, la ciencia, por ejemplo, la mecánica newtoniana, será un sistema de representación o descripción del mundo tan válido como cualquier otro, sólo que en virtud de su aplicabilidad y funcionalidad es el que escogemos. Pero el hecho de que el sistema newtoniano nos sirva para describir el mundo no dice nada de éste. Lo que nos dice algo acerca del mundo es el modo preciso y determinado en que es posible describirlo por este medio. Así, del mundo ya podemos decir con sentido que puede ser descrito mediante la mecánica newtoniana, y del modo como lo hace: 

"6.342 Y ahora vemos la posición recíproca de lógica y mecánica. (Cabría hacer, también, que la red se compusiera de figuras de otro tipo, de triángulos y hexágonos, por ejemplo.) Que una figura como la arriba citada pueda ser descrita mediante una red de una forma dada, es cosa que no dice nada sobre la figura. (Porque esto vale para cualquier figura de este tipo.) Pero lo que caracteriza a la figura es esto: que puede describirse enteramente mediante una determinada red de una determinada finura. Así pues, tampoco enuncia nada sobre el mundo el hecho de que pueda ser descrito mediante la mecánica newtoniana; pero sí, ciertamente, el hecho de que se deje describir así mediante ella, como, en efecto, es el caso. También dice algo sobre el mundo el hecho de que pueda describirse más sencillamente mediante una mecánica que mediante otra."

(Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus)

martes, 29 de diciembre de 2015

Orden y pureza

Un prejuicio muy extendido es la afirmación de que los totalitarismos políticos se basan en la idea de la superioridad de la raza. Según el modo de pensar habitual, los sistemas totalitarios defienden que el orden político se basa en la superioridad ontológica de una raza o de un conjunto de razas sobre otros, y que es precisamente dicha superioridad la que legitima a la raza superior a disponer de privilegios que no disponen las inferiores. Sin embargo, una lectura atenta de La sociedad abierta y sus enemigos nos lleva a pensar, más bien, que estos sistemas políticos se fundamentan en el principio ontológico de que el orden subyace en la pureza racial. En efecto, desde el punto de vista popperiano, los principios del Estado totalitario platónico -representativo del totalitarismo político en general- no inciden tanto en la relación de superioridad e inferioridad entre razas como en la preservación de la pureza racial. Los totalitarismos, más que defender la superioridad ontológica de un linaje, buscarían mecanismos políticos para evitar la mezcla entre razas y así no dar lugar a desórdenes internos. La sociedad de castas basada en la división de clases sería la consecuencia de la necesidad de preservar la pureza racial, no su causa. Al respecto, Platón, refiriéndose a los orígenes de la corruptibilidad política, ya advierte del peligro de proceder a la mezcla racial y clasista: "En consecuencia, serán elegidos gobernantes aquellos totalmente ineptos para su tarea de vigías, es decir, de inspección y custodia de los metales de las razas, oro y plata, bronce y hierro. De este modo, el hierro habrá de mezclarse con la plata y el bronce con el oro y de esta aleación surgirá la Variación y la absurda Irregularidad; y toda vez que surjan éstas a la luz, habrán de engendrar la Lucha y la Hostilidad. De aquí, pues, cómo debe describirse la ascendencia y el nacimiento de la Desunión, allí donde se observa su presencia."

¿Pero cuáles son las raíces de esta idea que supedita el orden político a la preservación de la pureza de la naturaleza? La pregunta no es fácil de responder, porque encontramos ya indicios de ella en las más antiguas concepciones filosóficas que habría que rastrear. Pudiera pensarse también que se trata de una de esas ideas enquistadas en la naturaleza del entendimiento humano, como diría Kant, a priori, de forma que el entendimiento estuviera constituido para asociar la idea de pureza a la de orden. En efecto, ¿no vemos ya la Naturaleza, compuesta de sustancias bien distintas y diferenciadas, como un todo legislado? De hecho, desde los orígenes de la mineralogía, se ha buscado también preservar la pureza de los minerales, devaluando la mezcla entre los mismos. O pudiera tratarse de una idea derivada de alguna otra más fundamental y constitutiva del mundo antiguo, como aquélla que ve en el reposo y la quietud un signo de perfección y en el cambio un síntoma de imperfección: ¿acaso no pretendía Platón con su sociedad de castas constituir un estado perfecto, acabado, como tal, sustraído de la ley de la corruptibilidad inmanente al tiempo histórico? O quizá se trate de una idea a la que se ha llegado por observación, y el hombre la formara tras observar que la Naturaleza, siempre sabia, guarda celosamente un orden jerárquico basado en la separación de géneros y especies, siendo contrario a sus intereses cualquier forma de mezcla entre individuos de diferentes especies. En cualquier caso, se trata de una idea que la historia ha demostrado ser contraria al propio impulso vital humano, más próxima al thanatos que al eros, a la disolución que a la preservación.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Relato de un sueño

La Noche siempre es fuente de riqueza. Es ella la que nos sumerge al mundo de los sueños, de lo elemental, de lo más primitivo y por ello verdadero de nosotros. El sueño descubre verdades que a la intuición y a la consciencia pasan inadvertidas, como hacen los mitos que irrumpen allí donde nacen los dioses y las palabras.

A la luz del sueño, la vigilia es una fantasmagoría.

Relato de un sueño del pasado Abril de 2006

Mi madre con entusiasmo me da la noticia de que acabo de recibir una herencia que me permitirá afrontar el futuro con mayor holgura. Siento la mirada recelosa de algunos familiares que se preguntan quién ha sido el responsable de que sea yo el único poseedor de la herencia. Mientras tanto, mis padres me aconsejan que guarde muy bien las llaves que intuyo abrirán las puertas de mi nueva casa.

Es de noche y nos encontramos todos cerca de la urbanización de Zaragoza. Pronto se acerca a nosotros un hombre con muchos libros usados bajo sus brazos. Mi padre, que parece conocer su identidad, me lo presenta como uno de los mayores sabios del país. Habla con él y luego me dice que si decido entregarle las llaves de mi nuevo hogar, recibiré de él una educación para llegar a ser un gran filósofo. Comprendo que la suma de mis bienes es el precio que debo pagar para recibir mi nueva educación. Apenas mi padre termina de decírmelo, entrego las llaves al sabio. Juntos nos alejamos de mis familiares y nos disponemos a tomar un autobús, en concreto, el número 42.

Ocurre entonces que el sabio repentinamente acelera el paso y con las llaves en su mano toma el autobús, quedándome fuera. Corro tras el autobús, que se aleja por las calles de Zaragoza en plena noche. Comprendo que nunca le daré alcance. Vuelvo con mi padre y le pregunto por el motivo de la reacción del gran sabio, que no entiendo por qué puede haberme engañado. Mi padre me confiesa que el sabio ha decidido que sea otra la persona que reciba sus enseñanzas, una persona de mayor talento que yo. Me confiesa que el sabio le insinuó que no era la persona adecuada para recibir la educación que me convertiría en un gran filósofo. Otra persona cercana a mí, de mi misma sangre, había sido la elegida.

Entiendo tristemente que el sabio pueda tener razón y alejándome solo hacia la ciudad veo el autobús que dobla la última curva antes de perderse para siempre en el horizonte. Me siento solo en medio de la gran ciudad. Detengo mi paso, miro a mi alrededor y la luna cómo ilumina la ciudad.

En ese mismo momento me pregunto que quizá no sea necesario recibir la educación de un gran sabio para ser un filósofo. Entiendo que no puedo perder nada desafiando al gran sabio y a los hombres que creen en él. 

Sonrío y vuelvo con los míos con dos libros bajo los brazos.

Sueño de Abril de 2006