domingo, 10 de noviembre de 2013

Cazador de problemas (segunda parte)

La vivencia del problema está en el origen del conocimiento. La vivencia del problema supone la confrontación de dos realidades: la razón (que busca comprensión) y lo problemático (que necesita de una razón, de una explicación) Mientras que la razón se ocupa de dar razones, lo problemático las demanda, las exige. La razón, sujeta a la necesidad de dar explicaciones, se dispara cuando se encuentra con lo enigmático, lo insostenible, esa realidad indigente, falta de razón, de fundamento; de ahí que el alumno tenga que vivir el problema, el aspecto problemático de lo real, para iniciar o recorrer el conocimiento. De otra forma, si no hay tal vivencia, la razón se envaguece, se oxida, y sólo actúa por opresión externa, porque dicen los demás que hay que usarla y respecto a lo que hay que usarla.

Labor del profesor es crear el camino para la intuición del problema, recrear las condiciones que hagan posible su comprensión. Entiéndase bien: no se trata de hacer de los alumnos instrumentos al servicio de la resolución de problemas, sino de darles la oportunidad para que se hagan ellos sujetos de conocimiento. No se trata tanto de darles respuestas como de dar ocasión a que ellos se respondan.

6 comentarios:

M. A. Velasco León dijo...

Buena pareja de entradas. Tal vez esto sea, y no otra cosa, la tan manida adquisición de competencias, y el aprendizaje comprensivo.
Recorrer el camino, ya transitado antes, como no puede ser de otro modo, es recrear -literalmente- el problema. Es el camino de la comprensión que luego fructificará encontrándose con problemas de otros ámbitos. Nuestra labor, efectivamente es incitar a recorrer ese camino.
Salud

David Porcel dijo...

Gracias y saludos

Anónimo dijo...

Me parece entender que hablas de una oposición, de una diferencia susbstancial, entre razón y problemática, en el sentido de asociar lo primero con, permíteme la metáfora, la luz que iluminara cualquier objeto, pero que estuviera indisolublemente ligado a ella: como una llave que abre "todas " las puertas, a condición de que "todas" tengan una cerradura correspondiente a esa misma llave.
Si es a,sí, entiendo esos objetos indigentes, pobres, sin cerraduras, que, por lo tanto, poco de valor deben guardar sino el propio empeño del que se atreve con ellos para ir más allá de lo que la llave maestra enseña y repite, sabiendo que, en el mejor de los casos, sólo va a encontrase con una luz distinta de la primera, aunque sea, ésta, una luz que hay que guardar, porque si no todo, hasta las lucernarias de la razón, quedaría a oscuras.

David Porcel dijo...

Exacto: lo mismo que Kant analiza las condiciones de posibilidad del conocimiento fijándose en el yo, cabría investigar las condiciones de posibilidad que hacen que el ser pueda ser conocido, y esas condiciones no las encontramos tanto en el conocer como en el ser. Por ellas acontece esa extraña conexión entre lo enigmático, lo indigente y la razón, que actúa y funciona porque antes hay un ser que la reclama, la necesita. Lo mismo que el ser necesita de la razón para ser conocido, la razón necesita de lo cognoscible para conocer.

M. A. Velasco León dijo...

No se, no se, un poco hegeliano me da la impresión de que te estás poniendo.Me recuerda al ser-espíritu que se autoconoce a través de la razón humana.

M. A. Velasco León dijo...

Me temo un sesgo hegeliano, ese ser y la razón se aproximan al espíritu que se autoconoce a través de la razón del humano. ¿?