viernes, 8 de marzo de 2019

Fuera de los no lugares

Preferiría no hacerlo, repite Bartleby ya desprovisto de alma, y así resuenan sus ecos en las tardes que nos vemos abocados a repasar proyectos sin término, correcciones, adaptaciones, permisos y autorizaciones, papeles varios cuya única finalidad parece ser la de desviar para siempre el genio que todos llevamos dentro. Alumnos con genio. Esos son los mejores. Capaces de desbancar opiniones que se atribuyen al sentido común y, si hace falta, retar al profesor, y con él a toda una generación. ¿Pero dónde queda el genio si no en talentos singulares, todavía no afectados por la vorágine de propagandas y revisiones que se han de acometer? ¿Acaso el sistema no se empeña en derribar palabras mal sonantes y entorpecer a todo aquel que, desde su emboscadura particular, no busca sino comprensión en un mundo que no se la dio?
 
Preferiría no hacerlo, en construcción condicional. Porque hay que hacerlo. No queda otra, si no quieres quedar fuera de lugar, aunque sea del no lugar. De ese no lugar que Marc Augé advierte que identifica al hombre de hoy. Y lo hace con estas palabras, anticipando lo que se nos viene: "Todas las interpelaciones que emanan de las rutas, de los centros comerciales o del servicio de guardia del sistema bancario que está en la esquina de nuestra calle apuntan en forma simultánea, indiferente, a cada uno de nosotros ("Gracias por su visita", "Buen viaje", "Gracias por su confianza"), no importa a quién: son las que fabrican al "hombre medio", definido como usuario del sistema vial, comercial o bancario." De eso se trata, de fabricar Bartlebys, y cuantos más y más complacientes, mejor, aunque sea para que terminen pronunciando su preferiría no hacerlo. Porque eso significa que ya han hecho, y mucho.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Viva Melville! Vive Melville? Por ahí andan sus pasos...

David Porcel Dieste dijo...

Y porque andan, vive. Vive demasiado. Abrazos

M. A. Velasco León dijo...

¡La acuciante lucha entre lo urgente y lo importante!
Las urgencias son secundarias, pues si no lo fuesen serían importantes. Pero a la vez tienen la importancia de asegurarnos una cómoda trayectoria vital.
Debe ser la ballena que continuamente enfrenta el capitán Ahab la misma que nos empuja en tanto que Bartlevys.

David Porcel Dieste dijo...

Así es, urgencias que nos hacen estar alertas, atentos a la nueva orden, y a veces la atención misma funciona ya como orden de una nueva disposición. Abrazos

Robbin de los Bosques dijo...

Ese condicional es descorazonador, es el sometimiento y la resignación... Es la muerte definitiva de la voluntad, el último coletazo de vida.
Esta sociedad que hemos construido poco espacio deja a lo importante, como decía Miguel Ángel, andamos acuciados por una escala infinita de urgencias que nos acaban reduciendo a seres pasivos, ante la inconmensurabilidad de los no lugares.
¡Buena entrada!

David Porcel Dieste dijo...

Sí, aunque Marc Augé, en su último libro, Las pequeñas alegrías, propone un regreso a lo importante, o un desvelamiento, porque nunca lo importante nos ha dejado. Habrá que leer el libro que promete. Abrazos

Rocio Alonso dijo...

Menos mal que nos quedan las pequeñas alegrías. Mucho de lo que es importante está en ellas. Al fin y al cabo son ellas las que nos hacen soportable ese condicional cargado de servidumbre y resiggnación.
Gracias por compartir sensaciones y reflexiones.

David Porcel Dieste dijo...

Así es, y pienso, también, que en nuestra responsabilidad está darnos espacios y tiempos para compartir. De esa posibilidad versa precisamente un trabajito que espero pronto compartir. Gracias a ti por estar ahí, en tantos sentidos.