martes, 31 de marzo de 2026

Y sin embargo suena

A veces las palabras, como los cuartos oscuros y los campanarios, no esconden nada en su interior. Sencillamente, encuentran su fuerza en las creencias que en ellas proyectamos, en la autoridad que otorgamos a quien las pronuncia, no siendo ellas mismas más que máscaras sin rostro, corteza sin semilla, eco de un sonido que ya no suena en realidad. Y, sin embargo, se mantienen tan vivas como la primera vez, condicionando comportamientos y apaciguando a corazones disidentes y rebeldes.




“¿En cuántas ocasiones de la vida nos detienen palabras dichas por alguien a quien hemos investido de autoridad? Padres, profesores, jefes, policías, médicos, afectos... Ninguno tiene autoridad salvo que se le conceda. Independientemente de que sea justo o beneficioso concedérsela, se la tenemos que dar primero para que pueda actuar. Ahí reside su verdadero poder. En el que nosotros otorgamos. Por tanto, la receta para eludir la autoridad de las palabras está implícita. Ser conscientes del poder que entregamos es importante para poder quitarlo más adelante y para salvaguardar la propia vida de la arbitrariedad”. (Alejandro Gándara, Los textos robados a la felicidad)

domingo, 15 de marzo de 2026

Acercamientos

La ingenuidad, como lo que nos hace estar junto al génesis, no es privación, sino condición. No es extraño, en este sentido, que los grandes ingenuos de la historia, como Parsifal, Aladino, Prometeo, Sócrates o Jesucristo, hayan sido los grandes resucitadores de mundos que creíamos olvidados y de aventuras que pensábamos propias de dioses. El ingenuo, precisamente por morar junto al fuego de las cosas, es el verdadero amante de los hombres y del conocimiento, aquel capaz de abrirse paso haciendo suyo lo que es de nadie y, como Eros en pleno éxtasis, batiéndose por terreno inexplorado. 

Ingenuos son los que no preguntan para qué, porque confían. Los que no necesitan saber porque ya saben lo que necesitan. Los que no invaden y dejan fluir. Los que no saben de importes ni importan, pero a los que todo les importa. Ingenuos son los que moran a solas con ellos mismos, como Heráclito con su fuego, descubriendo que a las cosas hay que dejarlas ir. Ingenuos son los que avanzan sin conseguir ni conquistar, más bien, tendiendo, acercándose, dando pasos. Hacia la luz, lo mismo que hacia el otro, se tiende. En este sentido, la ética y la política son acercamientos.




“Los ingenuos. Los frágiles. Las almas cándidas. Esos a los que llaman flojos y tibios y buenistas y cosas peores. Los que no gritan. Los que escuchan. Los que se ponen en la piel de otros, a los que no conocen. Los que cuidan y preguntan qué tal estás con una curiosidad sincera. Los honestos que van de frente y sin doblez. Los que se revuelven aunque les critiquen, porque siempre critican. Los que hacen aquello que creen que tienen que hacer. Los que dudan y, en cambio, tienen clara la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. Los que hacen preguntas pero no son equidistantes: los que se hacen preguntas para no ser equidistantes. Los que podrían dormir tranquilos y, sin embargo, se desvelan.” (José Luis Sastre)

miércoles, 18 de febrero de 2026

Profundidades

Las diferencias aparecen a una mirada superflua de las cosas, si nos detenemos en el aspecto. Esas mismas diferencias se borran cuando reparamos en una mirada profunda de las cosas, esto es, cuando dejamos a las cosas que se descubran en toda su profundidad.


sábado, 14 de febrero de 2026

Vidas conjuntas

En mis lecturas juveniles de Ortega aprendí a ver en la vida una oportunidad insustituible para realizar lo que se supone sería un verdadero proyecto vital. En su filosofía de la vida y la circunstancia entendí la importancia de vivir hacia delante y no replegarse en pasados de ninguna especie, por muy reconfortantes que estos fueran. Aprendí a distinguir lo valioso de lo superfluo en tanto que lo primero me impulsaría a realizar paso a paso lo que podría definirse como un auténtico proyecto vital. Y aprendí a ver en la circunstancia un escenario de oportunidades y dificultades con las que poder seguir haciendo futuros que acabarían, para bien o para mal, siendo parte de mí.



Ahora, sin embargo, cuando la madurez me ha alcanzado y me siento, hasta cierto punto, realizado, veo que lo verdaderamente excitante y meritorio no es proyectar la vida hacia adelante, no es encauzar las energías hacia un futuro más o menos esperanzador. No, lo realmente digno y merecedor de valor es, más bien, vivir haciendo proyecto, esto es, vivir implicando en tu vida a quienes más consideras por formar parte de ella. Así, por ejemplo, vive haciendo proyecto quien se embarca en grupos de trabajo y hace de compañeros y alumnos personas capaces de hacer cosas que antes ni siquiera imaginaban poder hacer. Vive haciendo proyecto quien es capaz de ilusionar y sembrar semillas donde antes no las había, o quien mueve voluntades hacia propósitos que se difuminan conforme el camino compartido va tomando luz. Hacer proyecto significa, en definitiva, suspender tus proyectos para mirar al otro con la misma fuerza con la que te mirarías si estuvieras en su lugar.

martes, 10 de febrero de 2026

Aprender a soñar

Ayer vi –o vimos, según se mire- Jacquot de Nantes, de la directora Agnès Varda. La película es la historia de un niño que aprende a soñar estando despierto, mientras que la manivela de su pequeño cinematógrafo hace bailar a las figuras, y moverse, y susurrarles al oído en lo oscuro de la casa. La película es, también, la historia de un refugio que transforma a un niño en una vida de pasión y movimiento. Y cuando tiene a punto la proyección baja al cuarto de abajo para que los demás vean su sueño.

 


El caso es que viendo la película recordé estas palabras de George Steiner, pensando que también los profesores deberían soñar, y equivocarse, y despeñarse. Y así crear, acompañados: “Estoy asqueado con la educación escolar de hoy. Veo cómo se ha convertido en una fábrica de incultos, donde no se respeta la memoria, el silencio ni el valor del error. Me duele ver cómo se entrena a los niños para repetir sin pensar, para vivir acelerados, sin tiempo para tener tiempo. Yo siempre he creído que la poesía, la filosofía y la literatura forman el alma, y que aprender de memoria no es una pérdida, sino una forma de llevar dentro lo esencial. Me preocupa que estemos criando generaciones incapaces de soñar, de equivocarse y, por lo tanto, de crear. La educación debería formar seres humanos completos, no consumidores vacíos.”

lunes, 9 de febrero de 2026

Cuando las cosas se mostraban

En un mundo en que se nos escamotean las cosas, con su luz y sus sombras, traigo este hermoso poema que escribe mi padre, y que recuerda al tiempo dibujado de memoria y deseo. Pudo ser un instante, un atardecer en el mar perezoso, un día entero, cuando las cosas se mostraban y no había donde esconderse salvo en ellas.


viernes, 6 de febrero de 2026

Aquí hay conocimiento

Nueva experiencia inolvidable la decimotercera Olimpiada de Filosofía. Viéndola crecer, uno se siente parte de algo. Reencuentros acompañados. Hojas y hojas de guiones y esquemas previos a la ejecución. Luces dirigidas al papel valioso. Bolígrafos relevando a otros. Miradas atónitas de que aquí hay conocimiento. Semillas del mañana que son ya el hoy. Alumnos y alumnas venidos de todas partes para abordar desafíos y dilemas que, a trompicones o de una vez, los acercarán a ellos mismos.



Personas que se hacen más personas por confiarse a su pensamiento. Miradas que se elevan porque ha llegado la palabra buscada. Palabras que no llegan y que, por eso mismo, ceden a la siguiente. Líneas completas que hay que seguir para dar con el conjunto y cuidar la última de las comas. Caminos de vuelta porque hay que reescribir esa letra de dedos torpes, o doblar la idea que quedó huérfana. Aventuras de quien marcha solo confiando en el conocimiento que una vez proveyeron profesores y familiares. Colegas anónimos que están en las mismas que tú y que, por eso mismo, formamos la decimotercera olimpiada aragonesa de Filosofía.

domingo, 1 de febrero de 2026

Luz de sueño, luz de la razón

¿Cómo es posible que lo inerte produzca tanta fascinación como lo vivo? ¿O que Leibniz demostrara en el siglo XVII que lo único que se necesitaba para realizar todas las operaciones de la lógica y la aritmética eran el uno y el cero? ¿O que un vacío -un agujero, una ausencia-, debidamente encajada, fuera capaz de dar vida con los primeros telares mecánicos a la cornucopia de guirnaldas, rosas, leones, corderos, vírgenes, ángeles y santos que adornaban las paredes de los hogares más lujosos de Europa? ¿O que un telar, que es una máquina primitiva según los estándares modernos, como revela Benjamín Labatut en el capítulo que dedica a 'Nicholas Augustus von Neumann' en Maniac, “pudiera encerrar en su interior la semilla de una tecnología que iba a afectar, para bien y para mal, todos los aspectos de la experiencia humana”?



Fascinación y espanto es lo que el mismo telar mecánico -convertido en insecto metálico de diez mil patas para una mirada literaria- produce en dos hermanos que lo reciben de su padre plantado en medio de su casa. En el mayor la fascinación lo lleva a querer saber todo de él, a perderse en su infraestructura y a querer desentrañar cada uno de sus secretos y entresijos: “No dejó de hurgar dentro del aparato, desarmándolo pedazo a pedazo, llegó a estar tan inmerso que el segundo día se saltó el té y la cena, y todavía estaba intentando descifrar sus secretos, arrastrándose por el suelo para meterse dentro del mecanismo principal, o reptando a cuatro patas para encontrar dónde iba la pieza que había sacado, cuando yo me rendí y dejé de insistir en que lo dejara en paz y viniera conmigo a jugar al jardín antes de que nos obligaran a irnos a la cama.”


Mientras, el pequeño, más temeroso y retraído, sueña angustiado con el gran artefacto de diez mil patas cobrando vida y, montado encima su hermano mayor, queriéndolo devorar.

*

Esta fue la actitud que asumí cuando recibí el primer Cinexin de mis padres. En lugar de querer saber de su funcionamiento destripándolo y matando sus secretos, seguía una y otra vez aquellas dulces proyecciones en el cuarto oscuro de las dos camas, a veces a solas, otras acompañado, pero siempre girando una y otra vez la manivela para recrear la misma historia a la velocidad que dictara la mano. ¿Qué contenía esa luz que me hacía seguir viéndola?

jueves, 29 de enero de 2026

Espacios de vida (Idea para un aniversario)

Una de las grandes riquezas de los centros de Formación profesional es el modo como enseñan los valores que luego harán de los profesionales verdaderas personas. Cuando un alumno te quiere mostrar el taller donde trabaja y ejecuta los movimientos recién aprendidos, o las cocinas donde con sus fogones realiza los platos que su maestro le enseña, en realidad te quiere mostrar algo de él mismo que ha estado aprendiendo durante sus años de formación. Un taller, una cocina, un laboratorio, mucho más que una clase cerrada diseñada como receptáculo donde a alumnos y alumnas se les dispone a sentarse y apoyar sus apuntes sobre una mesa no elegida, son «espacios de vida» forjadores de valores que, muy especialmente las enseñanzas prácticas, pueden llegar a transmitir. El alumnado ha de convivir para aprender, y ha de poder equivocarse, meter la mata, mezclar lo que no debe, quejarse cuando yerra la ejecución, ayudar al que se queda atrás, o correr más aprisa cuando el timbre amenaza con sonar. Como escenarios de vida construidos para su aprendizaje, los talleres de formación profesional funcionan como hacedores de valores imprescindibles para cualquier vida fuera de la academia.



Extendiendo este concepto a toda la educación, sería hermoso ver a cada enseñanza, a cada familia profesional, mostrando de qué manera sus contenidos, prácticas, teorías, metodologías, contribuyen a la formación integral del alumnado, inculcando este o aquel valor fundamental para su desarrollo como personas. Por ejemplo, a la materia de Lengua y literatura, fomentando la amabilidad a través del uso responsable y respetuoso del lenguaje; a la Filosofía, estimulando la curiosidad mediante la comprensión de los fundamentos y el sentido de las cosas; al estudio del inglés y del francés, potenciando la integración de lenguas y culturas; a la Historia, promoviendo el valor de la libertad a partir del reconocimiento de las ventajas de los sistemas democráticos frente a otras formas de gobierno; al Dibujo, estimulando la belleza mediante el desarrollo de la sensibilidad estética; a la Biología, impulsando el progreso a través de la observación de la naturaleza como fuente de aprendizaje para el avance científico; a Formación y orientación laboral, reforzando el respeto al derecho mediante el conocimiento de las obligaciones y responsabilidades en el ámbito laboral; a los talleres de Automoción, fomentando valores como la precaución con sus protocolos de seguridad y una ética profesional responsable, a Cocina, con sus productos, hornos y fogones, favoreciendo el amor y cuidado por los alimentos y los comensales. Y así, con el resto de enseñanzas y familias profesionales...

sábado, 24 de enero de 2026

Forja de valores

También las ideas necesitan reposo para cuajar, y así luego conformar paisajes que, de otra manera, no tendrían lugar. Y ayer, escuchando a nuestro alumnado de Formación Profesional en la preparación del Certamen de Debates sobre Igualdad, salió a relucir esta idea que ahora me gustaría reposar: ¿Cómo puede contribuir el conocimiento práctico a la asimilación de valores fundamentales para la convivencia, como es el valor de la igualdad? ¿De qué manera el ejercicio de los saberes prácticos y técnicos puede contribuir a crear sociedades más justas e igualitarias? Desde las enseñanzas de Bachillerato se insiste en la importancia de la teorización para la promoción de valores (fundamentación y legitimación de valores, expresión en declaraciones de derechos y deberes...), y va llegando el momento de considerar esta otra vía práctica para contribuir, sin duda, a una educación más completa e integral.


martes, 20 de enero de 2026

Momentos de vida

Hay momentos en la vida en que uno se confía a su interioridad y espera sacar de ella lo que ningún tratado, regla o fórmula es capaz de contemplar. Son momentos implacables, que llegan de las zonas más recónditas para recordarte que "eso eres tú". Son momentos que para el sentido común se presentan bajo el signo de lo torpe, lo ingenuo o lo ridículo, pero que, en realidad, contienen misterios quizá sólo entreabiertos. Son momentos en que el decir se vuelve verdadero decir, y saca al hablante del parloteo y monótono coloquio con los que va zarandeándose por el mundo:



“-Es que es verdad, al final es muy duro. Uno piensa que tendrá tiempo de decir las cosas, y cuando se quiere dar cuenta ya es demasiado tarde. Uno piensa que basta con dar muestras de cariño, con hacer gestos, pero no es verdad, hay que decir lo que se siente. `Decir´, esa palabra que tanto te gusta, Michka.” (Las gratitudes)

jueves, 1 de enero de 2026

Feliz año nuevo

Sólo los locos y los necios no sueñan cuando duermen. Sólo los locos y los necios no reinventan a cada instante sus vidas, ni se despiertan con la sábana que los había dejado helados en la noche. Sólo ellos no viven fuera para tener que habitar nuevos mundos, quizá compartidos por alguna alma perdida que navegue hasta ellos. Sólo los locos y los necios no beben del agua tibia y toman de las impurezas de vivir sin escafandra. Sólo ellos escapan de los gritos, impertinencias y desaires de sociedades cada vez más desvergonzadas y violentas. Sólo ellos no necesitan de Cervantes y el Quijote para imaginar nuevos mundos y hacer más soportable el nuestro. Sólo ellos no cuentan los años, y las uvas, y los champanes, para celebrar cada año nuevo como si fuera el bueno. Sólo ellos no escuchan a Mahler ni se adentran temerosos cada vez que alguien abre la puerta. Sólo ellos no albergan esperanza de encontrar al cazador que mate al lobo, ni de sentirse acompañados en los momentos finales. Sólo ellos, los locos y los necios, no corren para entrar y ver al final la hoguera infinita de los tiempos.