El personaje del “loco” de Nietzsche de La gaya ciencia grita desconsolado en
medio de la plaza ante el pálpito de la Noche eterna. Es más lúcido que quienes
lo tachan de loco porque puede sentir más. Por un momento, ha tomado
consciencia de los límite de la consciencia, como tomando por segunda vez la
sustancia prohibida y adquiriendo un nuevo pesar que le abrirán más los ojos.
Ahora los ojos le pesan más. Ahora la existencia se ha vuelto más real, y por
ello más insoportable. Ahora las palabras piden ser gritadas, o
proclamadas, para que al menos tengan su eco. Y el pasado se llena de
escombros: “¿Cómo pudimos vaciar el mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar
el horizonte? ¿Qué hemos hecho después de desprender a la Tierra de la cadena
de su sol? ¿Dónde la conducen ahora sus movimientos? ¿A dónde la llevan los
nuestros? ¿Es que caemos sin cesar? ¿Vamos hacia adelante, hacia atrás, hacia
algún lado, erramos en todas direcciones? ¿Hay todavía un arriba y un abajo?
¿Flotamos en una nada infinita? ¿Nos persigue el vacío con su aliento? ¿No
sentimos frío? ¿No veis de continuo acercarse la noche, cada vez más cerrada?
¿Necesitamos encender las linternas antes del medio día?”
Al hilo comparto este poema de mi padre, que titula "Qué será de nosotros".

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