Cuando uno puede
pasear por el mundo y quedar vacante para que aquellos pensamientos que antes
punzaban se desenganchen y quedes libre de ellos, los días se hacen más amables
y los caminos más transitables. El sol luce con nueva alegría y las nubes ya no
amenazan como antes. Es la fiesta de quien vive sintiendo el placer de vivir.
¿Para qué más o por qué menos?
Hay muchas maneras de caminar, todo tipo de caminantes, y todos han necesitado del coraje para iniciar la marcha. Ponerse a caminar es el primer acto de humildad, en tanto que por el camino salimos de nosotros mismos. Es la primera estación que abandonamos, el yo con sus habladurías. Y así es como «en camino» luego podemos vivir. Sobre esto, y otras ideas, escribo en dos artículos que espero saldrán publicados en el próximo invierno.

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