sábado, 12 de abril de 2025

No estamos tan lejos los unos de los otros

No estamos tan lejos los unos de los otros. Y es así como me hicieron sentir los alumnos mientras les escuchaba recitar sus poemas o leer atentamente el cuadernillo coloreado al otro lado. De pronto, un alumno elevaba su mirada, y se daba cuenta de que todo aquello era algo más que un mero encuentro académico orquestado. De pronto, una alumna sacaba su cuaderno negro, y, apresurada, leía atentamente su poema no fuera a ser que esas palabras se perdieran para siempre. Otra, temblorosa, hacía vibrar su voz con cada verso, porque estaba segura de que en cada palabra se adivinaría algo de su universo recóndito, y escondido. Como árboles que enseñan sus raíces, lunas que se acercan hasta hacerse vulnerables, así me hicieron sentir quienes tuvieron el coraje de desnudar su alma en el día de ayer.

Luces tenues, palabras que entran, miradas cómplices, relojes que no se miran, nos recuerdan que no estamos tan lejos los unos de los otros.

domingo, 6 de abril de 2025

Preguntas trampa

Con esto de que la Inteligencia Artificial se está instalando en nuestras vidas –o nuestras vidas en ella- hasta el punto de tener que hacernos convivientes, se va haciendo extensiva cierta inclinación, nefasta para el conocimiento, a preguntar sin sentir verdadera curiosidad hacia lo que se pregunta. Realmente, ahora los humanos, en la esfera pública o privada, en los colegios y fuera de ellos, ya no preguntan. Más bien formulan a la espera de obtener una respuesta inmediata. Si antes nos quejábamos de que los jóvenes habían perdido la facultad de cálculo porque ya no ejercitan las multiplicaciones y las divisiones, ahora el problema es que han perdido la facultad de preguntar. Preguntar significa vivir la pregunta, admirarse de su misterio, situarse en el mundo reconociendo una limitación singular que interpelará a otros a su búsqueda. Preguntar, sobre casi cualquier tema de relativa gravedad, supone interrumpir la vida y los quehaceres diarios para disponerse a emprender un viaje para el que uno, de primeras, cuenta con sus solas fuerzas. Preguntar supone, precisamente, renunciar a todo lo que puede dar la Inteligencia Artificial.



La pregunta abisma. De pronto ya no hay escaleras ni puentes con los que cruzar. Nos sitúa como protagonistas de una historia que está por comenzar. De repente todo nuestro alrededor –la circunstancia, que diría Ortega- se vuelve mochila y recurso, siendo el ChatGPT una provisión más. La pregunta, cuando de veras importa y queremos emprender viaje, la experimentamos sabiendo que no dejaremos de preguntar. Decían los filósofos escépticos que hay conocimientos que es mejor no buscarlos, por aquello de que con nuestra mochila de estar por casa no podremos hallarlos. Pero tampoco los escépticos cayeron en la cuenta de que la pregunta no nace de la posibilidad, de la impaciencia, o de la molestia de quien no conoce algo en un preciso momento. La pregunta no nace de la acumulación ni de la obtención. La pregunta, si es honesta, vivida, nace del coraje de quien decide dejar todo para hacer de ella hoja de ruta. Es así, por otra parte, como se inicia cualquier civilización humana. En Las mil y una noches encontramos un cuento que trata de dos hermanos que viven en un palacio donde tienen todo lo que pueden querer: Sirvientes que satisfacen sus caprichos, un jardín esplendoroso lleno de bellos animales y flores que parecen soñadas. Aguardan felices en él, hasta que un día un anciano les habla de un misterioso lugar donde encontrar un árbol que canta, un pájaro que habla y una fuente de oro. A partir de ese momento, aquellos niños que todo lo tenían viven sólo para encontrar la manera de abandonar su casa y buscar aquel lugar milagroso. La pregunta ha entrado en sus vidas, claro, y ya no pueden dejar de buscar.

La pregunta no puede ser encerrada en ningún algoritmo ni correr por los circuitos de la información y la aceleración. No puede tampoco postergarse demasiado o delegarse a otro, natural o artificial. La pregunta no puede ser encerrada en ningún peso informativo ni formulada para ser respondida a continuación. Los niños abandonan su palacio, su rutina, su semejanza, y emprenden viaje, hacia la luz, claro. Hacia aquello que no somos y quizá nunca seremos.

Publicado en El Imparcial, 5 de abril de 2025

viernes, 4 de abril de 2025

Sueños

Calles de colores y altas, muy estrechas, me llevan en autobús hasta un patio interior, donde yace una familia, y al fondo una anciana a punto de osificarse. La veneran porque debe esconder algo que nadie sabe.

Sueño de marzo


miércoles, 26 de marzo de 2025

HOY HACE UN DÍA LUMINOSO: TANTA LUZ

Hay una luz que calma, apacigua, aquieta. Es la luz de la vela en las noches de tormenta, la luz de los conceptos que ordena y depura, la luz que espera al final de la cueva. Pero hay otra luz que arde, que quema a quien se acerca a ella. Es la luz de quien ya no puede soñar, luz que el poema no puede cicatrizar.


 

Hoy, tanta luz para ver solo

los hilos perdidos de la noche recien muerta,

las agonías de la esperanza,

las horas que agitan las manos para que las escuchemos

 

tanta luz

para ver el horizonte a lo lejos

como una boca cerrada que no puede llorar.

 

Miguel Porcel

25 de marzo de 2025


lunes, 24 de marzo de 2025

Los cuidados

Estupenda la acogida de este encuentro que reunirá a alumnas, profesores, alumnos, profesoras, y algún que otro moderador sobre un tema que ocupa y preocupa. Pronto.


sábado, 8 de marzo de 2025

Vidas proyectadas

Miramos el mundo con el prisma de lo que queremos que sea. Proyectamos sobre él nuestras ilusiones, hacemos de él campos de juego, lo combatimos introduciendo nuevos principios, hacemos que sea lo que creemos que debería ser. El ser humano introduce sus propios planes en la naturaleza, los inserta en ella con su visión y luego vuelve a extraerlos de allí. Pero al actuar así vivimos proyectivamente, fuera de sí, y nos medimos por la alegría de nuestros juegos o la precisión de nuestros juguetes. ¿Y qué hay de aquella otra medida que no admite retirada? ¿Qué hay de aquella otra medida frente a la que no cabe combate? La consciencia nos abre el mundo, situándonos en él como actores de una escena. ¿Y ahora qué historia representamos? 



A veces deberíamos parar la representación, cesar en nuestro empeño combativo, dejar que la vida, simplemente, sea. Caminar sintiendo el peso de nuestros pasos, amar viviendo más cerca las cosas, comulgar experimentando el cuerpo transformado. Ahí se iguala la vida del emperador con la del mendigo o la del pobre carretero. Cuando paramos y cesamos en nuestra lucha individual, cuando nos sentamos a reponer fuerzas y nos decidimos a continuar viviendo con lo puesto, esas diferencias que tanto significaban en los escenarios de la existencia se borran, ya no se tienen en cuenta. Fuimos todos arrancados, y ya no practicamos las éticas del bien y de la justicia, ya no pretendemos hacer del mundo un lugar a imagen y semejanza de nuestras ilusiones. Más bien, conscientes ahora del peso y gravedad de la existencia, de lo incompartible e inmodificable, aspiramos consentidamente a «lo bien que podemos estar», que no es poco.

Tienes el mismo cuerpo, con los mismos órganos y energías que el hombre de Cro-Magnon hace treinta mil años. Al vivir una vida humana en la ciudad de Nueva York, o al vivirla en las cavernas, pasas por los mismos estadios de la infancia, la llegada a la madurez sexual, la transformación de la dependencia infantil en la responsabilidad de la vida adulta, el matrimonio; después, la decadencia del cuerpo, la pérdida gradual de sus poderes, y la muerte. Tienes el mismo cuerpo, las mismas experiencias corporales, de ahí que respondas a las mismas imágenes. (Joseph Campbell, El poder del mito)

lunes, 3 de marzo de 2025

Árboles

A veces me detengo a contemplar la naturaleza que nace de nuestro instituto, ¿o es nuestro instituto el que nace de la naturaleza? Y ver el juego de las nubes, o a las ramas estirarse con sus hojas, me llena de paz mientras me preparo para la clase del momento siguiente. Y mientras procedo así, me pregunto si no convendría que aprendiéramos todos un poco más de la naturaleza; por ejemplo, contemplando las partículas que contiene un rayo de luz, o las rugosidades de la hoja caída en el alféizar de la ventana. Y de esa manera que se avivara la llama del asombro, y de la curiosidad.




“Se dice que todo cuanto ansiamos es encontrarle un sentido a la vida. No creo que sea eso lo que realmente buscamos. Creo que lo que buscamos es experimentar el hecho de estar con vida, de modo que nuestras experiencias vitales en el plano puramente físico tengan resonancias dentro de nuestro ser y realidad más internos, y así sentir realmente el éxtasis de estar vivos”. (Joseph Campbell)