lunes, 8 de febrero de 2010

¿Puede enseñarse la creatividad?

Un resultado valioso en cualquiera de las disciplinas existentes - la comprensión de un concepto, el descubrimiento de alguna contradicción que desmonte un sistema o la invención de un nuevo término para apresar el sentido de lo que se pretende transmitir -, siempre emerge de un esfuerzo gratuito y desinteresado del hombre meditabundo. No puede ser la consecuencia de un propósito, de un objetivo o de un programa de aprendizaje concretos, pues un resultado de esta valía exige una entrega desinteresada al cultivo del conocimiento sin mayor pretensión que la de penetrar en él o de incrementarlo. Se trata más bien de un regalo, de una gracia con la que nos es recompensado nuestro esfuerzo, de ahí que llegue de manera imprevista, espontánea, natural, como la inspiración a los poetas o la revelación a los místicos:
Si en el trabajo es la finalidad de la obra quien da sentido y valor al esfuerzo, en el deporte es el esfuerzo espontáneo quien dignifica el resultado. Se trata de un esfuerzo lujoso, que se entrega a manos llenas sin esperanzas de recomensa, como un rebose de íntimas energías. De aquí que la calidad del esfuerzo deportivo sea siempre egregia, exquisita (...) A las obras verdaderamente valiosas sólo se llega por mediación de este antieconómico esfuerzo (...) Nadie ha descubierto una ley física simplemente por habérselo propuesto; más bien la ha hallado como un regalo imprevisto que se desprendía de su ocupación gozosa y desinteresada con los fenómenos de la naturaleza. (Ortega y Gasset, El tema de nuestro tiempo)
Es un error, por tanto, tratar de idear algún procedimiento pedagógico con el que pretender que los alumnos sean creativos, o despierten la curiosidad por un tema concreto. Pensamos que no existen habilidades, recursos ni herramientas pedagógicas (o antipedagógicas) que hagan desarrollar la comprensión y la creatividad del individuo, pues éstas deben emanar (si lo hacen) de ese esfuerzo desinteresado. Lo que cabe hacer, eso sí, como docentes, es crear la ocasión para que el alumno desarrolle aquellas facultades, pero siempre desde la convicción de que es poco habitual observar esa entrega deportiva al conocimiento y de que ésta, en última instancia, no depende de nosotros.

9 comentarios:

Felipe dijo...

Completamente de acuerdo, David.

Mary Loly dijo...

La creatividad nos acompaña a todos en alguna medida solo que muy pocos se dan cuenta de que existe. No se puede enseñar, pero si se puede ayudar a encontrarla.

David Porcel dijo...

Mary Loly,

Pero, ¿no crees que es uno mismo el que la tiene que encontrar? Podemos insinuar el camino, pero es uno mismo el que lo tiene que recorrer.

Gracias a ti también Felipe por tu lectura y participación

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo en que la excelencia es fruto del trabajo auténtico y desinteresado. Sin embargo, desde las clases resulta verdaderamente paradójico intentar crear espacios que potencien este tipo de esfuerzo si los resultados acaban cristalizando en un número o nota de corte. De ahí que en muchas ocasiones lo verdaderamente provechoso de las clases quede al margen de lo que el boletín de notas puede reflejar.

Un saludo.
Alba

David Porcel dijo...

Sí, lo que puede hacerse es destinar actividades de carácter totalmente voluntario (lo cual no quita para que no puedan ser recompensadas académicamente) que permitan al alumno un contacto más intenso con la filosofía (lectura de libros, ejercicios de reflexión, participación en debates...) Por experiencia, lo obligatorio generalmente resulta menos atractivo que lo voluntario...más cuando este tipo de actividades voluntarias premian y valoran la excelencia filosófica.

Saludos

Anónimo dijo...

Yo estoy probando con mis alumnos la confección y mantenimiento de un blog por grupos. Tengo que ir mejorando el recurso porque creo que se le puede sacar mucho partido. Por ahora he constatado que les ha gustado mucho, más de lo que me esperaba, pero como siempre, detecto que podían dar más de sí. Mi objetivo ahora es intentar que le saquen todo el partido a la experiencia en lo sucesivo.
Un saludo,
Marcos Santos

David Porcel dijo...

Gracias por compartir tu experiencia,

saludos

Matilde Carreras dijo...

Estoy de acuerdo en que la creatividad no se puede enseñar. Me toca muy de cerca comprobar esto, ya que asisto a diario a un taller de arte en un barrio bastante humilde y con muchas necesidades en mi ciudad (San Pedro, Buenos aires, Argentina), dónde el escultor Juan José D´Estéfano les da la oportunidad a muchos chicos a sentir el arte. Ellos trabajan con arcilla de nuestro río, pintan, dibuja, cantan. Les arma el escenario dónde pueden o no poner en juego su creatividad. Hay niños que tienen muchísimo talento y la creatividad fluye de ellos como si nada, pero en otros no hay caso (profe, no me sale, no se que hacer, ¿cómo lo hago?) son comentarios de aquellos cuya creatividad no aparece. D´Estefano les enseña algunas técnicas, pero no a ser creativos. Leen algún cuento, novela o miran alguna película y se les da la libertad de expresarse poniendo en juego su creatividad, pero también está en juego su entorno, ya que de alguna manera lo que hacen se relaciona mucho con su situación, su familia, su forma de vida.
Este taller es totalmente gratuito y el escultor se encarga de los materiales, de mantener el lugar y no es para nada rico, ni le sobra, es un trabajador más, pero es muy generoso, a veces peca por ello.
Cordial saludos. Si lo desean pueden visitar (http/sanpedroverdecercano.blogspot.com) y verán fotos de este taller
Matilde Carreras

David Porcel dijo...

Es una satisfacción para mí recibir este tipo de experiencias que confirman lo dicho y alentan el entusiasmo y el cultuvo del arte.

Gracias por vuestra participación, y enlazo la referencia.