martes, 7 de enero de 2014

Ojos que miran y no miran

La obra póstuma de Stanley Kubrick Eyes wide shut (1999) -basada en el relato Eine Traumnovelle de Arthur Schnitzler (Relato soñado)- acaba con el reconocimiento de que no somos completamente dueños de nuestra vida, pero tampoco totalmente siervos de lo inconsciente. Por eso, como al final comprende Alice, la realidad de una noche, por no hablar de la de toda una vida, nunca será la verdad completa. La verdad completa integra ámbitos del ser inconciliables, irrenunciables, que se constituyen en dialéctica oposición: vigilia y sueño, día y noche, propósito y deseo, conformando una unidad que va más allá de la mera suma de contrarios. Cada uno de estos ámbitos ocupa su lugar, el uno frente al otro, de ahí que Alice, que ha sabido mirar desde ambos puntos de vista, acabe perdonando a su marido tras escuchar su relato final. El perdón de Alice se convierte en el reconocimiento del deber de perdonar. La película es, en este sentido, una obra ética.

La historia comienza con el relato de Alice, que tiene un carácter testimonial:

¿Te acuerdas del último verano en Cape Cod?, ¿te acuerdas que había un joven oficial de la marina muy cerca de nosotros? (....)

Al pasar junto a mí me miró una mirada. Nada más. Pero apenas pude moverme. Aquella tarde Elena fue al cine con su amiga y tú y yo hicimos el amor, y también hicimos planes sobre el futuro y hablamos sobre Elena. Y en ningún momento se me fue de la cabeza. Y pensé que si él me deseaba, aunque solo fuera por una noche, estaría dispuesta a dejarlo todo: a ti, a Elena, todo mi jodido futuro, todo. Y era extraño porque, al mismo tiempo, te quería más que nunca y en aquel momento mi amor por ti era a la vez tierno y triste.

El dolor de Alice es el dolor de quien descubre que su vida -atenta, vigilante- es una mentira, una ilusión, y no porque no haya sido fiel a sus propósitos, sino porque su abismática atracción hacia el joven oficial dice más de ella misma que toda su vida entera. Su marido es la víctima y ella el testimonio. En efecto, desde el ámbito del deseo, de lo inconsciente, ella testimonia la naturaleza ilusoria de lo que hasta ahora -su vida, su marido, su hija- había considerado lo más importante. A la luz de la Noche, todo lo demás, incluido aquello por lo que más había luchado, se revela ahora insignificante, falto de valor, una mera ilusión. 

Pero enseguida despierta descubre la naturaleza inconclusa, vacía, del deseo. La conciencia le revela ahora que el deseo carece de objeto, de posibilidad de término: A la mañana siguiente me desperté llena de pánico. No sabía si tenía miedo de que se hubiera ido o de que aún estuviera allí. Entonces, comprendí que se había marchado y sentí un gran alivio. También su marido fracasa en la aventura experiencial que le aproxima a lo más profundo de lo inconsciente. El deseo es nuevamente frustrado, interrumpido, por múltiples avisos y resistencias, cada vez más poderosos conforme aquél se intensifica. Su condición de intruso en el castillo es la resistencia final, ineludible, contra la que ya no puede avanzar más. Al día siguiente, postrado ante el cuerpo inerte de la prostituta anónima, como lo hiciera Alice en el pasado, comprende que ya no puede satisfacer su deseo. Demasiado tarde, demasiado despierto.

Finalmente, sabedores de que la verdad abarca más que la sola Noche, acaban perdonándose:

Ella cogió la cabeza de él entre sus manos y la apoyó cariñosamente contra su pecho.

- Pero ahora estamos despiertos -dijo- para mucho tiempo (...)


Permanecieron así en silencio, dormitando los dos un poco y próximos entre sí, sin soñar... hasta que, como todas las mañanas, llamaron a su puerta a las siete y, con los ruidos habituales de la calle, un rayo de luz victorioso a través de la rendija de la cortina y una clara risa infantil en la habitación de al lado, comenzó el nuevo día.

(final de Relato soñado, Arthur Schnitzler)

9 comentarios:

M. A. Velasco León dijo...

Estupenda reflexión, David. Me gusta más que la película la cual, he de confesar, me defraudó. No se porqué, pero no conecté con ella. Tal vez el reparto, ninguno de los dos protagonistas es santo de mi devoción. Tal vez el montaje, la película entre el comienzo y el final se me perdía, algo chirriaba.
De todos modos, es buena, pero esperaba más y ya sabes, si las espectativas son muy altas ...
La que recomiendo encarecidamente es La gran belleza. Corre, antes de que la quiten.
Salud

David Porcel dijo...

Gracias, Miguel Ángel, correré pues, por cierto, que ya tenemos el blog de la asociación desde la que mover lo de la Olimpiada. Un abrazo. http://www.sofira3.blogspot.com.es/

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo en tu asociación primera entre poder y unidad. Precisamente ahí encuentro la gran mentira: identificar la "verdad" con algo unitario que pueda comprenderse sin fisuras, como algo catalogable: mi vida es un éxito, por ejemplo.
El poder, que inventa taxonomías, necesita evacuar de sus ecuaciones el deseo, que todo lo acaba por desarreglar ya que revela aquello con lo que no contamos.
Un abrazo

David Porcel dijo...

Buen comentario. En efecto, de eso también va esta película, de los límites y estrategia del poder. El poder al final no puede disolver el deseo, falla en su pretensión de convertir o reducir esta realidad a lo cuantificable, lo medible, lo catalogable, como dices. Sencillamente el deseo opera de dentro a fuera, de ahí que trascienda el ámbito donde aquél se mueve. Pero no sólo somos deseo, de ahí que tengan cabida la comprensión y el perdón. Otro abrazo

Anónimo dijo...

Me parece una reflexión excelente David y, pese a que mi comentario no puede ni soñando alcanzar el nivel de los ya existentes, quiero aportar una liviana reflexión que me sugiere el título de la película. Kubrick ha escogido, de forma muy inteligente por cierto, un oxímoron para el título. Aunque traduciríamos el título como "Ojos completamente cerrados", normalmente, el adjetivo "wide" (pese a significar también "completamente") se asocia principalmente con "open" ("eyes wide open": "muy abiertos" o "como platos") y no con "shut". En mi opinión se trata de términos contrapuestos escogidos premeditadamente por el director en un afán de hacer pensar al espectador para que intente discernir el verdadero significado del argumento. Mi reflexión es que ambos protagonistas tienen los ojos cerrados ante la realidad, un amor incondicional y una familia modélica y por ello, se dejar llevar por sus pulsiones intentando buscar algo distinto que les saque de la monotonía de la vida cotidiana. Al final, acaban por darse cuenta de lo que realmente importa y por ello sus ojos están "wide". Un beso

David Porcel dijo...

Vaya, un matiz interesante esto que comentas. Otro beso.

Francisco Pardo dijo...

Me quito el sombrero, macho. Estupenda reflexión. Saludos.

Francisco Pardo dijo...

Estupenda reflexión. Pieso que ahora, por fin, la he comprendido del todo. Saludos.

David Porcel dijo...

Muchas gracias. Cordiales saludos