domingo, 8 de noviembre de 2026

La oscuridad de la transparencia

Hoy escribimos sobre armas que no matan y enemigos que no odian,


LA OSCURIDAD DE LA TRANSPARENCIA

También hay oscuridad en la transparencia. La búsqueda de verdad, que se desprende incluso de los rincones hacia donde a tientas nos dirigimos, hastiados y apesadumbrados con tanto bombardeo informativo amedrentador, contrasta con la nueva oscuridad que recorre la sangre de mandados y mandatarios. Es la oscuridad de la transparencia, que invalida nuestros ojos, hasta el punto de volverlos inservibles, incapaces, incluso para ver. La transparencia, cuando es total, ciega. Y es que las nuevas armas –aquellas que son fabricadas y manejadas por los poderosos que hoy ponen y disponen- no están diseñadas exclusivamente para matar. Ciegan, incapacitan, invalidan, volviendo estéril el deseo mismo, el mismo que hacen entrar la luz en nuestras vidas, el mismo que vuelve frágiles las cosas hasta sólo poder amarlas y protegerlas. Decía hace sólo unos años Byung-Chul Han, el filósofo Premio Princesa de Asturias, que ningún otro lema domina hoy tanto el discurso público como la transparencia: “Esta se reclama de manera efusiva, sobre todo en relación con la libertad de información. La omnipresente exigencia de transparencia, que aumenta hasta convertirla en un fetiche y totalizarla, se remonta a un cambio de paradigma que no puede reducirse al ámbito de la política y de la economía.” (La sociedad de la transparencia, 2012)

 


La oscuridad de la transparencia no mata, porque si así fuera podría prevenirse con vacunas o antídotos, sino que mutila, anula, esteriliza. No hay vacuna contra la indiferencia y la apatía, que observamos cada vez que alguien absorbe una noticia o engulle una publicación. ¿Qué nos afecta verdaderamente hoy? ¿Qué conmueve hasta el punto de lastimar? El afecto, que une y reúne, es también otro de los grandes damnificados por esta exigencia totalizadora de transparencia, que suma adeptos sin reparar en la adicción. Pronto no se podrá responsabilizar la acción humana porque será indistinguible de la agencia artificial, o porque ya no tendremos ojos con los que poder jugar o estimar. Pronto la psicología moderna será cancelada por la inmediatez de las mal llamadas inteligencias artificiales, instaladas ya en el sillón y la manta. ¿Nos preocupan verdaderamente las repercusiones de los mundos maquinales, cuando los seguimos construyendo como si no hubiera un mañana y otros mundos no fueran posibles? ¿Nos asustan realmente los avances de la inteligencia artificial, en los que seguimos delegando la amistad y el pensamiento?

Y donde no hay afección, deseo ni discernimiento, no hay posibilidad para el ritual, la transición o transfiguración. «En el bosque el ser humano duerme», dice Jünger en La emboscadura (1951), cuando todavía el miedo era real y había refugios donde esconderlo. La noche ha desaparecido del camino, y con ella la posibilidad de emprenderlo. Muchos de los grandes mitos que alentaban a nuestros padres a contarnos sus cuentos cuando llegaban cansados del trabajo, bajo la manta siempre que abrigaba en las noches de invierno, o la sábana si era verano, siguen el mismo ritmo constituyente de la luz que despierta, la búsqueda que emprende y el fruto que transforma. La película se acababa aquí, porque sabíamos que el mundo era lugar inhóspito donde tendríamos que labrar palabras y recursos para hacernos un lugar en él, y quién sabe si trazar algunos puentes que nos acercarían el corazón de los demás. Pero hoy ya casi nadie cuenta. Ya casi nadie busca. Ya casi nadie ama. Ya casi nadie duerme, por si las moscas. La experiencia del arrojo, del abandono, del ser ahí, que decían los existencialistas Heidegger y Sartre, está ya sólo en los libros de quienes los quieren comprender. Ya no hay señales de piedra que guíen la noche.

Hace unos días decía el filósofo esloveno Slavoj Žižek, refiriéndose a las recientes oleadas de violencia protagonizadas por jóvenes, que todavía hay esperanza para no pasar a la acción, que sólo en la desesperanza el hombre actúa y pueden acontecer los cambios, del signo que sean. Para Žižek, la verdadera desesperanza —entendida no como una depresión paralizante, sino como la pérdida total de ilusiones en el sistema actual— es, paradójicamente, el único motor real para un cambio auténtico. Sin embargo, allí donde no hay deseo ni silencio que transitar hasta madurar y hacernos mayores, no hay esperanza ni desesperanza posibles.

(Publicado en El Imparcial, 8 de noviembre de 2026)

jueves, 5 de noviembre de 2026

Su mirada, nada más

La mirada, y no la verdad, es el tema de la filosofía, o uno de sus temas, de los grandes temas, que han llevado a filósofos y personas de ciencia a pensar su alcance y limitaciones. Desde que Platón condujera la mirada hacia lugar seguro, para evitar que fueran cegados los ojos del alma y penetrara mansamente la luz en quienes deseaban saber más de lo que los sentidos podían ofrecer, ha existido toda clase de escuelas y corrientes que han puesto su foco de interés sobre la realidad de la mirada, su poder y necesidad. Necesitamos mirar y ser mirados, y a veces en exceso, hasta el punto de cumplirse las palabras con las que el personaje el señor Levy, de la película Cerrar los ojos (2023), da comienzo a una de las más grandes proyecciones sobre la mirada: “Quiero que busque a mi hija, porque es la única persona en el mundo que me puede mirar de una manera distinta, única. Eso es lo que quiero de ella, su mirada, antes de que yo muera. Su mirada, nada más”.

En nuestro primer trabajo que dedicamos al asunto, recojo momentos especialmente reveladores que nos descubren ante la necesidad de mirar, y de ser mirados. Con ellos os invitamos a su lectura.


                                                             Cabeza de la necrópolis de Antíoco.

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Sueños de noviembre

En lo alto de una montaña anaranjada, viva de colores y cercana en el tiempo, tres siluetas jóvenes yacen inmóviles mirando fijamente. Alguien desconocido me anima a cruzar mis ojos con los suyos, pero enseguida son apartados como si fueran a ser quemados.

Sueño de noviembre.


                                                 Cabezas cortadas. Monte Nemrut.

lunes, 26 de octubre de 2026

El poder de la mirada

Muy interesante la nueva entrega que la Revista Ábaco nos presenta dedicada a las guerras civiles, no como meros episodios de confrontación militar, sino como fracturas íntimas de la convivencia social. A diferencia de las contiendas internacionales, las guerras civiles convierten en adversarios a quienes compartían instituciones, ciudades, centros de trabajo y lazos cotidianos. A través de una visión marcadamente interdisciplinar, este número convoca a historiadores, geógrafos, filósofos, periodistas y politólogos para sopesar las secuelas territoriales, políticas, éticas y simbólicas de estos conflictos a escala global.





Con el título, “El poder de la mirada. Una reflexión sobre la dimensión ética de la mirada atenta”, comparto el primero de los trabajos que dedico a mostrar que la mirada puede ser mucho más decisiva que la verdad y el conocimiento a la hora de construir sociedades amables. Una mirada puede bastar para salvar vidas humanas. ¿En qué medida nos influye la mirada de los otros? ¿Es la mirada fuente de conocimiento y amabilidad? ¿Podríamos aprender a mirar hasta el punto de crear sociedades de seres amables? Las historias elegidas en este artículo tienen el propósito de mostrar la dimensión ética de la mirada humana, destacando el hecho de que la acción de mirar no solo amplía nuestras posibilidades en tanto que seres cognoscentes, sino que contribuye, como casi ninguna otra cosa, a construir sociedades de seres libres y comprometidos. ¿Somos de verdad conscientes de lo que hacemos cuando (no) miramos al otro?

Un trabajo que tendrá continuidad en otro posterior, dedicado al poder de la ceguera, en contextos cada vez más necesitados de una «ética para invidentes» que prepare a los valientes que quieren ver y prevenga de los cobardes que dicen ver renunciando a ello. Por el coraje de ver la vida se llena de sentido.

viernes, 23 de octubre de 2026

Lección para invidentes

                          

                            ¿DE QUÉ COLOR TIENES "LOS OJOS"?


                                                    Gato con ojos de colores en Van.


A veces la realidad exige que preguntemos de nuevo, que afinemos la pregunta, que cambiemos la forma de preguntar.

domingo, 18 de octubre de 2026

Errores perfectos

Comparto este hermoso poema de una de mis antiguas alumnas, allí donde estaba ella la clase se llenaba de libretas y cuadernos negros, y de lápices nerviosos. 



Errores perfectos 16oct2026 3:35am


Si ya me cansé de la incoherencia

de contradicciones eternas

que en mi corazón ya no cabe paciencia

tan solo vivir sufriendo las consecuencias,

con la brisa efímera de los impulsos

vivo en la tormenta de crisis y sustos

a veces solo hay que darse un respiro

para que la determinación salve a tu Ser íntimo.

 

Quiero secarte los ojos,

quiero, por una vez, aplastarlos contra el suelo

que sientas tus tripas arder

al ver que tu mundo de ideales se cae

se corrompe, se oscurece

y por favor no lagrimees, esta masacre es por tu bien.

Mira hacia dentro, más allá de las carnes y huesos

danza con tus miedos, con las ilusiones rotas como espejos parejos,

hoy siento que algo quiebra por dentro

siento una tensión recorrer mi cuerpo entero

la ira ya araña por salir

puños cerrados, venas carmesí

tu puto corazón ingrato

no siente que me derrumbo por estar a tu lado.

 

Camina, vamos, camina,

busca la ventana, busca la luz del día

mi ira saliva, mi mente aturdida,

la masacre de la oscuridad roza mis nervios

los antiguos, los remanentes del pico del infierno

los que recuerdan el fuego propagarse

acabando con el llorica llamado cobarde.

 

Ahora vago por los prados secos

extiendo mis manos y no las encuentro

dime para qué vivir con prisa

con miedo a mostrar tu imperfecta sonrisa

si al final la sangre se diluye con el cielo

al final, tu coraza se acaba deshaciendo.


Laura Serban

jueves, 15 de octubre de 2026

Invierno de filosofía

Cuando uno puede pasear por el mundo y quedar vacante para que aquellos pensamientos que antes punzaban se desenganchen y quedes libre de ellos, los días se hacen más amables y los caminos más transitables. El sol luce con nueva alegría y las nubes ya no amenazan como antes. Es la fiesta de quien vive sintiendo el placer de vivir. ¿Para qué más o por qué menos? 



Hay muchas maneras de caminar, todo tipo de caminantes, y todos han necesitado del coraje para iniciar la marcha. Ponerse a caminar es el primer acto de humildad, en tanto que por el camino salimos de nosotros mismos. Es la primera estación que abandonamos, el yo con sus habladurías. Y así es como «en camino» luego podemos vivir. Sobre esto, y otras ideas, escribo en dos artículos que espero saldrán publicados en el próximo invierno.