sábado, 18 de abril de 2026

La Inteligencia artificial y la enseñanza de la filosofía

Interesantísima la nueva entrega de la Revista Ábaco dedicada a la Inteligencia artificial y la enseñanza de la filosofía. La educación contemporánea se enfrenta a un desafío sin precedentes: preparar a los estudiantes para un mundo cada vez más mediado por la tecnología y, en particular, por el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial (IA). Este desafío resulta especialmente relevante en el ámbito de la filosofía, una disciplina que ha reflexionado históricamente sobre la racionalidad, el conocimiento, el juicio, la ética y la singularidad humana, y que, sin embargo, nunca ha podido ni querido pensarse al margen de los problemas científico-técnicos que configuran cada época. La IA no constituye, por tanto, un objeto externo o accidental para la filosofía, sino un fenómeno que interpela directamente a sus categorías fundamentales y a su función formativa.

Al mismo tiempo, la rápida expansión de sistemas algorítmicos capaces de producir textos, imágenes, decisiones automatizadas o recomendaciones normativas ha reactivado viejas preguntas filosóficas bajo nuevas condiciones técnicas: ¿qué significa pensar?, ¿en qué consiste juzgar?, ¿puede una máquina conocer, decidir o incluso tener experiencias?, ¿es legítimo delegar en sistemas artificiales tareas cognitivas, evaluativas o morales?, ¿qué ocurre con dimensiones como el cuerpo, la afectividad o la responsabilidad cuando el conocimiento se traduce en datos y cálculos? Estas cuestiones no solo afectan a la investigación filosófica, sino también —y de manera decisiva— a la enseñanza de la filosofía y a su papel en la formación crítica de los estudiantes.

En la sección de Crónica y crítica de la cultura, también hablando de educación, colaboramos con un artículo que titulamos Elogio del recibimiento. Hacia una escuela no competencial, en el que defendemos la posibilidad de construir una educación no basada en la idea del logro y la consecución de objetivos. ¿Por qué tener que dirigir la educación cuando ella no conoce reglas ni raíles? ¿Por qué no recuperar para nuestros sistemas educativos una enseñanza que prepare para la vida? ¿Por qué no una educación que haga prevalecer la curiosidad del conocimiento sobre el resultado de conocer? ¿Por qué no abrirnos a la experiencia colectiva del descubrimiento desoyendo la competencia? ¿Y por qué, en definitiva, no convertir las aulas en escenarios de vida donde los alumnos se sientan más cerca los unos de los otros?


Aquí podéis acceder al contenido del número

viernes, 17 de abril de 2026

Palabras que dicen

El Certamen de debates de ayer fue otra muestra de que la palabra prevalece aún cuando nadie la usara. Sin móviles, artilugios, salvo un atril de madera y cuatro o cinco mesas pintadas de blanco, nuestros alumnos y alumnas supieron dar voz a sus pensamientos y opiniones más viscerales. De muy adentro salían sus palabras cuando recordaban el menosprecio que habían sentido por ser chicas y decidir estudiar mecánica de automóviles, o cuando se quejaban de no encontrar espacios compartidos para reflexionar sobre asuntos como la igualdad. Igualdad, que no identidad, significa, como tan bien supieron expresar entre públicos diversos, reconocimiento de las mismas oportunidades en la vida y en el trabajo.




Ahí, mientras apoyaban sus fichas plastificadas, por temor a que de un soplido desconocido echaran a volar las páginas que con tanto esmero habían sido llenadas, se sentaban ellas, las alumnas de FP Básica de Cocina y Restauración, que hacía solo unos meses temblaban cada vez que escuchaban el eco de sus voces por el micrófono, y proyectaban sus pensamientos diciendo y leyendo, leyendo y diciendo, intercalando la mirada y asegurándose de que sus ideas llegaran al público. Y, luego, habiéndolo preparado todo tan concienzudamente, tras ensayos en el espejo y fuera de él, alumnos y alumnas de 1º de Grado Medio y 1º Bachillerato debatieron entre sí mientras el público alzaba la palabra. Una experiencia, bella, gloriosa, significativa, la de ver reunido a nuestro alumnado de diferentes enseñanzas y procedencias, edades y países, debatiendo sobre asuntos que, sabido es –aunque no siempre reconocido-, es cosa de todos.

Participantes del I Certamen de Debates sobre Igualdad

Una experiencia, la de ayer, que uno vivió como otra semilla de actividades que harán, quizá, lo más valioso: reunir a jóvenes haciéndolos conscientes de que son ellos quienes ya están construyendo nuestro presente. ¡Enhorabuena!

                          Equipo ganador del I Certamen de Debates sobre Igualdad

                                           
                                           Con intermedios para chuparse los dedos

lunes, 6 de abril de 2026

La primavera de la inteligencia artificial

“El modo en que nos contamos a nosotros mismos la historia de un avance tecnológico va dando forma al pensamiento colectivo y termina condicionando su recorrido e impacto. El lenguaje, por tanto, es un elemento fundamental en la configuración de nuestros imaginarios, especialmente los colectivos, y en el caso de la inteligencia artificial lo es en dos direcciones: no solo en las palabras que elegimos para hablar de ella, sino también en cómo los sistemas lanzan sus propias producciones lingüísticas, cada vez con más calidad.” (Carmen Torrijos y José Carlos Sánchez)



domingo, 5 de abril de 2026

Nosotros no sabemos, no somos dioses

De qué modo podemos acercarnos a las cosas? ¿Y a los demás? Porque la vida, más que de conquistas, propósitos y objetivos, va de acercamientos. Hay quienes se acercan a salir. Otros se acercan a tocar, y los hay que se acercan tomando la palabra. ¿Por qué no una reflexión -que es otra forma de acercarse- sobre la naturaleza del acercamiento y de la cerca? Una reflexión que nos oriente en este fenómeno, o en esta actitud, más bien, esta tensión, que pasa por querer salir, querer tocar, querer tomar la palabra, aun a riesgo de continuar infinitamente distanciados.




Ahora que se acerca el final de las vacaciones...

“¿Podemos llegar a saberlo? Quizá si comiéramos del árbol de la ciencia del bien y del mal…, pero no se puede. Solo Dios sabe. Nosotros no sabemos, no somos dioses. Es un silogismo bastante simple. Y también bastante difícil de asimilar: hay cosas que nunca llegaremos a saber. Llegar a distinguir lo que puede saberse de lo que no se sabrá nunca es la máxima de la filosofía y del saber antiguos.” (Los textos robados a la felicidad, Alejandro Gándara)

martes, 31 de marzo de 2026

Y sin embargo suena

A veces las palabras, como los cuartos oscuros y los campanarios, no esconden nada en su interior. Sencillamente, encuentran su fuerza en las creencias que en ellas proyectamos, en la autoridad que otorgamos a quien las pronuncia, no siendo ellas mismas más que máscaras sin rostro, corteza sin semilla, eco de un sonido que ya no suena en realidad. Y, sin embargo, se mantienen tan vivas como la primera vez, condicionando comportamientos y apaciguando a corazones disidentes y rebeldes.




“¿En cuántas ocasiones de la vida nos detienen palabras dichas por alguien a quien hemos investido de autoridad? Padres, profesores, jefes, policías, médicos, afectos... Ninguno tiene autoridad salvo que se le conceda. Independientemente de que sea justo o beneficioso concedérsela, se la tenemos que dar primero para que pueda actuar. Ahí reside su verdadero poder. En el que nosotros otorgamos. Por tanto, la receta para eludir la autoridad de las palabras está implícita. Ser conscientes del poder que entregamos es importante para poder quitarlo más adelante y para salvaguardar la propia vida de la arbitrariedad”. (Alejandro Gándara, Los textos robados a la felicidad)

domingo, 15 de marzo de 2026

Acercamientos

La ingenuidad, como lo que nos hace estar junto al génesis, no es privación, sino condición. No es extraño, en este sentido, que los grandes ingenuos de la historia, como Parsifal, Aladino, Prometeo, Sócrates o Jesucristo, hayan sido los grandes resucitadores de mundos que creíamos olvidados y de aventuras que pensábamos propias de dioses. El ingenuo, precisamente por morar junto al fuego de las cosas, es el verdadero amante de los hombres y del conocimiento, aquel capaz de abrirse paso haciendo suyo lo que es de nadie y, como Eros en pleno éxtasis, batiéndose por terreno inexplorado. 

Ingenuos son los que no preguntan para qué, porque confían. Los que no necesitan saber porque ya saben lo que necesitan. Los que no invaden y dejan fluir. Los que no saben de importes ni importan, pero a los que todo les importa. Ingenuos son los que moran a solas con ellos mismos, como Heráclito con su fuego, descubriendo que a las cosas hay que dejarlas ir. Ingenuos son los que avanzan sin conseguir ni conquistar, más bien, tendiendo, acercándose, dando pasos. Hacia la luz, lo mismo que hacia el otro, se tiende. En este sentido, la ética y la política son acercamientos.




“Los ingenuos. Los frágiles. Las almas cándidas. Esos a los que llaman flojos y tibios y buenistas y cosas peores. Los que no gritan. Los que escuchan. Los que se ponen en la piel de otros, a los que no conocen. Los que cuidan y preguntan qué tal estás con una curiosidad sincera. Los honestos que van de frente y sin doblez. Los que se revuelven aunque les critiquen, porque siempre critican. Los que hacen aquello que creen que tienen que hacer. Los que dudan y, en cambio, tienen clara la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. Los que hacen preguntas pero no son equidistantes: los que se hacen preguntas para no ser equidistantes. Los que podrían dormir tranquilos y, sin embargo, se desvelan.” (José Luis Sastre)

miércoles, 18 de febrero de 2026

Profundidades

Las diferencias aparecen a una mirada superflua de las cosas, si nos detenemos en el aspecto. Esas mismas diferencias se borran cuando reparamos en una mirada profunda de las cosas, esto es, cuando dejamos a las cosas que se descubran en toda su profundidad.