En un mundo en que se nos escamotean las cosas, con su luz y sus sombras, traigo este hermoso poema que escribe mi padre, y que recuerda al tiempo dibujado de memoria y deseo. Pudo ser un instante, un atardecer en el mar perezoso, un día entero, cuando las cosas se mostraban y no había donde esconderse salvo en ellas.
soplo de conocimiento
Filosofía, cultura y educación
lunes, 9 de febrero de 2026
viernes, 6 de febrero de 2026
Aquí hay conocimiento
Nueva
experiencia inolvidable la decimotercera Olimpiada de Filosofía. Viéndola
crecer, uno se siente parte de algo. Reencuentros acompañados. Hojas y hojas de
guiones y esquemas previos a la ejecución. Luces dirigidas al papel valioso. Bolígrafos
relevando a otros. Miradas atónitas de que aquí
hay conocimiento. Semillas del mañana que son ya el hoy. Alumnos y alumnas
venidos de todas partes para abordar desafíos y dilemas que, a trompicones o de
una vez, los acercarán a ellos mismos.
Personas
que se hacen más personas por confiarse a su pensamiento. Miradas que se elevan
porque ha llegado la palabra buscada. Palabras que no llegan y que, por eso
mismo, ceden a la siguiente. Líneas completas que hay que seguir para dar con
el conjunto y cuidar la última de las comas. Caminos de vuelta porque hay que reescribir esa letra de dedos torpes, o doblar la idea que quedó huérfana. Aventuras de quien
marcha solo confiando en el conocimiento que una vez proveyeron profesores y
familiares. Colegas anónimos que están en las mismas que tú y que, por
eso mismo, formamos la decimotercera olimpiada aragonesa de Filosofía.
domingo, 1 de febrero de 2026
Luz de sueño, luz de la razón
¿Cómo es posible que lo inerte produzca tanta
fascinación como lo vivo? ¿O que Leibniz demostrara en el siglo XVII que lo
único que se necesitaba para realizar todas las operaciones de la lógica y la
aritmética eran el uno y el cero? ¿O que un vacío -un agujero, una ausencia-,
debidamente encajada, fuera capaz de dar vida con los primeros telares
mecánicos a la cornucopia de guirnaldas, rosas, leones, corderos, vírgenes,
ángeles y santos que adornaban las paredes de los hogares más lujosos de
Europa? ¿O que un telar, que es una máquina primitiva según los estándares
modernos, como revela Benjamín Labatut en el capítulo que dedica a 'Nicholas
Augustus von Neumann' en Maniac, “pudiera
encerrar en su interior la semilla de una tecnología que iba a afectar, para
bien y para mal, todos los aspectos de la experiencia humana”?
Fascinación y espanto es lo que el mismo telar
mecánico -convertido en insecto metálico de diez mil patas para una mirada
literaria- produce en dos hermanos que lo reciben de su padre plantado en medio
de su casa. En el mayor la fascinación lo lleva a querer saber todo de él, a
perderse en su infraestructura y a querer desentrañar cada uno de sus secretos
y entresijos: “No dejó de hurgar dentro del aparato, desarmándolo pedazo a
pedazo, llegó a estar tan inmerso que el segundo día se saltó el té y la cena, y
todavía estaba intentando descifrar sus secretos, arrastrándose por el suelo
para meterse dentro del mecanismo principal, o reptando a cuatro patas para
encontrar dónde iba la pieza que había sacado, cuando yo me rendí y dejé de
insistir en que lo dejara en paz y viniera conmigo a jugar al jardín antes de
que nos obligaran a irnos a la cama.”
Mientras, el pequeño, más temeroso y retraído,
sueña angustiado con el gran artefacto de diez mil patas cobrando vida y,
montado encima su hermano mayor, queriéndolo devorar.
*
Esta fue la actitud que asumí cuando recibí el primer Cinexin de mis padres. En lugar de querer saber de su funcionamiento destripándolo y matando sus secretos, seguía una y otra vez aquellas dulces proyecciones en el cuarto oscuro de las dos camas, a veces a solas, otras acompañado, pero siempre girando una y otra vez la manivela para recrear la misma historia a la velocidad que dictara la mano. ¿Qué contenía esa luz que me hacía seguir viéndola?
jueves, 29 de enero de 2026
Espacios de vida (Idea para un aniversario)
Una de las grandes riquezas de los centros de Formación profesional es
el modo como enseñan los valores que luego harán de los profesionales verdaderas personas. Cuando un alumno te quiere mostrar el taller donde trabaja
y ejecuta los movimientos recién aprendidos, o las cocinas donde con sus
fogones realiza los platos que su maestro le enseña, en realidad te quiere
mostrar algo de él mismo que ha estado aprendiendo durante sus años de formación.
Un taller, una cocina, un laboratorio, mucho más que una clase cerrada diseñada
como receptáculo donde a alumnos y alumnas se les dispone a sentarse y apoyar
sus apuntes sobre una mesa no elegida, son «espacios de vida» forjadores de
valores que, muy especialmente las enseñanzas prácticas, pueden llegar a transmitir.
El alumnado ha de convivir para aprender, y ha de poder equivocarse, meter la mata, mezclar
lo que no debe, quejarse cuando yerra la ejecución, ayudar al que se queda
atrás, o correr más aprisa cuando el timbre amenaza con sonar. Como escenarios
de vida construidos para su aprendizaje, los talleres de formación profesional
funcionan como hacedores de valores imprescindibles para cualquier vida fuera de la academia.
Extendiendo este concepto a toda la educación, sería hermoso ver a cada enseñanza, a cada familia profesional, mostrando de qué manera sus contenidos, prácticas, teorías, metodologías, contribuyen a la formación integral del alumnado, inculcando este o aquel valor fundamental para su desarrollo como personas. Por ejemplo, a la materia de Lengua y literatura, fomentando la amabilidad a través del uso responsable y respetuoso del lenguaje; a la Filosofía, estimulando la curiosidad mediante la comprensión de los fundamentos y el sentido de las cosas; al estudio del inglés y del francés, potenciando la integración de lenguas y culturas; a la Historia, promoviendo el valor de la libertad a partir del reconocimiento de las ventajas de los sistemas democráticos frente a otras formas de gobierno; al Dibujo, estimulando la belleza mediante el desarrollo de la sensibilidad estética; a la Biología, impulsando el progreso a través de la observación de la naturaleza como fuente de aprendizaje para el avance científico; a Formación y orientación laboral, reforzando el respeto al derecho mediante el conocimiento de las obligaciones y responsabilidades en el ámbito laboral; a los talleres de Automoción, fomentando valores como la precaución con sus protocolos de seguridad y una ética profesional responsable, a Cocina, con sus productos, hornos y fogones, favoreciendo el amor y cuidado por los alimentos y los comensales. Y así, con el resto de enseñanzas y familias profesionales...
sábado, 24 de enero de 2026
Forja de valores
También las ideas necesitan reposo para cuajar, y así luego
conformar paisajes que, de otra manera, no tendrían lugar. Y ayer, escuchando a
nuestro alumnado de Formación Profesional en la preparación del Certamen de Debates sobre Igualdad,
salió a relucir esta idea que ahora me gustaría reposar: ¿Cómo puede contribuir
el conocimiento práctico a la asimilación de valores fundamentales para la
convivencia, como es el valor de la igualdad? ¿De qué manera el ejercicio de
los saberes prácticos y técnicos puede contribuir a crear sociedades más justas
e igualitarias? Desde las enseñanzas de Bachillerato se insiste en la
importancia de la teorización para la promoción de valores (fundamentación y
legitimación de valores, expresión en declaraciones de derechos y deberes...),
y va llegando el momento de considerar esta otra vía práctica para contribuir,
sin duda, a una educación más completa e integral.
martes, 20 de enero de 2026
Momentos de vida
Hay momentos en la vida en que uno se confía a su interioridad y espera sacar de ella lo que ningún tratado, regla o fórmula es capaz de contemplar. Son momentos implacables, que llegan de las zonas más recónditas para recordarte que "eso eres tú". Son momentos que para el sentido común se presentan bajo el signo de lo torpe, lo ingenuo o lo ridículo, pero que, en realidad, contienen misterios quizá sólo entreabiertos. Son momentos en que el decir se vuelve verdadero decir, y saca al hablante del parloteo y monótono coloquio con los que va zarandeándose por el mundo:
“-Es que es verdad, al final es muy duro. Uno
piensa que tendrá tiempo de decir las cosas, y cuando se quiere dar cuenta ya
es demasiado tarde. Uno piensa que basta con dar muestras de cariño, con hacer
gestos, pero no es verdad, hay que decir lo que se siente. `Decir´, esa palabra
que tanto te gusta, Michka.” (Las
gratitudes)
jueves, 1 de enero de 2026
Feliz año nuevo
Sólo los locos y los necios no sueñan cuando duermen.
Sólo los locos y los necios no reinventan a cada instante sus vidas, ni se
despiertan con la sábana que los había dejado helados en la noche. Sólo ellos
no viven fuera para tener que habitar nuevos mundos, quizá compartidos por
alguna alma perdida que navegue hasta ellos. Sólo los locos y los necios no
beben del agua tibia y toman de las impurezas de vivir sin escafandra. Sólo
ellos escapan de los gritos, impertinencias y desaires de sociedades cada vez más
desvergonzadas y violentas. Sólo ellos no necesitan de Cervantes y el Quijote
para imaginar nuevos mundos y hacer más soportable el nuestro. Sólo ellos no
cuentan los años, y las uvas, y los champanes, para celebrar cada año nuevo
como si fuera el bueno. Sólo ellos no escuchan a Mahler ni se adentran
temerosos cada vez que alguien abre la puerta. Sólo ellos no albergan esperanza
de encontrar al cazador que mate al lobo, ni de sentirse acompañados en los
momentos finales. Sólo ellos, los locos y los necios, no corren para entrar y
ver al final la hoguera infinita de los tiempos.






