La mirada, y no la
verdad, es el tema de la filosofía, o uno de sus temas, de los grandes temas,
que han llevado a filósofos y personas de ciencia a pensar su alcance y
limitaciones. Desde que Platón condujera la mirada hacia lugar seguro, para
evitar que fueran cegados los ojos del alma y penetrara mansamente la luz en
quienes deseaban saber más de lo que los sentidos podían ofrecer, ha existido
toda clase de escuelas y corrientes que han puesto su foco de interés sobre la
realidad de la mirada, su poder y necesidad. Necesitamos mirar y ser mirados, y
a veces en exceso, hasta el punto de cumplirse las palabras con las que el personaje
el señor Levy, de la película Cerrar los ojos (2023), da comienzo a una
de las más grandes proyecciones sobre la mirada: “Quiero que busque a mi hija,
porque es la única persona en el mundo que me puede mirar de una manera
distinta, única. Eso es lo que quiero de ella, su mirada, antes de que yo
muera. Su mirada, nada más”.
En nuestro primer
trabajo que dedicamos al asunto, recojo momentos especialmente reveladores que
nos descubren ante la necesidad de mirar, y de ser mirados. Con ellos os invitamos a su lectura.
Cabeza de la necrópolis de Antíoco.







