El camino enseña lo que pasa cuando no marchamos a caminar. ¿Por qué seguir instalados cuando podríamos soltarnos? ¿En qué relato se habla de que la vida va de llegar a tiempo? ¿Qué nos retiene a pisar la tierra o a escuchar su canto? ¿Por qué renunciar a la luz de nuestra existencia? ¿Qué capricho es ese que nos apoltrona en sillones, grandes y pequeños, fluorescentes o chiquitos, para seguir fabricando la ilusión de que somos algo? ¿Por qué no marchar, de vez en cuando, al sendero de los que solo caminan y permitirnos un instante de eternidad?
soplo de conocimiento
Filosofía, cultura y educación
miércoles, 30 de septiembre de 2026
domingo, 20 de septiembre de 2026
Tontura artificial
Publicado en El Imparcial:
Mientras el mundo adulto centra el
debate social en si la inteligencia artificial constituye una fuente de
oportunidades o de amenazas para la humanidad, las nuevas oleadas de jóvenes y
adolescentes incorporan a su vida las nuevas aplicaciones con la misma
naturalidad con la que el hombre prehistórico hacía uso del fuego o el moderno,
de la imprenta. Para los neófitos el debate no es si es o no bueno para la
humanidad el desarrollo de la inteligencia artificial, sino qué modelo de
inteligencia utilizar para llevar a cabo las tareas que se les encomiendan. Y
es una realidad que se están habituando a no pensar, a no mirar, a no aprender
vocabulario y con ello a simplificar el mundo, sin que les importe un pepino
que esto ocurra, porque tampoco tienen vocabulario para conformarse un sentido
moral de la vida.
Se acomodan al ventajoso plan vitalicio
de no tener que esforzarse para hacer casi nada, haciendo de las nuevas
inteligencias artificiales un paliativo para lo que ellos consideran una tarea
fastidiosa propia de los pringados, esos que todavía se empeñan en conservar su
humanidad exigiéndose el tedioso esfuerzo de escribir correos electrónicos,
responder a citas de amor de pretendientes anónimos, o defender una tesis
doctoral en la Conchinchina. Los nuevos neófitos aseguran que pueden vivir
exactamente igual si hacen uso de su menguante inteligencia que si se apoyan en
el smartphone que llevan en sus bolsillos. Contraviniendo al bueno del
Principito, se suman a la opinión del tramposo vendedor de que más vale
consumir la píldora que te ahorra ir a beber agua que experimentar la delicia
del camino para llegar a la fuente.
Y conforme avanza esta oleada de nuevos
«superhombres» –esos que auguró Nietzsche cuando entendió que el tiempo lo
hacen, precisamente, quienes no son educados en él-, ríos de tinta
fluyen en el mundo adulto centrando el debate social en si la inteligencia
artificial constituye una fuente de oportunidades o de amenazas para la
humanidad. Pero lo centran vanidosamente, como si en nuestra mano estuviera
decidir el horizonte hacia el cual cabalgar y marcar algo así como unos «objetivos
de época». Algunos optimistas, otros alarmistas, se sitúan todos ellos desde el
punto de vista del que se plantea sujetarse a la cuerda descubriendo luego que
esta no se sujetaba a nada.
Hay una sentencia de Stanislaw Lem,
autor de Solaris, que merece aquí especial atención: “El hombre, al
contrario de lo que aparenta, no se inventa objetivos. Se los impone la época
en que nació, puede estar a su servicio, o bien rebelarse contra ellos, pero
tanto el objeto de la entrega como el de la rebelión vienen dados desde fuera”.
Por ello, frente a los nuevos adeptos
que se entregan acríticamente al credo de la época, permaneciendo ciegos al
origen de aquello en lo que creen y sin mirar más allá de la punta de su nariz;
y frente a los ilusos incrédulos, que, victoriosos o alarmados, temen no estar
a la altura de su tiempo mientras lo cuestionan sin cesar, conviene posar la
mirada en este hecho elemental en el que repara Lem y preguntarnos, en un
alarde de libertad, si realmente queremos otorgar a los objetivos de la
época el peso suficiente como para convertirlos en objeto de adopción o de rebelión.
Y, si no lo queremos realmente, si no es preferible continuar pensando en lugar
de perdernos con tanta filigrana y artificio, no vaya a ser que el pensamiento
nos ponga, de nuevo, en camino de ser.
jueves, 10 de septiembre de 2026
El ombligo europeísta
Comparto este artículo de opinión que me publica El Imparcial, a propósito de los resultados recientes del informe PISA.
sábado, 5 de septiembre de 2026
Filosofía académica y filosofía creadora
Comparto
esta estupenda entrada de quien fuera maestro y director de tesis, el
profesor y filósofo José Luis Molinuevo, con la frescura de sus palabras:
"Y a ello ha contribuido, en no menor medida, el prestigio de la filosofía en la Enseñanza Media, ahora Secundaria. En pocos sitios he encontrado mayor frescura creadora que en el profesorado de Enseñanza Secundaria, a pesar de las muchas horas y la burocracia. Sin ellos no habría filosofía en la Universidad y fuera de ella."
jueves, 3 de septiembre de 2026
De verano
Los veranos son veranos cuando echan millas y dejas que el tiempo te recorra. Viajes kilométricos, travesías largas, paisajes repetidos, dejan entrar al aburrimiento y es ahí, o entonces, cuando surgen las ideas que luego te llevarán al papel y a otros libros. Libros como este. Libros que marcan un inicio y anuncian un final. Libros que te acompañarán en los siguientes viajes, solo o acompañado, con botas o sin ellas, de día y de noche, a tientas o a escondidas. Libros que entran y te dejan en momentáneo revuelo interior. Pues eso, que en diciembre aparecerá publicado un texto que firmo y que es testimonio -discreto, pero testimonio- de esta joya de la humanidad.
sábado, 8 de agosto de 2026
Hacia una escuela no competencial
Con agradecimiento comparto esta estupenda reseña a propósito de un trabajo que escribo sobre la educación empeñada en la meta y el resultado. Da más quien sabe recibir.
jueves, 9 de julio de 2026
Qué será de nosotros
El personaje del “loco” de Nietzsche de La gaya ciencia grita desconsolado en
medio de la plaza ante el pálpito de la Noche eterna. Es más lúcido que quienes
lo tachan de loco porque puede sentir más. Por un momento, ha tomado
consciencia de los límite de la consciencia, como tomando por segunda vez la
sustancia prohibida y adquiriendo un nuevo pesar que le abrirán más los ojos.
Ahora los ojos le pesan más. Ahora la existencia se ha vuelto más real, y por
ello más insoportable. Ahora las palabras piden ser gritadas, o
proclamadas, para que al menos tengan su eco. Y el pasado se llena de
escombros: “¿Cómo pudimos vaciar el mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar
el horizonte? ¿Qué hemos hecho después de desprender a la Tierra de la cadena
de su sol? ¿Dónde la conducen ahora sus movimientos? ¿A dónde la llevan los
nuestros? ¿Es que caemos sin cesar? ¿Vamos hacia adelante, hacia atrás, hacia
algún lado, erramos en todas direcciones? ¿Hay todavía un arriba y un abajo?
¿Flotamos en una nada infinita? ¿Nos persigue el vacío con su aliento? ¿No
sentimos frío? ¿No veis de continuo acercarse la noche, cada vez más cerrada?
¿Necesitamos encender las linternas antes del medio día?”
Al hilo comparto este poema que escribe mi padre, y que titula "Qué será de nosotros".






