domingo, 1 de febrero de 2026

Luz de sueño, luz de la razón

¿Cómo es posible que lo inerte produzca tanta fascinación como lo vivo? ¿O que Leibniz demostrara en el siglo XVII que lo único que se necesitaba para realizar todas las operaciones de la lógica y la aritmética eran el uno y el cero? ¿O que un vacío -un agujero, una ausencia-, debidamente encajada, fuera capaz de dar vida con los primeros telares mecánicos a la cornucopia de guirnaldas, rosas, leones, corderos, vírgenes, ángeles y santos que adornaban las paredes de los hogares más lujosos de Europa? ¿O que un telar, que es una máquina primitiva según los estándares modernos, como revela Benjamín Labatut en el capítulo que dedica a 'Nicholas Augustus von Neumann' en Maniac, “pudiera encerrar en su interior la semilla de una tecnología que iba a afectar, para bien y para mal, todos los aspectos de la experiencia humana”?



Fascinación y espanto es lo que el mismo telar mecánico -convertido en insecto metálico de diez mil patas para una mirada literaria- produce en dos hermanos que lo reciben de su padre plantado en medio de su casa. En el mayor la fascinación lo lleva a querer saber todo de él, a perderse en su infraestructura y a querer desentrañar cada uno de sus secretos y entresijos: “No dejó de hurgar dentro del aparato, desarmándolo pedazo a pedazo, llegó a estar tan inmerso que el segundo día se saltó el té y la cena, y todavía estaba intentando descifrar sus secretos, arrastrándose por el suelo para meterse dentro del mecanismo principal, o reptando a cuatro patas para encontrar dónde iba la pieza que había sacado, cuando yo me rendí y dejé de insistir en que lo dejara en paz y viniera conmigo a jugar al jardín antes de que nos obligaran a irnos a la cama.”


Mientras, el pequeño, más temeroso y retraído, sueña angustiado con el gran artefacto de diez mil patas cobrando vida y, montado encima su hermano mayor, queriéndolo devorar.

*

Esta fue la actitud que asumí cuando recibí el primer Cinexin de mis padres. En lugar de querer saber de su funcionamiento destripándolo y matando sus secretos, seguía una y otra vez aquellas dulces proyecciones en el cuarto oscuro de las dos camas, a veces a solas, otras acompañado, pero siempre girando una y otra vez la manivela para recrear la misma historia a la velocidad que dictara la mano. ¿Qué contenía esa luz que me hacía seguir viéndola?

jueves, 29 de enero de 2026

Espacios de vida (Idea para un aniversario)

Una de las grandes riquezas de los centros de Formación profesional es el modo como enseñan los valores que luego harán de los profesionales verdaderas personas. Cuando un alumno te quiere mostrar el taller donde trabaja y ejecuta los movimientos recién aprendidos, o las cocinas donde con sus fogones realiza los platos que su maestro le enseña, en realidad te quiere mostrar algo de él mismo que ha estado aprendiendo durante sus años de formación. Un taller, una cocina, un laboratorio, mucho más que una clase cerrada diseñada como receptáculo donde a alumnos y alumnas se les dispone a sentarse y apoyar sus apuntes sobre una mesa no elegida, son «espacios de vida» forjadores de valores que, muy especialmente las enseñanzas prácticas, pueden llegar a transmitir. El alumnado ha de convivir para aprender, y ha de poder equivocarse, meter la mata, mezclar lo que no debe, quejarse cuando yerra la ejecución, ayudar al que se queda atrás, o correr más aprisa cuando el timbre amenaza con sonar. Como escenarios de vida construidos para su aprendizaje, los talleres de formación profesional funcionan como hacedores de valores imprescindibles para cualquier vida fuera de la academia.



Extendiendo este concepto a toda la educación, sería hermoso ver a cada enseñanza, a cada familia profesional, mostrando de qué manera sus contenidos, prácticas, teorías, metodologías, contribuyen a la formación integral del alumnado, inculcando este o aquel valor fundamental para su desarrollo como personas. Por ejemplo, a la materia de Lengua y literatura, fomentando la amabilidad a través del uso responsable y respetuoso del lenguaje; a la Filosofía, estimulando la curiosidad mediante la comprensión de los fundamentos y el sentido de las cosas; al estudio del inglés y del francés, potenciando la integración de lenguas y culturas; a la Historia, promoviendo el valor de la libertad a partir del reconocimiento de las ventajas de los sistemas democráticos frente a otras formas de gobierno; al Dibujo, estimulando la belleza mediante el desarrollo de la sensibilidad estética; a la Biología, impulsando el progreso a través de la observación de la naturaleza como fuente de aprendizaje para el avance científico; a Formación y orientación laboral, reforzando el respeto al derecho mediante el conocimiento de las obligaciones y responsabilidades en el ámbito laboral; a los talleres de Automoción, fomentando valores como la precaución con sus protocolos de seguridad y una ética profesional responsable, a Cocina, con sus productos, hornos y fogones, favoreciendo el amor y cuidado por los alimentos y los comensales. Y así, con el resto de enseñanzas y familias profesionales...

sábado, 24 de enero de 2026

Forja de valores

También las ideas necesitan reposo para cuajar, y así luego conformar paisajes que, de otra manera, no tendrían lugar. Y ayer, escuchando a nuestro alumnado de Formación Profesional en la preparación del Certamen de Debates sobre Igualdad, salió a relucir esta idea que ahora me gustaría reposar: ¿Cómo puede contribuir el conocimiento práctico a la asimilación de valores fundamentales para la convivencia, como es el valor de la igualdad? ¿De qué manera el ejercicio de los saberes prácticos y técnicos puede contribuir a crear sociedades más justas e igualitarias? Desde las enseñanzas de Bachillerato se insiste en la importancia de la teorización para la promoción de valores (fundamentación y legitimación de valores, expresión en declaraciones de derechos y deberes...), y va llegando el momento de considerar esta otra vía práctica para contribuir, sin duda, a una educación más completa e integral.


martes, 20 de enero de 2026

Momentos de vida

Hay momentos en la vida en que uno se confía a su interioridad y espera sacar de ella lo que ningún tratado, regla o fórmula es capaz de contemplar. Son momentos implacables, que llegan de las zonas más recónditas para recordarte que "eso eres tú". Son momentos que para el sentido común se presentan bajo el signo de lo torpe, lo ingenuo o lo ridículo, pero que, en realidad, contienen misterios quizá sólo entreabiertos. Son momentos en que el decir se vuelve verdadero decir, y saca al hablante del parloteo y monótono coloquio con los que va zarandeándose por el mundo:



“-Es que es verdad, al final es muy duro. Uno piensa que tendrá tiempo de decir las cosas, y cuando se quiere dar cuenta ya es demasiado tarde. Uno piensa que basta con dar muestras de cariño, con hacer gestos, pero no es verdad, hay que decir lo que se siente. `Decir´, esa palabra que tanto te gusta, Michka.” (Las gratitudes)

jueves, 1 de enero de 2026

Feliz año nuevo

Sólo los locos y los necios no sueñan cuando duermen. Sólo los locos y los necios no reinventan a cada instante sus vidas, ni se despiertan con la sábana que los había dejado helados en la noche. Sólo ellos no viven fuera para tener que habitar nuevos mundos, quizá compartidos por alguna alma perdida que navegue hasta ellos. Sólo los locos y los necios no beben del agua tibia y toman de las impurezas de vivir sin escafandra. Sólo ellos escapan de los gritos, impertinencias y desaires de sociedades cada vez más desvergonzadas y violentas. Sólo ellos no necesitan de Cervantes y el Quijote para imaginar nuevos mundos y hacer más soportable el nuestro. Sólo ellos no cuentan los años, y las uvas, y los champanes, para celebrar cada año nuevo como si fuera el bueno. Sólo ellos no escuchan a Mahler ni se adentran temerosos cada vez que alguien abre la puerta. Sólo ellos no albergan esperanza de encontrar al cazador que mate al lobo, ni de sentirse acompañados en los momentos finales. Sólo ellos, los locos y los necios, no corren para entrar y ver al final la hoguera infinita de los tiempos.


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Invitación para el año nuevo

Uno de los descubrimientos de estos días invernales de chimenea y notas a pie de página ha sido algunas reflexiones -enfadadas, pero certeras- del profesor Jesús G. Maestro, a quien ya conocía por algunas de sus conferencias magistrales que YouTube nos regala cuando queremos saber más sobre la obra de Cervantes. El otro ha sido una relectura de la novela La otra parte, de Alfred Kubin, para un artículo que ando escribiendo sobre las experiencias límite como condición y exigencia éticas. Ambos libros, el de Kubin y el último ensayo de Jesús G. Maestro, Una filosofía para sobrevivir en el siglo XXI, inciden en la importancia del conocimiento para romper el hechizo ilusionista total en el que estamos. Un mundo que premia y promueve el narcisismo en todos sus géneros sólo puede ser vencido considerando seriamente al otro. Considerar al otro significa conocerlo, claro, pero también, y por ello mismo, respetarlo sin que sea objeto de escarnio o de burla. Y aquí van estas palabras que bien pueden servir de invitación para este nuevo año: 



"Cervantes también nos enseñó a servir a de la risa con cuidado y con respeto. La risa y lo cómico encubren con frecuencia algo muy importante y violento: el rechazo de un colectivo humano ante un individuo diferente, al que se le niega la comprensión y la tolerancia, porque se prefiere estigmatizarlo y burlarse de él. Es el chivo expiatorio. El que se ofrece en sacrificio, para imponer miedo y hacer ejemplar el sentimiento de culpa. La risa que evita entenderse con el prójimo tiene más que ver con la perversión del escarnio que con el sentido del humor. Esta no es la risa cervantina. Esta es la risa intimidatoria y maligna, la risa del cobarde, acomplejado y miedoso, que ladra como can entre las piernas de su amo -el sistema-." (Jesús G. Maestro)

jueves, 25 de diciembre de 2025

Choques de realidad

Ando escribiendo sobre los choques de realidad que supone “una toma de conciencia” en el momento oportuno. Una toma de conciencia puede cambiarnos de cabo a rabo, sin ton ni son, absoluta y no relativamente. Una toma de conciencia agudiza los sentidos hasta hacernos transformar y recomenzar la existencia. Puede despertar allí donde sólo había músculos dormidos. Puede enseñarnos de manera tan distinta que sólo querríamos no continuar lo que habíamos vivido hasta el momento. Los viajes, interiores o muy exteriores, las experiencias límites, algunos sueños, incluso palabras dichas en el momento oportuno, pueden chocar tanto que hagan trizas nuestra realidad. Y en los momentos de amnesia y apatía en los que estamos, somnolientos, abotargados, puede ser la única llamarada transformadora.