miércoles, 24 de noviembre de 2021

Naturaleza violentada

Uno de los cuentos de la infancia que más me cautivaba era el cuento de la doncella y el enano saltarín. Me imaginaba al duende como un ser originario de los inframundos, grotesco, impasible, capaz de la peor de las canalladas, y el caso es que, visto ahora, o con el recuerdo impreciso por el paso de los años, me parece que su presencia obedecía a cierto orden moral. A fin de cuentas, el hijo que le arrebata a la doncella era el reclamo por el pecado original del viejo molinero de orgullo y vanagloria.

                             

Pero la enseñanza del cuento no acaba ahí. Si la doncella es pecadora de ser hija del orgulloso molinero, el enano acaba pagando la falta de haber considerado a una criatura de la tierra como un bien intercambiable ("me darás tu primer hijo a cambio de convertir la paja en oro") Y es que la ley del pacto y el acuerdo, válida en el mundo civilizado, no sirve cuando a la madre naturaleza le es arrebatado lo que le pertenece y acaba imponiendo su ley ("y el enano se hundió hasta la mitad del cuerpo").

Lo salvaje, tantas veces despachado como caótico y brutal por los pensadores civilizados, responde en realidad a un orden imparcial, implacable y hermoso, a la vez que libre. Su expresión, la plenitud de la vida animal y vegetal en el planeta, que incluye las tormentas, los vendavales, las serenas montañas de primavera y a nosotros mismos, es el mundo real, al que todos pertenecemos. (Gary Snyder)

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¿Cuál es el precio que hoy pagan quienes infringen la ley natural? ¿Cómo sucumben las políticas que desoyen la voz de lo salvaje y extienden su sed de civilización? ¿Qué cuentas nos pedirá la naturaleza violentada?

martes, 23 de noviembre de 2021

El duende de Valeria

Hay momentos en la vida de un profesor que resucitan el poeta que llevamos dentro. Son momentos provocados, misteriosos, que hacen presagiar milagros infinitos. Gracias, Valeria.


El duende de Lorca


Es capaz de hacerte perder el juicio, 

de pensar si alguna vez llegaste a tenerlo, 

a cómo hacer para conservarlo, 

para que no te devore las entrañas 

y ojos de loca no mire por encima del hombro. 


Para algunos es voz, 

otros perciben fantasma que tortura, 

Lorca llevaba un duende siempre en su nuca.

Yo, yo lo llevo dentro 

y sube y baja 

como, 

cuando 

y donde quiere.

Me susurra letras y tenemos conversaciones elevadas de tono. 


Luna, lluvia y púrpura 

ante mis ojos despiertos, 

solo ven y solo puedo oler sangre. 


Pellizca, tienta y ojo como

no lo apuntes rápido en el folio controversial. 


Pérdida de cabeza, 

pérdidas en tiempo y en un cuerpo. 

Sal, 

déjame, 

yo no te pedí salir, 

yo no pedí tu existencia, 

pero sé con certeza

que el día que marche 

hacia el atardecer tardío, 

mi alma y mi suspiro 

se llevará consigo.


Valeria García, alumna de 2º de Bachillerato del IES Miralbueno



sábado, 20 de noviembre de 2021

Comentario de un joven filósofo

Si la alegría de un profesor es recibir el agradecimiento hondo y sincero de sus alumnos, la de un humilde pensador es saber que las ideas que ha parido y dado forma provocan la aparición de nuevas y mejores ideas. Comparto, en esta semana de la Filosofía, esta reflexión que el jovencísimo filósofo Noa Manero me hace llegar a propósito de su lectura de mi último trabajo "De Aladino, Sócrates y Perceval. Ensayo para una ética de la ingenuidad." Estoy desbordado sacando adelante proyectos muy laboriosos y sólo espero que este pequeño homenaje a la Filosofía no desmerezca la ocasión.




"El ingenuo es aquel libre de prejuicios, el que menos velos que ciegan posee, y en el cual la capacidad creativa está más desatada, no sujeta a convenciones, ni imposiciones, por lo que puede descubrir la realidad a través de caminos inimaginables para otros. Quizá el ingenuo vea motivos donde otros no los ven, o por el contrario, accede a la realidad de una forma más inmediata, o su curiosidad es tal que se inscribe en territorios oscuros, sin temor a lo que pueda encontrar. Quizá el ingenuo sea ese niño, que toca todo, pregunta por todo, se sorprende de lo que es común, de lo que para el experimentado carece de interés. Para el niño el mundo en sí es una gran fantasía. El niño es espontáneo y crea a partir de ello, sin apenas premeditaciones. Al niño apenas le afecta la mirada ajena, apenas le condiciona, el niño es libre.




Habitamos un mundo en el que uno de los motores principales es el interés. Hacemos las cosas en busca de otros fines ulteriores. En cambio, el ingenuo parte de la ausencia de fin, de búsqueda en la oscuridad de algo que desconoce, incluso que encuentra por pura casualidad. En el ingenuo prevalece la voluntad de unión, de contacto y abrazo con lo otro. Una situación muy alejada de esta era carente de vínculos en la que vivimos, donde la norma es el individualismo." (Noa Manero, estudiante de 1º de Filosofía)

viernes, 12 de noviembre de 2021

Entrevista a Victoria Cirlot: de visiones, mitos y otros sueños.... seguido de un trabajo sobre la ingenuidad y su poder

La ingenuidad es una de esas cualidades que ha quedado ensombrecida por la cultura de la conquista y el liderazgo. Vamos tan acelerados que no reparamos en el ingenuo que todos llevamos dentro. Pero, ¡ay de quién lo descubra! El último número de la Revista Ábaco, dedicado al ferrocarril, incorpora un trabajo que titulo "De Aladino, Sócrates y Perceval. Ensayo para una ética de la ingenuidad", donde descubrimos a grandes ingenuos abriéndose paso allí donde otros no alcanzan. También, una entrevista que hago a la profesora y ensayista Victoria Cirlot a propósito de su último libro Ariadna abandonada. Nietzsche trabaja en el mito, sobre visiones, mitos y otros sueños. Muy agradecido a quienes han hecho de esta aventura algo posible.



Desde aquí podéis disponer del ejemplar en su formato impreso o digital.

¡No os lo perdáis!

sábado, 6 de noviembre de 2021

Instancias a no vivir

Cuando se dice de la filosofía que es un saber lento no se repara en el hecho, sublime, de que la lentitud es condición del pensamiento, y de la acción. La filosofía no se lee como se lee un letrero o se escucha una historia. Exige rumiación, estar dispuesto a ser otro. Y el caso es que nos instan a creer que estamos perdidos, que la aceleración es el sino de nuestro tiempo, como si debiéramos (y pudiéramos) vivir o existir aceleradamente. ¿Cuánto suma el negocio que ahora gira en torno a esta falsa presunción? 

Tome el lector un mensaje de voz de Whatsapp. Acelérelo a 1,5 ó 2 de velocidad. Las voces se igualan escuchadas a gran velocidad. Los contenidos se difuminan. Se pierde el matiz, el tiempo, el cuerpo de la voz. Todo se hace igual. En realidad -y esto es lo que se nos escamotea-, ya no hay voz. Las interrupciones niegan lo singular. Ya no somos distintos. Ya no somos. La filosofía es pensamiento lento, y la lentitud devuelve lo singular, nos devuelve -literalmente- a la vida.

"Se cuenta la anécdota de un maestro taoísta que aleccionaba así a sus discípulos: «Cuando estéis de pie, estad de pie. Cuando caminéis, caminad. Cuando estéis sentados, estad sentados. Cuando comáis, comed». Entonces, uno de ellos le interrumpió y replicó: «Pero, maestro, si eso es lo que hacemos». El monje le respondió: «No, cuando estáis sentados, ya estáis de pie. Cuando estás de pie, ya andáis corriendo. Cuando corréis, ya habéis llegado a la meta»." (Los jardines de los monjes, Peter Seewald y Regula Freuler)

martes, 2 de noviembre de 2021

¿De verdad vamos hacia una sociedad sin filosofía?

Si la Ley Wert nos embistió suprimiendo del currículo la Historia de la Filosofía como materia troncal para nuestro alumnado de 2º de Bachillerato, la nueva ley educativa suprime cualquier presencia de la Filosofía en la etapa de la enseñanza secundaria obligatoria. En la Antigua Grecia se acostumbraba a responder que era mejor estar atado a la piedra de la filosofía que ser esclavo de Zeus. Y en el siglo XIII Roger Bacon alertó a los hombres de su tiempo de los cuatro grandes obstáculos para alcanzar la verdad: la sumisión a una autoridad indigna, la influencia de la costumbre, el prejuicio popular y el ocultamiento de la propia ignorancia. Ahora, en la madurez de las democracias contemporáneas, cuando verdaderamente podemos y debemos cuidar la pluralidad y libertad de opiniones, nuestras autoridades van a amputar, de raíz, toda posibilidad en nuestros alumnos para atarse a la filosofía o prevenirse de las cadenas del dogmatismo. ¿Es esta la sociedad que queremos construir? ¿De verdad querremos convivir con generaciones de jóvenes privadas de conocimiento y compromiso? La filosofía no es sólo saber decir y opinar razonadamente. También es saber escuchar, y al escuchar escucharse, compartiendo puntos de vista y generando comunidad.

Por primera vez en la historia de nuestra democracia ya no se debatirá sobre el bien y el mal en las aulas, no se avanzará por el camino del pensar ni se buscará sentido a una existencia cuyo significado no acabamos de comprender. Nuestros alumnos, por primera vez, no conocerán los fundamentos éticos de nuestras sociedades democráticas ni pondrán palabras a interrogantes que desde tiempos ancestrales han ocupado las mentes de tantos hombres y mujeres. Tampoco desarrollarán la crítica y sospecha contra opiniones disonantes ni serán valorados por cuestionar las ideas preestablecidas que diariamente nos llegan de planteamientos simples e interesados. ¿Acaso nuestras autoridades están suponiendo que la conciencia crítica y argumentativa no debe ser educada? ¿Acaso están pensando que puede comprarse rebajándola a objeto de uso y de consumo? Y por si fuera poco, la eliminación de cualquier contacto con la Filosofía en la ESO supondrá para este alumnado la imposibilidad de participar en actividades de creciente interés cultural como la Olimpiada aragonesa de Filosofía, que durante los últimos años está reuniendo a más de cuarenta centros en sus diferentes modalidades, así como en otros encuentros culturales con jóvenes filósofos organizados por la Sociedad Aragonesa de Filosofía. ¿De verdad vamos hacia una sociedad sin filosofía?

viernes, 29 de octubre de 2021

Mundos subjuntivos

Cuando ya no cabe la responsabilidad, bien porque nos han asaltado la intimidad, o bien porque desde agencias tecnológicas nos han cambiado nuestra piel –haciéndola insensible a ese primer reflejo despertador del eros-, nos queda la invención y el juego. ¿Qué puede hacer el señor K si no imaginarse mundos subjuntivos o condicionales donde franquear las puertas de la Justicia? ¿Qué puede hacer si no jugar a ser libre, inventándose parábolas, tramas, relatos donde ser protagonista de algo? ¿Qué puede hacer si no figurarse formando parte de asociaciones y castillos donde erigirse dueño de actos y palabras? ¿No es éste el papel del hombre que Nietzsche anticipa en la figura del «superhombre»? ¿No tiene el «hombre expropiado» que reinventarse constantemente para ser? ¿Y no es la democracia, amparada en el derecho al ejercicio de la responsabilidad, otro juego del lenguaje de quien ya está demasiado lastimado para confiar en acciones transformadoras?


"La autoridad y el papel exponencial de las ciencias y de la tecnología en los asuntos del planeta son mucho más profundos que la economía de lo pragmático. Constituyen un movimiento tectónico, una modificación de la fuerza de gravedad de tanto alcance como la erosión gradual, en la mentalidad adulta, de las concepciones religiosas del mundo, una erosión precisamente correlativa a la soberanía de lo científico (...) La computación, la teoría y búsqueda de información, la ubicuidad de Internet y la red global hacen realidad algo que es mucho más que una revolución tecnológica. Suponen transformaciones en la conciencia, en los hábitos perceptivos y de expresión, de sensibilidad recíproca, que apenas estamos empezando a calibrar. En múltiples terminales y sinapsis, se conectarán con nuestro sistema nervioso y estructuras cerebrales (posiblemente análogos). El software será interiorizado, por así decirlo, y la consciencia tendrá quizá que desarrollar una segunda piel." (Epílogo, Lecciones de los maestros, George Steiner)