sábado, 27 de febrero de 2021

La claridad de Chrétien

Las luces no siempre dejan de lucir porque se apague el interruptor. Rara vez, pero ocurre, lo inesperado entra en escena sobrecogiendo a quienes conservan intacta la visión. La melodía de lo sempiterno inunda la sala y ya nadie sabe si aquellas siguen encendidas o apagadas. Es en esos momentos cuando uno descubre que lo verdaderamente otro no se encuentra en este lado:


“Cuando entró allí con el grial que llevaba sobrevino tan gran claridad que todas las velas perdieron su luz como las estrellas y la luna cuando sale el sol.” (Chrétien de TroyesEl cuento del grial)

viernes, 26 de febrero de 2021

Con libertad y seguridad hacia la octava Olimpiada de Filosofía

Si algo está mostrando la octava edición olímpica de Filosofía es que aun separados el pensamiento sigue reuniendo. Enorme la participación de nuestros alumnos aragoneses, con un total de veintinueve centros en las cuatro modalidades de Ensayo, Dilema, Fotografía y Vídeo. Enorme la participación de nuestros alumnos en las modalidades escritas, con unas reflexiones que ahondan en las estrechas relaciones que aúnan valores aparentemente incompatibles como la libertad y la seguridad. Y enorme su participación en las modalidades de Fotografía y Vídeo con trabajos audiovisuales que son ya una mirada del mañana que conviene revisar hoy.





Una edición olímpica que, sin duda, se recordará por el nuevo formato adaptado a las nuevas constricciones pero que, paradójicamente, a todos ha desenmascarado: a nosotros, sus profesores, compartiendo la emoción de verles participar; a ellos, nuestros alumnos, afanosos de esa palabra para cerrar la frase o aquella sombra de luz para su composición. Y es que la Olimpiada de Filosofía no es tanto una carrera hacia la victoria como una aventura interior por terrenos compartidos.

¡Bravo por vosotros!, alumnos, por dar sentido a esta empresa colectiva; a nosotros, sus profesores, por animarles y orientarles en su aventura; y a sus coordinadores, sin cuya labor esta actividad no hubiera tenido lugar.





Ahora solo queda desear a nuestros alumnos lo mejor en la fase autonómica, cuyos trabajos en su momento publicaremos. A finales de marzo o principios de abril anunciaremos en el blog de la Olimpiada los nombres de los 10 alumnos finalistas por la modalidad de Ensayo y de los 5 por la modalidad de Dilema, así como el del resto de alumnos finalistas participantes de las modalidades de Fotografía y Vídeo.

¡Hasta pronto!






domingo, 21 de febrero de 2021

Vacuna contra la inacción educativa

No puede ser más actual el artículo que los profesores José María Querol y Daniel Marías escriben en el número dedicado a los Tiempos revueltos que publica la Revista Ábaco en su Número 82. La vacuna contra la inacción educativa pasa por dejar de usar medidas suavizadoras y mirar todos a un horizonte común. Creo que su introducción es ya un alegato de que, a veces, hay que cortar de raíz para que el fruto vuelva a nacer:




"Por desgracia son muchos los males que aquejan a nuestra patria. No es cuestión de enumerarlos ahora, y mucho menos de jerarquizarlos. Pero cualquiera que medite un poco al respecto con hondura llegará a la conclusión de que una de las vías para tratar de resolverlos y regenerar nuestra sociedad es sin duda alguna la educación. Una lástima que se tarde tiempo en ver los frutos de su correcta puesta en práctica, así como que la situación de partida (es decir, aquella en la que nos encontramos ahora mismo) sea tan penosa. Escribimos estas líneas perplejos por la escasa atención que se le presta desde hace tiempo al lamentable estado de la educación en nuestro país y por las nulas, improductivas o perjudiciales medidas adoptadas para tratar de mejorarla (cuesta saber si es peor no hacer nada, o dejar las cosas a medio hacer, o hacerlas mal directa y mucho nos tememos que premeditadamente). Dan ganas de dinamitarlo todo y empezar desde cero, porque está claro que con tiritas no vamos a curar a un enfermo herido de gravedad, y que pierde sangre en grandes cantidades y cada vez por más sitios. Como docentes con amplia experiencia, y también como padres y como ciudadanos de este país, vemos con preocupación y desesperación cómo un asunto de tanta trascendencia como es la educación sigue sin tomarse en serio. No es que a nosotros no nos guste el humor, quizás uno de los más poderosos instrumentos educativos. No es eso, no. Es que, o nos ponemos serios y a trabajar a destajo y en la dirección adecuada, o la que se nos viene encima es de tal magnitud que va a terminar por aplastarnos a todos. La que tenemos por delante es una tarea tan necesaria como titánica, y por ello habremos de ser optimistas, constantes y pacientes. Tarea en la que nos hallamos todos, de una forma u otra, involucrados: los distintos colectivos de profesores, los alumnos, también sus familias y, cómo no, los responsables políticos, los dirigentes de las instituciones educativas, e incluso la sociedad en general. Quien vea la educación como algo que no le atañe, se equivoca por completo. Se trata de un tema amplio y complejo, de eso no hay duda, lo cual dificulta tanto ponerse en marcha como continuar hacia adelante. Aquí no pretendemos, pues, más que esbozar unas cuantas pinceladas –no a partir de informes, estadísticas y sesudos estudios, sino de nuestras propias experiencias, tan limitadas como reales, y en el mundo de la Educación Secundaria y en el de la Universidad– que esperamos que sirvan, al menos, como una llamada de atención para aquellos que permanezcan en la ignorancia o aún se encuentren dormidos. Así como esperamos que sirva también como una llamada a la acción a quienes están concienciados del problema y piensan que se encuentran solos ante el peligro." (José Manuel Querol y Daniel Marías, Introducción a "La situación actual de la educación en España: ¿Un suicidio colectivo?", Revista Ábaco, 2014)

sábado, 20 de febrero de 2021

Los nuevos chamanes

Vivimos en la época de la imagen, sí, ¿pero cuándo no lo hicimos? ¿No es la imagen, o la metáfora, o la trama, el andamio del pensamiento? Ocurre, eso sí, que los grandes relatos, aquellos que eran capaces por su poder persuasivo imaginativo de hacer auditorio en plazas e iglesias, hoy son reemplazados por la cultura del videojuego y los nuevos chamanes como influencers youtubers. Hace tiempo que el mito y la filosofía dejaron de generar amigos de la verdad. Y es que el hombre de hoy no se conforma con ser novelista de su propio tiempo, sino que quiere formar parte de la novela, interactuar con ella, protagonizarla. O es a lo que apunta la novela de Jünger Abejas de cristal, que fue escrita hace casi un siglo pero que se augura como lo que ya ha llegado: el estadio mágico de la técnica, donde la realidad ya no confronta sino que obedece al deseo. Los viejos dualismos mente-cuerpo y hombre-máquina desaparecen y un sistema de impulsos inunda y recorre el mundo. Sirva esta noticia y el pasaje de hoy para invitar a su lectura:


"Las películas de Zapparoni se acercaban claramente a ese tipo de pronósticos. Comparado con ellas, lo que imaginaron los autores de utopías resultaba zafio. Los autómatas habían logrado una libertad y una elegancia de danzarines que inauguraba un imperio. En ellas aparecía convertido en realidad lo que a veces se creía captar en el sueño: que la materia piensa. De ahí que poseyeran un poderoso atractivo que cautivaba especialmente a los niños. Zapparoni había destronado a los antiguos personajes de los cuentos de hadas. Tejía sus fábulas como uno de esos narradores que, en los cafés árabes, se sientan sobre una alfombra y transforman el espacio. Creó novelas que no sólo era posible leer, oír y ver, sino que hacían posible también entrar en ellas, como quien entra en un jardín. En su opinión, tanto en cuanto a belleza como en cuanto a lógica, la naturaleza no bastaba y era superable. De hecho, creó un estilo que asimilaron también los actores humanos, un estilo que adoptaron como modelo. En el mundo de Zapparoni se encontraban los muñecos más encantadores, fascinantes imágenes oníricas. Esas películas habían contribuido a granjearle una popularidad muy especial. Era el abuelo bueno que relata cuentos. Se le imaginaba con una larga barba blanca, como se concebía antes a Papá Noel. Los padres se quejaban, incluso, de que tenía a los niños demasiado ocupados. Que no podían dormirse y que soñaban intranquilos, excitados. Pero, después de todo, la vida era tensa para todos. Era lo que templaba la raza y había que resignarse." (Ernst Jünger, Abejas de cristal)



domingo, 14 de febrero de 2021

La pezuña que no debió enseñar

Quien habita la zona de la sentimentalidad y se deja, por ejemplo, engatusar por sentimientos supuestamente cautelosos y sensatos, como la desconfianza o el recelo a lo desconocido, ya está expuesto a peligros enormes. En los Cuentos de los Hermanos Grimm lo que lleva a las pobres cabritillas a la boca del lobo es su desconfianza hacia los demás: porque desconfían de quien dice ser el lobo, le piden que enseñe su negra pezuña. Pero es precisamente esta desconfianza lo que pone al lobo sobre la pista para engañarlas y acabar devorándolas. Por el contrario, quien, en un esfuerzo sobrehumano, logra, aunque sea por unos momentos, desproveerse de lo que inevitablemente nos vincula al mundo humano, crear refugio en plena tempestad, se traslada al tiempo de los dioses donde todo es posible:

"Y aún hoy continúa habiendo en nuestra investigación un rasgo alquímico, una voluntad misteriosa, cuya nobleza se delata en que no alcanza su meta. A eso se debe el que en nuestro mundo -que es un mundo creado por el espíritu- perdure un resto que el intelecto es incapaz de disolver. Es algo que se hace visible a veces -en los momentos en que el hombre se sale de su mundo de fines- y que se deja adivinar como una tenue luz que se liberase del engranaje. Es nuestra alegría festiva. Conocemos entonces más que nuestro progreso, experimentamos nuestro poder estático, nuestra figura, nuestro ser-así en ella. En comparación con eso los instrumentos se convierten en meras imitaciones. En instantes como ésos se desvela que el saber tiene una fuente en la cual no sólo se acerca al arte y a la fe, sino que llega a unificarse con ellos." (Ernst Jünger, El libro del reloj de arena)

viernes, 12 de febrero de 2021

Murió el acontecimiento

Si algo está poniendo de manifiesto la pandemia es que ya no hay acontecimientos como los de antes. Y no porque los de ahora sean menos virulentos, avasalladores o devastadores. Los lobos siguen acechando en la noche que nadie ve. Tampoco porque ahora seamos más capaces de conjurar el Dolor y la enfermedad, como si el uniforme de la técnica pudiera protegernos de aquello que la mueve. Murió la Verdad. Eso sí que tuvo que ser un acontecimiento, con mayúsculas, como la llegada a la Luna, la división del átomo o la gripe española. No como los de ahora, que solo acontecen.

Porque…, ¿hay algo que hoy congregue a su alrededor? ¿Algo que sea motivo de verdadera celebración? ¿O de veneración? ¿O de expectación? ¿O de horror? ¿Está siendo esta pandemia un Acontecimiento? La pandemia se ha radiado, televisado, seguido, escenificado, controlado, llorado, documentado, consumido, explotado, sobreexplotado... Se ha hecho de ella un nuevo espectáculo. Desde el primer momento se ha puesto al servicio de la «segunda consciencia», ésa que dentro de la gran maquinaria funciona como el ojo artificial responsable de registrar los datos para luego rellenar las estadísticas y las páginas de los telediarios. Se ha hecho de ella un participio. Se ha adjetivado, calificado, clasificado, ocupando el lugar sustantivo el ojo clasificador. En ningún momento el Acontecimiento ha sido protagonista de nada. Los cuadros no la situarán en el centro de la escena. En su lugar se dibujarán estados anímicos, yoes vociferando, gráficas compitiendo; en el mejor de los casos, el estado en que se encuentra la lucha. Murió el acontecimiento.

“Ha de ser grande el poder capaz de someter al ser humano a las mismas exigencias que se le hacen a una máquina.” (Ernst Jünger, Sobre el dolor)



                                  Murió la Verdad, Francisco de Goya

martes, 9 de febrero de 2021

Conversaciones fuera del aula

Del tiempo decía san Agustín que “cuando nadie me pregunta qué es, sé lo que es; pero si quiero explicárselo a quien me lo pregunta, entonces ya no lo sé.” Algo similar ocurre con las grandes cuestiones de la filosofía, como la que indaga la naturaleza del bien, de la felicidad, la vida buena, el buen arte o la buena educación. Es verdad: No hay nada como preguntar a alguien qué significa educar, o qué significa educar bien, para ponerle en un verdadero aprieto. Son preguntas que sin duda todos los profesores seguimos planteándonos aun después de muchos años o incluso décadas de profesión. Y el caso es que, preocupados por la cuestión de la buena educación, a veces olvidamos el punto de vista de quienes la reciben. También podríamos preguntarnos: ¿Cómo queremos ser educados? Movido por esta pregunta decidí abrir un diálogo ficticio, construido, entre la filósofa Marina Garcés, cuyo último libro, Escuela de aprendices (Galaxia Gutenberg, 2020), nace como respuesta a esta pregunta, un servidor y cinco de nuestras alumnas de 2º de Bachillerato, que espontánea y generosamente me hicieron llegar sus reflexiones sobre el mismo tema. Conviene aclarar que el diálogo ha sido resultado, por un lado, de conversaciones mantenidas con mis alumnas y, por otro, de la entrevista que hace unas semanas realicé a Marina Garcés y que aparecerá íntegramente publicada en el próximo número de la Revista Ábaco. Compartimos ahora con vosotros tan interesantes conversaciones:


Primera conversación (No pienses como yo. Piensa conmigo):

David Porcel (profesor de filosofía): Vivimos en la cultura de la hiperactividad, de la multitarea, de la aceleración, que valora a quien es más capaz de hacer más cosas en menos tiempo. Y así ocurre en educación, especialmente con la entrada a escena de las nuevas plataformas y entornos digitales. Y es que ahora parece que los profesores, afanosos y atareados, hemos de medir el valor de nuestros empeños por el grado de “seguimiento” que hacemos a nuestros alumnos. Un seguimiento que, especialmente tras la pandemia, se hace extensivo a las veinticuatro horas del día y que las paredes de las aulas ya no pueden contener. Sin embargo, como planteas en tu libro Escuela de aprendices, el aprendizaje es, esencialmente, una práctica receptiva y hospitalaria entre iguales, en la que lo importante no es la hiperactividad o el seguimiento sino la recepción. ¿Qué entiendes por «receptividad» y por qué es tan importante cuidarla?

Marina Garcés (filósofa): Me parece muy interesante contraponer la actividad de “seguimiento” a la de “recepción”, tal como planteas. Para mí educar es un arte de la hospitalidad que tiene como razón de ser acoger la existencia de otros, para que éstos puedan comparecer. Existir no es aún comparecer. Hay un camino muy largo y tortuoso, siempre lleno de peligros, para poder llegar a estar con otros, a dar la cara, a poder llegar, presentarse y poder participar de la vida en común, sin ser presa de la dominación, de la imposición de códigos y de la vergüenza de ser. (Entrevista a Marina Garcés, próximamente en Revista Ábaco, Nº 107, 2021)

Segunda conversación (¡Yo no soy una nota!):

Noa Manero, alumna de 2º de Bachillerato: Desde bien pequeños nos educan de modo que todo se basa en notas, etiquetas, competición (…) Como consecuencia de las etiquetas impuestas es muy complicado conocernos realmente a nosotros mismos, no se nos permite explorarnos. Nos hacen seres sistemáticos, que buscan la perfección desde un punto de vista numérico. Los seres humanos somos cambiantes, y más en nuestra etapa de la adolescencia, nos definen multitud de cualidades y defectos, que debemos aprender a potenciar, y esto se consigue a través del desarrollo de nuestro espíritu crítico, equivocándonos una y otra vez, pero si estas equivocaciones nos las definen como fracasos; siempre vamos a ir con el freno puesto.

Ana Xiao Lafuente, alumna de 2º de Bachillerato: Ahora hablemos de estudiantes. Hablemos de los que van a la biblioteca todas las tardes, de los que les duele la mano de escribir tan rápido, de los que copian en los exámenes y los que directamente ni lo intentan. De los que contestan a todas las preguntas que hacen sus maestros y se acuerdan de lo dado el día anterior. Hablemos de los que se duermen en clase y de los que ni siquiera acuden a ella. De los que saben qué quieren estudiar y los que todavía no lo tienen claro. De los que les gusta salir de fiesta, beber, fumar, leer, bailar, cantar, correr. De los que lloran a escondidas y de aquellos a los que reconcome la ansiedad. De los que no encuentran un momento de paz y concentración porque han perdido un hogar que consideraban suyo. Da igual quiénes sean. Todos quieren parecerse a 10. Todos quieren ser 10.

Marina Garcés: Conozco vuestro sentimiento, yo también he padecido el estigma de la buena nota, como existe el de las malas notas. El problema es que el valor de quien somos o podemos llegar a ser para otros esté en un índice basado en resultados. La vida no es un resultado, ni siquiera cuando nos morimos. Es una relación constante con muchos matices y dimensiones en la que las formas de aprecio mutuo que podemos llegar a desarrollar son constantemente violentadas. Os diría, como me podría decir a mí misma, que no dejéis de cultivar ni de compartir lo que de ella no cabe ni cabrá nunca en una nota. (Entrevista a Marina Garcés, próximamente en Revista Ábaco, Nº 107, 2021)

Tercera conversación (¿Qué podemos esperar?):

Malena Daniel Gil, alumna de 2º de Bachillerato: Se ha dejado de lado la pasión por aprender, e incluso muchos profesores han perdido la ilusión por educar. Actualmente, aquel alumno que presenta cierto interés sobre una materia o que incluso decide investigar sobre ella en sus ratos libres, se convierte en otro bicho raro más. Esta pérdida de interés por el aprendizaje no es culpa ni de alumnos ni de profesores, sino del sistema en general. Los mismos que nos educan para destacar sobre los demás, e incluso para pisotear al resto, han sido educados de la misma forma, ¿qué podemos esperar?

Laura Villalba, alumna de 2º de Bachillerato: Siendo más madura entendí que no siempre fue el profesor que enseñó mal o sin ganas. Fue la estructura del sistema que lo encadenaba a un temario y sin tener la llave se resignó a repetir las mismas palabras año tras año. Fuimos, somos y seremos números porque en un solo año no hay un vínculo que una al profesor con el alumno. Los números no traen la felicidad y, sin embargo, recuerdan la tristeza, la frustración y el estrés que supone buscar una nota en un mar de pirañas que como tú  desean ese pedazo de carne. Hay alumnos que nacen con verdadero amor y curiosidad por lo que desconocen y otros, simplemente, nos impregnamos de su esencia.

Marina Garcés: El mayor enemigo de la escuela, hoy, son el desánimo y la indiferencia. Hay impotencia y cansancio, tanto de los docentes como de muchos jóvenes que reciben y entienden el mensaje de que sólo están entreteniendo un tiempo de su vida, más o menos alejado del conflicto, y aplazando su irrelevancia social. Combatir este enemigo es analizar las causas de esta situación y atacarlas en cada contexto. (Entrevista a Marina Garcés, próximamente en Revista Ábaco, Nº 107, 2021)

Cuarta conversación (Miradas compartidas):

Sara Roso, alumna de 2º de Bachillerato: Durante los meses de confinamiento la tecnología en los institutos se convirtió en algo completamente fundamental; para hacer tareas, preguntar dudas, conectarnos a las explicaciones de los profesores, incluso exámenes online… Pero esta experiencia no se puede comparar con estar en clase físicamente, pues nada es igual que estar en clase, siguiendo la mirada del profesor hasta ese momento en el que te mira, y tú sientes esa especie de ilusión nerviosa. Marina Garcés: Por sí mismo, los entornos digitales no tendrían que ser una amenaza. El problema no es la tecnología sino quién la construye, quién la vende y para qué fines e intereses. Actualmente tenemos un asedio no de la tecnología sino de determinadas corporaciones que hacen negocio con la implementación cautiva de sus tecnologías y con un extractivismo de datos que nos convierte a todos, también en las aulas, en su principal recurso económico. En este sentido, es un peligro muy serio, que va transformando la escuela bajo la apariencia de estarla actualizando. (Entrevista a Marina Garcés, próximamente en Revista Ábaco, Nº 107, 2021)