¿Hay un modo adecuado de acercarse a los demás? ¿Y a las cosas que nos rodean? Porque la vida, más que de conquistas, propósitos y objetivos, va de acercamientos. Hay quienes se acercan a salir. Otros se acercan a tocar, y los hay que se acercan tomando la palabra. ¿Por qué no una reflexión, que es otra forma de acercarse, sobre la naturaleza del acercamiento y de la cerca? Una reflexión que nos oriente sobre este fenómeno, sobre esta inclinación, que pasa por querer salir, querer tocar, querer tomar la palabra, aun a riesgo de continuar infinitamente distanciados. La acción de acercarse mueve el deseo, lo moviliza, lo despierta, lo enciende, hasta que ya no hay distancia para acercarse más. Nos acercamos al otro para mirarlo, ensayar una sonrisa, oler su perfume, recordar nuestras lágrimas. Nos acercamos para advertir su pregunta, matizar su respuesta, confesarle un secreto, acallar el llano, mecer la cuna, acariciar su piel. Nos acercamos para despedirnos de él, sanar su herida, comer juntos antes de su marcha. Nos acercamos para cumplir una promesa, dejar que nos quieran, y nos conozcan, un poco más. ¿Qué grandes acercamientos ha habido en la historia? ¿Cuáles son los acercamientos que han cambiado la historia? Nos acercamos yendo hacia el árbol del conocimiento del bien y del mal, caminando hacia él, lentamente, buscándolo entre la maleza.
soplo de conocimiento
Filosofía, cultura y educación
jueves, 23 de abril de 2026
sábado, 18 de abril de 2026
La Inteligencia artificial y la enseñanza de la filosofía
Interesantísima la nueva entrega de la Revista Ábaco dedicada a la Inteligencia artificial y la enseñanza de la filosofía. La educación contemporánea se enfrenta a un desafío
sin precedentes: preparar a los estudiantes para un mundo cada vez más mediado
por la tecnología y, en particular, por el desarrollo acelerado de la
inteligencia artificial (IA). Este desafío resulta especialmente relevante en
el ámbito de la filosofía, una disciplina que ha reflexionado históricamente
sobre la racionalidad, el conocimiento, el juicio, la ética y la singularidad
humana, y que, sin embargo, nunca ha podido ni querido pensarse al margen de
los problemas científico-técnicos que configuran cada época. La IA no
constituye, por tanto, un objeto externo o accidental para la filosofía, sino
un fenómeno que interpela directamente a sus categorías fundamentales y a su
función formativa.
Al
mismo tiempo, la rápida expansión de sistemas algorítmicos capaces de producir
textos, imágenes, decisiones automatizadas o recomendaciones normativas ha
reactivado viejas preguntas filosóficas bajo nuevas condiciones técnicas: ¿qué
significa pensar?, ¿en qué consiste juzgar?, ¿puede una máquina conocer,
decidir o incluso tener experiencias?, ¿es legítimo delegar en sistemas
artificiales tareas cognitivas, evaluativas o morales?, ¿qué ocurre con dimensiones
como el cuerpo, la afectividad o la responsabilidad cuando el conocimiento se
traduce en datos y cálculos? Estas cuestiones no solo afectan a la
investigación filosófica, sino también —y de manera decisiva— a la enseñanza de
la filosofía y a su papel en la formación crítica de los estudiantes.
En la sección
de Crónica y crítica de la cultura, también hablando de
educación, colaboramos con un artículo que titulamos Elogio del
recibimiento. Hacia una escuela no competencial, en el que defendemos la
posibilidad de construir una educación no basada en la idea del logro y la
consecución de objetivos. ¿Por qué tener que dirigir la educación cuando
ella no conoce reglas ni raíles? ¿Por qué no recuperar para nuestros sistemas
educativos una enseñanza que prepare para la vida? ¿Por qué no una educación
que haga prevalecer la curiosidad del conocimiento sobre el resultado de
conocer? ¿Por qué no abrirnos a la experiencia colectiva del descubrimiento
desoyendo la competencia? ¿Y por qué, en definitiva, no convertir las aulas en
escenarios de vida donde los alumnos se sientan más cerca los unos de los
otros?
viernes, 17 de abril de 2026
Palabras que dicen
El Certamen de debates de ayer fue otra muestra de que la
palabra prevalece aún cuando nadie la usara. Sin móviles, artilugios,
salvo un atril de madera y cuatro o cinco mesas pintadas de blanco, nuestros
alumnos y alumnas supieron dar voz a sus pensamientos y opiniones más
viscerales. De muy adentro salían sus palabras cuando recordaban el menosprecio
que habían sentido por ser chicas y decidir estudiar mecánica de automóviles, o
cuando se quejaban de no encontrar espacios compartidos para reflexionar sobre
asuntos como la igualdad. Igualdad, que no identidad, significa, como tan bien
supieron expresar entre públicos diversos, reconocimiento de las
mismas oportunidades en la vida y en el trabajo.
Ahí, mientras apoyaban sus fichas
plastificadas, por temor a que de un soplido desconocido echaran a volar las
páginas que con tanto esmero habían sido llenadas, se sentaban ellas, las
alumnas de FP Básica de Cocina y Restauración, que hacía solo unos meses
temblaban cada vez que escuchaban el eco de sus voces por el micrófono, y
proyectaban sus pensamientos diciendo y leyendo, leyendo y diciendo,
intercalando la mirada y asegurándose de que sus ideas llegaran al público.
Y, luego, habiéndolo preparado todo tan concienzudamente, tras ensayos en el espejo
y fuera de él, alumnos y alumnas de 1º de Grado Medio y 1º Bachillerato
debatieron entre sí mientras el público alzaba la palabra. Una
experiencia, bella, gloriosa, significativa, la de ver reunido a nuestro alumnado de diferentes
enseñanzas y procedencias, edades y países, debatiendo sobre asuntos que,
sabido es –aunque no siempre reconocido-, es cosa de todos.
Una experiencia, la de ayer, que uno vivió
como otra semilla de actividades que harán, quizá, lo más valioso:
reunir a jóvenes haciéndolos conscientes de que son ellos quienes ya están
construyendo nuestro presente. ¡Enhorabuena!
lunes, 6 de abril de 2026
La primavera de la inteligencia artificial
“El modo en que nos contamos a nosotros mismos la historia de un avance tecnológico va dando forma al pensamiento colectivo y termina condicionando su recorrido e impacto. El lenguaje, por tanto, es un elemento fundamental en la configuración de nuestros imaginarios, especialmente los colectivos, y en el caso de la inteligencia artificial lo es en dos direcciones: no solo en las palabras que elegimos para hablar de ella, sino también en cómo los sistemas lanzan sus propias producciones lingüísticas, cada vez con más calidad.” (Carmen Torrijos y José Carlos Sánchez)
domingo, 5 de abril de 2026
Nosotros no sabemos, no somos dioses
De qué
modo podemos acercarnos a las cosas? ¿Y a los demás? Porque la vida, más que de
conquistas, propósitos y objetivos, va de acercamientos. Hay quienes se acercan
a salir. Otros se acercan a tocar, y los hay que se acercan tomando la palabra.
¿Por qué no una reflexión -que es otra forma de acercarse- sobre la
naturaleza del acercamiento y de la cerca? Una reflexión que nos oriente en este fenómeno, o en esta actitud, más bien, esta tensión, que pasa por
querer salir, querer tocar, querer tomar la palabra, aun a riesgo de continuar
infinitamente distanciados.
Ahora que
se acerca el final de las vacaciones...
“¿Podemos
llegar a saberlo? Quizá si comiéramos del árbol de la ciencia del bien y del
mal…, pero no se puede. Solo Dios sabe. Nosotros no sabemos, no somos dioses.
Es un silogismo bastante simple. Y también bastante difícil de asimilar: hay
cosas que nunca llegaremos a saber. Llegar a distinguir lo que puede saberse de
lo que no se sabrá nunca es la máxima de la filosofía y del saber antiguos.” (Los textos robados a la felicidad,
Alejandro Gándara)
martes, 31 de marzo de 2026
Y sin embargo suena
A veces las palabras, como los cuartos oscuros y los campanarios, no esconden nada en su interior. Sencillamente, encuentran su fuerza en las creencias que en ellas proyectamos, en la autoridad que otorgamos a quien las pronuncia, no siendo ellas mismas más que máscaras sin rostro, corteza sin semilla, eco de un sonido que ya no suena en realidad. Y, sin embargo, se mantienen tan vivas como la primera vez, condicionando comportamientos y apaciguando a corazones disidentes y rebeldes.
“¿En cuántas ocasiones de la vida nos detienen palabras dichas por alguien a quien hemos investido de autoridad? Padres, profesores, jefes, policías, médicos, afectos... Ninguno tiene autoridad salvo que se le conceda. Independientemente de que sea justo o beneficioso concedérsela, se la tenemos que dar primero para que pueda actuar. Ahí reside su verdadero poder. En el que nosotros otorgamos. Por tanto, la receta para eludir la autoridad de las palabras está implícita. Ser conscientes del poder que entregamos es importante para poder quitarlo más adelante y para salvaguardar la propia vida de la arbitrariedad”. (Alejandro Gándara, Los textos robados a la felicidad)
domingo, 15 de marzo de 2026
Acercamientos
La ingenuidad, como lo que nos hace estar junto al génesis, no es privación, sino condición. No es extraño, en este sentido, que los grandes ingenuos de la historia, como Parsifal, Aladino, Prometeo, Sócrates o Jesucristo, hayan sido los grandes resucitadores de mundos que creíamos olvidados y de aventuras que pensábamos propias de dioses. El ingenuo, precisamente por morar junto al fuego de las cosas, es el verdadero amante de los hombres y del conocimiento, aquel capaz de abrirse paso haciendo suyo lo que es de nadie y, como Eros en pleno éxtasis, batiéndose por terreno inexplorado.
Ingenuos son los que no preguntan para qué, porque confían. Los que no necesitan saber porque ya saben lo que necesitan. Los que no invaden y dejan fluir. Los que no saben de importes ni importan, pero a los que todo les importa. Ingenuos son los que moran a solas con ellos mismos, como Heráclito con su fuego, descubriendo que a las cosas hay que dejarlas ir. Ingenuos son los que avanzan sin conseguir ni conquistar, más bien, tendiendo, acercándose, dando pasos. Hacia la luz, lo mismo que hacia el otro, se tiende. En este sentido, la ética y la política son acercamientos.
“Los ingenuos. Los frágiles. Las almas cándidas. Esos
a los que llaman flojos y tibios y buenistas y cosas peores. Los que no gritan.
Los que escuchan. Los que se ponen en la piel de otros, a los que no conocen.
Los que cuidan y preguntan qué tal estás con una curiosidad sincera. Los
honestos que van de frente y sin doblez. Los que se revuelven aunque les
critiquen, porque siempre critican. Los que hacen aquello que creen que tienen
que hacer. Los que dudan y, en cambio, tienen clara la diferencia entre lo que
está bien y lo que está mal. Los que hacen preguntas pero no son equidistantes:
los que se hacen preguntas para no ser equidistantes. Los que podrían dormir
tranquilos y, sin embargo, se desvelan.” (José Luis Sastre)







