Nueva
experiencia inolvidable la decimotercera Olimpiada de Filosofía. Viéndola
crecer, uno se siente parte de algo. Reencuentros acompañados. Hojas y hojas de
guiones y esquemas previos a la ejecución. Luces dirigidas al papel valioso. Bolígrafos
relevando a otros. Miradas atónitas de que aquí
hay conocimiento. Semillas del mañana que son ya el hoy. Alumnos y alumnas
venidos de todas partes para abordar desafíos y dilemas que, a trompicones o de
una vez, los acercarán a ellos mismos.
Personas
que se hacen más personas por confiarse a su pensamiento. Miradas que se elevan
porque ha llegado la palabra buscada. Palabras que no llegan y que, por eso
mismo, ceden a la siguiente. Líneas completas que hay que seguir para dar con
el conjunto y cuidar la última de las comas. Caminos de vuelta porque hay que reescribir esa letra de dedos torpes, o doblar la idea que quedó huérfana. Aventuras de quien
marcha solo confiando en el conocimiento que una vez proveyeron profesores y
familiares. Colegas anónimos que están en las mismas que tú y que, por
eso mismo, formamos la decimotercera olimpiada aragonesa de Filosofía.

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